Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El fuego despues del silencio

El fuego despues del silencio

La aburrida rutina de Lara y su matrimonio sin rastro de pasión se ven amenazados por el regreso de Tomás. Su presencia reabre una herida emocional del pasado que nunca cerró del todo, desatando una atracción física incontenible y una serie de encuentros clandestinos. Atrapada entre la lealtad a su hogar y un deseo voraz que lo consume todo, ella deberá tomar una difícil decisión. El fuego tardío ha vuelto para reclamar su lugar sin pedir permiso.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Estoy sentada en la parada del autobús.

El banco frío bajo mis piernas, el ruido distante de los autos, las voces sueltas de la gente que pasa sin verme. Nadie sabe que dentro mío todo se está desordenando. Nadie imagina que acabo de desobedecer la vida que llevaba puesta como un disfraz.

No sé adónde voy a ir.

Solo me dejo llevar por lo que mi corazón dicta, aunque la cabeza grite que vuelva a casa.

Aprieto el celular entre las manos. No escribí. No avisé. No pedí permiso. Por primera vez en años, no le pedí permiso a nadie.

Subo al primer colectivo que llega.

No miro el número.

No pregunto el recorrido.

Me siento junto a la ventanilla como quien se sube a un destino que no eligió, pero que ya estaba escrito.

Las calles se deslizan una tras otra. Negocios conocidos. Esquinas olvidadas. Y, poco a poco, algo en mi cuerpo empieza a reconocer el camino antes que mi memoria.

Cuando bajo, el aire me golpea distinto.

Miro a mi alrededor y me sacude un temblor lento, profundo:

es el barrio donde crecí.

Siento las palpitaciones en el cuello, como un recuerdo que despierta sin permiso. El corazón me late en la garganta. Todo huele a pasado: los árboles, el asfalto, las casas bajas, el silencio de la tarde.

No pensé que iba a terminar acá.

Pero ya era tarde.

Mis pasos marcaron el ritmo solos, llevándome directo hacia la plaza donde él me besó por primera vez.

Camino despacio, como si cada baldosa supiera quién fui. Veo nuestra adolescencia sentada en esos bancos. Veo mis manos temblar como aquella tarde. Veo su boca acercarse sin saber todavía todo lo que nos iba a doler.

Pasaron muchos años.

Ya no somos los mismos.

Pero algo en mí sigue buscándolo, como si necesitara una dosis de su cuerpo para poder seguir respirando.

Llego a la plaza.

Me siento un poco tonta, un poco perdida... hasta que lo veo venir hacia mí.

El mundo se achica.

El ruido desaparece.

El aire se vuelve espeso.

Es él.

Camina seguro. Más lento. Más hombre. Pero es él. Y mi cuerpo lo sabe antes de que yo pueda reaccionar.

Me toma de la mano -sin dudas, sin violencia, sin prisa- como si jamás me hubiera soltado. Como si la vida entera no hubiera pasado entre ese gesto y el último.

-Vení -me dice con una sonrisa apenas contenida.

Lo sigo.

No puedo hacer otra cosa.

Entramos a su casa. El aroma es distinto, pero la energía es la misma. Apenas se cierra la puerta, su mirada cambia. Ya no hay pasado. Ya no hay culpa. No hay esposos, ni promesas, ni miedos.

Es hambre.

Es sed.

Es todo lo que contuvimos durante años latiendo de golpe entre los dos.

Me rodea con sus brazos y me besa.

Y yo me rindo.

No por debilidad.

Sino porque mi cuerpo lo reconoce como si el tiempo no hubiera pasado, como si la vida no nos hubiera separado en capas sucesivas de renuncias.

Nos abrazamos como quien vuelve de una guerra. Como quien regresa herido, cansado, hambriento de algo que solo el otro puede dar.

Y sin decir una sola palabra comenzamos ese ritual silencioso y urgente: nos desnudamos despacio, pieza por pieza, como si quitáramos capas de pasado, culpas, años, decisiones ajenas.

Ni siquiera llegamos a la cama.

Caemos en el sillón de la sala, atrapados en una necesidad que no admite espera. El mundo queda afuera. La razón se apaga. Solo quedan las manos, la piel, los suspiros contenidos durante tanto tiempo.

