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El efecto de la pantera

Sila ha sufrido la crueldad y el engaño en el oscuro entorno de la mafia. Su vida cambia al conocer a Samuel Carter, un influyente hombre envuelto en sombras con quien comparte un fetiche ineludible. En medio de una atracción letal, ella ilumina su mundo mientras él le brinda resguardo y una pasión liberadora. Ambos deberán sortear peligrosos secretos y un erotismo intenso, desafiando a sus enemigos para defender su vínculo en este turbulento romance.
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Capítulo 3

Decir que los brazos de Carter eran un refugio para mí, era un eufemismo.

Sus brazos eran mucho más, eran calor, seguridad, pasión, deseo, poder y amor. Para mí ya era amor. Estaba enamorada de ese hombre como nunca quise amar a nadie.

Amar así era peligroso, podía hacer lo que me pidiera solo por el simple hecho de que volteara a verme. No sabía si el me amaba al mismo nivel sobrehumano que yo lo hacía, pero mi amor, alcanzaba para los dos.

— Nunca Denim, recuérdalo bien, nunca la vuelvas a tocar. Y si te descubro haciendolo a mis espaldas que dios te cuide y mucho. Porque me convertiré en el diablo que no quisieras conocer. Recuérdalo.

Me llevó dentro

Observé el sitio con repugnancia y asombro.

Todo era muy elegante pero las caras lámparas llenas de lágrimas iluminadas, los rojos sofás del mejor material, las enormes cristaleras y el perfecto bar de carísimas botellas, no podían disimular la sórdida vida que allí se llevaba.

Había mucha gente importante, bueno importante para este turbio mundo, así como importante como para no poder revelar sus identidades.

Los que pertenecían a mi familia política estaban en una zona apartada, pero yo allí no iba a ir.

— Ven Sila, quédate aquí, solo conmigo. No quiero compartirte ni con tu familia. Además del hecho de que todos ellos son escoria, la misma que te entregó a mí. Ellos no merecen tu compañía.  Yo tampoco luz, pero no pudo renunciar a tí. Perdóname.

Tome su rostro entre mis manos y cerca de su boca le dije — tu eres lo único bueno que me ha pasado en la vida. No hay nada que cambiaría de ella, solo por el hecho de volver a llegar a tí. Solo por eso, volvería a vivir todo Carter. Eres el hombre que amo y haría lo que fuera por volver a tí.

— Ah hermosa, no tines idea de lo que me haces solo con mirarme.

Besando la punta de mi nariz, se disculpó y se fue. Dijo que solo eran unos minutos, y no pensé que esos minutos fueran a volverse tremendamente largos.

Bebía un agua con hielo mirando sin destino fijo a mi alrrededor. No podía hablar con nadie, y aquellos con los que podía hablar no tenía pensado hacerlo. Y el mismo Carter no quería que lo hiciera.

Viendo a su hermano venir hacia a mí, me sentí estremecer. Ese hombre era mucho peor que un diablo. Todos en aquel sitio lo miraban con miedo, aquello no era respeto. Las mujeres casi se adivinaba que rezaban porque no se les acercara. Estaban muy tranquilas ahora que lo veían cerca de mi y yo me reflejaba en su sensación. Esa de pánico a Simón

— Vaya vaya, pero si es el nuevo juguetito de mi hermano, para ser una puta por encargo no estás nada mal. — nada más entrar Simón había pedido que Carter revisara no se qué, obligandolo así a dejarme sola por unos momentos. Que se me hacían eternos.

— No agaches la cabeza Sila, no tienes por qué. Simón sabe que ni eres puta ni mucho menos por encargo.— mi hermana Dalila habló por mí, ganándose una mirada reprobatoria de Simón, parándose justo a su lado.

— No te pases Dalila, sabes de primera mano lo que puedo hacer si me provocan.

Ese hombre daba terror solo de mirar la cicatriz en su cara. Ya luego, si hablaba, su voz era mucho más siniestra que su imagen.

— Sila, se está tragando todo el carácter de Carter y eso perjudica mis negocios. Así que ya le estás diciendo a Andrew que la regreso, ya Carter obtuvo lo que quería y ahora yo me veo perjudicado por la presencia de tu hermanita. Esta misma noche la quiero fuera de aquí.

— A Carter no le va a gustar eso, no sabes lo que dices.— traté de impedir aquello pero no parecía querer convencerse .

— Tu te vas, si te atreves a decirle algo a mi hermano tu sobrino, no se podrá vacunar la próxima ocasión. Así que no me obligues a matarte. Mira que estoy siendo benévolo dejándote vivir. Es muy fácil para mí, quitarte del camino.

Mi hermana se había quedado pasmada; pero no hacía nada. Simplemente se fue a darle el recado a su marido y el maldito de su tío que estaba oyendo todo me miró relamiéndose los labios.

