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Portada de la novela El Corazón Del Doctor.

El Corazón Del Doctor.

El mundo de Jana se derrumba cuando Bruno la abandona el día de su boda. Desesperada por eludir la vergüenza, inicia un noviazgo ficticio con su jefe, un eminente doctor. Lo que comenzó como un engaño para proteger su reputación se transforma en un vínculo real y profundo. Sin embargo, la estabilidad de este nuevo romance peligra cuando su antiguo prometido reaparece para reconquistarla, obligando a Jana a decidir su destino sentimental.
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Capítulo 3

En esos momentos me sentía menos triste, intentaba convencerme a mí misma de que al menos había tenido una compensación por mi corazón roto, días después no se sintió así, yo ayude a pagar la casa donde vivía con Bruno, ayude a comprar todas las cosas materiales que teníamos y siempre estaba pendiente de todo. Así que no, no era una compensación era como si me estuvieran devolviendo todo el dinero que gastamos cuando estábamos en la relación.

Me hubiera gustado no desperdiciar tantos años de mi vida con alguien como el, tal vez hubiera conocido a otra persona. La puerta de mi oficina se abre y arrugo el entrecejo, estoy por decir algo, pero es el nuevo jefe de cirugía así que me quedo en silencio. En mi vida solo atraigo hombres idiotas e insensibles.

—¿Y mis cosas?

—Las he dejado en tu oficina, soy Jana, por cierto. —digo con la mirada metida en el ordenador, mi voz ha salido en un tono mas bajo de lo usual, debe ser porque no me siento bien.

—Mi nombre es Dante, ¿Ocurrió algo?

—Nada fuera de lo usual.

Asiente, está por irse, pero vuelve a abrir la puerta y rueda los ojos. Se queda unos minutos en la puerta como si no quisiera soltar lo que está pensando y yo solo veo mi ordenador. Ya no tengo fuerzas para discutir con Dante, el seguro que puede hacer lo que guste con su vida. No creo que tenga problemas con las chicas y dudo que este enamorado. Sus ojos son inexpresivos, como si solo fuera un tonto robot diciendo tonterías.

—Levántate, iremos al restaurante quiero hablar contigo sobre algo que ha dicho Alexa.

Alexa es la dueña del hospital, es tan joven como nosotros, pero su padre murió de cáncer y ahora quedo ella manejando todo el hospital. Muchos se preguntan como hace para mantener todo esto sola siendo tan joven, cuando comencé a trabajar aquí me preguntaba lo mismo, se me hacía extraño e intrigante que una persona pudiera con algo tan grande sola.

En las entrevistas ella afirma que ha pensado en vender el hospital, hubo días en los que sentía que ya no podía más y eso hacía que su vida fuera un poco menos feliz. Sin embargo, ha podido irse acostumbrando con el tiempo, se ha adaptado a manejar todo sola y las cosas que hace siempre son revisadas por expertos que ella misma contrato para asesoría. Es una mujer increíble, el mundo necesita de más mujeres como ella.

Ladeo la cabeza y me levanto, no me fascina la idea de ir a comer con Dante, pero son cosas de trabajo y no me pienso quejar. Es lo único que me queda de mi antigua vida, mi trabajo y el esfuerzo que le he echado durante toda mi carrera laboral.

—Creí que ibas a quejarte.

—No me conoces —escupo con frialdad—. No puedes pretender conocer cosas sobre mí.

—La primera vez que hablamos actuaste como alguien que discute con todos, por eso asumí que siempre eras así.

—Me lanzaste café helado encima, Dante ¿Qué esperabas?

—No lo sé, no esperaba nada en concreto, pero ahora no te he lanzado nada y luces como si quisieras arrancarme la cabeza. Dudo que un hombre pueda tolerar a una mujer como tú, de seguro por eso estas soltera porque nadie quiere casarse contigo.

Me ha dolido, pero no voy a admitirlo o eso es lo que creo, mi plan de no reaccionar ante su comentario sale mal cuando comienzo a llorar desenfrenadamente, las lágrimas caen sin parar como si fuera lo que necesitaba hace un tiempo. Puede que llorar es lo que me ayude a olvidar todo el dolor que pase. Puede que expulsando todas las lágrimas que hay dentro de mí, vuelva a ser la misma de antes.

Dante agranda los ojos cuando escucha mis pequeños sollozos, estamos en la calle frente al hospital y ya íbamos de camino al restaurante, el chico se voltea a verme y me abraza, no dice nada y no hace cosas innecesarias como acariciar mi cabello, solo está ahí sosteniéndome. No esperaba que lo hiciera, que fuera la clase de chico que piensa en los demás, ni siquiera se si eso es lo que está haciendo con exactitud, pero se lo agradezco.

Odio que me vean llorar, lo he odiado desde pequeña, sentir todas las miradas puestas en ti y que algunos te crean patética es lo peor que puede ocurrir. Logro calmarme y me separo de el, no subo la cabeza, solo limpio mis lagrimas con el antebrazo y camino derecho en dirección al restaurante mas cercano que hay.

Dante me sigue sin rechistar, pero me agarra del brazo y me jala hacia atrás haciendo que mi espalda pegue contra su pecho.

