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Portada de la novela EL HONOR DE UN GRIEGO

EL HONOR DE UN GRIEGO

Kate Walker lo abandonó todo por Alexei Di’Arcangelo, desde su profesión hasta su propia lengua. Sin embargo, tras cinco años de unión, una supuesta deslealtad la obliga a huir de Grecia para alejarse de un vínculo que parece roto. Pero escapar de un esposo griego decidido es una misión imposible. Alexei reaparece en su vida con la firme intención de reclamarla, dejando claro que los hilos del pasado aún los mantienen irrevocablemente unidos.
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Capítulo 3

—Estoy muy orgulloso, Kate— le decía su jefe— Jones ha quedado muy satisfecho y tus apuntes son perfectos — decía el hombre que tenía la pierna enyesada — me encargaré de la redacción del documento.

—Si deseas, puedo hacerlo, Álvarez.

—Pierde cuidado, puedo hacerme cargo, te lo enviaré a tu correo electrónico.

—Le he prometido una copia al abogado de Di' Arcangelo ara que lo revise, el hombre no pudo asistir debido a que su vuelo desde Grecia se retraso.

—Perfecto, no hay problemas con eso. Walker, sé que ya hoy es viernes y no volveras a la oficina hasta el lunes, yo también iré y...

—¿Irás?, Tienes un yeso Álvarez, por amor a Dios, todo funcionará perfectamente.

—Kate... Tengo un caso de divorcio, la esposa será nuestra clienta. Llegará al despacho el lunes pasado el medio día, desea ser ella quien inicie los trámites. ¿Me ayudarías?

—Por supuesto Edward, no debes preocuparte, yoe haré cargo.

—Bien, le diré que serás la abogada que llevará su caso.

—Pero...

—Eres capaz de eso y más.

Volvió a casa en taxi, su auto estaba en revisión mecánica y debía pasar por él al día siguiente.Caminaba en dirección a su habitación cuando se encontró con Annie. Su madre le regaló una enorme sonrisa.

—¡Tesoro mío, ya estás en casa!— abrió los brazos y caminó hasta ella para abrazarla, la estrechó contra su maternal pecho y Kate se dejó hacer.

—Madre, que alegría verte. — sonrió— nada como llegar a casa después de un agitado día.

—¿Mucho trabajo, amor mío?

—No más del que pudiera manejar — le sonrió.— ¿Ya llegó mi padre?

— Aún no, dijo que hoy volvería a casa tarde, tiene una reunión de trabajo importante.

—Bien. Yo iré a tomar una ducha y prepararme, saldré a tomar unas copas con las chicas.

—De acuerdo, solo no vuelvas tarde, cariño.

—No, madre ¿ Me prestarás tu auto?, No me darán el mío hasta mañana.

—Claro, no te preocupes, solo se prudente y si bebes demasiado no manejes, te lo suplico.

—No lo haré— le besó la frente antes de seguir su camino hacia su recámara. — Madre, tengo par de días que no veo a Víctor.

—Ya sabes cómo es tu hermano — rodó los ojos— hace lo que le viene en gana. Anoche llegó muy tarde, y hoy salió muy temprano. Es un rufián — Kate sonrió con ternura al pensar en su hermano.

—Disfruta la vida a su manera.

Mientras el agua de la ducha recorría su cuerpo desnudo, ella mantenía los ojos cerrados, el recuerdo del beso compartido con Alexei le encendió la piel, y no pudo evitar pensar en lo apasionado que resultó, aquel beso había despertado cada fibra de su cuerpo y la excitación la había recorrido en el mismo instante en que sus labios se tocaron.

Si había logrado aquello solo con un beso... ¿Qué le ocasionaría a su cuerpo, ser acariciado de una manera más... Íntima?

Si reparación se agitó y se obligó a abrir los ojos, pasando ambas manos por su cabello, mientras el agua no dejaba de caer.

Alexei Di'Arcangelo, aquel griego la encendia.

El hermoso vestido de seda azul, se pegaba a su cuerpo, su maquillaje sutil, nada muy llamativo pero si lo suficiente para resaltar sus ojos azules... Según Alexei, tan azules como el mar Egeo, sonrió, resultaba un halago hermoso.

Pasaban las siete con treinta cuando salió de casa en dirección al club preparada para su noche de chicas, se encontraría afuera con Leah, Ana Lisa y Meriam, junto a ella habían sido un cuarteto inseparable, se conocieron en la universidad y desde entonces habían forjado una fuerte amistad, con muchas salidas, noches de copas, conversaciones de chicos, apoyo femenino cuando alguna resultaba con el corazón roto, reuniones de chicas en casa de alguna y un fuerte odio a los ex de cada una.

