Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El Destino Nos Entrelaza

El Destino Nos Entrelaza

La traición de su mejor amiga empuja a Cassie a la habitación de Dylan por error. Él, decidido a no dejarla marchar de nuevo, le propone una salida desesperada: un matrimonio por contrato que resuelva las deudas de ella y la presión familiar de él. Lo que comienza como un frío pacto de conveniencia para evadir sus crisis personales se convierte en una convivencia forzada. ¿Podrá el amor sanar sus heridas o el pasado los mantendrá como extraños?
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Cassie no pudo reaccionar inmediatamente, sino que respondió pasado un tiempo: "No te creo... ¿Cómo puede ser? Cuando me fui ayer, mamá estaba de lo más bien".

"Los cobradores vinieron a buscarla", le contestó Sean con voz temblorosa. "Después de que te fuiste, tu madre empezó a actuar de manera extraña. Dijo que saldría a comprar verduras, pero después no regresó. Anoche, la policía llegó a casa para informar que habían encontrado un cadáver en la zona industrial abandonada. Como a mí se me complica movilizarme, no pude acompañarlos. Rita, la vecina de al lado, fue a identificarlo... Era tu madre".

Aunque se lo había dicho claramente, ella seguía sin poder registrarlo: '¡¿Se suicidó?! ¡¿Mi mamá se ha muerto?! ¡¿Pero no había saldado la deuda?!'.

No encontrando respuestas, expresó ofuscada: "Cuando terminé de escribir el libro, le transferí todo el dinero a su cuenta... ¿No había devuelto todo? ¿Por qué haría eso? ¡Es imposible!".

"Había tres cuentas más. Tu mamá quedó debiendo cinco millones".

Cassie se sintió abrumada por la inesperada noticia. Todo tipo de pensamientos empezaron a zumbar en su mente.

De repente, alguien le quitó el teléfono a Sean para amenazarla: "¡Date prisa! ¡Tráenos el dinero! Si no lo haces, ¡destrozaremos esta casa!".

"¡¿Quiénes son ustedes?! ¡¿Por qué tomaron el teléfono?! ¡¿Qué pretenden hacer?! ¿¿Y mi papá?? ¡¿Dónde está mi papá?!", gritó desesperada.

Uno de los maleantes respondió ferozmente: "Eres Cassie, ¿verdad? Las deudas de los padres deben asumirlas sus hijos. Escúchame bien: Te doy una semana para que reúnas el dinero, de lo contrario, ¡no volverás a verlo!".

Los gritos de su padre se escuchaban de fondo.

"¡¿Ah?! ¡¿Qué le hicieron?! ¡Mi papá está enfermo! ¡No le hagan daño! ¡¿No saben que están haciendo algo ilegal?! ¡Voy a denunciarlos!".

Cassie lloraba desconsoladamente, pero los bandidos la ignoraron.

Colgaron el teléfono sin decir más nada.

En ese instante, sintió que su mundo se le derrumbó encima, y finalmente colapsó.

¿Qué se suponía que debía hacer? Estaba todo fuera de su control.

Solo lloraba y se lamentaba. No sabía qué hacer ni podía hacer nada. Nada de nada...

Intentó respirar tranquila, pero su cuerpo no paraba de temblar. "¡Cálmate, Cassie!", se persuadía.

Luego de un tiempo, fue estabilizándose gradualmente. Agarró su teléfono, miró las llamadas y se sorprendió al ver que su padre la había estado llamando incontables veces.

No pudo evitar que las lágrimas volvieran a caer.

Quiso tomar su vestido para ponérselo, pero se dio cuenta que estaba hecho pedazos.

Aunque el cálido sol brillaba a través del cristal de la ventana, Cassie se sentía atrapada en el invierno de la desesperación.

¿Qué diablos iba a hacer ahora? ¿Cómo salvaría a su papá?

Su padre era la única familia que le quedaba, ¿cómo juntaría eso cinco millones en una sola semana?

-

Los reporteros siguieron a Dylan desde la entrada hasta el ascensor privado del hotel. "Señor Lu, ¿qué tiene para decirnos sobre las fotos en las que aparece con una mujer desconocida?".

"Esa enigmática mujer, ¿es su novia?".

Los guardaespaldas le liberaban el camino para que pudiera pasar. Entró al ascensor, giró su cuerpo y cuando estaba a punto de cerrarse, levantó su apuesto rostro y los miró con picardía. El ascensor finalmente se selló, dejando a los reporteros y al alboroto fuera del mismo.

