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Portada de la novela El precio de tu amor por mí

El precio de tu amor por mí

Sofía ha guardado sus sentimientos por Thiago desde joven, pero él solo tiene ojos para otra mujer. Forzado por un legado familiar, el magnate se casa con ella, dando inicio a una unión gélida y cargada de desdén. Aunque surge una chispa imprevista, Sofía sufre al ver que su esposo sigue anhelando a su antigua amante. Agotada por el desprecio, decide escapar para rehacer su vida, ocultando que lleva en su vientre a los herederos del hombre que amó.
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Capítulo 3

Capítulo 2

El silencio que había dejado Thiago al levantarse de la mesa no se rompió fácilmente como yo esperaba. Fue como si su sombra se hubiera quedado en el comedor por mucho tiempo, más densa y peligrosa que su presencia misma. Nadie se atrevió a hablar durante varios minutos; ni siquiera mi hermano, que siempre tenía algo creativo que decir ante cualquier situación.

Sin embargo, tras el silencio yo sentía mi cuerpo flotar en el aire o quizá era mi alma abandonando mi cuerpo. Supongo que sería lo segundo en suceder porque mi corazón se había estrellado contra el suelo con la elegancia de un vaso de cristal roto. Inútil, destrozado y desparramado.

Fue ahí que mi padre, como si nada, se sirvió más vino en su copa y decidió pronunciar sus siguientes palabras.

- No se preocupen por nada, él volverá - dijo con voz de quien tenía mucha seguridad en sí mismo y está acostumbrado a que su palabra se cumpla.

- ¿Qué demonios acabas de hacer papá? - le espeté, con los ojos aún empañados y con la furia recorriendo mi sistema.

- Se llaman negocios, Sofía - me respondió sin mirarme- Además, deberías de agradecerme por lo que estoy haciendo por ti.

- ¿Agradecerte dices? ¿Debo agradecerte el hecho de que estés obligando a un hombre a casarse conmigo solo por un dichoso contrato? ¿En qué cabeza cabe eso?

Tras mis preguntas mi padre solo se encogió de hombros, como si lo que acababa de hacer no fuera una sentencia para mí y mi futuro. Sé de ante mano que yo amo a Thiago con todo mi corazón, pero esta no era la mejor manera de hacer las cosas. Nadie puede obligar a alguien a casarse sin amor.

- Deberías estar tranquila, hija mía. Recuerda que Thiago es el hombre indicado para ti, solo que él aún no lo sabe.

- ¿En serio acabas de decir eso? No tienes ni idea de lo que acabas de hacer, me has arruinado la vida - dije entre lágrimas antes de marcharme porque ya no tenía fuerzas para seguir sentada en la mesa.

---

Aquella noche no dormí ni siquiera cinco minutos. Solo daba vueltas en la cama con el estómago revuelto, como si el veneno del desprecio de Thiago aún circulara por mis venas. Sin embargo, me preguntaba a cada rato si él estaría pensando en mí o si estaría odiándome más con cada segundo.

Cerca de las tres de la madrugada, cuando el sueño comenzaba a apoderarse de mí. Alguien desconocido tocó la puerta de mi habitación y ese no fue un golpe cualquiera. Al parecer la persona del otro lado tenía urgencia, así que me senté en la cama con el corazón galopando teniendo que fuese él quien tocara de esa manera.

Justo cuando abro la puerta, Thiago estaba ahí, de pie, con la mirada encendida en rabia, el cuerpo tenso y las manos en los bolsillos. No era el mismo que había entrado en mi casa hace unas noches atrás con una mujer del brazo. Este frente a mí era un hombre en guerra y yo era su enemigo principal.

- Necesitamos hablar - dijo por lo bajo y yo solamente asentí. Di un paso hacia atrás para que él entrara.

Cuando Thiago entró a mi habitación como perro por su casa, este caminó justo hacia el centro como un animal que analizaba el terreno antes de atacar. Ahí solo me miró y sus ojos me atravesaron por completo. Su silencio pesaba más que cualquier palabra que pudiera decirme y eso me estaba matando.

- ¿Qué pretendes con todo esto, Sofía? - preguntó finalmente con voz baja, como si contuviera algo que a duras penas podía manejar- ¿Fue tu idea lo de este dichoso matrimonio?

- ¿Qué? No... yo... no sabía nada te lo juro - digo a duras penas por qué mi garganta se cerró por completo.

- ¿De verdad pretendes que me trague eso? Yo sé que tú estás detrás de todo esto, pero no te saldrás con la tuya.

- Te juro por Dios que yo no sabía nada, Thiago - dije con los ojos ardiendo por las lágrimas que estaba conteniendo - Una vez que te fuiste le reclamé a mi padre por decir eso y este simplemente le resto importancia a mis palabras.

