Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El hijo bastardo de él, la fortuna robada de ella

El hijo bastardo de él, la fortuna robada de ella

Charlotte descubre una realidad atroz tras siete años casada con Aiden. Al abrir su caja fuerte, halla pruebas de que él desvió su herencia hacia un fideicomiso para Leo, un hijo bastardo cuya existencia ella ignoraba. La tutora del pequeño es Haven, la cuñada de Aiden. Al ver a su familia política protegiendo este engaño y tratándolos como un hogar legítimo, Charlotte entiende que fue víctima de un plan para expoliarla. Ante tal infamia, decide huir y borrar su rastro.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

La medicina no funcionó, y mi fiebre solo empeoró. Al amanecer, prácticamente estaba delirando, alternando entre sueños febriles y pesadillas.

Fue Kayla quien me encontró. Se preocupó porque no respondí sus mensajes, así que usó la llave de repuesto que le había dado. Le bastó un vistazo a mi cara enrojecida y mis ojos vidriosos; sin dudarlo, me llevó al área de urgencias del hospital.

"¿Dónde está Aiden?", preguntó, caminando de un lado a otro de la pequeña habitación, mientras yo seguía conectada al suero.

"Tuvo que trabajar", murmuré, y la mentira me dejó un sabor amargo en la boca.

"¿Trabajar? ¡Lottie, pudiste morir!".

Yo miré a mi leal y feroz amiga y no pude contenerme más. Le conté todo: el fideicomiso, el hijo secreto de mi esposo, así como los años de abuso que había confundido con amor. Y también sobre la llamada telefónica de anoche.

Ella escuchó y se puso lívida por el horror y la ira, antes de que su expresión mostrara una desgarradora simpatía. Cuando terminé, simplemente me agarró de la mano con fuerza.

"Se acabó, Kayla", susurré, con la voz ronca. "Me voy, para siempre".

"Bien", contestó ella, sin ocultar la emoción en su voz. "Mereces algo mucho mejor".

Instantes después, salió a buscarme algo de comida, dejándome sola con el suave zumbido de las máquinas del hospital. Me sentía débil, pero en mi mente había una claridad fría y cortante.

Saqué mis piernas de la cama y, agarrándome al soporte del suero, me dirigí al baño al final del pasillo. Al empujar la puerta, escuché voces familiares desde la sala de espera privada que estaba al lado: eran las de mi esposo y mi cuñada. Se me heló la sangre, pero eso no impidió que me escondiera en las sombras de la entrada.

"Se peleó en la guardería", contó Haven, con la voz tensa por las lágrimas. "Otro niño lo empujó y lo llamó... bastardo".

"Compraré esa maldita guardería, y los despediré a todos. Después, meteré a Leo a una escuela privada, con guardias", contestó Aiden, tras soltar un gruñido bajo por la furia.

"¿Pero cuál es el punto?", sollozó desesperadamente mi cuñada. "Siempre será tu secreto. Nunca llevará tu apellido, así que la gente nunca dejará de hablar".

"Haven...", musitó mi esposo, en un tono más suave y lleno de una ternura que hizo que se me revolviera el estómago.

"No soporto verlo herido", se lamentó ella. "Simplemente no puedo verlo así".

Instantes después, escuché el sonido de la tela moviéndose, seguido de un suave suspiro. Me asomé por la esquina, y vi que Aiden abrazaba a su hermana adoptiva. Esta lloraba en su pecho, mientras él le acariciaba la cabeza. Era una escena de consuelo íntimo, una cruel parodia de todas las veces que me abrazó.

Me di cuenta de algo más. Mi esposo dejó de pasar la mano por la espalda de su amante y comenzó a tamborilear con los dedos, a un ritmo rápido, sobre su columna. Esa era una señal. Su señal. El signo de que estaba perdiendo el control y su lado oscuro estaba a punto de dominarlo.

La atrajo más hacia sí y, en un susurro áspero, le aseguró: "Lo solucionaré. Te lo juro". Casi al instante, su agarre pasó de la amabilidad a la agresividad.

Haven pareció percibir el cambio, pues se apartó ligeramente y con los ojos bien abiertos, le dijo: "Aiden, no. Aquí no".

Sin embargo, él ya tenía los ojos vidriosos, señal de que se había ido. Luego, se inclinó sobre ella, y estuvo a punto de aplastarle la boca con los labios.

"Estoy embarazada", soltó Haven repentinamente, con un tono firme y claro.

Aiden se congeló, quedándose completamente quieto. La energía frenética desapareció, como si alguien hubiera bajado un interruptor.

"¿Qué?", soltó.

"Tengo unas seis semanas", explicó su amante. Luego bajó la mirada, y adoptando una imagen de fragilidad, continúo: "No te preocupes. Me desharé de él. Sé que tienes a Charlotte, y yo no quiero complicarte las cosas".

Su actuación fue impecable: quedó como una víctima indefensa, sacrificándose por su bien.

Aiden la miró, con una expresión inescrutable. Luego, sacudió la cabeza, en un movimiento pausado y calculado, y declaró: "No. Lo vamos a tener".

Acto seguido, extendió su mano hacia ella y le acarició el rostro. Después, agregó con una determinación que me heló la sangre: "Leo y tú... lo tendrán todo. Llevarán mi apellido. Te lo prometo".

