Portada de la novela El hilo rojo

El hilo rojo

8.4 / 10.0
En la romance novel El hilo rojo, la devoción absoluta choca con una traición devastadora. Esta modern novel sigue el desafío de una mujer por reconstruir su identidad tras el engaño del hombre en quien más confiaba. Una trama intensa que destaca entre las mejores romance stories actuales.
Resumen de El hilo rojo
Ella apostó todo por un vínculo que consideraba eterno, brindando un afecto absoluto y sin límites. No obstante, su pareja, quien decía ser su compañero de vida, mantenía una farsa desgarradora mientras la traicionaba de forma despiadada. Ahora, sumergida en un profundo caos emocional y una angustia insoportable, ella lucha por asimilar el vacío de este engaño. Es el relato de una mujer devastada por la deslealtad de quien más amaba.
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El hilo rojo Capítulo 1

Érase una vez, una princesa que estaba encerrada en una torre lejos del mundo...

—Mama, ¿¡Tú crees en eso cuento de hadas!?— la inocente voz de la pequeña niña de ojos celestes.

—Cariño, los cuentos son solo eso cuentos. — respondió la dama con el pensamiento más oscuro en su mente. — Está en ti... creer o no.

Le sonrió, con aquella sonrisa de una madre enamorada de la vida, aunque la verdad no fuera así. Aquella niña creía en las palabras de su madre, pero con el tiempo se dará cuenta que no toda historia tiene un príncipe y no son de hadas.

—¿¡Tú crees en cuentos de hadas!?!? — le pregunto la dama a su hija con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—... No sé. — respondió pensativa la pequeña.

El tiempo pasó, tan rápido que no sabía por qué el día de hoy será tan oscuro, el cielo se veía que se iba a caer encima de las personas. Por desgracias; era así como se sentía aquella niña de 13 años en una habitación del hospital en donde se encontraba su madre postrada en una camilla dando su último suspiro.

...

—Bienvenida a tu nueva casa, señorita Blaster. — la palabra se escuchaba tan lejos que ni se molestó en levantar el rostro.

El dolor de perder a su madre la dejo vacías, su madre era la luz de sus ojos, su padre un hombre que nunca la quiso, las abandono cuando nació solo se presentaba para verla en su cumpleaños. Ahora estaba en el mismo techo que su progenitor y su familia. Una hermanastra mayor y su madrastra que al verla la odio.

Su padre; el señor Arturo Smith la recibió con una sonrisa y un abrazo, el cual no transmitía ni una pisca de emociones a la niña, o era; su negación a su afecto de mierda. La que la llevo a rechazarlo, si más que hace solo se subió a la habitación que ocuparía en esa casa mientras estaba hay. Con su pequeña perra blanquita abrazada a ella; fue el último regalo que le hizo su madre antes de entrar al hospital.

¿¡Que le esperaría en un futuro!? ¿¡Cuánto tiempo estaría en ese lugar!? ¿¡Su tío Milán la buscaría!? Mucha pregunta rodeaba la cabeza de la pequeña, miraba con tristeza a Nieve así era como le había puesto a su perrita. Una lágrima traicionera se derramó de sus ojos; no había podido ver a su madre antes del entierro, quería poder decirle lo mucho que la quería. La habitación estaba oscura no había nada que importará que no fuera su oscuro y soledad tristeza en se momento.

9 años después.

La lluvia cae con fuerza, mientras el cuerpo de Celeste estaba apresado. No podía creer lo que estaba pasando su día había sido una total pesadilla; miraba a él que se decía decir su padre mientras su mejilla dolía por la bofetada que le había dado. No entendía nada de lo que pasaba hasta que miro a su alrededor su hermanastra y madrastra sonriendo con malicia.

—Eres igual que tu madre, una desvergonzada que se revuelva con todo el mundo. — le gritó su progenitor, haciendo un detonante en su cabeza.

Con la rabia a mil, se levantó del suelo dispuesta a enfrentar su padre; con la misma fuerza y la ira, le devolvió la bofetada a su padre.

— A mi madre no le meta en esto, si de errores estamos hablando tú no eres digno de hablar. — le gritó con fuerza. — Nos abandonaste a las dos, No quiero tu asqueroso dinero, nunca necesite tu maldito apellido, desde ahora no soy parte de esta hipócrita familia.

Su padre, estaba sorprendido por lo que acaba de pasar, su hija le había devuelto el golpe con fuerza; miraba como se marchaba su hija en medio de una tormenta.

—Cariño, no le prestes atención ella es una maldita desvergonzada. — hablo su esposa mientras le acariciaba la espalda.

