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Portada de la novela El legado

El legado

Al fallecer su padre, Colin asume el control de un vasto imperio empresarial bajo una condición inusual: debe hacerse cargo de una misteriosa mujer pelirroja de espíritu rebelde. Atrapado entre el deber y una atracción irrefrenable, el joven millonario cuestiona la verdadera naturaleza del vínculo que ella mantenía con su progenitor. En un mundo de lujos y secretos oscuros, ambos vivirán un romance prohibido mientras buscan la libertad.
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Capítulo 3

2

No sabía lo que pasaba.

No entendía la actitud posesiva de Boris, ni la presencia de aquellos hombres en la puerta de mi casa.

Sin embargo, lo que no podía dejar de mirar y sentir, era la postura recta y dura de aquel hombre con el que había pasado la noche más increíble de mi vida, que luego se convirtió en la más deprimente.

Sin nombres ni despedidas, pero con mucho derroche de una pasión ensombrecida por sucesos tan inesperados como insultantes.

—¿Quiénes son ustedes?

El hermano de mi amiga se hace con el control de las preguntas y mientras, el moreno de ojos verdes como los míos me sigue observando y a ratos mira la mano de Boris en mi cintura.

Parece estar tan sorprendido como yo de estar frente a mi. Eso me crea un conflicto de teorías.

<<¿Si viene a reclamarme algo, debe saber quien soy?

O de lo contrario, a qué viene >>

—Colin Slatham, ellos son mi seguridad.

Su poderosa voz me hizo estremecer y le ofreció la mano a mi amigo, que le devolvió el saludo con educación y también se presentó.

—Mi nombre es Boris Moore y soy el novio y representante legal de la señorita, ¿Qué se le ofrece, señor Slatham?

Le miré con sorpresa y aunque quizás podía entender que estuviera tratando de protegerme debido a que no conocía a aquellos hombres al que yo si conocía muy bien, al menos a uno de ellos, no quería que se confundiera otra vez con nuestra relación.

Sin embargo, con todo lo que me había ayudado tampoco podía dejarlo en ridículo desmintiendo lo que había dicho.

Por otro lado, cuando levanto la mirada hacia Colin, me encanta su nombre por cierto, me observa indescifrable y de pronto, endureció todavía más su expresión y mirando de regreso  a mi amigo dijo...

—La señorita es mayor de edad, y lo que me atañe con ella no pienso hablarlo con nadie más que con Alhana —dijo mi nombre con una pausa y me miró entonces,para luego proseguir —,nos conocemos lo suficiente como para que ella sepa que puede confiar en mí. Solo hablaré con ella, y les aseguro a ambos que es de suma  importancia.

Mis cejas se acercaron en gesto de inquietud.

Había pensado que venía por cumplir con su primer interés de pagarme asquerosamente por lista supuestos servicios; pero su manera de llevar la situación distaba mucho de ser esa la razón.

Podía leerse entre líneas que no esperaba verme, y que ni siquiera sabía mi nombre, tema que quedó bastante claro por su asombro cuando lo escuchó de mis propios labios, lo que significaba que no me había buscado por motivos personales, sino por algo que la verdad no me interesaba más allá de lo que picaba en mi curiosidad.

Así que entonces, apunté borde...

—Ahora no tengo tiempo, señor Slatham —apretó la mandíbula cuando dije su apellido de forma fría —.Tengo un asunto de vital importancia que tratar y no puedo posponerlo. Deje su teléfono y le llamaré cuando tenga tiempo.

Traté inmediatamente de avanzar hasta mi casa, y su mano atrapó una de mis muñecas y otra vez me estremecí.

¡Cuerpo traicionero del demonio!

Él me rozaba y yo no sé en qué dimensión entraba que solo podía reaccionar de forma exagerada a su cuerpo. Era algo inexplicable pero evidente y no solo yo lo notaba.

—¡Suéltela!

Boris reaccionó enseguida, tratando de liberarme de su agarre y los dos enormes hombres que acompañaban a Colin lo tomaron de la chaqueta y le pusieron contra la pared.

Inmediatamente me ví siendo arrastrada hacia el cuerpo del que fue mi amante de una noche y me susurró al oído, mientras me aferraba a él presionando mi cintura...

—Es muy importante lo que tengo que decirte, Alhna por favor, no me obligues a llevarte a la fuerza. Ven conmigo, será solo un momento y ya luego te prometo que puedes irte donde quieras con... ese hombre.

A pesar de que no podía dejar de pensar en su maldita mirada sobre mí, esa barba incipiente perfectamente alineada a su mandíbula poderosa y perfilada con extrema exquisitez y los labios, Oh Dios, los labios que recordaba suaves y llenos contra los míos, sabía que detrás de mí estaba mi amigo siendo arrinconado por dos hombres que seguían ordenes de un tío que no se iría de allí sin hablar conmigo. No así de fácil.

Incluso yendo contra mis propias ideas y todo lo que tenía por hacer, concluí...

—De acuerdo. —Me salió como en un susurro.

Nos sostuvimos la mirada unos segundos más y cuando sus labios dejaron escapar un jadeo cercano a los míos, él mismo rompió el contacto dejándome un poco aturdida.

