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Portada de la novela El Día Que Te Conocí

El Día Que Te Conocí

Lo que inició como una equivocación bajo los efectos del alcohol transformó sus vidas para siempre. Al confundir a un extraño con su novio en un bar, ella le entrega un beso que desata en él una fijación incontenible. A pesar de que ella intenta distanciarse y borrar ese encuentro fortuito, él se niega a perderla. Marcado por una pasión repentina, el desconocido perseguirá su rastro incansablemente, decidido a reclamar su corazón y no dejarla escapar jamás.
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Capítulo 1

La ciudad de noche vibraba y resplandecía. Las calles estaban llenas de tránsito de autos y autobuses, mientras los letreros titilaban sin parar. Durante estas noches largas y solitarias, mucha gente trataba de encontrar formas de aliviar el estrés y desahogarse, dando vida a la ciudad.

En un club privado exclusivo en el principal distrito comercial de la ciudad, hermosas acompañantes ligeras de ropa se paseaban de acá para allá. En este lujoso establecimiento, el olor a alcohol y toda clase de perfumes caros impregnaban el aire. Las mujeres, que vestían de ropa preciosa y reveladora, llevaban mucho maquillaje.

Junto a la puerta de un cuarto privado, había una chica de vestido beige, de aspecto inocente y fuera de lugar. No llevaba maquillaje y, como era de esperarse, sus grandes ojos llorosos llamaban mucha atención en un lugar tan exuberante.

Tenía el ceño fruncido y el rostro un poco pálido. Con la mano derecha, se aferraba a la correa de su bolso.

"Señorita, ¿la puedo ayudar en algo?", preguntó amablemente un camarero que la observaba con curiosidad al pasar junto a ella.

Sin embargo, la chica solo le dirigió una mirada fugaz y dijo: "No, gracias". El corazón del camarero dio un vuelco al ver esos ojos tan tristes.

Y la voz, aunque rasposa, era bastante serena, con un aire desesperanzado.

Al escuchar su respuesta, el camarero se alejó de ella al instante.

Ivanka Su respiró hondo, extendió la mano y giró el picaporte de la puerta. Apenas la entreabrió, se oyeron risas y música a todo volumen. Mordiéndose el labio, abrió la puerta con todas sus fuerzas. La música estridente, la risa estruendosa de los hombres y las mujeres encantadoras, que coqueteaban con ellos, junto con el olor a cigarrillos y vino, recibieron a Ivanka.

Nadie parecía haber notado su llegada; todos seguían hablando, comiendo y bebiendo. En el largo sofá, un grupo de hermosas mujeres se le echaban encima a un hombre de aspecto desaliñado. El hombre era increíblemente guapo, de nariz griega, ojos tentadores y una sonrisa encantadora apenas perceptible. Parecía un cazador que podría conseguir lo que quisiera, del que ninguna mujer podría escapar.

En ese momento, su rostro estaba un poco sonrojado. Sostenía a dos mujeres en su brazo y no dejaba de besar y tocarlas por todas partes.

Ivanka se acercó a él sin decir nada. Pero lo miraba fijamente, sin ocultar su decepción.

Una linda chica junto al hombre le dio unas golpecitos suaves mientras observaba a Ivanka con sus ojos lustrosos, luego, con el ceño fruncido, dijo: "¡Pero si es la nuera de la familia Xu!".

Ivanka fijaba la mirada en el hombre, hizo todo lo posible por contener su ira y por fin dijo: "Bruce, tienes que venir a casa conmigo".

Bruce Xu la rechazó con una mueca de desprecio y gritó: "¿Qué dijiste? ¡No te oigo!". Al decir eso, rodeó con el brazo la cintura de la mujer a su lado, y la gente a su alrededor se echó a reír.

A pesar de esto, Ivanka logró mantener la calma. Levantando la voz, repitió con calma: "Bruce, ven a casa conmigo".

"¿Ir a casa?". Con una leve sonrisa, Bruce la miró y respondió: "¿Qué casa?". Besando a la mujer a su izquierda, continuó: "¿La casa de Mary?". Luego, dio un mordisco amoroso a la mujer a su derecha y dijo en un tono juguetón: "¿O quizá la casa de Candy?". Echó un ojo a Ivanka y comentó de una manera bastante provocadora: "Tengo muchas casas. Si no lo aclaras, ¿cómo sé a qué casa quieres que vaya?".