Más tarde esa noche me sentía protegida en el refugio de mi amor. Bailamos toda la noche, nos besamos y nos confesamos tantas cosas y trazamos tantos proyectos que sentí que todo había sido una mala broma de Simón.

En el momento que mi pantera había ido a por unas bebidas para los dos, dejándome a un costado de la improvisada pista ,sentí unos dedos deslizarse por el escote en mi espalda.

— Ya sé que te vas esta noche, y arreglé con tu padre que te vinieras conmigo. Muero por entrar en tu piel y que me aprietes el rabo con tu carne toda la noche. Será nuestra primera vez juntos. ¿ Ves cómo no debiste rechazarme tan rápido? Ya tu noviecito no estará para defenderte. Serás mía y te saborearé toda la noche.

Sentí su mano casi entrar en dentro de mi vestido y alcanzar mi línea entre ambas nalgas. Me levanté de golpe y salí corriendo hacia el baño. Una vez allí vomité todas las bilis que me subieron nada más de oír la repugnante voz de ese viejo maldito, ya cuando me tocó fue el tope de mi control.

— ¿ Que haces aquí Sila? Tu dueño te está buscando como una fiera. Esta noche espero que mi tío te borre esa sonrisa de puta equivocada que llevas presumiendo toda la noche por estar del brazo de Carter. Se te acabaron las vacaciones.— dijo mi hermana adoptiva entrando en el baño y cruzando los brazos sobre su pecho. Su mirada era macabra.

— ¿ Por qué eres así, Ambar? No tienes un mínimo de compasión por nadie. — esto último no era una pregunta. Ella no lo tenía y ya lo sabía. Era mala, envidiosa y estaba muy frustrada porque se moría por tener al único hombre que nunca la miraría. Aidan.

Mi primo me adoraba al igual que Ashton, pero a ella la ignoraban. Eso solo empeoraba su odio hacia mí.

— No te bastó con quitarme a Aidan, ahora también fuiste a por Carter. Maldigo el día que te trajeron a casa, pero bendigo esta noche, cuando yo esté abrazada a mi almohada sabiendo que mi tío te estará follando sin descanso. Cómo la zorra que eres.

Salí corriendo de allí.

¿ Por qué no podía encararme a ella?

Siempre dejaba que me dijera cosas horribles. Lo que nadie sabía, es que tenía la sospecha de estar embarazada. Mi periodo no había llegado hacía más de una semana.

Si se lo decía a Simón alomejor conseguía que me salvara de mandarme con mi tío.

A Carter aún no se lo decía porque era solo una sospecha pero  necesitaba tratar de convencer a Simón. Si le decía a Carter lo que sucedía mi sobrino moriría. Era un bebé, no podía hacer algo así.

Encontré a Simón en la salida trasera del club.

— Por fin. Te estaba buscando. Cuando mi hermano suba a hablar con  los clientes aprovecharás para lárgate, un coche negro te espera afuera. Te subes a él y yo me encargo de decirle a Samuel que lo dejaste.

— No te va a creer y me buscará, escuchame por favor.

— Te quiero lejos de nuestras vidas Sila, me están recriminando cosas por tu culpa todo el tiempo y encima casi no trabaja porque está detrás de tu culo. No voy a perder mis negocios,mi hermano y mi vida por tu culpa. Me importa una mierda lo que tengas que decir.

— Estoy embarazada Simón, por favor. — imploré colgada de su brazo— es tu sobrino.

— ¿ Pero que mierda has hecho?

No quiero niños cagando nuestras vidas ... ¡ Sácatelo!

— ¿ Que? , ¡No!... No voy a hacer eso. Es mi hijo y de Carter. No lo haré.

— ¿ Que hacen aquí? — su voz, su voz me salvaba. Sentirlo detrás de mí era un alivio tan grande que solté un suspiro y me fuí al encuentro de su cuerpo.

— Nada hermano, tu chica... La noté rara, pensé que te quería dejar, que quizá quería escapar de su obligada situación .Solo la estaba reteniendo. Para saber que pasaba. Estaba aquí afuera mirando por dónde irse.

Carter me soltó el brazo y me puso delante de su cara. Era tan hermoso que dolía mirarlo. Sus orbes azules se tornaron casi violetas del oscuro intenso que las coloreó. Había furia, desconcierto y dolor en su gesto compungido.

— Te mato Sila, me dejas y te busco, te encuentro y te mato. Y aún así te seguiré. No nos hagas esto.

— No Samuel, yo no te dejaría. Le trataba de explicar a Simón, pero su nerviosismo no me dejó acabar. Cariño, estaba vomitando, y quería tomar aire fresco. Yo no quiero dejarte, ni que me dejes jamás. ¿ Como podría? No sabes lo que significas para mi. Nunca te dejaría, no por voluntad propia y mucho menos ahora.

