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Portada de la novela El Humo De La Sirena Que Amó Al Alfa

El Humo De La Sirena Que Amó Al Alfa

Marina, una princesa del mar, entregó su esencia a la Diosa de la Luna para unirse al Alfa Dominic. Sin embargo, tras ser acusada falsamente por Harper, la celosa amiga de la infancia de su pareja, Dominic la encierra en una sala de aislamiento para forzar su disculpa. El líder lobo ignora que la salvia quemada en el lugar, purificadora para su especie, es un veneno letal para las sirenas. Atrapada en la habitación sellada, Marina sufre una asfixia silenciosa mientras el humo consume sus pulmones sin que nadie lo note.
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Capítulo 1

Yo era una princesa del mar. En cuanto vi a Dominic, el Alfa de los lobos, caí rendida ante él.

Quería ser su pareja, ser parte de su mundo. Por eso le entregué todo lo que yo era a la Diosa de la Luna.

Pero él me encerró en la sala de aislamiento de la manada por tres días. Según él, para que “pensara en lo que había hecho”.

Todo porque no corrí a ayudar a su amiga de la infancia, Harper. Se dejó caer en el banquete de la manada y todos los presentes se carcajearon.

Harper lloró y se refugió en los brazos de Dominic.

—Marina ha de tener celos de lo bien que me tratas. ¡Seguro usó su magia de forastera para hacerme caer frente a todos!

Mientras me encerraba, la cara de Dominic reflejaba una gran decepción.

—Te he consentido mucho, Marina. Y ahora usas mi amor como un arma contra mi manada. Te quedarás aquí tres días. Cuando hayas aprendido la lección, me buscas por el enlace mental y te disculparás. Entonces te dejaré salir.

La sala de aislamiento estaba diseñada para limpiar espíritus.

Pero él no sabía la verdad.

Quemar salvia solo limpia el espíritu de un hombre lobo. Pero para una sirena, es veneno.

El humo me quemó los pulmones. El veneno inundó mis venas.

Me asfixié en esa habitación sellada. Y nadie se dio cuenta jamás.

—Liam, ya pasaron tres días.

La voz de Dominic explotó por toda su lujosa villa; era una orden de Alfa frustrada y obvia.

—Quita el bloqueo del enlace mental de la sala de aislamiento. Vamos a ver si ya está lista para suplicar.

Mi forma espectral se estremeció mientras observaba al ser que alguna vez amé con todo mi corazón. Tenía la frente muy arrugada, molesto por mi supuesta terquedad. No tenía idea de la realidad. Nunca recibiría esa disculpa que tanto esperaba.

Porque su Marina ya estaba muerta.

Su Beta, Liam, respondió con respeto mientras tocaba una tableta.

—Listo, Alfa. El enlace mental ha sido restaurado.

Dominic cerró los ojos. Su poderosa mente buscó la habitación donde me había encerrado. Pasó un segundo, luego otro...

—¿Qué está pasando? ¿Por qué no puedo sentirla?

—¿Tal vez... la Luna está en algún tipo de trance? Su presencia... desapareció. —aventuró Liam.

—¿Meditando? Ella nunca aprende. —Dominic se burló con desprecio—. Apuesto a que me está bloqueando a propósito, esperando a que yo vaya a buscarla de rodillas.

“¿Errores?”

Una punzada aguda me atravesó el alma.

“Mi único error fue renunciar al mar y a mi derecho de nacimiento... todo para amar a un tonto como tú”.

Los recuerdos me invadieron. Aquella maldita gala de la manada. El principio del fin.

Sucedió hace tres días. La Gala Silver Moon. Bajo el brillo de las lámparas de cristal, la élite del mundo de los hombres lobo convivía animadamente. Yo iba del brazo de Dominic, interpretando el papel de su Luna perfecta. Él me sujetaba con actitud posesiva. Su aliento cálido rozó mi oreja.

—Eres el tesoro más grande aquí esta noche, Marina —susurró—. Mi tesoro.

Era la primera vez que me llevaba a un evento de la manada tan importante. Todo iba bien hasta que su amiga de la infancia, Harper, se acercó a nosotros sonriendo.

—Te ves tan bella esta noche —dijo ella con una dulzura falsa.

Yo respondí con amabilidad.

—Tú también te ves muy bien, Harper.

—Es una pena que yo nunca pueda compararme. Después de todo, tú eres la pareja destinada del Alfa —un rastro de resentimiento cruzó por sus ojos, pero desapareció rápido—. Y yo solo soy una loba común.

En ese momento, un mesero pasó con una charola de bebidas. Harper se abalanzó hacia adelante y cayó sobre el suelo. Los vasos se rompieron. Un poco de sangre brotó de su rodilla. Todo el salón se quedó en silencio.

—Por los dioses, ¿todas las lobas de la Manada Silver Moon son así de torpes?

—Ni siquiera puede caminar derecho. Qué patética.

Las risas recorrieron a la multitud. Por instinto, intenté ayudar a Harper, pero ella se alejó de mi mano de un salto.

—¡No me toques! —gritó, retrocediendo por el suelo—. ¡Ya has hecho suficiente!

¿Hecho qué? ¡Yo no había hecho nada!

