Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El precio de su amargo arrepentimiento

El precio de su amargo arrepentimiento

Expulsada por su hermano Damián, la protagonista enfrenta un cáncer terminal trabajando como mesera. Tras sufrir una humillación pública donde Damián, lejos de ayudarla, le arrebata su sueldo y honor, ella comprende que no hay piedad. Decidida a limpiar su nombre, redacta una carta que expone la conspiración que la destruyó hace años. Sin nada que perder, se encamina hacia el río para que su trágica muerte sea el único testimonio de la verdad.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

Hace cinco años, mi hermano Damián me arrebató el apellido de nuestra familia y me echó a la calle. Ahora, yo era una mesera con cáncer terminal, tratando desesperadamente de ahorrar suficiente dinero para mi propia urna funeraria.

Para hacer el último pago, me arrodillé en el frío piso del antro para ladrar como un perro por el dinero de un borracho.

Mi hermano lo vio todo. Pero en lugar de ayudarme, su rostro se contrajo en una mueca de asco. Me despidió en el acto, retuvo mi último sueldo y juró que nunca volvería a trabajar en esta ciudad, robándome mi última oportunidad de morir con un mínimo de dignidad.

Me agarró del brazo, sus ojos ardían con un fuego helado que alguna vez pensé que estaba reservado para sus rivales de negocios.

—Me da igual si te mueres —escupió.

Y en ese momento, supe que lo decía en serio. La última chispa de esperanza se extinguió. Me había quitado mi apellido, mi salud y mi futuro. Ahora, incluso me había arrebatado mi muerte.

Así que escribí una carta, revelando la verdad que se negó a ver durante cinco años: sobre el reloj robado, la mujer que me incriminó y el cáncer que me devoraba viva.

Luego, caminé hacia el río. Si no podía vivir con dignidad, dejaría que mi muerte fuera la última e innegable verdad.

Capítulo 1

CAROLINA POV:

Cinco años.

Ese era el tiempo que había pasado desde que me arrancaron el apellido Garza, desde que me arrojaron a un mundo para el que no estaba hecha. Esta noche, el frío y liso mármol del piso del antro presionaba contra mis rodillas. Era un dolor familiar, un recordatorio constante de lo bajo que había caído.

Mi cuerpo era un lienzo de agotamiento, pero mis ojos permanecían fijos en la entrada. Se hizo un silencio, luego un murmulullo. Él estaba aquí.

Damián Garza entró, como un rey regresando a su corte. Su presencia era una tormenta, poderosa y avasalladora. Él era todo lo que una vez tuve, todo lo que perdí. El director general del imperio de nuestra familia, su traje hecho a la medida, su mirada lo suficientemente afilada como para cortar.

A su lado, Camila Preston, una visión en verde esmeralda, se aferraba a su brazo. Su sonrisa era ensayada, sus ojos fríos. Se veía exactamente como la futura reina que estaba destinada a ser.

Yo era una mesera, un fantasma en la periferia esta noche, sirviendo bebidas a gente que no me dedicaría una segunda mirada. Mi uniforme se sentía delgado, barato. Un marcado contraste con la seda y los diamantes que brillaban a mi alrededor.

Damián no me vio. O quizás eligió no hacerlo. No habíamos hablado de verdad desde aquel día, solo un abismo de silencio y acusaciones no dichas.

Una mano se aferró a mi brazo, demasiado fuerte. Un hombre, con la cara roja y apestando a whisky, me miró lascivamente.

—Oye, pajarito —arrastró las palabras—. Haz un truco para mí.

Se me revolvió el estómago. Conocía este juego. Era el entretenimiento nocturno para algunos, un mal necesario para mí.

—Ladra como perrito —se rio, su aliento caliente en mi cara—. Hazlo, y te daré esto. —Desplegó un fajo de billetes de quinientos pesos. Una pequeña fortuna. Más de lo que ganaría en toda la semana.

Mi mente corrió. Era esto. El pago final de mi urna. Mi último trozo de dignidad.

Sin dudarlo, caí de rodillas. El mármol frío me mordió la piel. La tela de mi vestido, delgada y gastada, no ofrecía consuelo. Un escalofrío me recorrió, no por el frío, sino por la frialdad que se extendía en mi pecho. La dignidad era un lujo que ya no podía permitirme.

Una ola de risas estalló, los teléfonos destellaban. Me filmaban, su entretenimiento. Me vi a mí misma, un espectáculo, a través de sus ojos. Era como ver a una extraña.

Recordé una época en la que estuve al lado de Damián, admirada y respetada, no observada con burla como un acto de circo. Ahora, este dinero era mi único enfoque. Significaba paz. Significaba descanso.

Aparté la vergüenza que se aferraba a mi piel. Necesitaba ese dinero. Tenía que sobrevivir a esto, incluso si sobrevivir significaba vender pedazos de mi alma. Era una sobreviviente, una criatura que se adaptaba al lodo, a la alcantarilla.

Las burlas y las risas me oprimían, pesadas, sofocantes. Tenía la garganta irritada. Forcé un sonido, un aullido roto y hueco. No era el ladrido de un perro. Era el sonido de algo muriendo dentro de mí.

Me palpitaba la cabeza. Me dolía el cuerpo.

Entonces, una voz, afilada como el cristal, cortó el ruido. —¿Qué diablos estás haciendo? —Damián. Su voz, usualmente tan controlada, estaba teñida de furia.

Lo miré, mi rostro una máscara. Él no podía entender. Nunca lo haría.

