Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El Perfume de Tu Ausencia

El Perfume de Tu Ausencia

Tras años de esfuerzo y ahorro, un joven cumple el sueño de abrir su puesto de tacos honrando el legado de su abuela. Su vida se desmorona cuando el despiadado cacique Ledesma le arrebata violentamente su negocio. Ante la corrupción judicial y el temor de un pueblo que calla, el protagonista rechaza la derrota. Inspirado por la mística de antiguos luchadores, emprenderá una peligrosa misión personal para vengar su honor y recuperar su dignidad.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Al día siguiente, con el apoyo de la hermandad, empecé a reconstruir. No mi puesto, porque Ledesma todavía controlaba la plaza, sino mi caso. Blue Demon Senior, un hombre cuya cara sin máscara mostraba más arrugas que un mapa antiguo pero cuyos ojos brillaban con una astucia increíble, me sentó en una de las gradas vacías de la Arena.

"El primer error de un cacique como Ledesma", me dijo con su voz rasposa, "es creer que todos tienen un precio. El segundo es subestimar a la gente que no lo tiene. Vamos a usar eso".

El plan era sencillo, pero ingenioso. No podíamos enfrentarlo con violencia, porque eso era su terreno. Teníamos que usar la cabeza. El primer paso era recuperar la plaza, no a la fuerza, sino con la ley en la mano, por más torcida que estuviera.

Con la ayuda de un abogado que era viejo amigo de El Faraón, presentamos una denuncia formal por el despojo y la destrucción de mi propiedad, adjuntando copias de mis permisos. Sabíamos que Ledesma la frenaría, pero era un paso necesario para sentar un precedente.

Mientras la burocracia hacía su lento y corrupto trabajo, Ledesma se envalentonó. Puso a uno de sus sobrinos, un tipo vago y problemático conocido como "El Chucky", a cargo del puesto que me habían robado. El Chucky, sintiéndose protegido, empezó a provocarme.

Cada vez que yo pasaba por la plaza, lo cual era inevitable porque vivía cerca, me gritaba cosas.

"¡Ahí va el chillón! ¿Ya fuiste a llorarle a tu mami?"

"¡Prueba estos tacos, son de hombre, no las porquerías que tú vendías!"

Yo apretaba los puños y seguía de largo, repitiéndome las palabras de Blue Demon: "Paciencia, Miguel. La paciencia es una llave que abre cualquier candado".

La provocación subió de nivel. Un día, El Chucky y sus amigos empezaron a usar el pequeño callejón junto a mi casa como basurero. Tiraban las bolsas de basura de su puesto justo frente a mi puerta. El olor era insoportable.

Llamé a la patrulla. Los policías llegaron, hablaron con El Chucky, y él simplemente se encogió de hombros.

"Se me cayó, jefe. Ahorita lo levanto".

En cuanto la patrulla se iba, la basura seguía ahí. Era una guerra de desgaste. Ledesma quería quebrarme, hacerme explotar para que cometiera un error.

Pero yo tenía a los maestros de mi lado. Una noche, El Santo Negro me dio una idea.

"Si te tiran basura, tú les das flores", dijo enigmáticamente.

No entendí al principio, pero luego me explicó el plan. A la mañana siguiente, en lugar de quejarme, salí con una escoba y un recogedor. Barrí toda la basura que habían tirado, la puse en bolsas nuevas y limpias, y las dejé ordenadamente en la esquina para el camión de la basura. Luego, con una cubeta de agua y jabón, lavé la banqueta hasta que quedó reluciente. Finalmente, coloqué dos macetas con geranios rojos justo donde solían tirar la porquería.

El Chucky salió del puesto y se quedó mirándome, confundido. No sabía cómo reaccionar. No había gritos, no había pelea. Solo limpieza y flores.

Los vecinos, que habían visto todo en silencio, empezaron a sonreír. Una señora mayor me ofreció un vaso de agua de horchata.

