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Portada de la novela El Imperio del CEO y la Esposa Oculta

El Imperio del CEO y la Esposa Oculta

Bajo un contrato gélido, Victoria ocultó su identidad como la genio digital 'V' mientras soportaba el desdén de su esposo, el magnate Nathaniel Cross. Obsesionado con hallar a la mujer que salvó su imperio, él solicita el divorcio sin saber que su salvadora es la asistente que tanto desprecia. Tras la ruptura, Victoria resurge con poder y determinación. Ahora, Nathaniel deberá enfrentar la verdad y luchar por recuperar a la única mujer que siempre lo tuvo todo.
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Capítulo 3

El lunes por la mañana, el edificio corporativo del Grupo Cross no era un lugar de trabajo; era una zona de guerra activa.

Desde el instante en que las puertas automáticas del inmenso vestíbulo de cristal se abrieron, Victoria pudo sentir la histeria colectiva flotando en el aire acondicionado. Los teléfonos sonaban en una cacofonía incesante, los ejecutivos corrían de un lado a otro con el rostro pálido y los guardias de seguridad miraban a todos con sospecha.

Victoria entró al rascacielos arrastrando los pies a propósito. Se había encorvado ligeramente bajo un traje de chaqueta color beige opaco que era al menos dos tallas más grande, ocultando cualquier rastro de la figura esbelta que se escondía debajo. Con el cabello castaño firmemente recogido en un moño tirante en la nuca y sus infames gafas de montura negra gruesa, se volvió instantáneamente invisible en aquel mar de pánico, trajes de diseñador y perfume caro. Era exactamente lo que quería.

Tomó el ascensor de servicio hasta el piso veintidós, el corazón de las operaciones administrativas y de archivo. Su escritorio estaba estratégicamente relegado a un rincón lúgubre, junto a las columnas de ventilación, lejos de los ventanales panorámicos que ofrecían vistas a la ciudad. Era el lugar perfecto para pasar desapercibida, pero con un ángulo de visión impecable hacia el pasillo que conducía a la sala de juntas principal.

Nadie podía acceder a los servidores de la empresa. El virus que ella misma había contenido a medias la noche anterior seguía activo, manteniendo la red principal bloqueada como una fortaleza impenetrable. Victoria encendió su anticuado ordenador de oficina, un trasto que apenas servía para procesar textos básicos. Mientras esperaba que el sistema operativo de hace una década cargara, recordó la oferta desesperada que Nathaniel le había enviado a la cuenta de "V" la noche anterior.

No había respondido. Había cerrado el portátil y se había ido a dormir tranquilamente. Quería dejar que el gran CEO sudara un poco más. Quería ver hasta qué punto se resquebrajaba su impenetrable fachada de control.

El intercomunicador de plástico barato de su mesa zumbó bruscamente, sacándola de sus pensamientos.

-Victoria, la red sigue caída y la junta directiva se reúne en diez minutos -ladró la voz tensa y al borde del colapso del jefe de recursos humanos-. Necesitamos copias físicas urgentes del plan de contingencia financiero. Imprime cincuenta juegos completos, engrápalos y llévalos a la sala de juntas principal de inmediato. ¡Muévete!

Victoria no respondió verbalmente, solo pulsó el botón de confirmación. Se levantó en silencio y se dirigió a la sala de copiado. Pasó los siguientes cuarenta minutos frente a la ruidosa y gigantesca fotocopiadora industrial. El olor a tinta caliente y ozono le llenó las fosas nasales mientras apilaba cientos de hojas en pesadas carpetas. Era un trabajo mecánico, aburrido y denigrante para alguien con su intelecto, pero era el disfraz perfecto.

Cuando finalmente tuvo las cincuenta carpetas apiladas en una gran caja de almacenamiento de plástico transparente, la levantó. Pesaba horrores. Los bordes del plástico se le clavaron en los antebrazos, pero apretó los dientes y avanzó por el pasillo principal, manteniendo la cabeza gacha.

Justo cuando se acercaba a las imponentes puertas dobles de roble macizo de la sala de juntas, estas se abrieron de golpe.

Nathaniel Cross salió a grandes zancadas. Era una visión imponente. Llevaba un traje gris marengo de corte italiano que se ajustaba a sus anchos hombros como una segunda piel. Sin embargo, su rostro era una máscara de furia contenida. Sus ojos grises, normalmente calculadores, destilaban un peligro letal. Tras él, trotando para mantener el ritmo de sus largas piernas, iba su séquito de directores.

A la derecha de Nathaniel, caminando sobre unos altísimos tacones de aguja que repiqueteaban contra el suelo de mármol, iba Chloe, la directora de marketing. Chloe llevaba un vestido ajustado de color rojo sangre que dejaba poco a la imaginación, una elección de vestuario claramente diseñada para captar la atención del CEO. Estaba hablando rápidamente, intentando apaciguar a Nathaniel y, de paso, lucirse frente al resto de los ejecutivos en medio de la crisis.

Victoria se hizo a un lado de inmediato. Se pegó a la pared fría del pasillo, sujetando la pesada caja contra su pecho, y bajó la mirada hacia el suelo, adoptando la postura sumisa que se esperaba de un empleado de la categoría más baja del Grupo Cross.

Los directivos comenzaron a pasar de largo sin mirarla.

Pero Chloe no iba a desperdiciar una oportunidad perfecta.

Tal vez fue la frustración de que Nathaniel no le estuviera prestando la más mínima atención, o tal vez fue simplemente su habitual y mezquino deseo de reafirmar su poder sobre los más débiles. Al pasar justo por delante de Victoria, Chloe se desvió un milímetro de su trayectoria recta.

Fue un movimiento rápido, sutil y cargado de una malicia calculada. El afilado codo de Chloe golpeó deliberada y bruscamente el borde superior de la caja de plástico que Victoria sostenía.

El equilibrio se rompió en un instante.

La pesada caja resbaló de los brazos de Victoria, golpeando el suelo de mármol con un estruendo ensordecedor. La tapa saltó por los aires y las cincuenta carpetas se abrieron de golpe, esparciendo cientos y cientos de hojas de papel blanco, repletas de datos financieros confidenciales, por toda la inmaculada superficie del pasillo ejecutivo.

El caos se detuvo. El silencio cayó en el pasillo como una losa de plomo asfixiante. Todos los ejecutivos, incluido Nathaniel, se detuvieron en seco y giraron hacia el origen del ruido.

-¡Por Dios santo! -exclamó Chloe en voz alta, llevándose una mano al pecho en un gesto de falsa sorpresa y consternación-. ¿Eres ciega, niña, o simplemente eres una completa inútil? ¡Fíjate por dónde caminas!

Victoria sintió que un latigazo de calor le subía por el cuello, pero mantuvo la respiración pausada. Levantó la vista lentamente. Chloe la miraba desde su pedestal de tacones con absoluto desprecio, con una media sonrisa de victoria y burla asomando en la comisura de sus labios pintados de carmín.

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