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Portada de la novela El encuentro con el amor de la vida

El encuentro con el amor de la vida

Stella cumplió el deseo de su abuelo casándose con un extraño, pero tras un año de distancia, él le pide el divorcio en Seamarsh. Ella acepta y empieza a trabajar para Matthew, el CEO del Grupo Prosperity. Sin saber que su jefe es en realidad su esposo, Stella intenta mantener su espacio mientras él, afirmando amar a su mujer, detiene la separación legal para conquistarla. La tensión crece mientras la verdad sobre su vínculo permanece oculta.
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Capítulo 3

Luna llevó a Stella al Departamento de Relaciones Públicas, donde la presentó a los demás empleados.

"¡Escuchen, muchachos! Ella es Stella Anderson, su nueva colega".

Con una sonrisa educada, la aludida dijo:

"Encantada de conocerlos a todos. Es un honor ser parte de este departamento. Espero que podamos llevarnos bien".

Los demás empleados quedaron tan impactados por la rápida incorporación de Stella, que comenzaron a susurrar entre sí.

"Ella es la oficial de relaciones públicas que fue transferida aquí para trabajar directamente para el señor Clark, ¿verdad? Está muy bonita. Me pregunto si es una belleza con cerebro o simplemente una cara bonita de cabeza hueca".

"¡Por Dios! Debes saber que el señor Clark tiene buen ojo para elegir los mejores talentos. Apuesto a que es buena en lo que hace".

"Estoy muy celosa de ella, porque trabajará en estrecha colaboración con el CEO. ¡Qué chica tan afortunada!".

A pesar de que Stella pudo escuchar todo, su sonrisa no se desvaneció, mientras permanecía en silencio.

Por otro lado, el rostro de Luna se ensombreció un poco y frunció el ceño hacia Stella, pues esos comentarios avivaron las llamas de su descontento.

Era por todos sabido que Matthew sometía a los empleados potenciales a un riguroso proceso de entrevistas. Para sorpresa de Luna, fue testigo de lo indulgente que el hombre fue con Stella.

Luna miró a esta última de pies a cabeza, segura de que esa recién llegada no era más que una tonta.

Solo por despecho, juró hacerla sufrir.

Y así, la mente intrigante de Luna comenzó a maquinar de inmediato... Decidió ponerle las cosas realmente difíciles a Stella.

"Aquí tienes. Esta es tu primera asignación, según lo ordenado por el señor Clark. En estos momentos, todos están a punto de completar los proyectos en los que han estado trabajando. Lo único que queda por hacer es elegir la música de fondo para la próxima fiesta de aniversario de la empresa", le dijo Luna a Stella en un tono neutral, mientras sostenía un documento. "Tu trabajo será comunicarte con la otra parte y asegurarte de que la música de fondo se confirme lo antes posible".

Frunciendo el ceño, Stella preguntó:

"¿Hay algo más que deba saber?".

La elección de la música de fondo era uno de los aspectos más sencillos de la preparación de un banquete, por tal motivo, era extraño que aún no se hubiera elegido.

Debido a que Luna estaba empeñada en hacer sufrir a Stella, no se molestó en dar explicaciones. Simplemente le arrojó el documento, y agregó:

"El cliente vendrá más tarde. Lo sabrás todo cuando se conozcan".

Dicho eso, la chica se fue directamente a su escritorio.

En lugar de hacer más preguntas, Stella simplemente se encogió de hombros.

En busca de paz y tranquilidad, entró en la sala de reuniones, mientras hojeaba el documento.

En el momento en el que la puerta se cerró, volvió a estallar una discusión en la oficina.

"Esta recién llegada está condenada. No es nada fácil trabajar con Henry, ya que no solo es quisquilloso, sino que también es un pervertido. Me estremezco al pensar en lo que le hará".

"Opino lo mismo Lo único que puedo hacer es desearle buena suerte a esa chica".

————

En la sala de reuniones, Stella estudió todo lo que había que saber acerca de la tarea que le asignaron, así como del cliente con el que se reuniría, quien era un pianista de nombre Henry Scott.

La dirección de la empresa estaba interesada en utilizar su pieza para piano en la celebración del trigésimo aniversario, el cual estaba a la vuelta de la esquina. Por alguna razón desconocida, aún no habían llegado a un acuerdo.

