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Portada de la novela El Deseo Maternal de la Transmigrada

El Deseo Maternal de la Transmigrada

Convertida en la emperatriz Tari Aishane Dixon dentro del Imperio Z, enfrento una realidad desoladora. Mi marido, el emperador Toji, me trata con desdén mientras idolatra a su amante, Aisha Finch, dejando de lado a nuestros propios hijos. Ante las constantes amenazas de la Amante Real, mi prioridad absoluta es resguardar la vida de los pequeños. ¿Podré alterar este fatídico destino o surgirá un amor imprevisto mientras lucho por sobrevivir?
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Capítulo 2

—Entren—Grite a las personas que sabía que estaban esperando en la puerta de la habitación.

En unos momentos ellos estaban dentro, los recuerdos y memorias de Tari venían a mi mente y los nombres de los empleados que eran fieles a ellas.

—Mattiu, Liza, Monter—Dije con un tono autoritario para que observaran y escucharan los demás sirvientes espías de Aisha que Tari Aishane Dixon está viva y mucho más fuerte para defender a sus hijos.

—Desde ahora usare vestidos con menos tela, mi accidente pudo surgir por ello así que dile al sastre que venga en la tarde a y también saca a los sirvientes espías de la concubina de aquí—Dije mientras señalaba a los 4 sirvientes con una pequeña risa burlona.

Los sirvientes quedaron pasmados ante escuchar mis palabras, me sentía una diosa al saber el contenido del libro y los pensamientos de Tari podía salvar a estos pequeños y irme de este maldito lugar para siempre. Si no mal recuerdo esos sirvientes eran de Aisha como regalo del Emperador, así que ella pueda ir a llorarle y el emperador venir a golpearme o regañarme, pero no me importaba no sentía una pizca de amor por él, así que estaba preparada a defenderme ante todo y todos.

—Como ordene Emperatriz—Dijo Mattiu, Liza y Monter.

—Ojalá y se hubiera muerto, Aisha será la dueña de este palacio y todo de usted pertenecerá a ella, téngale miedo a su futuro—Grito una de las espías de Aisha, mientras se la llevaban, así que di la orden de que no se fueran aún.

—Tú crees que las palabras patéticas de una basura que sirve de objeto como tú me dan miedo y que solo porque tu señora tenga a el Emperador como su perro significa que le debería tener miedo, mi bebe es el heredero primogénito, tu señora le puede dar mil hijos, pero todos se pudrirán en el olvido al igual que tú y tu señora—Dije mientras agarraba su cara y la miraba con desprecio para que se diera una idea de lo que podría ser capaz.

—Ve y cuéntaselo a esa, no necesito a un objeto desechable aquí—Dije mientras me daba la vuelta para acostarme en la cama, sé que esta no es la personalidad de Tari pero ella ya no está aquí ni en este cuerpo, soy yo y yo prometí cuidar a sus hijos.

Sentí como los pequeños se movían de nuevo, eran tan energéticos estos pequeños diablillos que no podía aguantarme las risas y el dolor al sentir que me pateaban bastante.

—Como las embarazadas aguantan esto—Dije mientras me acostaba de lado para descansar un poco y empezar con algunas estrategias para sobrevivir, poco tiempo después me quede dormida de tanto pensar, pero ese sueño no fue largo ya que escuche como las puertas de la habitación se abrían de golpe.

—Maldita Emperatriz que le has hecho a Aisha—Grito el Emperador mientras se acercaba a la cama y yo me levantaba despacio de la cama sin ningún temor hacia ese maldito, al verlo a la cara pude notar que era guapo, sus ojos de un color rojo y su cabello negro como la noche lo hacían apuesto, pero de que sirve que el recipiente sea bonito cuando por dentro es una fosa de mierda.

—Saludos al Emperador del Imperio—Dije mientras lo miraba a los ojos, algo que en ese momento él se pasmo. Se sabía que Tari nunca lo miro a los ojos, así que cambiando los gestos tímidos de Tari, empezaría a que la gente la vea como una persona fuerte.

—Contéstame, Aisha fue a el estudio llorando porque trataste mal a su sirvienta—Dijo el Emperador mientras me miraba con una cara de desprecio. Al escuchar eso, quise reírme como alguien puede ser un estúpido corriendo por las faldas de una mujer.

—Bravo, Su Majestad—Dije mientras le aplaudía y por fin soltaba mis carcajadas ante ese gesto.

Toji no sabía cómo reaccionar estaba helado ante mi actitud, nunca nadie se había reído del así que eso le hervía más la sangre, pero a la vez le apenaba.

—Contéstame tu caída te ha dejado loca, no puedo creer que mis hijos tengan una madre loca—Dijo el Emperador gritando muy fuerte.

—Cállate bastardo, tu voz es tan asquerosa que las náuseas matutinas llegan al solo verte parado frente a mí, le pido que se vaya necesito descansar para que sus hijos crezcan grandes y fuertes, para que esta madre loca no los corrompa—Dije mientras me tapaba la boca para simular que iba a vomitar, su expresión me dio mil años de vida observar cómo su cara se tornaba pálida ante las palabras de su mujer que siempre fue sumisa me encantaba tanto.

El Emperador sin decir una palabra se marchó de la habitación con una expresión en blanco al escuchar como le había respondido.

—Majestad, porque le dijo eso a su Majestad el Emperador—Dijo Liza mientras me ayudaba a sentarme en la cama.

—Solo estoy harta Liza, no quiero ser tratada como un trapo viejo—Dije mientras lagrimas caían por mis mejillas, sabía que no era yo la que lloraba era Tari dejando a el amor que le tuvo a su marido.

—Aún por todo lo que te hizo pasar aun lo amabas, eh—Dije mientras susurraba y observaba al suelo las lágrimas que caían al suelo, después de un rato Liza, Mattiu y Monter lloraron junto conmigo, sabía que ellos nunca les gusto como su señora fue tratada, pueda que lloren por alegría o por tristeza, pero llorando nos desahogabas lo que hace tiempo cargábamos en nuestra espalda.

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