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Portada de la novela EL PADRE DE MI HIJO ES MI JEFE

EL PADRE DE MI HIJO ES MI JEFE

Tres enfermeras abandonan su hogar buscando prosperidad en la ciudad, pero una de ellas termina embarazada tras un romance con su jefe. Despreciada por el hombre que amaba y humillada, decide huir en soledad, separándose de su grupo. Años después, la salud de su hijo la obliga a buscar al magnate, quien es el único que puede salvarlo. ¿Será capaz este millonario de rescatar al pequeño o volverá a mostrar el mismo desprecio que tuvo hacia su madre?
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Capítulo 3

A la mañana siguiente, cuando me levanté,entre el baño, me quite toda la ropa para ducharme, cuando ya me duché cogi mi albornoz para ponermelo, me marché del cuarto de baño acercándome a la cocina y con el desayuno en una bandeja me fui al salón, me senté en el sofá para mirar lo que hacían por la televisión, cuando de pronto escuche el timbre de la puerta.Deje la bandeja encima de la mesita, me levanté para abrir, encontrándome a Mark al otro lado de la puerta llevando un ramo de flores en la mano 

— ¿Quieres comer conmigo? — me preguntó 

— No — contesté cerrándole la puerta en sus narices ante la incredulidad de mis amigas. que en ese momento iban a entrar en el salón

— ¿Tú eres idiota? — preguntó Johana 

— ¿Por qué? Si no he hecho nada — contesté 

— Pero si le has dado con la puerta en las narices al jefe, madrecita mía, con lo bueno que está — Me dijo

Por la noche Hanna se marchó a su cita con un chico, mientras Johana y yo subimos a su coche para ir al restaurante donde habíamos quedado con Oscar y con Héctor. Mientras estábamos cenando los cuatro escuchamos hablar a unas personas muy conocidas por nosotros que estaban sentados en una mesa  a nuestro lado.

— Será cabrón — dijo Johana al ver a Mario con una mujer rubia muy guapa 

— Vaya con los dos jefes, menudos pivones tienen — dijo Héctor 

— Chicos ¿nos vamos ya? Porque la cena me va a sentar fatal — comentó Johana 

— Tranquila muñeca, que si hay que hacerte el boca a boca me tienes a mí — contestó Oscar. haciéndonos reír a todos

Terminamos de cenar e intentamos pasar desapercibidos, siendo imposible saludandonos Mario y Mark teniendo que devolverles el saludo. 

— ¿Qué tal chicos? Espero que descanséis estos días, porque la semana que viene va a ser muy movidita — nos dijo Mario 

— No te preocupes jefe, nos da tiempo a echar unos cuantos polvos y recuperarnos — contesté 

Mario empezó a reírse a carcajadas mientras la cara de Mark era un poema mirándonos los dos a los ojos fijamente. Nos fuimos cada uno en el coche que habíamos llegado al restaurante, hasta el club donde Oscar nos indicó. Después de pedir las bebidas en la barra, Oscar y yo salimos a la pista a bailar, mientras Héctor y Johana se sentaban en unos sillones que habían libres, dandome cuenta como los dos se comian las bocas besándose. Cuando la música cambió a lenta, Oscar puso sus manos en mi cintura poniendo yo mis manos en su cuello con nuestras caras muy cerca una de la otra susurrándome él al oído

— No mires hacia atrás, Mark acaba de entrar en el club y no aparta su mirada de ti — me dijo Oscar 

— Que le den a ese gilipollas — contesté 

— Pues el gilipollas viene hacia nosotros — me dijo

— Vamos a sentarnos entonces — le dije riéndome 

Cuando nos sentamos, se marcharon Johana y Héctor, se les notaba que querían estar a solas, menos mal que el coche era de Oscar y podía llevarme a mi casa. Mario y Mark también se marcharon con sus respectivas barbies poco después. Oscar y yo nos quedamos hasta alta hora de la noche, bailando, bebiendo y disfrutando, marchandonos los dos, llevándome Oscar a mi casa,Ya en el portal de mi casa Oscar intentó besarme, pero lo aparte de mi con una excusa, entrando en mi casa después.  

 Después de ponernos en el cuarto los uniformes, salimos al pasillo para que nuestra coordinadora nos ubicara en las plantas del hospital. A Hanna la mandaron a pediatría, Johana a traumatología y a mí con Mark, con el gilipollas del jefe. Las primeras horas fueron de muchos nervios, correr a cirugía, correr a las habitaciones y así sin parar toda la mañana no teniendo tiempo ni para beber agua. Una vez que todo se calmo y ya en su despacho dejé las carpetas de los pacientes encima de su mesa, pero cuando iba a marcharme, me quedé atrapada entre la puerta y el cuerpo de Mark. 

— ¿Sois pareja, tú y Oscar? — preguntó 

— ¿Qué? Solo somos amigos 

— Os vi bailando demasiado pegados en el club —  me dijo 

— No te tengo que dar explicaciones — contesté 

— Yo si las quiero, me pusiste demasiado celoso 

— Tú y yo no tenemos nada y por favor,,,,,,,,, lamió mis labios con su lengua, metiendo su mano por mi blusa, acariciando mi pecho y pellizcando mi pezón 

— Decías – me dijo – no sabes cómo me la pones Katia — susurro

Apretó su boca a la mía sin poder poner yo resistencia, pues también lo deseaba, sus caricias estaban haciéndome sentir un placer que ni en mis mejores sueños, mis piernas flaquearon, mi cuerpo tembló entero con ese beso, y con sus caricias, terminamos comiendonos la boca, cuando le puse mis manos en su nuca tirándole del pelo, me estaba faltando el oxígeno y encima moje mi uniforme. 

— Cuando salgas de trabajar te espero en mi coche, o tendrás consecuencias — me dijo

Salí de su despacho corriendo hasta el cuarto de baño, ya que me sentía demasiado acalorada para reunirme con mis compañeros en los vestuarios. Después de refrescarme, busqué a mis amigas para ir a la cafetería y almorzar las tres juntas, reuniéndose con nosotras los dos chicos también. 

— Vaya día, Mark me tiene hasta el coño — les dije 

— Es horrible, aun nos quedan horas y estoy ya muerta — dijo Hanna 

— Venga chicas, la semana pasara rápida, animaros — nos dijo Oscar 

El día fue demasiado largo. Cuando terminó nuestro turnos, nos fuimos las tres a los vestuarios para cambiarnos de ropa, marchandonos después del hospital hasta el coche de mi amiga Johana para irnos a casa, fijándose ellas que Mark estaba en el interior de su vehículo 

— ¿Katia, te espera a ti? — preguntó Johana 

— Si, pero no quiero ir con un gilipollas como el jefe — contesté 

Por la tarde, estábamos tranquilamente viendo la tele, cuando empezó a sonar mi móvil insistentemente, lo cogí de la mesita para saber quién me llamaba dejándolo otra vez en la mesita. 

— Cógelo, puede ser urgente — dijo Hanna 

— No es nadie, es el gilipollas — contesté 

— Yo de ti contestaría, Mark está muy bueno — me respondió 

— Ya lo sé, pero es un gilipollas, — dijimos las tres al unísono riéndonos.

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