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Portada de la novela El heredero que nunca olvidé

El heredero que nunca olvidé

Valentina se alejó de Alejandro De la Vega tras un amargo divorcio y el dolor de perder a su hijo. No obstante, cinco años después, el poderoso empresario halla una fotografía de un niño que es su vivo retrato, descubriendo que ella no murió y que le ocultó a su verdadero heredero. Este hallazgo desata una intensa batalla legal y emocional. Entre el orgullo y antiguos secretos, ambos enfrentarán su pasado para ver si el amor aún es posible.
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Capítulo 2

El sonido de sus tacones contra el mármol de la recepción era lo único que le impedía derrumbarse. No podía llorar. No allí. No en la Torre De la Vega. Salió al boulevard con la cabeza en alto, aunque por dentro estaba hecha pedazos.

Cuando cruzó la puerta giratoria, la noche la recibió con una brisa fría y el cielo cargado de nubes. Iba a llover. Por supuesto que iba a llover.

Sacó su móvil con manos temblorosas. Marcó.

-¿Tomás?

-Estoy aquí. Frente al café de la esquina.

Él la había acompañado a la cita médica. Sabía todo. Y no la cuestionaba. A diferencia de Alejandro, él se había quedado callado durante el ultrasonido, sujetando su mano con fuerza.

Valentina subió al coche sin decir una palabra. Solo cuando estuvieron en marcha, se permitió derrumbarse. Apoyó la frente contra el vidrio, conteniendo un grito. El mundo entero se había encogido en un solo pensamiento:

"Él no me creyó. No le importó."

-¿Se lo dijiste? -preguntó Tomás con suavidad.

Ella asintió sin mirarlo.

-Y me habló como si le hubiera dado una mala noticia. Como si estuviera molestándolo.

-¿Y qué va a hacer?

-Nada. Se casa con Isabella Morán. Esta noche.

Tomás cerró los puños sobre el volante. Pero no dijo nada. No era el momento de sus opiniones. Solo del silencio.

El despacho se sentía repentinamente vacío. Alejandro no se había movido desde que Valentina salió. El ultrasonido seguía sobre la mesa. Blanco y negro. Vida y sombra. Un pequeño corazón palpitando como una pregunta.

La puerta se abrió. Isabella volvió sin tocar.

-¿Ya se fue tu tormenta del pasado?

-No es tu asunto -respondió él, sin mirarla.

-Claro que lo es -replicó ella con dulzura venenosa mientras se acercaba-. Si va a venir con la historia del "pobrecito bebé abandonado", créeme que me afecta directamente.

Alejandro la observó por fin.

-¿Escuchaste?

-No me hacía falta. Tu cara lo dijo todo.

Isabella caminó hasta el escritorio, tomó el ultrasonido con una sola mano y lo giró entre sus dedos con desdén.

-¿Qué esperas hacer con esto? ¿Abandonar todo lo que construimos por un embarazo imprevisto con tu exmujer emocionalmente inestable?

-Es mi hijo -dijo él con la mandíbula tensa.

-¿Lo es? ¿Estás seguro?

El silencio que siguió fue suficiente para que ella avanzara.

-Te va a arrastrar, Alejandro. Ella no te quiere, te necesita. ¿No ves lo obvio? Usó al niño como ancla para entrar de nuevo en tu vida.

-Basta -la interrumpió él, con voz baja pero firme.

Isabella dio un paso atrás. Sonrió.

-Perdón. No quise sonar... cruel. Pero si ese niño realmente es tuyo -remarcó la palabra como una duda venenosa- entonces deberías asegurarte de que no haya ninguna duda. Hazle una prueba. Hoy mismo.

Él no respondió.

-Y si resulta ser tuyo -añadió, con tono ligero como si hablara del clima-, aún hay tiempo. Es temprano, ¿no? Ocho semanas. Hay soluciones médicas. Clínicas privadas. Nada de escándalos.

Alejandro giró lentamente la cabeza hacia ella.

-¿Estás sugiriendo que le pida a Valentina que aborte?

Isabella sonrió como si hablara de cambiar la fecha de una reunión.

-Estoy sugiriendo que tomes una decisión inteligente. Esa mujer te hundió una vez. ¿Vas a dejar que lo haga otra vez?

Él no respondió. Pero algo se quebró detrás de sus ojos. No de forma dramática. Apenas un temblor. Apenas una duda.

Esa noche, Isabella Morán se miró al espejo de su suite en el hotel de cinco estrellas donde viviría con Alejandro una vez casados. Su reflejo era impecable. Cada cabello en su lugar. Cada sombra perfectamente difuminada. Pero su mente era un campo de batalla.

Valentina.

Esa mujer tenía un don para arruinarlo todo. Ya lo había hecho antes. Alejandro no había sido el mismo desde que ella lo dejó. Frío, más reservado, menos manipulable.

Isabella no podía permitir que una criatura arrastrara a su futuro esposo al pasado. Ni emocional ni legalmente. No después de haber invertido años en conquistar su confianza. No cuando estaba tan cerca del altar... y de la fortuna.

Abrió su teléfono y llamó a alguien.

-¿Sí?

-Necesito que sigas a una mujer. Valentina Ríos. Sí, la exesposa de Alejandro. Que no note nada. Solo... obsérvala. Y quiero su historial médico. Todo.

Pausó.

-Y si va a una clínica a hacerse una prueba... o algo más... quiero saberlo primero que nadie.

Colgó. Se sirvió una copa de vino.

No iba a perder. No ahora.

La fiesta de compromiso en el salón del hotel era perfecta. Periodistas, empresarios, políticos. Todos brindando por la "pareja del año". Pero Alejandro estaba desconectado. Sonreía con mecánica precisión. Asentía, pero no escuchaba.

Solo podía pensar en una imagen en blanco y negro sobre un papel. Un latido.

Un hijo.

Y una mujer a la que alguna vez amó tanto... que ahora solo podía recordarla alejándose con los ojos húmedos y el corazón endurecido.

Isabella se acercó y lo tomó del brazo con su sonrisa profesional.

-Estás conmigo, ¿no?

Él la miró. Quiso responder.

Pero no dijo nada.

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