Se levantó, asqueado por el toque de esa mujer que solo le ha traído dolores de cabeza; se dirigió a su despacho mirando como la perra de Celeste lo acompañaba en su dolor. Arturo el Rey de los negocios vivía una vida amarga llena de tristeza; se recostó en su sillón mirando el cielo lleno de nube gris era así como sentía su alma; gris.

En un pequeño escondite de su escritorio se encontraba una foto de Dulce, la madre de Celeste. Su hija había heredado sus hermosos ojos celestes, su preciosa sonrisa y un alma pura. Muy diferente a su padre que de él solo tenía el color lechoso de su piel, sus cabellos oscuros y su dura personalidad; en alguno momento, pero del resto era una chica sincera, pura y alegré. Emprendedora, una lágrima salió de sus ojos oscuros, Dulce le sonreía atravesó de la foto en aquel valle de rosas blancas, tenía un vestido azul aguamarina acompañado de un sombrero de playero que la protegía de los rayos del sol que le caía como un manto es su riso castaño. En sus manos tenía una rosa rosada mientras le sonría a la cámara sus labios color cereza.

—Perdón — susurro a la foto con lágrimas en su rostro.

Celeste caminaba mientras su alma estaba destroza por todo lo que pasaba, ¿¡Porque me pasa esto a mí!? ¿¡Que mal estoy pagando!? ¿¡Que fue lo que pasó en la noche!? Se preguntaba con tanta insistencia. La noche pasada estaba celebrando su despedida de soltera en una de la casa del amigo de su futuro esposo, con su hermanastra y sus amigas.

Después de la siesta copa, su conciencia está borrosa esa mañana despertó en la cama de un hombre con su cuerpo dolorido, con chupones en su piel. Salió huyendo de aquel lugar volviendo a su casa encontrando a su padre hecho un manojo de enojó. La lágrima no dejaba de salir de sus ojos necesitaba un lugar donde quedarse; camino al cementerio necesitaba desahogarse de todo lo que sentía por dentro. El único lugar era la tumba de su madre, al llegar no pudo evitar caer frente a su tumba había una foto de ella, tan sonriente. Lloro amargamente, mientras se abrazaban así misma.

—Mama, ¿¡Por qué te fuiste!? — sollozo con fuerza. — me violaron, no sé quién fue... Ayúdame, por favor, ayúdame a seguir adelante. — miro su foto esperando una respuesta la cual no llego. — tengo miedo, mamá.

Se quedó en silencio esperando algo que no llego, tal vez; un abrazo o un beso, pero no estaba hay solo había una lápida de piedra con una foto de ella y unas flores marchitas, se levantó enojada contra el mundo contra el Dios que la abandono en ese momento quería gritar de frustración se marchó del lugar. Camino al departamento de su futuro esposo, al llegar saludo al portero un hombre de 38 años. Paso al piso de su amado, tomo la llave de su escondite secreto y abrió la puerta sin percatarse que tenía dos visitas; al entra encontró ropa tirada en el suelo la mayoría era de mujer.

Camino despacio hasta la habitación de su futuro esposo con el corazón latiendo a mil, las lágrimas cayendo por sus ojos. Tomando su celular grabando todo lo que pasaba mientras llegaba al cuarto.

—Que ingenuas es nuestra querida Celeste, amor — escuchó la voz de su hermanastra entre jadeos suaves. — Hasta lástima me da, ahh dame más... Siii maass duro.

— Pobrecita la niñita, creía que somos amigas... Dios sii eso me gusta, hay mami... Qué bueno que la vendiste amor, esa perra se lo merece. — era la voz de su mejor amiga. Se acercó a la puerta del cuarto en donde se encontraban su ex futuro esposo, su amiga y hermanastras haciendo un trío.

—La muy ingenua crees que con casarme con ella la voy a perdonar por su infidelidad, la muy puritana ahora solo es una más, es una lástima que otro la gozará... Gane una buena suma de dinero. — escuchó aquellas palabras su corazón termino de romperse. — chúpame la verga, perra... Ohh... siii... La droga funcionó a la perfección. Ahora Celeste debe estar odiándose por ser me infiel, la pobrecita cree que con casarme y darme el dinero para que la perdonare, después de casarme la venderse de nuevo para que me haga más rico.

—Mientras nosotros disfrutamos, que tonta...

Los grabó por un rato hasta no más poder, asqueado por la escena y por lo que decía; una vez que terminaron de hablar de lo planes que tenía para ella en un futuro, se marchó prometiendo vengarse por todo le hicieron

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Tabla de contenidos de El hilo rojo

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