Para entonces, el rostro de Ivanka se había vuelto pálido, pero las luces de la habitación lo iluminaban, dándole un color azul eléctrico.

Mirando a Ivanka, Bruce simplemente se burló de nuevo y expresó en tono burlón: "Ivanka, ¿de verdad crees que eres parte de mi familia solo porque nos casamos?".

"Ven conmigo a casa", repitió Ivanka por tercera vez.

"¡Está bien!", le gritó Bruce mientras acariciaba el muslo de la hermosa mujer a su lado. Todo el mundo los estaba observando. Alguien apagó la música y la habitación enmudeció.

Con una leve sonrisa, Bruce miró a Ivanka y señaló una docena de copas de vino en la mesa. Prosiguió: "Si puedes beber doce copas de vino, me iré a casa contigo".

Aturdida, el rostro de la chica empalideció aún más. ¿Doce copas? ¡Ni siquiera había probado un sorbo de vino!

Bruce, levantando las cejas, se burló de ella y le preguntó: "Entonces, ¿lo harás? Si no, ¡deberías irte de aquí!".

Ivanka cerró los ojos y respiró hondo. Después de juntar coraje, tomó una copa de vino y se la bebió de un trago. Se sentía desagradable, como si el vino le hubiera prendido fuego a la garganta. Apenas podía terminar una copa, mucho menos doce.

"Solo beberé una". Bruce tan solo sonrió y dijo: "¿No escuchaste lo que dije? ¡Tienes que beber las doce copas!". De repente, la multitud comenzó a vitorear entusiasmada. Los gritos y aplausos eran tan fuertes que Ivanka se sentía aturdida.

A la vista de todos, no tenía más opción que beberlas. A medida que pasaban los minutos, se veían más copas vacías sobre la mesa. Con cada sorbo, se sentía cada vez más incómoda.

"Seis…".

"Siete…".

"Ocho…".

"Nueve…".

"Diez…".

"Once…".

La multitud siguió vitoreando y gritando, sin percatarse de que Ivanka estaba empezando a actuar de manera extraña.

Poco a poco, se le nublaba la vista. Sentía el estómago caliente, al poco tiempo, tenía todo el cuerpo afiebrado.

Era obvio que ya no podía seguir bebiendo.

'¡No, no puedo darme por vencida! ¡Bruce debe irse a casa! Porque…'. Si él no volvía con ella esta noche, no sería capaz de perdonarlo jamás.

Apretando los dientes, se quedó mirando la última copa de vino en la mesa. Con la cara enrojecida por el alcohol y las manos temblorosas, trató de agarrarla y echó una mirada a Bruce.

El semblante de Bruce se oscureció apenas la vio. Todos observaban entusiasmados cómo Ivanka se tomaba la última copa. Nadie pudo evitar aplaudirla por su valentía.

Pero, a diferencia de los demás, que parecían estar pasando el mejor momento de sus vidas, en el rostro de Bruce solo había indiferencia.

Ivanka dio vuelta la copa vacía, que no cayó ni una gota de vino. Luego, miró a Bruce y le sonrió sutilmente, como si se estuviera burlando de él.

"Listo. Ya está. Ahora tienes que venir conmigo", dijo esto con cuidado, palabra por palabra, como si no estuviera borracha en absoluto. Sostenía la cabeza erguida, tan tranquila y orgullosa como siempre.

Esto enfureció tanto a Bruce que lo único que quería era derrumbar esa fachada de calma y aplastarla. Quería verla llorar arrepentida y pedir perdón, ya que de no haber sido por esta mujer, habría podido quedarse con el amor de su vida. Además, no tendría que vivir así a diario.

De repente, Bruce dijo con desprecio: "Parece que puedes aguantar el alcohol después de todo, Ivanka. Pero, ¿por qué actuaste tan inocente antes?".

"Bruce...". Antes de que ella pudiera terminar, Bruce la interrumpió. "¡Basta! ¡Deja de decir tonterías! Dijiste que querías ir a casa, ¿verdad? ¡Iré contigo!", gritó, perdiendo por completo la paciencia. Después de decir eso, abrazó a una mujer hermosa y la besó apasionadamente. Le acarició la cara con delicadeza y le dijo con pesar: "Cariño, tengo que irme a casa por ahora. Nos vemos mañana". La hermosa mujer le dedicó una sonrisa picarona y miró a Ivanka, como burlándose de ella por no haber conseguido el amor de un hombre.

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