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Portada de la novela El desastre de Merary

El desastre de Merary

Merary posee una conexión mística con la naturaleza que siempre la ha distinguido. Su realidad se transforma cuando un violento huracán azota su hogar, forzándola a manifestar sus poderes latentes y su verdadera identidad. Este despertar la conduce hacia una sociedad oculta de hechiceros y brujas, donde deberá aceptar su papel protagónico. Al descubrir que otros comparten dones similares, la joven iniciará un viaje para entender su lugar en este nuevo mundo.
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Capítulo 2

Esto no puede estar pasando ¿a caso un huracán en camino no es suficiente desastre natural?

—Merary, baja inmediatamente, trae un abrigo y corre –escuché a mi mamá muy agitada.

Por si fuera poco un huracán, está sonando la alerta sísmica, como mañana temprano iría a un campamento, tengo una mochila con cosas necesarias, no lo pensé tanto y la agarré, bajé corriendo en pijama y solo una pequeña manta me cubría, pues era lo que tenía a la mano cuando gritó mi madre.

Al salir de la casa, mis papás y todos los vecinos estaban afuera, una de las recomendaciones es salirse por algún posible derrumbe.

El pequeñísimo problema es que está lloviendo a mares y todos trataban de buscar refugio, pero era peligroso.

Si te acercabas a alguna casa, esta podría derrumbarse por las fuertes sacudidas del sismo que al parecer era oscilatorio.

Mi papá era el único que tenía su celular por lo que busco alguna noticia sobre lo sucedido y ver si había heridos o algún accidente provocado por esto.

Es bien sabido que cuando ocurren catástrofes naturales, los bomberos, policías, protección civil y de más instituciones, no se dan abasto para socorrer a todas las personas, por lo que los mismos ciudadanos se encargan de ayudar en lo que puedan.

Al parecer como apenas está terminando el sismo, aún no había reportes de daños, cuando se calmó todo regresamos a nuestras casas, pero el alivio duró pocos minutos, ya que una réplica inmediata sacudió la ciudad de nuevo, esta vez con mayor intensidad. Se escucharon gritos de terror. Recordé aquel gran terremoto de Japón en 2011 y me dio muchísimo miedo pensar que algo así podía sucedernos, pues vivimos cerca del mar.

Al salir vimos qué fue lo que causó el pánico en las personas, tres casas estaban a punto de colapsar. La vecina le gritaba a sus hijos que salieran, ya que como niños ellos solo querían estar dentro para no mojarse, pero no median el peligro que corrían al estar dentro.

El resto de los vecinos también estaban alarmados ya que no dejaba de moverse todo a nuestro alrededor, yo intentaba guardar la calma pero era imposible con tantas cosas sucediendo.

Mi papá y varios vecinos que lograron agarrar sus teléfonos, comenzaron a recibir llamadas de familiares, en nuestro caso era mi abuela, le llamó para decirle que su vieja casa se había derrumbado y tenía mucho miedo, ya que vive sola.

Mi mamá rápidamente trató de tranquilizarla y le dijo que iríamos a buscarla, no estaba muy cerca de donde vivíamos pero teníamos que ir por ella, por suerte mi papá traía en el bolsillo de su abrigo, las llaves del coche. Nos despedimos de los vecinos pidiéndoles por favor que cualquier cosa que sucediera con nuestra casa nos informaran, si es que se quedaban allí.

Estando en el coche decidí ponerme ropa más adecuada, así que abrí la mochila y me puse un pantalón, una blusa, mis tenis y un pequeño abrigo, por suerte había algo cómodo y calentito en ella, mi campamento sería en un bosque y es sabido que por las noches hace frío, por eso es que iba preparada. Incluso traigo herramientas que sirven en los campamentos.

En el camino a la casa de mi abuela, vimos muchas casas que colapsaron, gente corriendo de un lado a otro, niños llorando y ancianos heridos, nosotros solo pedíamos que mi abuela no estuviera herida.

Los hermanos de mi papá también estuvieron llamando para saber si estábamos bien, todos ellos afortunadamente están bien excepto por un primo que tiene asma y olvidaron sacar su inhalador.

Dijeron que ellos buscarían refugio en algún hotel a las afueras de la ciudad, que probablemente estaban en buenas condiciones si no les afectó tanto el sismo.

El hijo que vive más cerca a mi abuela es mi papá por lo que los demás optaron por alejarse de la ciudad, sabiendo que nosotros iríamos por ella.

Dijeron que en el lugar donde viven ya no había pasó hacia el centro de la ciudad, pues muchos edificios había caído, incluso cableado de electricidad estaba tocando el agua y era muy peligroso intentar pasar.

Esto se está volviendo un desastre, es tan frustrante ver la necesidad de las personas y no poder ayudar a todos, podemos parar y ayudar a alguien a llevarlo a un refugio, pero no podemos hacer más, no traemos comida ni ropa que darles.

Al igual que el resto de las personas, nosotros también salimos solo con lo que tenemos puesto, en mi caso pude tener algo extra porque ya tenía la mochila lista, de no ser así, en estos momentos estaría en pijama y descalza.

Llevábamos 25 minutos de camino y para llegar a casa de la abuela teníamos que ir por una carretera corta, en ese trayecto mi mamá encendió la radio para escuchar cualquier informe.

Decían lo mismo de siempre, buscar refugio, no dejar solos a los niños, no aferrarse a su casa si ven que corren peligro etc.

Las ráfagas de viento eran cada vez más fuertes, la lluvia no nos dejaba avanzar mucho. Estaba estimado que el huracán tocaría tierra alrededor de la media noche y son las 10:30 pm, no faltaba mucho para que esto se pusiera peor de lo que ya está.

Un vecino le llamó a mi papá, esa llamada no significaba nada bueno, pues cada familia estaba intentando ver por su bien.

Con preocupación contestó la llamada, solo vi a mi papá asentir y dar las gracias por avisar, volteó a ver a mi mamá, solo la tomó de la mano y le dijo “vamos a estar bien”.

—¿Qué significa eso? ¿Cómo que vamos a estar bien? ¿Qué pasó? —pregunté un poco exaltada, pues presentía que algo malo estaba sucediendo.

—No te preocupes hija, no pasa nada, vamos a buscar a la abuela para estar juntos y haremos lo mismo que tus tíos, saldremos de la ciudad a buscar un lugar donde dormir.

—Esa respuesta no me tranquiliza para nada, dime ¿tiene que ver con la casa verdad? —esta vez pregunté en voz baja y con una lágrima traicionera.

—Sí hija, pero no te preocupes, mientras estemos juntos no pasará nada. Vamos a salir de esta ¡ya verás que sí!

Estaba terminando de hablar cuando se escuchó la radio…

“Noticia de última hora, debido a que el huracán está tomando fuerza antes de tocar tierra, será categoría 5, lo que significa que será sumamente peligroso”.

Mi mamá cambió de estación para que yo no escuchara las malas noticias, pero no funcionó ya que en la otra estación seguían dando más noticias.

“Lamentamos tener que darles esta información, pues sabemos el miedo que todos sentimos en este momento. Debido a la magnitud del sismo de 9.1 grados, están activando la alerta de tsunami, deben alejarse de la orilla del mar, busquen refugio en lugares altos y alejados del centro de la ciudad, aún no es seguro que suceda pero no les mentiremos, la posibilidad es muy alta”.

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