—Estoy ganando dinero —dije, con la voz ronca—. Para mi urna.

Su mandíbula se tensó. El asco desfiguró sus facciones. Ni siquiera intentó ocultarlo.

—¿Me vas a pagar, o tengo que terminar el truco? —pregunté, mi mirada inquebrantable.

La sala se quedó en silencio, todos los ojos ahora sobre nosotros. El silencio era más pesado que cualquier risa, presionando mi pecho.

La voz de Camila, dulce y venenosa, rompió la quietud. —Damián, cariño, mírala. Qué patética. Haciéndose la víctima otra vez. —Sus palabras fueron un latigazo, y un dolor familiar estalló en mi estómago.

Se inclinó hacia Damián, sus ojos brillando. —¿Quizás necesita un incentivo mayor? Algo verdaderamente humillante. Por los viejos tiempos. —Señaló el dinero restante en la mesa, y luego añadió otro fajo.

Mis ojos parpadearon hacia el fajo. Eso era suficiente. Más que suficiente.

Empecé a moverme, a obedecer. Mis rodillas rasparon el suelo.

De repente, un hombre con un uniforme impecable se acercó corriendo, su rostro grabado con preocupación. El señor Hernández, el gerente del antro. Intentó hablar, intervenir.

La mirada de Damián, fría y dura, lo interrumpió. Una amenaza silenciosa, entendida. Hernández se estremeció, retrocediendo, con el miedo en los ojos.

Damián hizo un gesto con la barbilla, una orden seca para que continuara.

Volví a ponerme en posición, el frío filtrándose de nuevo por mi ropa. Miré a Damián. Su rostro estaba tenso, una extraña mezcla de ira y algo que no pude descifrar.

Entonces, su mano se estrelló contra la mesa, haciendo sonar los vasos. —¡Basta! —Su voz resonó en la sala, cruda e inesperada.

Me levantó, sus dedos clavándose en mi brazo. El dolor era ahora un consuelo familiar.

—¿Por qué estás haciendo esto? —exigió, sus ojos ardiendo.

—Necesito el dinero —repetí, mi voz plana.

Intenté alejarme, arrebatar el dinero de la mesa. Me empujó hacia atrás, la fuerza me sacudió el cuerpo ya dolorido.

—Eres una vergüenza —escupió, sus ojos ardían con un fuego helado que alguna vez pensé reservado para sus rivales de negocios—. Me da igual si te mueres.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor del CEO hermoso
9.7
Davi Blanc se enfrenta a una crisis profesional: si no se casa, perderá el control de su compañía familiar. Desesperado, interrumpe una entrevista laboral para ofrecerle un matrimonio de conveniencia a Aline, una madre soltera de diecinueve años. Aunque el plan busca engañar a sus socios, la convivencia forzada y el azar transforman su farsa en un amor auténtico. Juntos descubrirán que este pacto no solo salvará un cargo, sino también sus vidas.
Portada de la novela Cincuenta Mil Razones para Vengarme
9.1
Al intentar salir del restaurante de su hermano, una joven inversionista es retenida por una nueva gerente que le exige pagar una ridícula cuenta de cincuenta mil dólares, llena de cargos absurdos. Pese a identificarse como la hermana del dueño, solo recibe burlas y desprecio. Determinada a no dejarse humillar en este drama de romance multimillonario y alta sociedad, ella decide lanzar un ultimátum a su asistente para que su hermano despida a la empleada o perderá todo su respaldo financiero.
Portada de la novela DOCTOR CEO
9.1
Al finalizar su turno, un médico interviene para salvar a Amanda, una residente atacada en las sombras del hospital. Tras socorrerla, nota que ella no recuerda la agresión. Por petición de su amigo Alejandro, él asume la tarea de custodiarla, temiendo por su seguridad. Lo que inicia como un compromiso de protección médica evoluciona pronto hacia una conexión emocional intensa, transformando su deber profesional en un romance profundo e imprevisto.
Portada de la novela Embarazada del perverso CEO
8.2
Tras divorciarse, Isabella intenta reconstruir su vida, pero un encuentro apasionado con un desconocido altera sus planes. El destino la golpea cuando descubre que aquel hombre es Aiden, su implacable nuevo jefe. Al confirmar que espera un hijo suyo, la tensión estalla. Pese a su frialdad, el poderoso CEO decide no darles la espalda. Entre secretos ocultos y una atracción creciente, lo que fue un accidente se convierte en un vínculo ineludible que los transformará.
Portada de la novela La Venganza de una Dama
8.8
Un incidente con sus documentos legales revela a Sofía una verdad desgarradora: su enlace con el poderoso Mateo Valdivia es una mentira. El magnate figura casado con Isabella, la asistente de confianza de Sofía. Tras descubrir esta red de engaños tejida por su propio esposo, ella deja atrás la fragilidad. Consumida por un deseo de justicia, se desvanece del ojo público con un solo objetivo: orquestar un regreso letal para destruir el imperio de Mateo.
Portada de la novela Locamente enamorado
9.7
Thea es obligada a contraer matrimonio con el señor Reynolds, un hombre cuya discapacidad y oscura reputación auguraban un futuro amargo. No obstante, descubre que tras esa fachada se oculta un protector feroz. Reynolds desafía a cualquiera que intente dañarla, enfrentándose incluso a la familia de ella. Mientras el mundo lo desprecia, él demuestra una devoción inquebrantable, proclamando ante todos que Thea es el único y gran amor de su vida.