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Portada de la novela El dulce amor de CEO FRÍO

El dulce amor de CEO FRÍO

Un collar enigmático altera el rumbo de dos mujeres al intercambiar sus destinos. Presionada por una deuda millonaria, una joven accede a una gestación subrogada, pero huye tras dar a luz. Años después, regresa con su hijo y se cruza con Álex, un CEO de carácter implacable. Al descubrir su paradero, el poderoso empresario decide intervenir en su vida, jurando que esta vez no permitirá que ella se aleje de su lado ni escape de su dominio.
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Capítulo 2

Sin las luces estridentes y el ajetreo de la ciudad, el silencio podía ponerle a uno los pelos de punta.

Poco después, oyó el sonido de un motor en marcha que se hacía más fuerte a medida que se acercaba desde la distancia. El vehículo se detuvo frente a la villa y su motor se apagó.

En ese momento, su corazón, habitualmente tranquilo, se aceleró de repente al sentir un nerviosismo e inquietud sin precedentes. Los pasos que subían las escaleras se hacían más fuertes a medida que se acercaban, ya no podía mantener la calma.

Mientras se sentía inquieta, la puerta se abrió de golpe.

Junto con el sonido de los pasos constantes, Camelia pudo percibir que alguien había entrado y se había detenido junto a su cama. Ya estaba absolutamente nerviosa y se sentó rápidamente en la cama.

Él... ¡Él está aquí! ¿Es mi jefe?

Estaba en vilo cuando un lado de la cama se inclinó ligeramente, lo que evidenciaba que alguien se había sentado en ella.

Camelia, que se sentía perturbada, apoyó la espalda en la pared para sostenerse. Se sentía absolutamente incómoda y se alegró de que delante de ella hubiera una oscuridad sofocante. Apenas podía distinguir una figura imponente de frente, pero su corazón seguía latiendo con impotencia.

Aunque no podía ver su rostro, de alguna manera, era capaz de percibir su fuerte y abrumadora presencia, especialmente su fría línea de visión. Tenía el aire de agresividad propio de un gobernante, como si fuera un noble y arrogante señor. En cuanto a ella, era como un tributo en la antigüedad, traído a él.

Camelia abrió la boca y habló de forma algo vaga.

—Tú... ¿Quién eres?

El hombre permaneció callado. Movió su cuerpo y se inclinó ligeramente hacia delante, acercándose a ella.

Camelia solo sintió que su presencia se acercaba. Inmediatamente, la imponente figura la presionó y la aprisionó completamente bajo su cuerpo. Su cuerpo se estremeció por el esfuerzo de soportar su peso. Se hizo un ovillo y ya no pudo moverse. Se llevó las manos al pecho nerviosa. Estaba a punto de asfixiarse.

Sin esperar a que ella reaccionara, el hombre entrecerró los ojos y le levantó la ropa. Su suave y blanca piel quedó expuesta al aire. De repente, sus grandes manos se

adentraron...

一 ¡Espera! 一Exclamó ella con voz temblorosa一 Yo... ¿Puedo echarte un vistazo?

一 ¿Por qué?

Su voz juvenil y profunda, se comparaba al vino tinto, rico y meloso. Era una voz ronca que podía atraer a la gente.

一No puedo ver nada…, Tengo miedo…

Se burló y con una voz extremadamente grave le dijo.

一No puedes mirar y tampoco debes de tener miedo.

El delicado cuerpo de la chica aún no se había desarrollado del todo. Todavía era tan pura, y su esbelta cintura podía sostenerse fácilmente con una sola mano. Sus dedos helados frotaban los labios de ella con dureza y jugaban con ellos sin parar. 

—Cierra los ojos.

Qué delicioso era el tacto tierno, como la seda.

Las yemas de sus dedos estaban un poco húmedas y frías, y cuando entraron en contacto con su cálida piel, ella no pudo evitar encogerse un poco. La oscuridad frente a sus ojos sólo le hizo sentir más miedo.

Sus finos labios abandonaron su cuerpo. Al parecer, pensó que su única pieza le estorbaba, ya que la desgarró en el siguiente segundo.

Sus movimientos casi violentos hicieron que Camelia se pusiera rígida. No se atrevió a moverse imprudentemente.

Su corazón latía estruendosamente en su pecho. Era como si sus latidos salieran a la fuerza de su garganta.

La vergüenza, el pánico, el miedo... Con todas estas emociones pesando sobre ella, apenas podía respirar.

Fue en ese momento cuando empezó a arrepentirse de su decisión.

Al principio pensó que podía hacerlo. Al fin y al cabo, sólo estaba dando a luz a un niño para él. Puede que no tenga experiencia, pero, como mujer, es algo con lo que se encontrará tarde o temprano. Sin embargo, al enfrentarse a este hombre desconocido pero dominante, perdió todo el valor que tenía al principio. Ahora mismo, ¡sólo sentía un miedo absoluto!

Acababa de convertirse en adulta y aún no había experimentado ninguna forma de intimidad. Ni siquiera había cogido la mano de un chico en toda su vida. Naturalmente, su corazón no estaba dispuesto. Sin embargo, no pudo resistirse a su invasión. Bajo su provocación, se abrió lentamente como los capullos de las flores bajo el sol de la mañana.

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