Su proximidad se me hacía un tanto necesaria y no podía entender el por qué. Era como una fuerza de la naturaleza. Algo dentro de mis venas le reconocía y daba miedo, mucho miedo cuando se mostraba en su total intensidad. Era como si los dos tuviésemos un vínculo indisoluble que no teníamos manera de justificar.

O eso creía yo, en ese momento.

—Suéltenlo.

La orden de Colin fue clara y sus hombres le obedecieron.

Mi amigo se ajustó el traje y metió los dedos en su pelo rubio oscuro para arreglar un poco el desaliño al que lo habían sometido y me buscó enseguida con sus ojos grises y preocupados. Era menos alto que Colin pero igual de impetuoso.

Solo que no me provocaba lo que aquel desconocido había conseguido en un solo encuentro previo a este.

—Dime que no vas a irte con él, por favor —mi amigo me apartó hacia una esquina y cuestionó temeroso.

—Iré en un rato a verte a tu oficina, ¿ vale? — le tomé el rostro entre mis manos para infundir calma a su nerviosa apariencia —luego te explico.

Negó soltando un suspiro demasiado contenido y me abrazó bajo la mirada de los otros.

—No me gusta ese tío, Alhana —le miró por encima de mi hombro —. No tiene porqué irte a hablar nada con un desconocido.

—No es un desconocido, Boris —balbuceé soltándome del todo de su dominio —. Tengo algo que cerrar con él y aprovecharé esta oportunidad. Nos vemos más tarde.

—¿Seguro que le conoces? —inquirió arrugando el entrecejo.

—Sí, y Megan también. Si te quedas más tranquilo puedes llamarla y preguntarle por el cliente del congreso en el hotel. Ella sabe quien es a la perfección. Confía en mí. Estaré bien.

Asintió soltando un suspiro de resignación y me besó las dos manos antes de irse.

Le echó una última mirada a todos y subió al coche para cerrar la puertas de un fuerte golper y salir de allí derrapando.

Inspiré profundamente y cuando me dí la vuelta, le tenía pegado a mi espalda. Casi tropiezo con su boca.

Puse una mano en su pecho para apartarlo de mí y busqué a tientas las llaves de mi casa en el bolso.

—Vamos dentro.

—Preferiría que habláramos en mi auto.

—En mi casa o no lo hacemos, Señor Slatham —arqueó una ceja cuando entendió que no pensaba tutearle —.No voy a ir a ningún lado, tengo algo importante que hacer y esta es mi manera de seguir teniendo el control de mi día. Aquí o nada.

Subieron y bajaron de golpe los hombros dentro de su caro traje negro con corbata y camisa negra, parecía tan de luto como yo, y me siguió cuando le pasé por el costado para abrir la puerta de mi casa.

Cuando giré la llave en la cerradura, sentí una opresión en el pecho y creí empezar a llorar allí mismo, pero me contuve y empujé la puerta haciéndome a un lado para que él pasara.

Cada vez que me respiraba cerca, me daba taquicardia. Podría jurarlo. Era lo más intenso que había vivido jamás. Y sabía que él lo sentía también porque le notaba respirar agitado y en más de una ocasión reprimir jadeos.

Cerré la puerta y lo vi mirar mi casa, dando vueltas alrededor del salón. Era una casa bonita, y muy cuidada. Mamá siempre buscaba la manera de mantenerla y durante años fue nuestro templo y único bien. Ahora se sentía vacía y sola. Casi sin vida como estaba ella, pero no podía dejar que eso me afectara en este momento, necesitaba aclarar la visita de Colin y seguir con mi vida.

—Es una casa hermosa —dijo él con las manos en los bolsillos girando hacia mí.

—¡Gracias!

—¿No tienes hermanos, tu mamá... alguien más? —su pregunta me entristeció.

Tragué en seco y negué, reprimiendo las ganas de llorar. No quería seguir entregándole sentimientos a él. Ya bastante me había hecho desarrollar en una noche, no quería que se adueñara de cada fibra de lo más profundo de mí.

—Solo yo..., vas a decirme ya a qué has venido.

Me miró por unos segundos en silencio. Toda su mirada pasando por mi cuerpo, haciéndome sentir desnuda otra vez y en sus manos aquella noche con él entrando y saliendo de mi interior.  Llevándose mis gritos en sus mordidas y mis suspiros en sus gemidos con mi nombre al viento.

—No sé como hacerlo. Yo...

Avanzó hasta mí y  nos quedamos quietos. Sus manos tomaron las mías, las alzaron entee los dos y acariciaron mis dedos, nudillos y palma con una delicadeza que no esperaba.

—Mi padre ha muerto... —comenzó a decir y me sentí empática.

Lo dijo de una forma extraña y pensé que aunque no conocía al señor y no sabía hasta qué punto podría eso tener algo que ver con su visita, dije...

—Lo siento.

Nuevamente negó con su cabeza y parecía que sufría cada segundo que pasaba.

Lo siguiente que dijo estropeó todas y cada una de las fibras de mi ser y mi vida entera también.

—Te ha contemplado en su testamento y las cosas que ha dicho han dejado claro para mí, que al parecer somos hermanos...

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