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Portada de la novela Él Es Un Vampiro

Él Es Un Vampiro

Christopher, un influyente magnate, oculta su adicción al juego bajo una vida de lujos. Sus noches se pierden en un casino clandestino donde las deudas no dejan de crecer. Tras una racha desastrosa, el dueño del lugar le impone un ultimátum brutal para saldar lo que debe. El multimillonario tendrá que elegir entre conseguir una cifra inalcanzable de dinero o entregar la inocencia de su hermana al oscuro hombre que la reclama como pago.
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Capítulo 2

Jugaron 5 partidas de póquer, al final, Noah terminó venciendo a Christopher, y él lo único que tuvo que pagar fueron 50 dólares que, menos mal, tenía en su billetera porque su padre aquella mañana él había dado los 200 dólares de su mesada.

— Vamos a jugar a los dardos ¿Sabes jugarlos, no? — dice Noah.

— Sí, sé cómo jugarlo — responde Christopher seguro de sí mismo.

Noah y Christopher se ponen de pie de sus butacas, dejan las cartas de póquer sobre la mesa, y caminan juntos hasta llegar al puesto del juego de los dardos.

Ellos vuelven a sentarse en un par de butacas, y entonces, Noah coge los dardos, los agita con sus manos por un par de minutos, y los tira a la mesa en espera del resultado.

La partida de dardos comienza, y Christopher tiene la mala suerte de su lado, pues no le acertó a ninguna de las 5 partidas que jugaron.

— Carajo, Christopher, ¿Qué te pasa esta noche? ¿Por qué estás perdiendo en todo? ¿En dónde tienes la cabeza puesta hoy, ¿Hermano? — le pregunta Noah, incrédulo y sorprendido en saber que no era la noche de suerte de Christopher?

— No lo sé, ni yo tengo idea de qué es lo que me sucede hoy, pensé que iba a ser mi noche de suerte — le dice Christopher a Noah con decepción.

— ¿Quieres un trago? La casa invita — le dice Noah con una sonrisa de malicia que Christopher no comprendió.

— Sí, estaría estupendo — responde él con una leve sonrisa en sus labios.

— Ven, vamos al bar — le ordena Noah.

Christopher y Noah se acercan hasta la barra, en la cual solo había un hombre siendo atendido por el bar tender. Aquel hombre estaba con la mirada perdida en su trago, un trago que era de Whisky, Christopher lo reconoció gracias a su color miel, el hombre se veía deprimido, pero tenía pinta de recientemente haber salido del trabajo.

Pero Christopher y Noah ignoran a aquel hombre, y se hacen a tres butacas más de distancia lejos de él para que este no estuviera al pendiente de sus conversaciones.

A Noah le gustaba su privacidad fuera con quien fuera que estuviese hablando, o de lo que estuviese hablando.

— Buenas noches, señor, ¿Qué desea que les sirva esta noche? — pregunta el bartender al acercarse hacia ellos.

— Buenas noches, Tyler, ¿Qué quieres tomar Christopher?

— Una copa de Whisky estaría bien — responde Christopher.

— ¿Con hielo o sin hielo? — pregunta el bar tender.

— Con poco hielo, por favor — dice él.

— ¿Y usted, señor? — le pregunta el bartender a Noah.

— Una copa de tequila, ese nuevo que mandaste a pedir de México esta semana, sin hielo — dice Noah.

— Ese se llama el Jimador, ya les entrego sus bebidas — dice el bartender.

El bartender se retira hasta el lugar donde se ocupa de servir sus tragos, y Christopher y Noah se quedan allí, Christopher se queda mirando a un punto ciego sin saber que decir, y Noah se le queda mirando pensando en lo que había sucedido esa noche.

— Hay más juegos de azar, pero hay algunos que son solo para profesionales, y tienes que apostar dinero, y dudo mucho que tengas lo suficiente para saber si puedes ganar o no — le propone Noah.

Christopher se queda pensando la situación, en realidad, esa noche, tenía los $1,200 dólares de su ahorro, y junto con ello, tenía $200 dólares en su bolsillo de la mesada mensual que su padre le daba, le alcanzaría perfectamente solamente para una partida por si llegaba a perder.

— Tengo $1,400 dólares, no sé si puedan servirme — dice Christopher.

El bartender ha servido sus tragos, y los ha llevado hasta donde ellos estaban.

— Gracias Victor, y si, con $1,400 es suficiente para terminar la noche, esperemos que tú puedas ser el ganador esta vez, salud — dice Noah antes de chocar delicadamente las copas de sus bebidas.

— Salud — dice Christopher.

De un solo sorbo, se toman su trago, dejando los vasos vacíos, y se retiran del bar dispuesto a irse a iniciar una nueva partida de apuestas esa noche.

Ellos llegan al lugar donde estaba ubicada la ruleta rusa, y el crupier, un hombre moreno de 1.80 de altura, luciendo un traje elegante, les saluda.

— Buenas noches, señor Noah, ¿Van a querer jugar una partida de ruleta rusa? — pregunta el crupier.

— Sí, vamos a jugar, mi amigo tiene $1,400 dólares para apostar esta noche — dice Noah a la misma vez que apoya su mano sobre el hombro de Christopher.

Christopher sintió un nudo en la garganta, él quería hacerlo, quería jugar, pero algo en su interior le exigía que no lo hiciera, que iba a terminar perdiendo esa noche, y que lo mejor para él, sería irse a su casa aceptando que esa noche había sido un perdedor.

— Bueno, $1,400 dólares no es nada malo para comenzar la noche, adelante, tomen asientos caballeros, el juego ha comenzado — dice el crupier.

El juego comienza, pero una hora más tarde, Christopher se ve metido en un gran problema, pues ha perdido la apuesta, y no solamente ha perdido su dinero, sino que ahora, Noah le había tendido una trampa, la más sucia que Christopher alguna vez pudo haber escuchado en su vida; Noah no le había dicho que por aquella noche, iba a haber un concurso para los jugadores de ruletas rusas, cada partida comenzaría apostando $100,000,000 millones de dólares, serían más de un competidor quién participaría, pero únicamente sería un ganador.

Christopher, sin quererlo o pedirlo, había sido inscrito al juego por Noah, y desgraciadamente, había perdido.

Ahora, Christopher se encontraba metido en una habitación oscura, Noah había llamado a sus dos guardaespaldas fortachones para que se lo llevaran a la fuerza hasta el cuarto de la tortura, así le había nombrado Noah a aquella habitación, y este era el lugar donde los perdedores quiénes no querían pagar sus apuestas, serían torturados hasta que aceptaran pagarlas, o hasta que murieran.

Christopher estaba metido en problemas.

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