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Portada de la novela El Precio de su Traición

El Precio de su Traición

La exitosa jurista Sofía Morales sufre el robo de un libro crucial a manos de Daniela Reyes, evento que desencadena los recuerdos de su vida pasada. Tras morir en prisión por la traición de sus mentores, Carlos y Elena, Sofía despierta milagrosamente en el pasado antes de su ruina. Con el dolor de su muerte anterior grabado en el alma, decide cambiar su destino y planea una venganza implacable para destruir a quienes consideraba su familia.
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Capítulo 3

Sofía caminó con determinación por los pasillos de mármol del tribunal, ignorando las miradas curiosas y los susurros. Carlos y Elena la seguían a una distancia prudente, sus rostros una mezcla de sorpresa y creciente ansiedad. No esperaban esta desviación del plan.

Llegó a la imponente puerta de caoba del despacho del Juez Principal. La madera oscura parecía absorber la luz, y un silencio antinatural envolvía el área. Golpeó con los nudillos, un sonido seco que resonó en el pasillo vacío.

Nadie respondió.

Volvió a golpear, más fuerte esta vez.

"Esto es imposible", murmuró para sí misma. "Como jefe de justicia, no debería estar incomunicado. ¿Le pasó algo?"

Se concentró, intentando sentir la energía del lugar, la presencia del que había sido una figura casi paternal para ella. Pero no sintió nada. Un vacío total. Era como si el hombre más poderoso del mundo judicial simplemente hubiera dejado de existir.

"Esto no es un retiro... parece muerto."

La idea le heló la sangre. Si el Juez Principal había sido neutralizado, entonces estaba aún más sola de lo que pensaba. La conspiración era más profunda. Con un impulso de desesperación, se preparó para forzar la puerta.

"¡Sofía, detente!"

La voz de Carlos resonó a sus espaldas. Él y Elena se habían apresurado a alcanzarla, y no venían solos. Detrás de ellos había una multitud de abogados y personal judicial, sus rostros serios y desaprobadores. Bloqueaban el pasillo, un muro humano entre ella y la verdad.

"Lo sentimos, abogada Sofía", dijo uno de los guardias, con un respeto forzado. "El Juez Principal ordenó explícitamente que nadie, absolutamente nadie, lo moleste."

Sofía los miró uno por uno. Vio la obediencia ciega en sus ojos. Sabía que no podría enfrentarlos a todos. Intentar forzar la entrada solo la haría parecer culpable, irracional. Les daría exactamente la munición que necesitaban para desacreditarla.

Tenía que ceder. Por ahora.

Se giró lentamente, una sonrisa de resignación en su rostro.

"Está bien", dijo, su voz sonando derrotada. "Entiendo."

Luego, miró directamente a Carlos, levantando el "Libro de los Casos Perdidos" que colgaba de su cuello.

"En ese caso... mi libro de casos, quizás debas guardarlo tú."

La avaricia brilló en los ojos de Carlos por una fracción de segundo antes de que la enmascarara con una sonrisa paternal.

"Claro, Sofía. Confía en mí, lo cuidaremos bien."

Extendió la mano para tomar el libro, pero Sofía retrocedió un paso, apartándolo de su alcance.

"No te apresures", dijo ella con una ligereza que no sentía. "Te lo daré esta noche. Todavía tengo algunos casos personales que necesito revisar antes de mi... descanso."

La decepción en el rostro de Carlos fue evidente, aunque duró solo un instante.

"Por supuesto, tómate tu tiempo", dijo él, recuperando la compostura.

Sofía se dio la vuelta y se alejó, sintiendo sus miradas clavadas en su espalda. De vuelta en la seguridad de su oficina, cerró la puerta con llave y se apoyó en ella, su corazón latiendo con fuerza. Miró el "Libro de los Casos Perdidos" en sus manos. Este libro era la fuente de su poder, pero también la raíz de su desgracia. Era un símbolo de justicia, pero en las manos equivocadas, era un arma de tiranía.

Sabía lo que tenía que hacer. No podía permitir que cayera en sus manos. No de nuevo. Pero tampoco podía arriesgarse a que la acusaran de destruirlo.

Con una determinación sombría, colocó el libro sobre su escritorio. Cerró los ojos y puso ambas manos sobre la cubierta de cuero. Reunió toda su fuerza, todo su poder, no para destruirlo, sino para hacer algo mucho más profundo. Borró su conexión con él.

Sintió un tirón doloroso en su alma, como si le estuvieran arrancando una parte de sí misma. El libro vibró bajo sus manos, una luz tenue emanó de él y luego se desvaneció, dejándolo inerte. Frío. Vacío. Un simple objeto de papel y cuero, sin el poder de la justicia que ella le había infundido durante un siglo. El dolor de la pérdida fue agudo, pero necesario.

Luego, se dirigió a un cajón oculto en su escritorio. Sacó un libro nuevo, de páginas blancas y cubierta sencilla. Un lienzo en blanco. Lo sostuvo contra su pecho.

"Veremos si los dos libros la reconocen como dueña", susurró al silencio de la habitación.

Esa noche, tal como había prometido, le entregó el viejo libro, ahora sin poder, a Carlos y Elena. Ellos lo tomaron con sonrisas triunfantes, sin notar la ausencia de su energía. No sintieron el vacío.

Pero esta vez, antes de irse, Sofía hizo algo más. Se detuvo en el umbral de su oficina y, con un gesto sutil de su mano, susurró una palabra de poder. Un hechizo antiguo, un sello de protección que nadie podría romper. Su oficina, su verdadero santuario, ahora estaba a salvo.

Luego, se dio la vuelta y se adentró en el mundo. No a un retiro de lujo, sino a una inmersión total en la vida real. Llevaba consigo el nuevo libro, lista para llenarlo con la esencia pura de la justicia, una justicia forjada no en los tribunales, sino en las calles, en las casas, en los corazones de la gente. Su verdadero retiro apenas comenzaba.

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