"Bien hecho, mijo. A la maldad se le combate con decencia".

Mi pequeña acción cambió el ambiente. La gente empezó a saludarme de nuevo. El Chucky intentó tirar basura otra vez, pero una vecina le gritó desde su ventana: "¡Oye, cochino, aquí no es basurero!". Avergonzado, tuvo que recogerla.

Había ganado una pequeña batalla sin tirar un solo golpe.

Ledesma, al enterarse, se enfureció. Se dio cuenta de que la intimidación directa no estaba funcionando. Así que decidió escalar las cosas de una forma más brutal.

Una noche, me despertó un ruido estrepitoso. Corrí a la ventana y vi a dos hombres encapuchados rociando algo en la fachada de mi casa. Luego, uno de ellos lanzó un cerillo.

Las llamas subieron por la pared en un instante.

Grité. Mi madre y yo salimos corriendo al patio trasero mientras los vecinos llamaban a los bomberos. El fuego no llegó a entrar a la casa, pero la fachada quedó negra, ahumada, con las ventanas rotas. El olor a quemado se metió en cada rincón.

Cuando la policía llegó, fue la misma historia. "No vimos nada, no hay culpables".

Pero esta vez, yo estaba preparado.

Blue Demon, previendo algo así, me había insistido en que pusiera una cámara de seguridad. Una pequeña, casi invisible, escondida en el marco de la ventana de enfrente.

Al día siguiente, con el corazón todavía latiéndome fuerte, revisé la grabación en mi laptop. La imagen era granulada, pero clara. Se veía a los dos hombres. Y en un momento, uno de ellos se giró, y la capucha se le resbaló un poco.

La cara que vi fue inconfundible. Era El Chucky.

Sentí una oleada de triunfo. Tenía la prueba.

No fui a la policía. Siguiendo el consejo de El Faraón, hice algo mejor. Edité el video, enfocándome en el rostro de El Chucky. Lo subí a un grupo de Facebook de la colonia, con un texto simple: "Anoche intentaron quemar mi casa. Si alguien reconoce a esta persona, por favor avise a las autoridades. Hay una recompensa".

El video explotó. En menos de una hora, tenía cientos de compartidos y comentarios.

"¡Es El Chucky, el sobrino de Ledesma!"

"¡Claro que es él, siempre anda de vago en la plaza!"

"¡Qué poca madre! ¡Quemando casas de gente trabajadora!"

La presión social fue inmediata y abrumadora. La gente que antes tenía miedo de hablar, ahora, protegida por el anonimato relativo de internet, no se guardaba nada. El nombre de Ledesma empezó a aparecer en todos los comentarios, asociado con la violencia y la corrupción.

Ledesma no tardó en reaccionar. Esa misma tarde, se presentó en mi casa. Ya no tenía la sonrisa arrogante. Su cara era una máscara de furia.

"¡Quita ese video ahora mismo!", me gritó desde la calle.

Salí a la puerta, con el teléfono en la mano, grabando.

"Yo no puse ningún nombre, señor Ledesma. Solo pedí ayuda para identificar a un criminal. ¿Usted lo conoce?"

Ledesma se dio cuenta de la trampa. Estaba siendo grabado. Cualquier amenaza, cualquier admisión, quedaría registrada.

"Esto no se va a quedar así, mocoso. Me estás buscando, y me vas a encontrar".

Se dio la vuelta y se fue, pero su amenaza sonó hueca. La gente en la calle lo miraba con desprecio. Había perdido el control de la narrativa.

Esa noche, la policía se presentó en mi puerta. Pero esta vez no era para decirme que no podían hacer nada. Venían con una orden de aprehensión para El Chucky, basada en la "evidencia ciudadana" que circulaba en redes.

Fueron al puesto de tacos a arrestarlo. El Chucky, al verlos, intentó hacerse el valiente.