Creo que estoy embarazada Samuel.

Utilizaba su nombre para hacer más íntimo el momento, sabía que no le gustaba que lo llamara por su nombre pero el momento lo requería.

Nunca pensé decirle algo así de pronto y sin estar segura pero me veía sin muchas opciones. Me ganó el desespero.

Cayó a mis pies de rodillas. Abrazó mi cintura y besando mi vientre miró hacia arriba para decir...

— Sabía que eras la luz de mi vida Sila, pero que lograras alumbrar más que el mismísimo sol, nunca lo conté. Es lo mejor que podías darme, un hijo nuestro. Un fruto del amor que nos tenemos. Porque si, hermosa... Te amo, te amo tanto que sufro. Sufro de pensar que puedo perderte, que puedes amarme menos, que puedo no ser suficiente para ti. Sufro de una pasión abrazadora por tí.

Mis ojos se desbordaron de lágrimas al verlo a mis pies, diciéndome a su manera que me quería. Que era la luz de su oscuridad y que no podría vivir jamás sin mí. Que nos prefería muertos a separados.

¿ Era enfermizo?... Probablemente, pero era nuestro. Era nuestra manera. Nuestro amor.

Simón estaba a nuestro lado fingiendo empatía, pero yo sí alcanzaba a ver su desprecio por mí. Y por mi hijo ahora. Si es que estaba embarazada, pero algo dentro de mí me decía que lo estaba. Era como una sensación vital dentro de mi. Me sentía embarazada de amor.

Me agaché y de rodillas frente a Carter hice lo único que se me ocurrió para librarme a mi y a mi hijo de todas las amenazas que nos rodeaban.

— Sácame de aquí Carter. Llévame a casa y celebremos solos  nuestro amor.

Sin pensárselo dos veces me sacó de allí. Sin pedir permiso, sin consultar con su hermano. Sin avisar a nadie. El no pedía permisos.

Solo tomó mi mano y me llevó despacio por el lado del club y una vez en el auto me besó.

Fue lento, tierno, respirado. Comedido, fue sublime. Fue el y fuí yo. Fuimos nosotros, solo nosotros. Fue perfecto.

Cuando llegamos a la casa, me sacó el vestido en medio del salón y sin querer ninguno de los dos esperar más tiempo, me tomó sobre la alfombra delante de la chimenea.

Tuvo los cuidados que nunca antes tenía, me adoraba la piel con su boca. Bajaba sus manos por todos mis espacios vacíos de el y los veneraba.

Prestó dedicada atención a mis senos un poco hinchados ya por mi evidente pero no confirmado embarazo.

Se daba el tiempo de rozar mi boca con la suya y de beber de mis labios vaginales casi tanto como de acariciarlos con sus dedos. Trazaba caminos inacabables en mi sexo. Olía, mordía, jadeba sobre mi piel ardiendo. Lamía y chupaba de mi centro mientras acariciaba mis muslos.

Yo solo podía retorcerme bajo sus manos, bajo su lengua y bajo su cuerpo.

Mi vida se retorcía bajo su efecto.

Entró en mí con delicadeza pero en varias posturas, así como en varios tiempos. Fuimos sudor, jadeos, gemidos  y susurros repetidas ocasiones.

Esa noche fue larga y especial. Esa noche fuimos más que pareja, fuimos uno. El dentro de mí y yo dentro de él.

— Yo sé que llevas poco tiempo conmigo Sila, puede que no te sientas segura de mi amor por el corto espacio que hemos tenido juntos en nuestras vidas. Pero el amor no se explica, no se entiende y no se muestra. El amor se presenta y se queda , nos controla y no encontramos explicación.

Unos pueden amar después de un tiempo y otros pueden amar en un instante.

— Samuel, no dudo de tí, porque me siento igual. Y si creo en mi amor, creo en el tuyo.

— Amo la manera en la que dices mi nombre Sila, no me gusta que me llamen así pero en tí es distinto. Promete que siempre seremos esto Sila, promete que no te irás de mí. No me obligues a sufrir tu perdida. Tienes que saber que te buscaré Sila. Hasta en el mismísimo infierno te buscaré.

No respondí, no podía prometer algo que escapaba a mi control. Ahora me sentí tranquila porque estaba entre sus brazos y porque me juraba que me encontraría.

Solo esperaba que si un día tenía que buscarme, que me encontrará a tiempo.

Me volví a dejar amar por él y me sumergí en la pasión del momento. En la promesa de una vida juntos y un futuro infinito con él.

Pero mientras yo me embriagaba de amor y de Carter, había otra persona creando nuevos planes para deshacer mi pequeño paraíso recién descubierto en la piel de Samuel.Se cernía sobre mí la amenaza de Simón.

Pero ahora mismo  estaba bajo la protección de mi pantera.

Eso era todo lo que llenaba mi ser.

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