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Portada de la novela El fuego reveló al verdadero monstruo

El fuego reveló al verdadero monstruo

En medio de un incendio, Damián prioriza al hijo de su amante, dejando atrás al pequeño Mateo. Tras el siniestro, el desprecio de Damián aumenta; tacha a Solana de exagerada y arrebata el medicamento vital de su propio hijo para tratar una simple erupción del otro niño. Mientras Mateo sufre las secuelas, Damián es celebrado como un héroe. Ante tal deslealtad y crueldad, Solana decide terminar su matrimonio y busca ayuda legal para escapar de ese infierno.
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Capítulo 2

Solana Toledo POV:

El sabor de mi propia sangre en la boca no era más amargo que los recuerdos que inundaban mi mente. Los ojos de Mateo, pidiéndole a su padre una explicación, me arrastraron de vuelta a un día que había intentado borrar.

Era el cumpleaños de Damián. Mateo, con sus cinco años, había pasado semanas dibujando un "mapa del tesoro" que llevaría a su padre hasta un barco de juguete que él mismo había pintado. Lo había envuelto en papel de periódico y lo había escondido en el jardín, convencido de que sería el mejor regalo del mundo.

"Papá va a estar tan feliz," me dijo esa mañana, su pequeña cara radiante. "Va a decir que soy su mejor pirata."

Le sonreí, un nudo en la garganta. Siempre intentaba protegerlo de la indiferencia de Damián, pero su inocencia era demasiado grande.

"Claro que sí, mi amor. Es un regalo precioso."

Preparamos juntos la cena favorita de Damián. Mateo se puso su disfraz de pirata, con un parche en el ojo y una espada de madera. Se sentó en la mesa, su cuerpecito temblando de emoción. Eran las siete, luego las ocho, luego las nueve. Damián no llegaba.

La puerta se abrió finalmente cerca de las diez. Mateo saltó de su silla, su mapa del tesoro en la mano.

"¡Papá! ¡Llegaste!"

Pero Damián no venía solo. Detrás de él, con una amplia sonrisa, venía Eugenia, y de su mano, Leo.

Mi corazón se encogió. Siempre era igual.

"¡Feliz cumpleaños, Damián!" exclamó Eugenia, abrazándolo con una familiaridad que me revolvió el estómago. Leo, un año menor que Mateo, llevaba un pequeño gorro de fiesta.

Mateo se quedó inmóvil. Su sonrisa se desvaneció lentamente.

"¡Papá, te hice un mapa del tesoro!" dijo, su voz ahora apenas un susurro, ofreciendo su regalo.

Damián miró brevemente el papel arrugado. "Ah, gracias, hijo. Qué bien." Ni siquiera lo tomó.

Leo, inquieto, vio el barco de juguete en la mesa. "¡Mira, Damián! ¡Un barco! ¿Es para mí?"

Antes de que nadie pudiera decir nada, Leo agarró el barco de arcilla de Mateo y lo estrelló contra el suelo. Era solo un niño, pero el sonido de la arcilla rompiéndose fue como un vidrio quebrándose en mi propio pecho. El barco, el "tesoro" de Mateo, se hizo pedazos.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Mateo. "¡Mi barco! ¡Era para papá!"

"¡Leo!" exclamó Eugenia, pero sin verdadero regaño. "Qué travieso."

Damián se inclinó hacia Leo, ignorando a Mateo que lloraba a mares. "No te preocupes, campeón. Papá te comprará un barco de verdad. Uno mucho más grande."

Ni una mirada a Mateo. Ni una palabra de consuelo. Ni un "¿estás bien?".

Solo yo estaba allí para él. Lo abracé fuerte, sintiendo sus pequeños hombros temblar.

"Lo siento, mi amor," le dije, besando su cabeza. "Mamá lo siente mucho."

No era mi culpa, pero sentía que sí. Por haberme casado con un hombre así. Por haberle dado un padre que lo ignoraba de esa manera.

Esa noche, mientras Mateo dormía, seguía sollozando en sueños. "Papá... mi barco..."

Mi corazón se apretó hasta doler. Era un dolor físico, una presión constante bajo mis costillas. Damián siempre justificaba su preferencia por Leo, diciendo que "necesitaba más atención" porque su padre no estaba presente. Pero ¿Mateo? ¿Acaso él no necesitaba a su padre también?

Miré la cicatriz en mi labio, resultado de mi mordisco, y me di cuenta de que era la herida más pequeña de todas. Las cicatrices invisibles que Damián había dejado en Mateo eran mucho más profundas. Sentí una resolución helada asentarse en mi interior. Esto tenía que terminar. No podía permitir que mi hijo siguiera sufriendo así.

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