Thiago se acercó un paso más hacia mí y luego otro. Estaba tan cerca de mi rostro que podía sentir su aliento con ese maldito aroma a menta amarga y peligro. Su proximidad me desarmaba como siempre, pero hubiese preferido que esta cercanía hubiese sido de otra manera. Debo recordar que él está molesto por la situación que estamos afrontando y cree que yo tengo la culpa de lo que está pasando.

- ¿Tienes idea del daño que esto me hace con todo esto? - me susurró de frente con una furia helada - ¿Te parece justo que tenga que casarme contigo para obtener algo que legalmente me pertenece?

- ¿Y qué quieres que haga? ¿Te parece justo que me odies por algo que nunca busqué? ¿Por algo que llevo años callando? - dije sin medir mis palabras y de inmediato sus cejas se fruncieron confundido.

- ¿Callando qué? ¿Qué es eso que llevas años callando? - me preguntó luego de dar un fuerte golpe contra la pared que me asustó bastante.

- ¡Que te amo, carajo! -escupí, y el silencio se hizo presente - Que te amo desde que tengo memoria y he tenido que ver cómo mi amor se apaga lentamente cada vez que tú estás con otra mujer.

Los segundos que siguieron después de decir eso fueron eternos. Thiago me miró como si acabara de leerme por primera vez o como si lo que acababa de decir le cambiara el mapa interno. Sin embargo, no fue un gesto de ternura lo que recibí de su parte después de confesarle mis sentimientos, debido a que su furia se desató aún más.

- Esto es una trampa, es una maldita trampa -dijo, alejándose de mí por completo.

- No, esto no es ninguna trampa. Esta solamente es mi verdad, la que he callado todo este tiempo - susurré con el corazón en la mano.

- ¿Tu verdad? - pregunto y se burló con amargura - Tu verdad acaba de joderme la vida y va a alejarme de la mujer que realmente amo.

- ¿Y tú crees que la mía no está lo suficientemente jodida desde que te vi con ella? - le grité con desesperación - ¡Te amo desde que era una niña, Thiago! ¿Tú sabes lo que es ver al amor de tu vida amando a otras mujeres como si ella no existiera? ¿Tienes acaso una idea de lo que duele? - le pregunté ahora con rabia y su mirada se oscureció al tensar su mandíbula.

- ¿Y crees que eso justifica este matrimonio absurdo que quiere tu padre?

-No, no lo justifica, pero tampoco lo elegí yo. Solo... solo no puedo seguir fingiendo que no me duele el hecho de saber que eres de otra.

Ambos nos quedamos en silencio, respirando como si hubiéramos corrido una maratón emocional. Eso era justo lo que había sucedido luego de decirnos todas aquellas verdades y fue entonces que él dio el cierre final a nuestra discusión

- Quiero que me escuches bien porque no lo pienso volver a repetir. Si acepto este matrimonio no esperes que sea bonito un cuento de hadas, Sofía. Me estoy casando contigo porque no me queda de otra y eso va a ser tu tumba. Así que no esperes amor de mi parte, no mucho menos esperes fidelidad. Prepárate para sufrir como nunca antes lo habías hecho porque si vamos a jugar a ser esposos, te prometo que vas a odiarme por el resto de tu vida.

---

Los días siguientes luego de aquella visita de Thiago a mi habitación; fueron una vorágine absurda de preparativos, discusiones familiares y papeles legales que firmar. Él no volvió a mencionar lo sucedido y yo tampoco lo había hecho, pero firmamos aquella sentencia frente a un notario. Mis manos estaban frías al agarrar aquel lápiz y no había una sonrisa sincera en mis labios; aquel momento que según yo debería de haber sido especial para mí, parecía más mi funeral que mi boda y eso era lo que más me dolía. Ahora Thiago y yo estábamos casados y nadie celebró la noticia.

Mi vestido obviamente fue blanco, pero sencillo. Algo que encontré en mi clóset y él llegó tarde, con ojeras, sin corbata. Dándome a entender que venía de estar con ella, así que no hubo beso. No hubo fiesta y mucho menos hubo una luna de miel.

Nuestra primera noche como esposos fue una guerra de silencios. Yo esperaba a que él se fuera con ella o que se marchara a dormir al sofá. Sin embargo, estaba tirado en la habitación del hotel en el que estábamos, dándome la espalda sin querer hablar conmigo. Podía oler su rabia a kilómetros, sentirla filtrarse en el colchón y respirar la de vuelta.

-¿Por qué no te vas con ella? - le pregunté, sin poder evitarlo.

- ¿Qué te hace pensar que no lo haré? Solamente estoy esperando a que caiga la noche para ir a verla y pasar un momento increíble entre sus brazos.

Lo sabía, sabía que diría algo como esto con el fin de lastimarme. Thiago podía ser muy vengativo cuando se lo proponía y en esta venganza suya, la única que está saliendo afectada y con el corazón roto soy yo. La tonta que tiene la ilusión de poder cambiar sus pensamientos con amor.

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