En el pasillo que daba a la suite presidencial, Dylan se preguntaba irritado mientras se arreglaba la corbata:

'¿Cómo entró esa mujer en mi cuarto? ¡¿Y esa copa de alcohol?! ¡Alguien debió echarle algo!'.

La puerta de la habitación se desbloqueó con un clic.

Cassie seguía sollozando al borde de la cama. Era evidente que Dylan no esperaba que ella siguiera allí.

Se acercó a la misma y le tomó de la barbilla mientras la miraba fijamente.

"Mujer", murmuró entre dientes. "¿Fuiste tú quien envió esas fotos a la prensa? Querías aprovechar la oportunidad para chantajearme, ¿no? Déjame decirte que no eres la primera mujer que quiere engancharse conmigo. Pero no vas a obtener nada, ¿entendiste?".

Las lágrimas no se habían desvanecido del rostro de Cassie cuando él la tomó bruscamente haciéndola entrar en pánico.

Ella observó que aquel hombre no tenía un aspecto ordinario, sino que vestía inusualmente elegante. Entonces recordó las amenazas de los maleantes y los gritos de su padre.

Un destello de esperanza brilló en su corazón al escuchar que había nombrado a la prensa.

"Señor, ¿podría prestarme cinco millones?", expresó con un nudo en la garganta. "Yo... quiero salvar a mi padre. Si no está dispuesto a hacerlo, entonces... ¡entonces te demandaré!".

¿Le pidió dinero? ¿Lo amenazó directamente? Es una mujer codiciosa... ¿Seguro que no fue enviada por Jasper Geng?

Lo que menos podía soportar Dylan, era ver a una mujer llorando. 'Las mujeres son increíblemente problemáticas. Lloran a cada paso y ponen nerviosos a cualquiera', se decía.

Pero había algo en ese rostro manchado de lágrimas que suavizó su corazón.

Se dio la vuelta después de un rato y le advirtió: "Me haré cargo de eso, pero más te vale que no digas estupideces".

Cassie se secó rápidamente las lágrimas y se tragó todo su llanto. "Está bien. Mientras salves a mi padre, haré todo lo que me pidas. Tres años. En tres años, ¡te lo devolveré todo!".

Dylan recordó de inmediato lo que su abuela Pearl Qin acababa de exigirle hace media hora:

"Ay, Dylan, ¿por qué no me dijiste que tenías novia? ¿Hasta cuándo pensabas ocultármelo? La abuela ya tiene 74 años; y tú, 28. ¿Tan difícil es que me des un nieto? ¡Bah! De cualquier manera, ¡esa mujer ya es mi nieta oficial! Debes traérmela para que la conozca. Si no lo haces, tendrás que entregar tu Hooey a cualquier otro accionista y volver a la compañía familiar".

Dylan volteó su cuerpo, dejando que la luz del sol se reflejara en su espalda. Parecía un ángel descendiendo de los cielos.

Realmente costaba discernir su cara con claridad.

Luego sacó un pañuelo del bolsillo de su traje y se lo ofreció. Se aclaró la garganta e intentó consolarla: "No llores, lo arreglaré, pero tienes que prometerme algo".

Cassie estaba desconcertada por su enorme cambio de actitud.

Detuvo su llanto, y con los ojos enrojecidos, tomó el pañuelo y le dijo con firmeza: "No haré nada que sea ilegal ni nada que rompa una relación".

Moviendo apenas los labios, Dylan espetó en voz baja después de pensar durante un tiempo: "Tampoco me interesan ese tipo de cosas".

Luego de usar el pañuelo, Cassie se lo devolvió, pero él agitó su mano con desagrado y le dijo: "Quédatelo".

Entonces levantó la vista y le preguntó: "¿Y? ¿Cuál es la condición?".

Angustiado por los periodistas que estaban esperándolo abajo, manifestó: "Lo hablaremos más tarde. Ahora necesito que me des una mano".

Ella asintió mientras lo miraba perpleja.

Seguidamente, Dylan tomó su celular e hizo una llamada telefónica: "Simon, tráeme un vestido de dama. Y diles a la estilista y a la maquilladora que vengan a mi habitación en media hora".

"Sí, señor, ¿qué talla?", respondió.

Dylan se quedó atónito por un rato y afirmó luego de echarle un vistazo a Cassie: "L".

Ella lo miró horrorizada y le preguntó: "¿Cómo sabes mi talla?".

Alzando la vista descaradamente, le contestó: "¿Y cómo crees que lo sé? He visto todo lo necesario...".

