Portada de la novela El engaño de él, el destino de ella en Londres

El engaño de él, el destino de ella en Londres

9.8 / 10.0
Traicionada por Brett, Elaine abandona su negocio para salvar a su hermano. En esta romance novel de misterio, acepta la oferta de Evan Mcknight y huye a Londres. Descubre El engaño de él, el destino de ella en Londres, una modern novel sobre ambición y nuevos comienzos en esta web novel.
Resumen de El engaño de él, el destino de ella en Londres
Elaine vive una pesadilla: su hermano requiere una operación urgente, pero su novio Brett le impide acceder al dinero de la empresa que crearon juntos. Tras descubrir la traición de Brett con otra mujer y sufrir sus humillaciones, ella entiende que solo fue utilizada. Decidida a salvarse, acepta la propuesta de su mentor, Evan Mcknight, para huir a Londres. Allí buscará un nuevo comienzo, dejando atrás el engaño y el dolor de quien juró amarla.
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El engaño de él, el destino de ella en Londres Capítulo 1

"El puesto ha estado esperándote durante tres años, Elaine. Solo basta tu confirmación para que comiences en tu nuevo empleo". La voz al otro extremo del teléfono llegó en un tono relajado, profundo y familiar. Era Evan Mcknight, su antiguo mentor y quien se convirtió en un arquitecto de renombre mundial.

Una hora antes, la chica firmó la autorización para que su hermano menor, Kelsey, fuera trasladado a cuidados paliativos. El tratamiento experimental que podría salvarlo requería un depósito de cincuenta mil dólares, dinero que obviamente no tenía; ya había agotado todos sus ahorros, y a pesar de que su negocio, el cual construyó desde cero con su novio, Brett Vega, era todo un éxito, él le tenía prohibido acceder a los fondos.

El día que decidió empeñar su reloj Patek Philippe, se suscitó un gran revuelo. Brett irrumpió por la puerta, llevando en sus brazos a Daniella Chen, quien lloraba dramáticamente porque se había torcido un tobillo.

Su novio ni siquiera la saludó cuando llegó, pero en el momento que se percató de su presencia, la llevó a un almacén de suministros vacío y la cuestionó en voz baja: "¡¿Qué haces aquí?! No malinterpretes las cosas. Todo esto es parte del plan. Tengo que hacerle creer que tiene el control". Luego le dio quinientos dólares, ordenándole que se marchara antes de que Daniella la viera.

Al percatarse de que su novio creía que estaba ahí solo para pedirle dinero, Elaine dejó que los billetes cayeran al suelo. Él siempre fue muy bueno para mentir y fingir; nunca se preocupó por su dolor o tristeza, viéndola solo como una molestia dentro de su gran plan.

En ese momento, la chica decidió ponerle fin a todo esto; lo sabía con una certeza que se sintió tanto aterradora como liberadora. Era hora de ir a Londres.

Capítulo 1

"El puesto ha estado esperándote durante tres años, Elaine. Solo basta tu confirmación para que comiences en tu nuevo empleo".

La voz al otro extremo del teléfono llegó en un tono relajado, profundo y familiar. Era Evan Mcknight, el mentor al que conoció mientras estudiaba su posgrado, quien ahora era un arquitecto de renombre mundial y vivía en Londres.

"Todos en la oficina conocen tu nombre. Creen que estoy loco por mantener un puesto de socio mayoritario para una estudiante a la que no he visto en siete años".

Elaine Mccray apoyó la cabeza contra la fría y estéril pared de la sala de espera del hospital.

"Está bien, lo tomaré", respondió con una voz plana.

Tras finalizar la llamada, el silencio del pasillo se tornó pesado, roto únicamente por el distante pitido de la máquina que monitoreaba los signos vitales.

Una hora atrás, firmó la autorización para que Kelsey, su hermano menor, fuera trasladado a cuidados paliativos.

El tratamiento experimental que podría salvarlo requería un depósito de cincuenta mil dólares, dinero que ella no tenía; había agotado sus ahorros por culpa de interminables tratamientos convencionales que fallaron.

Su negocio, la firma que construyó desde cero con su novio, Brett Vega, era un éxito, pero no podía disponer de su parte de las ganancias porque él le prohibió acceder a las cuentas bancarias; primero dijo que era temporal, un simple movimiento de negocios, alimentando esta narrativa con toda clase de excusas inventadas.

Elaine se aisló de sus amigos e incluso de su propia familia, por lo que todos pensaban que llevaba una vida perfecta en Nueva York junto a su novio exitoso; nadie sabía que estaba más sola que nunca.

Intentó de todo para conseguir el dinero, pero los bancos rechazaron todas sus solicitudes de un préstamo y amigos con los que no había hablado en años nunca respondieron sus llamadas; su mundo terminó reduciéndose a esta única y desesperada necesidad.

Su pulgar trazó el frío metal del reloj en su muñeca; se trataba de un Patek Philippe, el cual Brett le regaló en su quinto aniversario. Dijo que era una inversión, un símbolo del futuro que forjarían juntos.

Este artículo tenía un gran valor sentimental, ya que se suponía que simbolizaba su red de seguridad, pero ahora, se había convertido en un recordatorio de una promesa que no significaba nada.

Elaine consultó su precio en internet y una tasación rápida ofrecía ocho mil dólares. Parecía una broma cruel; era dinero suficiente para unas pocas semanas más de tratamientos inútiles, pero ni siquiera se acercaban a los cincuenta mil que necesitaba para salvar a su hermano.

