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Portada de la novela El desastre que somos

El desastre que somos

Jax Jones vive rodeado de rumores que lo señalan como un sicario vinculado a la mafia o un hombre de pasado turbio. Aunque el mundo se deja llevar por las especulaciones sobre su peligrosidad, yo soy la única persona que conoce una realidad diferente. Bajo su apariencia gélida y esa mirada distante, se esconde un enigma profundo que desafía cada habladuría. Entre sombras y secretos, su verdadera esencia permanece oculta para todos, menos para mí.
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Capítulo 2

—No, gracias, solo... solo busco una mierda que no aparece —acabé mascullando — ¿Tú necesitas algo? 

Mi mono de tabaco me estaba poniendo nerviosa. Solo uno, un jodido cigarro entre mis labios y sería feliz. No me consideraba una fumadora pasiva, pero sí fumaba de vez en cuando y en casos de estar en fiestas, era una fumadora social. 

—Una cerveza. 

Ya no iba a encontrar mi tabaco, así que me acerqué a la nevera y cogí el primer botellín de cerveza que vi. La nevera estaba llena de comida, pero pocas veces comía en casa, solía ser más de ir a Jerry's con mis amigos y disfrutar de una comida divertida. 

Me giré hacia el chico, y apreté los labios en una sonrisa ladeada mirándole. Si quería conseguir algo más de él que solo cuatro palabras, debía saber su nombre.

— ¿Cómo te llamas? 

Se pasó la mano por el pelo, y me miró con la mandíbula tensa y ojos inexpresivos. Tal vez si no hubiera nacido impulsiva estaría acojonada, pero más bien me divertía saber que se iba a hacer el chico frío y borde conmigo y acabaría sabiéndolo todo de él. 

Elevé las dos cejas, y mi sonrisa creció mientras meneaba el botellín en el aire. 

—Si me dijeras tu nombre acabaríamos antes, tattoos. 

Siguió mirándome, y yo me enderecé enarcando una sola ceja. ¿Acaso pensaba intimidarme? Bueno, los pequeños temblores de mi cuerpo me hacían saber que sí lo estaba consiguiendo, poco, pero lo hacía. Solo era una palabra, una palabra y me largaría a la calle para irme a comprar tabaco, o a llamar a Nora para que ella me lo comprara con sus buenos dieciocho años recién cumplidos. 

—No tengo porqué decírtelo —aseguró, pero sí, sí que tenía. 

—Yo soy Andra, la chica que no te va a dar la cerveza hasta que la digas tu nombre —sonreí, y di un paso cerca de él viendo a sus espaldas como una de las chicas que había en el salón me miraba con el ceño fruncido. Mi mano cobró impulso y la acabé sacando el dedo —. Te he dicho mi nombre, ¿me vas a decir el tuyo? Lo acabaré sabiendo de algún modo u otro. 

Dió grandes zancadas hacia mí, y me arrebató el botellín de las manos sonriendo triunfal. 

—Jax Jones. Aléjate de mí. 

Abrí ligeramente la boca. ¡Joder! Todos los rumores que contaban las chicas eran ciertos, ese chico era como una pantera, bonito, atractivo, fuerte y enigmático. Los rumores sobre él corrían por todas partes, pero el más creíble es que participa en peleas ilegales, eso hasta yo me lo creía, pero pasaba de tenerlo como algo más que un rumor. Era una posibilidad que alguien se inventó. Nora —mi mejor amiga —sí me había hablado de él, su nombre: Jax Jones, corría de boca en boca con una historia detrás, todas esas historias inventadas. 

—Que se hable de tí como el peor de los demonios no quiere decir que te tenga miedo —aseguré. 

—Deberías salir de tu confort de hija mimada y vivir el mundo como yo lo vivo para poder decir que no me tienes miedo —estaba seguro de lo que decía, y sus palabras salían de él como si las hubiera repetido una y otra vez, hasta podía notar algo de asco en su tono.

Evité que notara la sorpresa en mi cara cuando acabó de hablar. El debería no juzgarme sin conocerme. Bufé en alto, no quería que viera mi sorpresa, pero me la sudó que me escuchara bufar por el simple hecho de que me importaba poco lo que los demás pensaran de mí. Intenté rodearlo para salir de la cocina, si él no quería hablar antes, yo no quería hacerlo tras su comentario desacertado.

—Tu mundo no es muy diferente al mío, Jax. 

Caminé directa a la puerta, no quería girar la cabeza para verle a él o a cualquiera de los que había en el salón, solo me imaginaba ya con mi cigarro entre los labios y cotilleando con Nora sobre la aparición de Jax Jones en mi casa. 

- - -

— ¿Has tenido a Jax Jones en tu casa? —Nora se sentó en un banco del parque que había cerca de nuestro vecindario, y yo la imité soltando el humo de mi cigarro. 

—Quiero saber de él —admití, y observé a lo lejos como una pareja discutía con fuertes gritos —. Está buenísimo, pero me ha tratado de niña mimada y se han jodido mis ganas de besarle... bueno, eso no, porque sigo queriendo acostarme con él. 

Nora se recogió su pelo rosa y algo corto en una coleta. Era uno de esos días calurosos que estábamos pasando por estar ya en verano, solo nos faltaba que nos dieran las vacaciones y podríamos irnos a Sicilia tal y como lo habíamos hablado. Íbamos a estar todo el tiempo en la playa con el bikini puesto y siendo solo jóvenes que disfrutan. 

—Ese chico es un peligro, Andra, ten cuidado —me advirtió. 

Sí, como la buena mejor amiga que era. 

—No te preocupes, sé lo que hago —la miré, y besé su mejilla mordiéndola con algo de fuerza —. Había un amigo suyo también en mi casa, ¿te imaginas salir con él? Tú que eres más de relacciones podrías acercarme a Jax. 

Tosió, y a mi se me escapó una risa al ver como abría los ojos tipo muñeco de kiosco al que apretabas y se le salían los ojos de la cara. No solo estaba mirando por mi bien, Nora era mi mejor amiga, y quería lo mejor para ella. El otro chico de mi casa era el mejor amigo de Jax, eran como hermanos; si Jax Jones no era de relaciones, Trent Hunter era —por lo menos —un chico que respetaba a las mujeres; a él si le había visto en fiestas, y cuando acababa con una chica no buscaba a otra, o no siempre, por lo menos no pasaba las babas de una a otra como si fuera una ruleta.

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