—¿De qué estás hablando? —preguntó Dominic con voz profunda.

—No lo sé... desde que estás con Marina, he tenido estos dolores de cabeza... —Harper se agarró la frente y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras miraba a Dominic con dolor y dependencia—. Ahora... cuando Marina se acercó, sentí como si me clavaran una aguja en la cabeza. Mis piernas... fallaron. Dom, tengo mucho miedo... ¿Está enojada? ¿Porque eres demasiado bueno conmigo? ¿Usó esos poderes extraños suyos... para humillarme en público?

¿Qué? La miré impactada.

—Yo nunca...

—¡Tiene celos de lo bien que me tratas! —Sollozó Harper, escondiendo la cara en el pecho de Dominic—. ¡Usó su maldición de forastera para hacerme caer!

¿Maldición de forastera? Los murmullos a nuestro alrededor se volvieron más fuertes.

—Así que la pareja del Alfa Dominic no es una loba.

—Es la típica forastera. Todos son unos salvajes.

—¿Por qué nuestro Alfa elegiría a alguien así como su Luna?

Sentí que todos en el salón me miraban con desprecio y asco.

—En serio, yo no...

—Basta. —Me interrumpió con una actitud indiferente—. Nos vamos. Ahora.

Al llegar a la villa, me lanzó sobre el sofá.

—Déjame explicarte. Yo no lastimé a Harper, de hecho iba a...

—¿Ibas a qué? ¿A sentir celos? —Me miró de arriba a abajo y la decepción en sus ojos parecía que me iba a tragar viva—. ¿Porque fui amable con Harper? ¿Porque ella es como una hermana para mí en la manada, lo más cercano que tengo a una familia? ¿Así que usaste tus trucos patéticos para humillarla? Marina, te consiento mucho, ¡pero no para que te aproveches de mi amor y maltrates a los míos!

—¡No lo hice! —Las lágrimas brotaron—. ¿No me crees?

—¡La prueba está frente a ti! —Rugió—. Harper es dulce y sencilla. No miente.

“Harper nunca miente... ¿entonces eso qué me hace a mí? ¿Una mentirosa malvada? En tu corazón, Dominic, ¿qué soy para ti?”

—Te he consentido mucho, Marina —dijo Dominic con la mirada fija en mí—. Y estás usando tus poderes de forastera para abusar de mi manada.

—Yo no abusé de nadie...

—Necesitas pensar en lo que hiciste —me interrumpió—. Pasarás tres días en la sala de aislamiento. Vas a reflexionar muy bien sobre lo que significa ser una Luna.

¿La sala de aislamiento? El corazón me latía con fuerza.

—No. No puedo...

—Fue una orden.

Su mando de Alfa cayó sobre mí, paralizando mi voluntad.

—Tres días. Cuando hayas aprendido la lección, me buscas por el enlace mental y te disculparás. Entonces te dejaré salir.

La puerta de la sala de aislamiento se abrió. Un humo espeso y blanco salió de allí. Salvia. Un veneno mortal para una sirena. No podía respirar.

—¡No puedo estar cerca de eso! La salvia...

—¿Más excusas? La salvia es para purificar. Limpia el espíritu y esta es de la mejor calidad. —Me miró seriamente—. Marina, el teatro se terminó.

—¡Esto no es un teatro! —grité—. ¡Me va a matar! ¡Voy a morir ahí adentro!

—Solo son unas hierbas. —Me empujó al interior sin mirar atrás—. Es la mejor planta para limpiar el espíritu de un lobo. Marina, tienes que adaptarte a nuestras costumbres.

—Por favor, escúchame...

¡PAM!

La pesada puerta se cerró. Golpeé la madera desesperadamente.

—¡Abre la puerta! ¡En serio no puedo respirar esto!

El humo de la salvia se volvió más espeso y el olor fuerte me quemaba las vías respiratorias.

—¡No puedo respirar! ¡Dom! ¡Por favor! —grité por nuestro enlace mental.

Hubo estática. Luego, silencio. Me bloqueó. Su voz indiferente se escuchó desde el otro lado de la puerta.

—La caída de Harper hizo que la manada fuera el hazmerreír de la gala. ¿Cómo puedes ser una Luna actuando así?

Me resbalé por la puerta mientras las lágrimas corrían por mi cara.

—Te amo. ¿Por qué querría avergonzarte a propósito?

—Solo es humo —Su voz se oía apagada, pero cada palabra era como un cuchillo clavado en mi corazón—. Cuando aprendas humildad, pensaré en dejarte salir.

Quise responderle. Decirle que nunca había sido otra cosa más que humilde. Renuncié a mi trono. A mi poder. A mi hogar en las profundidades del mar. Renuncié a todo por él. Pero ya no pude articular las palabras.

El humo tóxico llenó mis pulmones. Mi visión se volvió borrosa. En mis últimos momentos de conciencia, escuché sus pasos alejarse. Luego, todo se volvió oscuro.

Y ahora floto aquí, un fantasma obligado a ver cómo se desarrolla el patético drama de mi asesino. Él cree que esto es solo otro de mis intentos desesperados por llamar su atención. Nunca lo sabrá. En el momento en que esa puerta se cerró, él me perdió para siempre.

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