Aun así, era algo. La chica respiró hondo, lista para ir a la casa de empeño más cercana y hacer lo que fuera necesario para superar esta adversidad.

Cuando se levantó para irse, escuchó un gran revuelo que provenía desde el final del pasillo; un hombre cruzó la puerta, llevando a una mujer en sus brazos.

La sangre de Elaine se heló; era Brett, y con él venía Daniella Chen.

La pantalla del celular de Elaine se hizo añicos cuando se estrelló contra el linóleo pulido del suelo; la responsable fue una enfermera, quien golpeó su mano y provocó que soltara el teléfono cuando pasó corriendo en cuanto escuchó el alboroto.

Brett ni siquiera miró a su novia; tenía toda su atención puesta en Daniella, quien lloraba dramáticamente por su tobillo torcido. La acunaba como si estuviera hecha de cristal, manteniendo una expresión que simulaba preocupación.

"Ella está recibiendo toda la atención solo porque se torció el tobillo", murmuró una mujer sentada cerca de su esposo. "Así es. Puedes conseguir todo con un poco de drama".

Elaine rápidamente se agachó para recoger su celular roto, procurando en todo momento mantener oculta su cara; no podía dejar que la vieran aquí, al menos no en su condición actual.

Sin embargo, ya era demasiado tarde; después de acomodar a Daniella con la ayuda de una enfermera, Brett vio a su novia.

La expresión en su rostro cambió al instante; se acercó y la tomó del brazo, llevándola a un almacén de suministros vacío. "¿Qué haces aquí?", siseó con una voz baja y urgente.

"¿Y tú qué haces con Daniella?", replicó Elaine.

Los ojos del hombre se fijaron en el pasillo mientras respondía: "No malinterpretes las cosas. Ya te dije que todo esto es parte del plan. Le tengo que hacer creer que ella tiene el control".

Acto seguido, sacó su billetera y tomó unos billetes, colocándolos en la mano de su novia; eran en total quinientos dólares. "¡Vete de aquí antes de que te vea! Si te descubre, arruinarás todo. Confía en mí".

Elaine miró los billetes arrugados en su palma; su novio pensó que estaba aquí por dinero, como si fuera una limosnera.

Ella casi soltó una risa amarga; estaba en el mismo hospital donde se encontraba su hermano, quien iba a morir por culpa de este hombre, creyendo que con dinero podía comprar su silencio.

Sin decir nada, la chica dejó su mano abierta, dejando que los quinientos dólares cayeran al suelo.

Los ojos de Brett se abrieron de par en par mientras un destello de confusión cruzaba por su rostro; estaba acostumbrado a la obediencia y comprensión apacible de su novia, por lo que su reacción lo dejó atónito.

"Elaine, no compliques las cosas", le dijo, suavizando su voz para adoptar el tono manipulador que empleaba cuando quería algo. "Solo un poco más. Estoy a punto de cerrar el trato. Ese penthouse lujoso en el último piso, ya casi es nuestro".

El penthouse, el plan y su futuro juntos, todo se sentía como la historia de vida de alguien más.

En ese momento, Elaine ya no sentía nada; era como si la parte que la hacía procesar la traición acabara de ser extirpada. Ahora, toda su esperanza estaba depositada en Kelsey, internado en una habitación al final del pasillo, con su vida desvaneciéndose con cada pitido del monitor.

Ella lo perdió todo; la compañía que fundó, el hombre al que amaba y a su familia, a quienes simplemente no podía decirles la verdad.

Ahora, lo único que le quedaba era su hermano.

Fue ahí cuando vio todo con claridad; el Brett al que amaba ya se había ido, o quizás nunca existió.

La puerta del almacén chirrió al abrirse, siendo una enfermera la que se asomó para preguntar: "Disculpen, ¿ustedes vienen con la paciente que acaba de ingresar?".

Brett saltó, sorprendido por la intromisión; rápidamente se volvió hacia Elaine, mirándola con unos ojos suplicantes.

Concentrándose de nuevo en la enfermera, su voz otra vez sonó suave y encantadora cuando respondió: "Sí, yo vengo con ella, es mi... colega. ¿Está bien?".

Brett siempre fue bueno para mentir y fingir, y lo que acababa de hacer fue una muestra de ello.

La voz de Daniella resonó por el pasillo, un grito agudo y exigente: "¡Brett! ¡¿Dónde estás?!".

El hombre tomó a Elaine por los hombros y le ordenó: "Ve a casa. Te llamaré más tarde. Prometo que arreglaremos esto".

La miró, esperando que ella asintiera, que aceptara su historia, que se comportara como la novia paciente y comprensiva que siempre fue.

Sin embargo, ella solo lo miró con unos ojos vacíos.

Brett no percibió lo rota que estaba por dentro ni el dolor que la abrumaba, viéndola solo como una molestia para su gran plan.

La soltó y salió corriendo del almacén, con sus pasos resonando mientras regresaba con Daniella.

Elaine se quedó sola en la tenue luz mientras el aroma del desinfectante llenaba sus pulmones; se agachó lentamente, pero no para recoger el dinero, sino para sacudirse la sensación que dejó el toque de su novio en sus brazos.

En ese momento, la chica decidió ponerle fin a todo esto; lo sabía con una certeza que se sintió tanto aterradora como liberadora.

Era hora de ir a Londres.

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