Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El juego cruel de él, el corazón roto de ella

El juego cruel de él, el corazón roto de ella

Lo que parecía un romance ideal de tres años entre una artista y el magnate Holden Dalton resultó ser un experimento cruel para entretener a su amante, Estella. Tras sufrir la pérdida de su hijo y ser humillada en un secuestro fingido, la protagonista enfrenta la muerte de su mentor, causada por las calumnias de Holden. Ante el desprecio recibido en el funeral, decide transformar su dolor en frialdad absoluta, contactando a Gael para rendirse y huir.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

A la mañana siguiente, Kenia sentía un frío que no tenía nada que ver con su fiebre. Recordaba las palabras que había dicho Holden la noche anterior, y la crueldad casual en su voz mientras planeaba la próxima "broma" con Estella.

Caminó hacia el estudio de él, un lugar donde normalmente era bienvenida, y encontró la puerta entreabierta.

Escuchó sus voces de nuevo: "¿Estás seguro de que es una buena idea, Holden? Un secuestro falso es demasiado", comentó Estella.

"Es perfecto", respondió él, con naturalidad. "Tendremos a dos personas atadas y yo estaré en una video llamada, teniendo que elegir a quién salvar. Será la prueba definitiva de mi amor por ti, querida".

Kenia sintió que se detenía su corazón.

"¿Pero qué pasaría si se asusta? ¿Y si se lastima de verdad?", preguntó la mujer, con un tono de preocupación falsa en su voz.

"No te preocupes, ya todo está preparado, y habrá una bolsa de aire. Es nuestra broma número noventa y ocho. Tenemos que hacerla memorable, antes del gran final".

El gran final. La boda, donde planeaban revelar todo y reírse a costa de ella.

"¿Y qué pasará si empiezas a sentir pena por ella?", lo presionó Estella.

Luego hubo una pausa, y Kenia contuvo la respiración.

"¿Sentir pena por Kenia?", dijo Holden, con una risa fría y vacía. "Nunca. Esto siempre se trató de ti, Estella. Siempre fue por ti".

"Oh, Holden", murmuró ella, satisfecha. "Yo sabía que todavía me amabas más".

Desde la puerta, Kenia retrocedió tambaleante, con el cuerpo entumecido, sintiendo que no podía respirar. Cada palabra amorosa, cada toque tierno de los últimos tres años había sido mentira, una simple actuación.

Regresó a su habitación y colapsó sobre la cama, temblorosa.

Pocas horas después, su teléfono sonó. Era Holden. "Hola, cariño, lamento lo de anoche. Te extraño", le dijo con calidez falsa en su voz. "Escucha, necesito que me hagas un favor".

Le pidió que entregara un documento en una villa lejana, situada junto a un acantilado, indicándole que era urgente, por un negocio. Además, le dijo que fuera sola, y que no le contara a nadie.

"Y Kenia, ponte ese vestido blanco que tanto me gusta", añadió.

Ella supo que se trataba de una trampa; el inicio de esa broma cruel. Sin embargo, su pasaporte y su identificación todavía estaban desaparecidos. Él los tenía, y la tenía a ella bajo su control.

"Te devolveré tu pasaporte y tu identificación justo después de que hallas entregado el documento", agregó, como si hubiese leído su mente.

Ella no tenía elección. "Está bien", susurró.

El viaje fue largo. Su fiebre empeoraba y le dolía el cuerpo. Cuando finalmente llegó a la villa, el sol se estaba poniendo, proyectando sombras largas y siniestras.

Cuando intentó tocar el timbre, dos hombres enmascarados la sujetaron desde atrás para arrastrarla adentro, atarla a una silla, y ponerle una bolsa en la cabeza.

Cuando le quitaron la bolsa, pudo ver a Estella atada a una silla, frente a ella. La mujer lloraba, y su maquillaje se había corrido. Su actuación era convincente.

Colocaron una computadora portátil frente a ellas y la pantalla cobró vida, mostrando el rostro apuesto y preocupado de Holden.

"¡Holden! ¡Ayúdanos!", gritó Estella.

Uno de los enmascarados habló con la voz distorsionada electrónicamente: "Holden Dalton. Solo puedes salvar a una. Tu prometida o tu pequeña artista. Escoge".

El rostro de Holden era una máscara de angustia, mirando de Estella a Kenia.

Por un loco segundo, el corazón de Kenia latió con una pizca de esperanza. ¿Acaso la iba a elegir a ella? Después de tres años, ¿significaba algo para él?

"Elijo a Estella", dijo Holden, sin rastro de duda. "Pagaré lo que sea; solo déjela ir".

Luego miró a Kenia, con los ojos llenos de una falsa compasión. "Lo siento mucho, Kenia, en verdad lo siento".

Dicho esto, colgó.

La última chispa de esperanza en la joven se había extinguido para siempre.

Entonces los hombres desataron a Estella y se la llevaron, dejando a Kenia sola en la habitación oscura.

Luego regresaron por ella y la arrastraron hacia una gran ventana con vista al acantilado.