"¡Tú...!", refunfuñó ruborizada y titubeante.

Dylan frunció los ceños al ver sus ojos enrojecidos y su cabello desaliñado.

'Si sale así y la ven los medios, no sé qué otras tonterías volverán a escribir de mí...', pensó.

Cassie inclinó la cabeza y le preguntó tímidamente: "¿Tengo algo en la cara?".

"No digas nada en un rato, solo sígueme", le indicó con serenidad luego de mirarla un poco:

Todavía preocupado de que pudiera decir algo indebido, levantó su dedo índice y le advirtió: "Cinco millones".

Cassie asintió con la cabeza.

Simon Ji, su asistente personal, era sumamente eficiente y superconfiable; lo tenía todo organizado.

Trajo un vestido beige que no le quedaba ni grande ni chico, le quedaba justo. De hecho, destacaba cada perfecta línea de su figura curvilínea.

Tras observarla con esa vestimenta, Dylan cayó en trance. Ella notó su mirada perdida, de modo que bajó la mirada para revisar la ropa y preguntó: "¿Pasa algo?".

"Nada", respondió con frialdad.

La estilista y la maquilladora ya habían subido al cuarto. Cassie permaneció sentada mientras ellas la dejaban impecable.

Media hora después, la estilista se acercó a Dylan para comunicarle: "Señor Lu, ya está".

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Divorcio de Aniversario: El Ascenso de Mi Reina
7.9
Justo en su aniversario, él le exigió el divorcio para amparar a su amante embarazada. Tras abandonarla bajo la lluvia, la obligó a donar sangre usando la tumba de sus padres como chantaje. Él la creía una mujer sumisa y descartable, pero su desprecio despertó a una enemiga letal. La esposa afectuosa ha muerto; en su lugar surge una reina implacable decidida a arrebatarle su fortuna, su compañía y su existencia hasta destruirlo por completo.
Portada de la novela Dulce niñera, Arrogante CEO
9.6
Kevin Costner, un poderoso y dominante director ejecutivo, me ofrece una oportunidad laboral irresistible: ser la niñera de su hijo. Mi gran anhelo es dedicarme a la infancia, pero la convivencia con este misterioso magnate es un desafío constante. Mientras él lidera el mundo financiero, yo intento ocultar mi humilde pasado y las carencias de mi infancia en centros de acogida. Pese a la brecha social, nuestras vidas se entrelazan de forma inesperada.
Portada de la novela El arrepentimiento del Don: Ella le salvó la vida
8.4
Engañado por el pasado, destruí a Elena creyendo que su padre era un asesino. Solo tras su muerte supe que ella me salvó donándome un órgano. Abrumado por la culpa, la vida me otorgó una segunda oportunidad al despertar diez años atrás. Aunque intento salvar a su familia y redimir mis pecados para recuperar su corazón, me enfrento a una realidad aterradora: Elena también recuerda el tormento que le causé y ahora solo siente un pánico profundo al verme.
Portada de la novela El Último Deseo
9.3
Tres años después de un suceso trágico, la vida de Abby King se ve alterada por una cláusula en el testamento materno: debe contraer matrimonio con Seb Hughes. Él, un frío y mujeriego magnate al frente de Hughes Industries, se siente atraído por el enigmático carácter de Abby. Pese a las incertidumbres mutuas, Seb emerge como un posible aliado y protector. ¿Será capaz este influyente hombre de abrazar el pasado de Abby y ofrecerle el amor que busca?
Portada de la novela Mi Secreto es Amarte
8.2
Fabiola es una maquilladora que disfruta de una vida plena junto a Danilo, el nuevo director de una compañía de repuestos. Sin embargo, su estabilidad se quiebra al conocer a Diego, el hermano de su pareja. El prestigioso piloto es, en realidad, su gran amor de juventud, aquel que la abandonó tras una noche de entrega absoluta. Ahora, ella se debate en un complejo dilema emocional al reencontrarse con el hombre que marcó su pasado.
Portada de la novela Misterioso Destino
9.5
Tras un rescate heroico y una noche con un desconocido, Sharon recibe la promesa de un reencuentro inevitable. El hombre cumple su palabra y lucha por casarse con ella jurándole amor, pero termina traicionándola al pedirle el divorcio para estar con otra. Años más tarde, Sharon regresa transformada y fortalecida, acompañada de un niño y un misterioso caballero. Con una nueva identidad, está lista para ejecutar su plan de venganza contra quien la engañó.