—¿Qué cojones?

—Eso mismo te pregunto yo a ti ¿No has visto el auto?

—No yo…

—Jana, no llevo ni veinticuatro horas conociéndote y ya has llorado frente a mí, te he salvado de morir y te he hecho cabrear. ¿Cuántas personas han logrado eso?

—Solo tú, y no he llorado frente a ti —aclaro—. Tú me has hecho llorar.

—Lo supuse, solo quería confirmarlo. Lamento si me pase de la raya, eres una chica guapa no debes tomarte enserio mis comentarios de neandertal.

Me rio.

—No tengo inseguridades con mi físico. —respondo alzando la cabeza y sonriendo, me siento un poco mejor, me ayuda que Dante no sea tan frio al respecto. No lo conozco, pero siento que ha visto mas facetas de mi que cualquier persona en el hospital. Hemos comenzado a caminar nuevamente en dirección a nuestro destino, los carros pasan y vemos varios edificios, me siento como si hubiera sacado cosas que tenia metidas en la mente y no podía soltar.

—¿Entonces, porque has llorado?

—Son temas personales.

—Dejan de ser temas personales cuando lloras frente a alguien.

—No, Dante. No funciona así.

—En mi mundo funciona así, venga dime que te pasa.

Llegamos al restaurante y abro la puerta rodando los ojos. Solo he llorado no tiene porque meterse donde no lo llaman, es frustrante que crea que debo contarle toda mi vida porque ha hecho un chiste de mal gusto y me lo he tomado personal. Sigo discutiendo con el del porque no debo contarle mi vida hasta que escucho unas voces gritar mi nombre. Dante y yo estábamos a puntos de sentarnos en una de las mesas esquinales, pero se voltea al oír los gritos y yo solo ruedo la silla para sentarme.

—Te están llamando.

—No los mires —demando.

—Parecen amigables.

—Dante, siéntate y no los mires.

Hace lo que le digo y me mira con seriedad.

—¿Quiénes son y porque estas huyendo de ellos?

—No estoy huyendo, solo no quiero hablarles cuando estoy en una reunión de trabajo.

No pasan ni cinco minutos cuando Maya y Bruno se acercan a nuestra mesa. No quiero verlos, tengo la cabeza metida en el menú y se que son ellos porque les he escuchado la voz minutos atrás. Tengo la sensación de que todo me esta saliendo mal en la vida. ¿Cómo es que acabaron justo en el mismo restaurante que yo? Habiendo tantos lugares para comer, tantos puestos de comida rápida ¿Por qué han acabado aquí?

—Jana —dice Maya con alegría y me veo obligada a quitarme el menú de la cara, es allí cuando la veo, tiene el cabello corto y se lo ha pintado de gris, le queda bien, lleva un atuendo elegante que se ajusta a su figura, luego recuerdo como voy yo vestida y me avergüenzo, el uniforme del trabajo no es exactamente el atuendo que tenia en mente para volver a ver a Bruno.

Por otro lado, el sigue luciendo igual a cuando me dejo plantada por otra chica, nada ha cambiado de su apariencia física, me gustaría decir que es un hombre feo, pero no lo es, sus ojos están puestos en los míos, no se como ambos esperan que reaccione, pero luego recuerdo que mi nuevo jefe esta delante de mi y sonrió abiertamente. La sonrisa más falsa y fingida que puedo hacer.

—Maya, Bruno pensé que llegarían a la ciudad más tarde.

—Hemos podido llegar antes, ha sido una suerte porque aún debemos arreglar todo lo de la boda.

—¿Van a casarse? —pregunta el chico a mi lado, joder cuanto desearía que Dante cerrara la boca.

—Si, hace un mes que Bruno decidió proponerme matrimonio, ambos estamos muy felices con la relación.

—¿Podemos sentarnos con ustedes?

—En realidad —comienzo a decir, Dante me ve de forma brusca y se adelanta para comentar un “Claro, adelante”. Si el supiera la historia detrás de todo esto no los estuviera tratando como si fueran amigos de años. Maya habla de su relación como si yo nunca iba a tener una boda con el mismo hombre que ella.

—Este restaurante es increíble, antes solía venir todo el tiempo con Jana.

El camarero viene a pedir la orden y soy la primera en hablar.

—Quiero una pizza.

—Sin salchichón.

—¿Disculpe? —le pregunta el camarero a Bruno, el abre los ojos cuando se da cuenta de lo que ha hecho, pero muerde su labio y finge actuar natural.

—La pizza de Jana sin salchichón, no le gustan.

—Entendido, ¿Algo más?

—Lo mismo que ella —deciden todos.

—Hubiéramos pedido una pizza grande, nos hubiéramos ahorrado dinero.

—Yo puedo pagar mi comida —menciono.

—No hace falta, yo la pagare —responde mi jefe sin verme, Maya lo observa con detenimiento y sonríe, conozco esa sonrisa la he visto cientos de veces ponerse en su rostro.

—¿Eres el novio de Jana? Ahora entiendo porque te veo mas relajada, siempre quise disculparme contigo y que me escucharas.

—Si, Dante es mi nuevo novio y también vamos a casarnos.

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