"Él no te eligió", susurró uno de ellos. "Ahora pagarás el precio".

La empujaron hacia el borde de la ventana, donde el viento agitaba su cabello alrededor de su rostro. Abajo, solo había oscuridad, y el sonido de las olas rompiendo.

"Por favor", susurró ella, sin saber a quién le estaba suplicando.

Después, instintivamente, dijo su nombre: "¡Holden!". Pero enseguida se detuvo.

¿Por qué llamaba al hombre que acababa de condenarla a muerte? Sentía que su corazón estaba siendo arrancado del pecho.

"Danos el documento, o caerás", dijo el hombre.

Ella apretó el documento contra su pecho. Era el último favor que él le había pedido que hiciera, e incluso ahora, alguna parte rota de ella quería seguir siendo leal.

De repente, el hombre la soltó y ella perdió el equilibrio, inclinando su cuerpo sobre el borde. Mientras caía, la invadió una extraña sensación de paz.

Esto era todo, el fin del dolor.

Cerró los ojos, esperando el impacto, pero nunca llegó porque cayó rebotando sobre algo suave: una bolsa de aire.

Las risas estallaron a su alrededor y los hombres se quitaron las máscaras. Eran amigos de Holden. Estella estaba allí, mirándola, con una sonrisa burlona y triunfante en su rostro.

"¿En verdad pensaste que él te iba a escoger?", se burló uno de ellos. "Todo fue una broma, idiota".

"Realmente creyó que él la amaba", dijo otro, riéndose. "Incluso gritó su nombre antes de caer".

La joven yacía sobre la bolsa de aire, mirando la burla en sus rostros, mientras el mundo giraba a su alrededor. La humillación había sido un golpe físico, peor que cualquier caída.

Esa era la broma número noventa y ocho. Un juego que jugaron con su vida, con su corazón, y ella había caído completamente en él.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Marchito, Alma Liberada
8.0
Sofía ha soportado siete años de humillaciones y el rechazo de Mateo hacia su hijo, todo bajo la constante sombra de Elena. Ante la oportunidad de usar una máquina del tiempo, Mateo solo busca rescatar a su antiguo amor, mientras Sofía persigue su propia liberación. Al revivir el día del trágico derrumbe, la elección de él no cambia. Ante esta traición final, Sofía aprovecha su ceguera para romper con el pasado y salvarse a sí misma de una vez.
Portada de la novela Destinos Entrelazados: El Alfa y la Omega
7.9
El destino conspira para unir al poderoso líder de la manada Zahk con una humilde omega. A pesar de las marcadas diferencias sociales entre este imponente alfa y la joven, su encuentro fortuito desata una serie de desafíos que pondrán al límite su capacidad de resistencia. Sin planearlo, ambos se ven arrastrados al centro de una guerra feroz que pone en riesgo su supervivencia. Juntos deberán navegar la adversidad mientras sus vidas se conectan para siempre.
Portada de la novela Hediondo
9.3
Un implacable mercenario habituado al peligro de las armas se cruza con una mujer que solo desea recuperar la normalidad y la pasión. La innegable atracción que emana este asesino desata una tentación capaz de nublar cualquier juicio. Atrapado entre obligaciones familiares y sus propios tormentos, este soldado frío encara una crisis profunda. Solo el calor de un romance prohibido podrá determinar si es posible redimir a un hombre marcado por la violencia.
Portada de la novela La jaula de su mentira perfecta
9.0
Alejandro Garza me dejó bajo la lluvia para proteger su romance secreto, convirtiendo nuestra boda en un engaño. Traicionada por mi familia y despojada de mi arte por su amante, acabé cautiva en un sótano como un escudo humano. Para vengarme, provoqué un incendio en el penthouse buscando destruir al hombre que me humilló. Ahora, mientras huyo, él me rastrea por el mundo intentando demostrar que su amor es real pese a su oscuro pasado de mentiras.
Portada de la novela La mejor venganza
9.0
Liam Hoffman soportó tres años de desprecios y servidumbre extrema por amor a su familia política. Sin embargo, la lealtad se quiebra cuando descubre la infidelidad de Yolanda, su esposa. Tras el engaño, Liam abandona su fachada de pobreza para reclamar su lugar como heredero de un imperio billonario. Mientras los Lambert enfrentan la ruina y suplican clemencia, él debe elegir entre perdonar a quien lo traicionó o desatar una venganza implacable.
Portada de la novela La redención de la viuda billonaria
9.5
Creí vivir un matrimonio real tras rescatar a Mateo Garza de las llamas, pero todo fue un engaño. Fingió ser impotente para ocultar su amor por Valeria, su cuñada. Tras abandonarme en un deslave para salvarla a ella y a su hijo secreto, Mateo intentó forzarme a donar mi piel. Al descubrir que nuestra boda fue una farsa, contacto al enemigo que él más teme. Escaparé a Europa para iniciar mi venganza contra el hombre que destrozó mi vida y mi entrega.