"¡No saben con quién se meten! ¡Mi tío es el Gordo Ledesma!"

Pero la presión pública era demasiada. Los policías, quizás por primera vez, hicieron su trabajo. Lo esposaron frente a todos. Mientras se lo llevaban, la gente en la plaza empezó a aplaudir. Fue un sonido tímido al principio, pero luego creció hasta convertirse en una ovación.

Habíamos ganado otra batalla. Y esta vez, el golpe le había dolido a Ledesma en donde más le importaba: su reputación y su familia. Sabía que esto no había terminado, pero por primera vez en mucho tiempo, sentí que la balanza de la justicia empezaba a inclinarse, aunque fuera un poco, a mi favor.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Carga Congelada, Una Esposa Traicionada
8.6
Después de rescatar a Atlas, mi salud mental se deterioró y él me rechazó cruelmente. Para no incomodar a su amante, Katia, me forzó a viajar en un maletero helado donde morí congelada junto a mi bebé, engañada con pastillas abortivas. Al descubrir mi cuerpo, Atlas se hundió en la culpa, eliminó a su cómplice y buscó su propia muerte para redimirse. No obstante, al intentar alcanzarme en el más allá rogando clemencia, mi alma solo le devolvió un silencio absoluto.
Portada de la novela El prometido que la dejó morir
9.2
En medio de una tempestad mortal, mi prometido me condenó al entregar mis recursos vitales a su amante, Kenia. Tras robar mi teléfono satelital, me lanzó a un foso de nieve. Ella, usando mi propio equipo, destrozó mi traje térmico para asegurar mi fin. Me abandonaron a merced del frío extremo, sin sospechar que yo ocultaba un as bajo la manga: un transmisor secreto que activé con mis últimas fuerzas para clamar justicia desde el abismo.
Portada de la novela Ilusiones rotas en el campo de batalla
9.2
En plena celebración de su triunfo, Brett Graham anunció nuestro futuro juntos, omitiendo que ya nos habíamos divorciado. Declaró que sus hazañas bélicas fueron por mí, pero la verdad es cruel: en combate prefirió salvar a su amante. El destino lo castiga cuando la medalla de honor me es otorgada a mí. Ante todos, denuncio su traición, exponiendo que un soldado que antepone sus amoríos al deber militar no merece más que la mayor deshonra pública.
Portada de la novela La Curandera Rechazada: El Resurgir de la Loba Blanca
9.4
Eliana descubre que Iván, su prometido, oculta otra familia y planea traicionarla tras unificar sus manadas. Al ver que sus padres también la venden robando sus patentes, decide actuar. Tras exponer los crímenes ante el Consejo y romper el vínculo, huye hacia el Norte. Meses después, transformada en la legendaria Loba Blanca, su antiguo verdugo aparece en su clínica pidiendo ayuda. Con su nuevo poder de Alfa, Eliana lo encara y culmina su esperada venganza.
Portada de la novela La Heredera Olvidada del Tequila
9.7
Tras morir bajo el ataque de los perros de su abuelo, una joven renace con la meta de ganar un certamen culinario usando el legado de su madre. Pero su familia no se detiene ante nada para robarle el triunfo, empleando violencia y traiciones. Mientras Mateo anula su contrato, sus abuelos la acusan de locura ante la justicia para controlarla. En medio de abusos y crueldad, ella decide resistir y usar su tormento para exponer la verdad y sobrevivir.
Portada de la novela millonario y la virgen
9.0
Anna Braun decide vender su pureza a un magnate influyente, pero su vida da un giro drástico al quedar embarazada. Ante el temor de que él le arrebate a su hijo, ella escapa. Logan, un hombre casado, autoritario y frío con su entorno, desarrolla una obsesión imparable por encontrarla. En medio de secretos y una persecución implacable, Anna debe elegir entre revelar su verdad o huir para siempre de un hombre que se niega a perder el control sobre ella.