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Portada de la novela El Corazón Del Doctor.

El Corazón Del Doctor.

El mundo de Jana se derrumba cuando Bruno la abandona el día de su boda. Desesperada por eludir la vergüenza, inicia un noviazgo ficticio con su jefe, un eminente doctor. Lo que comenzó como un engaño para proteger su reputación se transforma en un vínculo real y profundo. Sin embargo, la estabilidad de este nuevo romance peligra cuando su antiguo prometido reaparece para reconquistarla, obligando a Jana a decidir su destino sentimental.
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Capítulo 1

Me enamoré de Bruno a los quince años, éramos pequeños, torpes y con millones de sentimientos descontrolados, para ambos el amor era como espuma, se esfumaba con el tiempo. Sin embargo, él había tenido parejas antes de mí, era capitán del equipo de voleibol y jugaba en campeonatos nacionales. Cuando lo vi por primera vez no pude evitar quedar encantada con su físico, sus ojos azules, su cabello rubio y sus brazos fornidos fueron lo primero que vi en él.

Jamás pensé que un chico como él se fijaría en mí, ahora miro hacia atrás y me río de mí misma, porque el físico no lo es todo y Bruno tiene defectos como todos, incluso más defectos de lo que algunos podrían imaginar. Han pasado diez años desde que nos hicimos novios, tenemos veinticinco, el comenzó a trabajar en una empresa y yo estoy trabajando en un hospital, soy doctora y estoy especializada en neurocirugía.

Pero nada de eso es realmente importante, porque hace un mes me pidió matrimonio y el día de hoy vamos a casarnos.

—¿Estás lista? —me pregunta Andrés, lo miro dudosa y niego con la cabeza, no puedo salir todavía, si salgo me sentiré aún más nerviosa, necesito calmarme y respirar—. Jana, Bruno estará feliz de casarse contigo tienes que calmarte.

—Lo sé, Dr.

Los únicos que vendrían a la boda por mi parte serían el Dr. Andrés y mi mejor amiga Maya, son la única familia que me quedo después del incendio, creo que nunca he estado tan feliz de tenerlos como ahora, y sigo nerviosa porque voy a casarme y he soñado con este momento cada maldito día de mi vida, desde que estuvimos juntos por primera vez y desde que le entregué todo mi amor a él. Nunca lo he engañado, nunca me he detenido a dudar de lo nuestro y ahora estoy aquí, feliz, nerviosa, emocionada y con muchas dudas con respecto a cómo será nuestro futuro.

Estoy a punto de salir cuando Maya entra por la puerta con los ojos abiertos, el corazón se me detiene porque siento que algo ha salido mal, pero no puedo saber el que, no puedo saber que es lo que se ha arruinado el día de mi boda y tampoco tengo ganas de saberlo.

—Bruno no ha llegado.

—¿Cómo que no ha llegado? —me rio nerviosa—. Ya debería estar aquí, se supone que es hora.

—Él dijo que no vendría, me acaba de mandar un mensaje Jana.

—Tiene que ser una broma, dime qué es una broma.

—Jana —dice con suavidad el Dr. Andrés, lo miro, pero caigo en la cama y empiezo a llorar, no puedo creer que me haya dejado plantada el día de nuestra boda, vivimos juntos desde hace unos meses, hemos construido muchísimas cosas juntos. ¿Qué ha hecho que se arrepienta? ¿Por qué Bruno no está aquí? ¿Por qué me ha dejado? ¿Por qué no pudo quedarse? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Ha sido mi culpa?

Tengo millones de preguntas en la mente y ninguna tiene respuesta, pero desearía que las tuviera, quisiera que alguien me dijera que es posible que quedemos juntos, quiero que vuelva, pero se que no lo hará porque lo conozco y ya ha tomado su decisión. Entonces, una pregunta viene a mi mente ¿Por qué le ha escrito a Maya y no me lo ha dicho a mí? Levantó la vista y limpio un poco mis lágrimas, veo sus ojos, esperando a que me consuele, a que diga algo, a que quiera saber cómo me siento, pero no hay nada.

