Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El heredero Robado y el mellizo oculto

El heredero Robado y el mellizo oculto

Isabella fue desterrada por un millonario tras sufrir el robo de su hijo, pero guardó un secreto: tuvo mellizos. Casi dos décadas después, Leonardo ejerce como el frío sucesor de la fortuna familiar, mientras Dante, el hermano oculto que creció en la miseria, emerge con el plan de destruir el legado de su padre. Tras crear su propia compañía, Dante inicia un ataque implacable contra el imperio. Ambos hermanos se enfrentan en una guerra total sin saber que comparten la misma sangre.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

La Torre Valtierra no era simplemente un edificio; era una declaración de guerra de acero y cristal que perforaba el cielo gris de la metrópoli. Desde la acera, su cúspide se perdía entre las nubes bajas, como si sus dueños hubieran decidido que el mundo terrenal no era suficiente y necesitaran gobernar también las alturas.

En la base de este monolito corporativo, con el viento frío de la mañana agitando el dobladillo de su modesto pero impecable abrigo negro, estaba Isabella Rivera.

A sus veintidós años, Isabella poseía una belleza serena y una mente afilada como un bisturí. Tenía el cabello oscuro recogido en un moño estricto, intentando restarse juventud para sumar autoridad, y unos ojos color avellana que no parpadeaban ante el desafío. Apretó contra su pecho la carpeta de cuero sintético que contenía su vida entera en unas cuantas hojas de papel blanco: un índice académico perfecto, menciones honoríficas, tres idiomas dominados a la perfección y una tesis sobre ética financiera que había sido publicada en dos revistas internacionales. Era un currículum impecable. Sin embargo, frente a las puertas giratorias de la torre, sentía que esos papeles no eran más que un escudo de cartón frente a un dragón que respiraba fuego y dinero.

Respiró hondo, llenando sus pulmones con el aire helado de la ciudad, y dio el primer paso.

El vestíbulo de la Torre Valtierra era un templo dedicado al dios del capital. El suelo de mármol negro italiano reflejaba las luces frías del techo, creando la ilusión de que uno caminaba sobre un abismo sin fondo. El sonido de los tacones de aguja y los zapatos de cuero de los ejecutivos resonaba como el tic-tac de miles de relojes, midiendo el tiempo que, allí dentro, se cobraba por segundo.

Isabella avanzó hacia la recepción principal, esquivando a hombres con trajes a medida que hablaban por auriculares inalámbricos sobre fusiones y despidos masivos como si discutieran el clima. Se sentía pequeña, pero no intimidada. Su madre había trabajado dobles turnos limpiando oficinas como estas para pagar sus primeros años de universidad antes de que llegaran las becas. Isabella no estaba allí para dejarse aplastar; estaba allí para demostrar que el talento y el esfuerzo genuino podían romper cualquier barrera.

-Buenos días -dijo, con voz firme, al llegar frente al mostrador de seguridad, una inmensa media luna de granito blanco.

El guardia de seguridad, un hombre de rostro impenetrable, ni siquiera levantó la vista de su pantalla.

-Identificación y motivo de visita.

-Isabella Rivera. Nuevo ingreso. Analista junior en la División de Adquisiciones Estratégicas.

El hombre tecleó algo con lentitud calculada. Un segundo después, una impresora escupió una tarjeta de plástico blanco con el logotipo dorado de los Valtierra: una "V" estilizada que recordaba a las alas de un ave de presa en picada.

-Piso catorce, señorita Rivera. Los ascensores de la letra B. No intente subir más allá de ese piso; su tarjeta no tiene autorización. Que tenga un día productivo.

El tono no era un deseo, era una exigencia. Isabella tomó la tarjeta, se la colgó al cuello y caminó hacia los ascensores.

El interior del ascensor era un cubo de espejos y acero inoxidable. Cuando las puertas se cerraron, aislándola del bullicio del vestíbulo, el silencio fue casi ensordecedor. Isabella se miró en el reflejo. Se ajustó el cuello de la blusa blanca y se obligó a relajar la mandíbula.

«No eres menos que nadie aquí. Te ganaste este lugar. Eres la mejor de tu generación.», se repitió mentalmente, como un mantra protector.

El ascensor subió con una suavidad vertiginosa, dejando atrás el suelo y la gravedad. Sus compañeros de viaje eran tres hombres mayores que ella, envueltos en aromas de lociones caras y arrogancia. Ninguno le dirigió la palabra. A sus ojos, un "analista junior" era menos que polvo, un simple número en la base de datos de recursos humanos que podía ser reemplazado al día siguiente. Isabella lo sabía. Conocía la reputación de la empresa: Valtierra Corp era famosa por su cultura despiadada. Trituraban a los débiles y premiaban a los crueles. Pero ella creía en cambiar el sistema desde adentro, introduciendo estrategias donde la rentabilidad no requiriera destruir vidas. Era su mayor virtud, y a la vez, su condena.

Ding.

El piso catorce se abrió ante ella. No había oficinas privadas, solo un mar interminable de cubículos de cristal esmerilado bajo una luz blanca y clínica. El ruido aquí era diferente al del vestíbulo: teclados repiqueteando a la velocidad de la luz, teléfonos sonando sin cesar, y susurros cargados de tensión.