En el aire se instaló una nueva tensión. Vi las señales de alarma en él otra vez: los músculos tensos, la respiración superficial... Era obvio que luchaba contra el impulso que crecía en su interior. Estaba intentando ser gentil con la mujer que llevaba a su hijo.

Cerró los ojos con fuerza y apretó la mandíbula. Entonces, soltó un grito gutural y le metió un puñetazo a la pared, justo al lado de la cabeza de su amante. Usó tanta fuerza que el yeso se agrietó, y soltó algo de polvo.

Haven gritó y se alejó de él.

"Lo siento", jadeó mi esposo, apoyando la cabeza en el hoyo de la pared. "Perdóname. Yo no... quería hacerte daño. Ni al bebé".

Me quedé en la puerta, invisible, mientras la escena se desarrollaba frente a mí. Lo vi castigarse, no por mí, sino por ella. Vi cómo le daba las mismas promesas incumplidas, la misma penitencia brutal, el mismo amor retorcido que una vez me había ofrecido.

Me di cuenta de que no era especial, de que el asunto no se trataba de mí; de hecho, nunca se trató de mí. Él solo seguía un patrón, un ciclo enfermizo de posesión y autodesprecio que se repetía indefinidamente.

Y yo solo había sido una de sus víctimas, atrapada en su camino de autodestrucción.

El dolor en mi pecho era tan fuerte que por un momento creí que mi corazón se rompía literalmente. No podía respirar, así que retrocedí a trompicones de la puerta, con la vista nublada. Tenía que alejarme antes de que me vieran o, peor aún, de que desmoronara en miles de pedazos en el estéril y frío piso.

Llegué a mi habitación justo cuando Kayla regresaba. Pasé los siguientes dos días internada, recuperándome. Cuando Aiden llamó, le dije que me quedaría con mi amiga. Era más fácil hacerle creer esa mentira.

Al tercer día, me di de alta. En mi mano sostenía los papeles de divorcio firmados, como si fueran un escudo. Había llegado la hora de volver a esa casa, una última vez.

Mientras caminaba hacia la puerta principal de la mansión que una vez llamé hogar, escuché la risa de un niño resonando en el interior. Me quedé unos segundos congelada, sosteniendo el pomo de la puerta, pero finalmente la empujé y la abrí.

En la gran sala, Leo estaba jugando en el suelo. Con él estaba la madre de Aiden, mi suegra. Y en las manos del niño giraba la delicada bailarina de porcelana de la caja de música de mi madre. Eso era lo último que me quedaba de ella.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Amando al hijo de mi enemigo
9.6
La vida de Giselle está marcada por la tragedia tras la traición de los Alderidge, responsables de la pérdida de sus padres y el rapto de su hermana. Movida por el deseo de justicia, se infiltra en el hogar de James, el sucesor del clan, trabajando como niñera. Sin embargo, la nobleza del hombre desafía su odio y complica su plan de infiltración. Entre peligrosos secretos y una pasión inesperada, ella deberá elegir entre su venganza o el amor prohibido.
Portada de la novela Despertar en el Juego
8.2
Bajo un alias y con apariencia oculta, busqué afecto real en un entorno digital. Sin embargo, Héctor me traicionó al volver su antigua pareja, expulsándome de su gremio y humillándome públicamente. El desprecio cruzó a la realidad cuando me despidió sin saber quién era yo realmente, permitiendo que me culparan de un robo. Tras tocar fondo por su indiferencia, he decidido dejar de esconderme. Es hora de revelar mi identidad y reclamar justicia.
Portada de la novela ECOS DEL PASADO
7.9
Después de diez años de lealtad, Aria muere a manos de Evan, su gran amor. Al despertar inexplicablemente una década antes, descubre que posee la habilidad de escuchar los pensamientos más retorcidos de su traidor. Armada con su astucia y belleza, inicia una fría venganza para desmantelar la vida de quien la asesinó. Sin embargo, la aparición de un extraño cuya mente resulta impenetrable complica su misión. ¿Logrará Aria vengarse de Evan o sucumbirá ante este nuevo misterio?
Portada de la novela El amor es un misterio
8.7
La historia de El amor es un misterio profundiza en la conexión entre Archie y Joey. Archie lidia con un pasado traumático que le provoca crisis y dificultades sociales, mientras que Joey es un pandillero que oculta secretos de su clan y desea huir de su destino. Juntos emprenden un viaje donde enfrentarán sus crudas realidades para romper, gradualmente, las cadenas y barreras que restringen sus vidas en un entorno de peligro y secretos.
Portada de la novela Instituto Barve
7.8
Tras sobrevivir a un pasado marcado por el dolor, Heibrid intenta reconstruir su vida, solo para descubrir que no puede escapar de su historia. De forma repentina, es arrastrada a una dimensión oculta donde las leyes de la lógica desaparecen. Sus antiguos traumas se manifiestan ahora como amenazas sobrenaturales en un mundo hostil. En este entorno desconocido y peligroso, deberá luchar por sobrevivir mientras desentraña los misterios de una realidad fracturada.
Portada de la novela La Última Heredera
8.9
Lukan creció escuchando las crónicas bélicas y los mitos sobre una reina que, en su último aliento, profetizó la llegada de una heredera con sangre especial capaz de vencer a las sombras. Aunque el joven siempre despreció estas leyendas, su escepticismo se desvanece cuando su mentor vuelve acompañado de una enigmática mujer. Al conocerla, descubre que la última Wehyden es real, pues su imponente aura revela una fuerza mística que cambiará su destino.