Solo silencio.

Su silencio es arrebatador.

Odio este silencio.

Quiero que diga algo.

Y la idea más loca y jodida llega a mi cabeza.

—¿Por qué Bruno te ha escrito a ti Maya? —Maya agranda los ojos y no dice nada, su teléfono se enciende y se lo arrancó de las manos antes de que pueda sostenerlo con fuerza. El mensaje es de Bruno, y no puedo creerlo, no puedo creer que mi mejor amiga me haya engañado de esa forma. Un lindo “La he dejado por ti, eres todo para mí y quiero estar solo contigo” puede destruir muchas cosas, cosas como la amistad de años que tenemos.

Tiro el teléfono al piso sin importarme que se rompa y la miro furiosa, sus ojos también se han llenado de lágrimas, pero sus sentimientos son los que menos me importan en este momento.

—Iré a decirle a los invitados que la boda se cancela —dice Andrés preocupado, me mira por última vez y sale disparado a hablar con los invitados.

—¿Te acostaste con Bruno? ¿Me engañaste? ¿En mi propia jodida cara?

—No… yo

—¿Desde cuándo? —Maya voltea la cara para no verme y me acercó a ella, sujetó sus hombros con fuerza y le gritó—. ¿Desde cuándo Maya?

—Desde el año pasado —susurra

—¿Ibas a dejar que me casará con un hombre que no me amaba? ¿No te importó como me iba a sentir? ¿No lo pensaste?

Siento la necesidad de que me diga algo, algo más que solo simples respuestas cortas, se aleja de mí y sale corriendo hasta la habitación del lado, está no es mi casa, es la casa de Bruno y se que ambos hemos estado viviendo aquí, pero eso no me da derecho a decir que es mi casa también. Salgo corriendo hasta la habitación donde se encuentra Maya e intento abrir la puerta, pero está cerrada y me recuesto de ella.

—¡Abre la puerta Maya! ¡Abre la puta puerta! —gritó llorando—. Mierda, éramos amigas, eras mi puta mejor amiga Maya, y no te importó romperme. No sé trata de Bruno, se trata de nosotras, de las veces que te conté que amaba a Bruno, de las veces que te dije que estaba feliz por casarme con él. Se trata de las conversaciones que tuvimos entre nosotras y de todos los secretos que te conté.

—Lo siento —dice detrás de la puerta—. Siento haber jodido tu vida, pero lo amo, amo a tu novio Jana.

—Vete a la mierda, espero que te pudras.

—¿Vas a perdonarme?

Quiero que abra la puerta y me lo diga a la cara, pero es tan cobarde que no lo hará, porque Maya nunca ha sabido enfrentar sus problemas sola y está tan jodida que me dejara ir sin luchar por nuestra amistad. Una falsa amistad que no merece la pena, porque no la merece y no quiero tener nada que ver con ella jamás.

No le respondo, porque no lo merece, solo tomó su móvil, tomó mi bolso, mis llaves y mi móvil y salgo de esa casa, reviso todos los mensajes de Maya con Bruno y le pregunto dónde está, espero que responda y mientras tanto me cambio de ropa, estoy lista para irme cuando Andrés ya ha entrado a la habitación.

—¿Vendrás conmigo?

—Saldré.

—¿A dónde vas así, Jana?

—A ver a Bruno.

—Deberías esperar hasta mañana, estás dolida, dirás cosas que no sientes de verdad ¿Por qué no vamos a casa?

—Yo… necesito hacer esto.

Andrés niega con la cabeza, pero me deja ir. Hemos estado juntos desde que tengo memoria, es mi padre, o lo más parecido que tengo a uno, tiene cincuenta años y siempre está pendiente de mí, me recogió cuando mi familia me dejó, o, mejor dicho, cuando murieron, me crío y me dio una casa, es el único que se ha preocupado por mí desde que tengo uso de razón y lo amo por eso.