Stella acababa de terminar de revisar la última página del documento, cuando la puerta de la sala de reuniones se abrió, y entró un hombre que vestía jeans y una camisa informal arremangada.

Al verlo, la chica se levantó inmediatamente y sonrió, al mismo tiempo que decía:

"Hola, señor Scott. Gracias por venir. Soy Stella Anderson y seré la responsable de negociar la colaboración relativa al uso de su pieza para el próximo banquete de aniversario. Tome asiento, por favor".

"De acuerdo", respondió Henry, a la vez que acercaba la silla al lado de la chica.

Luego, con los brazos cruzados, se recargó en el respaldo, y miró a Stella fijamente.

La chica evitó la mirada del hombre.

Mientras se sentaba, alejó un poco su silla. Luego, en tono profesional dijo:

"Aún no ha llegado a un acuerdo con nosotros para el uso de su pieza para piano. ¿Hay alguna razón para eso? Si tiene alguna reserva al respecto, dígamelo, por favor. Le aseguro que lo satisfaremos, siempre y cuando esté dentro de nuestras posibilidades".

Henry permaneció en silencio, mientras sus ojos vagaban por el cuerpo de la chica.

Ante eso, una gélida advertencia recorrió la columna de Stella. A pesar de que se sintió incómoda bajo la mirada del hombre, sonrió y dijo:

"Soy consciente de que en estos momentos está preparándose para realizar una gira por todo el país. Le prometo que esto no afectará sus preparativos. Al contrario, como muestra de nuestro agradecimiento dedicaremos algo de tiempo para publicitar su tour durante el banquete. ¿Qué opina?".

Henry se frotó la barbilla, antes de responder:

"Tengo que aceptar que es una oferta bastante atractiva". Dicho eso, el hombre miró a la chica de reojo y sonrió.

Entonces, Stella le tendió el contrato que habían preparado, al mismo tiempo que decía:

"Lea el contrato, por favor. Si tiene algún inconveniente con alguna de las cláusulas, puedo modificarla inmediatamente".

Sin tomar el documento, Henry se reclinó y se llevó las manos a la nuca, a la vez que decía:

"Leer es mucho trabajo. Peor aún, ese contrato es muy voluminoso. Realmente no quiero pasar por eso".

Al escuchar las palabras del hombre, Stella se encontró en un dilema.

"¿Qué te parece si te acercas y me lo lees?", sugirió Henry, mientras miraba a la chica y sus ojos brillaban con interés.

Ante eso, Stella frunció los labios y respiró hondo, ya que después de haber trabajado en la industria de las relaciones públicas durante muchos años, se había topado con todo tipo de clientes que hacían solicitudes muy extrañas.

Al final decidió que leer un contrato en voz alta no era gran cosa.

Con eso en mente, se acercó un poco más al hombre, pero asegurándose de estar a una distancia fiable de él. Después de aclararse la garganta, comenzó a leer.

A pesar de que sus ojos estaban fijos en el documento, podía sentir la ardiente mirada del hombre vagando por todo su cuerpo, lo que le provocó escalofríos.

No obstante, se enderezó y trató de concentrarse en lo que estaba leyendo.

De repente, Henry se inclinó bruscamente, y Stella se agachó por instinto.

Sonriendo con aire de suficiencia, el hombre se acercó a ella aún más, y comentó:

"Qué hermoso es tu collar. Combina muy bien con tu piel radiante".

Mientras Henry hablaba, extendió la mano con la intención de tocar el cuello de Stella, quien necesitó mucha moderación para no apartar la mano del hombre de un golpe. En cambio, se reclinó aún más y lo fulminó con la mirada, mientras su repulsión se intensificaba.

"Si le gusta este collar, después de la reunión lo ayudaré a comprar uno y lo enviaré a su empresa. Ahora, ¿podemos reanudar la lectura del contrato?".

Al escuchar eso, la mano de Henry se congeló en el aire. Luego, en tono burlón dijo:

"Pensé que el Grupo Prosperity quería trabajar conmigo, pero resulta que me equivoqué. Soy un hombre muy ocupado, así que no debería perder mi valioso tiempo hablando con gente poco sincera".

Dicho eso, Henry arqueó las cejas, y miró a la chica con un atisbo de amenaza.

De repente, la puerta de la sala se abrió.

"¡La colaboración está cancelada!".

Con un semblante inexpresivo, Matthew entró, se paró frente a Stella, y miró a Henry.

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