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Portada de la novela El Divorcio que me Salvó

El Divorcio que me Salvó

Tzatzi decide dejar atrás una etapa de sufrimiento y cambiar su identidad para hallar la paz en un entorno desconocido. Su anhelo de renovación se ve alterado por un percance cotidiano: queda encerrada fuera de su casa. Sin más opciones, pide ayuda a su vecino, un hombre de carácter gélido que la recibe tras salir del baño. Este cruce de caminos desatará una relación imprevista que pondrá a prueba su capacidad de superar el dolor de su divorcio.
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Capítulo 1

Acelero a fondo, mi respiración al mismo ritmo que el motor del auto, mis manos temblando tanto que necesito apretar el volante con fuerza para que no pierda el control del auto. Las lágrimas empapan mi rostro y me nublan la vista, cosa que me preocupa de que surja la posibilidad de que choque, cosa que no quiero porque él podría encontrarme. La sola idea me pone más tensa y que me muerda el labio de forma inconsciente, haciendo que el dolor nuevamente estalle en mí, pues la hinchazón y la herida se ha puesto peor con cada minuto que pasa.  

Maldito infeliz, deslizo momentáneamente la mirada hacia el espejo retrovisor y el rostro aterrado y magullado que me la devuelve, casi no lo reconozco. Otra vez herida, otra vez con las marcas de su violencia injustificada hacia mí, con esos puños que tantas veces me dejaron secuelas que no quería que en el hospital vieran para que no me hicieran preguntas… No puedo creer todavía que lo estoy consiguiendo, aún no estoy segura, el miedo de volver a fallar me tiene tan tensa como un cable de acero. Las lágrimas vuelven a deslizarse por mi rostro y la mejilla que, por más que está roja, no se ha abultado aún. ¿Qué hago ahora? ¿A dónde iré? Que él llegara antes, causó que tuviera la oportunidad de intentar detenerme de esa manera tan suya, y casi me olvidara de la mitad de mis cosas, no obstante, conseguí escaparme y eso es lo importante. Ésta vez no pudo detenerme. 

Tengo que encontrar un motel donde pueda ocultarme: gracias a Dios que no va a poder rastrearme por tarjetas, porque las cancelé todas y saqué todo el dinero de mis cuentas antes de irme. Luego veré a dónde puedo ir y le avisaré a mi abogado para que se haga cargo de todo, no quiero volver a ver a Marcos en lo que me quede de vida.  

Unos cuantos kilómetros más adelante, un enorme cartel luminoso me avisa de un posible escondite y, en cuanto la entrada se hace presente, no lo dudo y enfilo la trompa del auto en ella, estacionando para luego taparme la parte baja del rostro con un barbijo para que nadie vea mis heridas. Lo único que me falta es que llamen a la policía, ¿y si él se entera de esa manera que estoy aquí por eso? 

¿Por qué no podía ser un profesor, contador o cualquier otra cosa y no un maldito policía? ¡CON UN DEMONIO, MALDITO INFELIZ, OJALÁ TE MUERAS! 

Respiro profundo y me armo de valor, entrando a la recepción para pedir un cuarto y desaparecer dentro en menos de cinco minutos. Con la puerta cerrada y sola conmigo misma, por fin me permito quebrarme por completo y dejar salir todo el miedo, el dolor y la angustia que me han agobiado por el último par de meses, maldiciéndome a mí misma por haber sido tan tonta de dejarme engañar por ese desgraciado por tanto tiempo. Gracias a Dios que tuve la posibilidad de escapar, quién sabe si hubiera podido hacerlo luego o ese desgraciado me habría matado antes… 

Ahora lo que importa es cómo seguir, ¿qué haré o a dónde iré? Tengo la suerte que no muchos tienen, de que mi trabajo puedo hacerlo de cualquier sitio, que no estoy anclada a una oficina ni nada similar, o de lo contrario, estaría desempleada directamente. La única cosa que necesito resolver ahora, es que requiero una nueva computadora y un nuevo teléfono, algo que ese desgraciado no pueda rastrear, y hasta entonces, me mantendré con el dinero de mis ahorros que saqué de mis cuentas. 

Cuando finalmente me repongo lo suficiente, saco fotos a las heridas para tener registro válido para conseguir el divorcio con causa, me meto en la ducha, me limpio la herida del rostro, la del brazo y la de las costillas (que parece ser solo un golpe, nada roto o el dolor sería mucho peor y lo sé por experiencia) y me meto en la cama para tratar de descansar, mañana será un largo día y buscaré tanto los aparatos que mencioné, como un departamento en un sitio muy lejano, donde él no pueda siquiera imaginar que estaré.  

Escucho autos llegar e irse, y todos me ponen nerviosa, pasos cerca que hacen que me tense, no obstante, hago un esfuerzo y termino por quedarme dormida, no dejaré que gane, volveré a ser feliz y no va a poder impedírmelo, mi mejor venganza es poder seguir con mi vida a pesar de él. Ni siquiera me interesa obtener algo más de él que solo el divorcio, por mí que se pudra: soy lo más importante y me trataré a mí misma como tal.  

Miserable.  

Cuando el sol del nuevo día me da en el rostro, respiro profundo y me muevo con cuidado por el dolor, tomando una otra pastilla como la de anoche para calmarme y vistiéndome para empezar. Lo dije anoche, tengo mucho que hacer hoy, mi nueva vida es hoy, empieza el día de hoy y nada ni nadie va a detenerme.

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