Sus manos me recorren sin apuro, pero con una seguridad feroz, como si recordaran cada rincón de mi piel. Yo también lo toco, lo reconozco, lo confirmo. Siento cómo mi cuerpo se enciende apenas él roza mi cintura.

Nos buscamos.

Nos encontramos.

Nos rendimos.

Y cuando finalmente nos unimos, no es solo deseo: es un estallido, una deuda antigua, una verdad que habíamos callado demasiado tiempo. No hay palabras. No hacen falta. Todo se dice en el temblor de los cuerpos, en la respiración entrecortada, en ese ritmo que nace del recuerdo.

No quedó parte de nuestros cuerpos que no hayamos recorrido, tocado o reclamado. Toda la pasión contenida durante años explotó sin culpa. Y llegamos al clímax juntos, como si nuestros cuerpos hablaran un idioma que nunca olvidaron.

Cuando todo termina, todavía siento su respiración mezclada con la mía. El sudor. El temblor. El silencio después del incendio.

Y en ese instante lo sé con certeza, como una herida que no sangra pero arde:

Él es, y será siempre, el único hombre al que mi cuerpo y mi alma le responden sin resistencia.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Prohibido: Mi Tío Secreto
7.9
Tras la tragedia familiar, Sofía entregó su corazón a Alejandro, su tío político, sin saber que él solo la usaba para reconquistar a un antiguo amor. Destrozada por el engaño, ella finge su propio fallecimiento para huir, descubriendo poco después que está embarazada. Cuando intenta rehacer su vida mediante un matrimonio falso, Alejandro irrumpe en la ceremonia. Al ver su estado, él reclama su posesión, iniciando una feroz batalla por la autonomía.
Portada de la novela De Esposa a Jefa de la Mafia
9.2
El quinto aniversario de Liliana Santos marca el fin de su matrimonio y el inicio de una pesadilla. Tras recibir una carta de Enzo, su esposo herido, viaja a Sicilia solo para hallar su cadáver. Inesperadamente, la viuda hereda el control de un imperio criminal que ignoraba por completo. En medio del peligro y la intriga, Liliana debe aliarse con el misterioso Alessandro Fiorini para liderar la mafia y sobrevivir al oscuro legado de su marido.
Portada de la novela Engaño Bajo Contrato
9.6
Keira Olavarría busca vengarse de su antiguo prometido asistiendo a su boda con Dane Bautista como acompañante contratado. Sin embargo, el plan se complica cuando Dane descubre que la novia es su propia exmujer. Unidos por el despecho y la traición, ambos deciden formalizar una relación ficticia ante la sociedad. Esta alianza estratégica busca sembrar celos y forzar un divorcio para recuperar lo que perdieron, sin imaginar las consecuencias de su engaño.
Portada de la novela Engaño Familiar: Amor y Traición
9.4
Mientras descansa en Oaxaca, la vida de Elena Rojas se desmorona tras una llamada de su padre acusándola de malversación. Su madre finge agresiones para humillarla y la culpan de intentar asesinar a su abuela por dinero. Tras ser repudiada y morir en un trágico accidente, Elena despierta inexplicablemente en el pasado. Con los recuerdos de la traición familiar intactos, aprovechará esta segunda oportunidad para ejecutar una fría venganza contra quienes la destruyeron.
Portada de la novela Entre el amor y el odio
7.9
Después de cinco años de casados, la relación entre Álvaro y Olivia se ha convertido en una espiral de conflictos y resentimiento. Sin embargo, la aparición de Isis, una mujer fascinante, sacude el mundo del protagonista y lo sumerge en una encrucijada emocional. Atrapado entre el peso de las convenciones sociales y el anhelo de una nueva vida, Álvaro deberá decidir si mantiene su infeliz matrimonio o se arriesga a perderlo todo por un nuevo amor.
Portada de la novela Mi guardaespaldas
8.2
La vida de Lía Bell da un giro drástico cuando queda bajo la protección de Dereck Brown. Aunque su relación comienza bajo un riguroso contrato de seguridad, la constante exposición al peligro y los desafíos extremos transforman su vínculo profesional en algo mucho más íntimo. En una travesía marcada por la acción y el riesgo, Lía y su guardaespaldas forjan un romance profundo, uniendo sus destinos mientras luchan por sobrevivir a cada obstáculo.