Una mujer delgada, con un traje gris y una expresión de aburrimiento crónico, la interceptó de inmediato.

-¿Rivera? Soy Clara, supervisora de sección. Llegas dos minutos antes de tu hora de entrada. Aquí, llegar a tiempo es llegar tarde. Sígueme.

Isabella no se disculpó, simplemente asintió y la siguió a través del laberinto de cristal. Sentía las miradas clavándose en su espalda. Las mujeres evaluaban su ropa de tienda por departamento; los hombres evaluaban su figura. Nadie evaluaba su intelecto. Todavía.

-Este es tu escritorio -dijo Clara, señalando un cubículo estrecho con dos monitores gigantes y una silla ergonómica-. Tienes ochenta reportes financieros atrasados del analista anterior. Lo despidieron ayer a las tres de la tarde por un error de coma decimal que nos costó medio millón. Quiero esos reportes revisados, proyectados y en mi bandeja virtual antes del almuerzo.

-Son más de cuatrocientas páginas de datos crudos -observó Isabella, calculando rápidamente.

-¿Es una queja, Rivera? -Clara enarcó una ceja, lista para morder.

-Es una observación -respondió Isabella, esbozando su primera y gélida sonrisa corporativa, sentándose y encendiendo los monitores-. Los tendrá a las once y media.

Clara la miró fijamente por un segundo, entre sorprendida y molesta, y luego se dio la vuelta sin decir nada más.

Isabella Rivera se quedó sola. Colocó su modesta carpeta en la esquina del escritorio y puso sus manos sobre el teclado. Miró hacia arriba, más allá del techo falso de su cubículo, imaginando los cincuenta y seis pisos que la separaban de la cima. Allí arriba, en el piso setenta, residía el mito, el titán intocable de la industria. No sabía cómo, ni cuándo, pero estaba decidida a llegar hasta allí.

Lo que Isabella ignoraba, mientras comenzaba a tipear la primera de sus proyecciones financieras, era que el monstruo del piso setenta ya estaba moviendo las piezas de su tablero, y ella acababa de caminar, por voluntad propia, directo hacia su trampa.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor, Traición Y Venganza: Mi Ex Encantadora
8.2
Inculpada por un crimen que no cometió, Maria huye tras la traición de su esposo, James. Seis años después, regresa con una identidad renovada y un plan de venganza: aliarse con el rival más poderoso de su exmarido. Sin embargo, su búsqueda de justicia la atrapa en la red de manipulación de su nuevo socio. En esta lucha de poder y seducción, Maria deberá descubrir si su odio es más fuerte que el deseo que empieza a nublar su juicio.
Portada de la novela Blair
8.2
Tras perder a Tanner, el amor de su vida, Blair queda sumida en un profundo vacío y un deseo de justicia inquebrantable. Mientras cuenta con el respaldo de sus hermanos, la joven se encuentra en una encrucijada emocional: ejecutar su venganza contra los asesinos de sus padres o entregarse a la confesión romántica que Tanner le dejó. Sin miedo al peligro, ella decide arriesgarse en ambos frentes para honrar su pasado y no renunciar a su futuro.
Portada de la novela En un Océano de Pasión
8.3
Bajo una atmósfera de traiciones y misterios, la ambición desata una lucha feroz por el trono y la fundación de un imperio. En este viaje de venganza, los lazos familiares se quiebran mientras el destino del mundo pende de un hilo. El protagonista debe enfrentar una batalla épica donde su mayor deber es resguardar a su reina predestinada. Solo asegurando su protección podrá alcanzar la victoria final en un conflicto marcado por el poder y la pasión.
Portada de la novela Invitaciones peligrosas
8.2
Levina Zhang disfruta de una vida privilegiada, aunque marcada por tensiones con su familia. Su destino cambia cuando Alekséi Ivanović la salva de un peligro mortal, despertando en ella una curiosidad imparable sobre este hombre enigmático. Liv decide investigar el vínculo oculto entre él y sus parientes, adentrándose en un submundo hostil. En medio de mentiras y traiciones, ella buscará exponer las verdades que Alekséi protege celosamente.
Portada de la novela La Guardían, Destino manifiesto.
8.6
El cierre de la saga pone a prueba el vínculo entre Ángel y el Coronel. Pese a derrotar a un gran rival, la paz es efímera: el capricho de un presidente desata una crisis política mortal. Entre rescates fallidos y decisiones gélidas, el dolor fractura la relación y obliga a Ángel a intervenir contra todo consejo. Tras una guerra inevitable, la reconciliación y una boda sellarán el destino de la Guardiana en un desenlace cargado de acción y misterio.
Portada de la novela Moonlight II ✔
8.5
Un monarca afectado por una toxina mortal intenta alejarse de su pareja predestinada para evitarle sufrimientos, pero la atracción resulta imparable. Mientras el romance florece, ella emprende una búsqueda incansable para rescatar a su hermana, quien lleva un año prisionera en las tierras de los licántropos. Este encuentro sacará a la luz conspiraciones y verdades enterradas que pondrán a prueba su relación y el futuro de sus reinos.