Bruno me ha dicho que está en la estación de trenes, o, mejor dicho, le ha dicho a Maya, he recogido su móvil para leer sus conversaciones y saber lo que voy a decir, lo que voy a hacer o quizás para hacer que mi corazón se rompa tanto que no quiera volver con él. Pero después de dejarme plantada ¿Quién tendría ganas de regresar a una relación?

Cuando llegó a la estación lo veo mirando nuestras fotos, está borrando algunas, y otras las deja como recuerdo. Mi corazón se aprieta y siento ganas de llorar, pero muerdo mi labio inferior para no hacerlo frente a él.

—Bruno.

—Jana —dice como si no pudiera creer que estoy ahí, como si mi rostro rojo e hinchado no fuera por su culpa—. ¿Por qué tienes el teléfono de Maya?

—¿Es lo primero que dirás? —alzó una ceja y chasqueo la lengua—. Que cínico eres Bruno, no sabía que tenías tan pocos huevos para engañarme con mi mejor amiga.

—No quise hacerlo, pasábamos mucho tiempo juntos, fue inevitable, Maya me gusta.

—Solo quiero que me digas dónde viviré ahora y quiero todas mis cosas, me vale mierda lo que hagas con tu vida después de esto. Para mí estás muerto, y quiero que sepas que después de esto te jodiste conmigo. Eres y siempre serás el cabrón que me dejó por otra, no hay más.

—Vivirás en mi casa, te daré los papeles mañana y las llaves, yo y Maya nos mudaremos a otro país.

—Bien, espero que mañana tengas todo listo.

—Creí que ibas a gritarme, golpearme o quemarme vivo —dice triste, sus ojos demuestran que mi reacción le dolió más de lo que pensaba, no le he hablado dolida, no le he dicho nada que no fuera verdad, este es mi intento de mantener la calma, no quiero parecer histérica y no quiero que crea que esto ha sido solo porque me ha salido de los huevos.

—¿Me amaste? —le pregunto antes de irme, me mira y lo piensa, pero al final acaba asintiendo.

—Te amé más que a nadie.

—Bien, hasta luego.

Sin el cariño de Bruno jamás me hubiera enamorado, sin sus mensajes, sus abrazos, sin nada no hubiera conocido el amor. Pero me ha dejado una espina clavada en el corazón, lo he estado queriendo por años y el me ha estado olvidando. Las lágrimas caen y no paran, porque no se cómo hacer que paren, no se que hacer para dejar de llorar y no se que hacer para que mi corazón sane.

Pero me estoy yendo y estoy dejando al amor de mi vida atrás, no lo miro porque temo hacerlo, pero el grita mi nombre y entonces me volteo con la esperanza de que quiera regresar conmigo. Sin embargo, solo susurra un silencioso “te amo” y se queda en el aire, porque se que no es real, se que si me amara yo no estaría llorando, no estaría destrozada y no estaría pensando en que hacer con mi vida a partir de ahora.

Llegó a casa de Andrés y lo busco con la mirada por la sala, pero no está, entro a la habitación que siempre ha tenido para mí y sonrió, es una sonrisa triste, algo rota y algo fuera de sí, pero el ha puesto helado sobre la cama, con dos utensilios y una película. Estaba esperando por mí porque sabía que vendría a refugiarme en sus brazos. O al menos cerca de él, jamás lo he llamado papá, jamás lo he abrazo porque tengo miedo de tocar a las personas, lo he tenido desde niña, fue a causa de mis padres. La única persona que he podido tocar es Bruno y me costó, me costó muchísimo, pero poco a poco pude hacerlo, en cambio, Andrés nunca me ha obligado a nada, tampoco siento que debo hacerlo, el solo me permite ser yo misma y se lo agradezco.

—Estaba esperando que llegarás ¿Fresa o chocolate?

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