Eran sus chicas, amigas inseparables, apoyo incondicional. Un cuarteto perfecto de diversas personalidades.

Dejó el auto de su madre en el estacionamiento y se dirigió a la entrada del club, allí se encontró con Meriem y Ana Lisa.

—¡Sólo nos falta Leah!— la exclamación de Meriem fue seguida de muchos abrazos y tiernas palabras de lo mucho que se habían extrañado.

—Hoy nos desquitaremos, la pasaremos increíble— aseguró Meriem— espero que al menos una conserve la cordura — rió— mañana amaneceré con algunas de ustedes— a Meriem le encantaba beber aunque luego se quejara de la terrible resaca. Con la llegada de Leah, el cuarteto entró al club, dispuestas a pasarla bien.

La noche avanzaba en medio de risas, bailes y copas, poco tardaron en encontrar parejas de baile y uno que otro, que no ocultaba su interés, Meriem estaba entregada al disfrute de la noche, pero Leah y Kate habían decidido controlar lo que bebían.

—Kate... Debiste invitar a Víctor — sonrió maliciosa.

—¿A una noche de chicas?, Eso sería bastante raro, ¿ no crees, Ana?

— ¿Cómo se supone que lo conquiste si casi no nos vemos?— hizo un puchero.

—La idea es precisamente que no lo conquistes— sonrió — créeme que solo te estoy haciendo un favor, me lo agradecería en el futuro — rió.

Una chica hermosa se acercó a su mesa con una bandeja, dónde dejó una botella y cuatro copas.

—No hemos pedido eso, te has equivocado, cariño— le dijo Kate amablemente.

—Se los ha enviado aquellos jóvenes de allá — respondió la chica elevando el tono de voz para hacerse escuchar sobre la música, las cuatro dirigieron la mirada hacia donde la joven señalaba. La alegría se esfumó; los jóvenes no eran otros que Nicholas y Leo, los ex novios de Kate y Meriem. La primera frunció el ceño, mientras que la segunda dejó escapar una maldición.

La ciudad tenía muchas discotecas, muchos clubes, ¿Por qué encontrarlos precisamente allí?

—Señorita— intervino Ana Lisa— dígale a ese par de infelices que somos mujeres exitosas y con el dinero suficiente para pagar nuestra propia bebida— elevó el rostro con orgullo.

—Pero...— la jóven parecía confundida— ¿Me llevo la botella?

—Por supuesto— respondió Meriem de inmediato.

—No la queremos — aseguró Leah. La jóven tomó la botella y se marchó.

—¿Quiénes se creen?— preguntó furiosa Meriem — ¿Cree ese idiota que me olvidaré de su traición con una botella?, ¡Por Dios!

— No les des tanta importancia — dijo Kate encogiéndose de hombros. Pero mirando tensa como ambos jóvenes hablaban con la chica, asentían y se ponían de pie para dirigirse hacía ellas.

—Les partiré la madre a ambos— aseguró Ana Lisa.

—Por supuesto que no— aseguró Kate— nada mejor que el desinterés y la indiferencia. Sus ojos estaban fijos en Nicholas quien se acercaba junto a Leo con paso firme, pasando en medio de las parejas que bailaban. No quería hablar con él, después de dos años de relación, el amor se había desgastado, deteriorado al punto de ser insostenible, Nicholas la había engañado, igual que Leo a Meriem, y era algo que ellas no estaban dispuestas a perdonar.

—Hola...

—Marchense ahora mismo— advirtió Leah.

—Por el mismo camino por dónde vinieron— dijo Ana Lisa.

—Solo queríamos ser amables, por los viejos tiempos. Ya saben— Leo se encogió de hombros.

—Me importa una mierda la amabilidad— dijo Meriem furiosa— váyanse.— el par de amigos intercambiaron miradas.

—¿Podemos hablar, Kate?

—Por supuesto que no— respondió ella— no hay nada que decir Nicholas, hemos venido a pasar un rato agradable, no lo arruinen.

—¡Larguense!— Meriem los miró furiosa.

—¿Algún problema, señoritas?

—¿Y tú quién eres?— preguntó Leo con el ceño fruncido.

—Alexei— dijo Kate, con los ojos fijos en el dios griego que no apartaba sus ojos de ella.

Los recuerdos del beso llegaron, el calor la recorrió ... Bendito efecto el de ese hombre sobre ella.

Pensó con la piel enfebrecida.

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