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Portada de la novela El Contrato

El Contrato

La traición y codicia de María sumergen a su hija en una espiral de amenazas incesantes. Obligada a lidiar con el oscuro legado de su madre, la joven ve cómo su camino se cruza con el del sucesor de la influyente Organización Eros. En un entorno donde la pasión convive con el crimen, ella enfrenta un dilema vital: investigar los misterios que la rodean o buscar una retribución implacable mientras lucha por sobrevivir a un destino impuesto.
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Capítulo 2

-Creí que no lograría señorita Cross. -pudo escuchar a su entrenador de armas a su espalda, aquí era teoría y campo.

La teoría había acabado, ahora era la práctica dejar de sentir culpabilidad al matar a una persona era lo primero, pero no era tan frívola y sangrienta con otros asesinos, ella tenía un corazón; que no a todo el mundo lo dejaba ver. Ya la había hecho sufrir mucho así que su barrera estaba en lo alto.

-Muy bien, señorita Cross... eso es todo por hoy. - Carlos al no escuchar respuesta, la despidió. -Mi Consejo es que salgas de este programa, se nota que no puedes controlar tus nervios.

Era verdad que sus nervios la estaban matando, pero ella era una persona que no daba paso atrás. Aun así, se vio obligada a levantar la mirada y demostrar a Carlos que no era una tonta, al verla pudo notar la arrogancia que emanaba de sus ojos; sorprendiéndole que veía en ellos. Su cuerpo dejó de temblar mientras caminaba por el pasillo, una vez dentro de su habitación. Se permito caer al suelo dejando salir todo lo que había dentro, lloro como nunca y se sintió culpable por todos.

Fue la última vez que demostró lo que sentía, en ese entonces tenía 13 años cuando había tirado del gatillo por primera vez, comenzando hacer una asesina en proceso; los años fueron pasando de uno tras otro, de misión en misión. De muertos en muertos; el entrenamiento era agotador por eso ninguna mujer aguantaba.

Desde luego no había ni una mujer en este programa, aun así, ella estaba arriesgando su vida, pues no tenía nadie que se encargará de ella. Tenía un tío, pero no podía molestarlo ya que tenía tres hijos varones muchas bocas para alimentar ella no quería ser una más. Esa mañana estaba dispuesta a ir entrenar, sin contar lo que pasó.

Estaba entrando en la Sala cuando un chico la estampó contra uno de los espejos, causando la herida del hombro derecho, levanto su mano para proteger su rostro, pero no contó que la golpearla en la costilla. Y golpeo en su rostro cayó al suelo, tosiendo sangre por su boca.

-Liza, por fin volviste, perra, te haré sentir como mujer - el chico estaba segado por la ira y la excitación que sentía, comenzó a desgarra la ropa de Azul.

Aturdida un poco fuera de sí, comenzó a reaccionar a la adrenalina del momento, golpeando al chico en la boca del estómago para quitárselo de encima, se levantó y se pudo en guarda para lanzar el siguiente golpe. Una vez levantado sonrió de manera siniestra, Azul tenía una ventaja que su oponente era su estatura, era una cabeza más alta que la de ella así que su velocidad era su mejor arma, comenzó a golpear en su estómago.

Tres golpes y después dirigió el siguiente a su barba alzándolo ligeramente, le lanzo una patada en la rodilla el chico cayó arrodilla y ella aprovechó para lanzarle un golpe en la mejilla dejándolo noqueado por completo. Cayendo al suelo con los vidrios, se vio rodeada de muchas personas que presenció su pelea con Aarón.

Aarón es un chico inestable, que perdía el control y dejaba que sus impulsos los dominará creando así el mayor asesino sangriento, pero cuando estaba en sus cinco sentidos era un sol. Sin embargo, Azul no podía dejar que se sobrepasara con ella.

-Eres genial, Azul- dijo un chico que no conocía. Ella paso de ellos camino por el pasillo hasta que los hombres de Jhon la encontrar.

Ahora estaba viendo el cielo con tanta tranquilidad que no sentí el dolor en su hombre, pero aun así necesitaba ayuda. Suspirando, se levantó caminando a la enfermería. Aún que una pregunta le molestaba ¿¡Quién era Liza!? Tal vez, estaba relacionado con su enfermedad. Pero quien era ella para meteré en los problemas de los demás, si ni siquiera podía con los de ella.

La enfermera la miro un poco decepcionada, era la única la que intentaba hacer que ella hablará, pero aun así no lo lograba. Dulce, era una chica muy bonita con una sonrisa de ángel y un ánimo de oro, le indicó a Azul que se sentar en una de las camillas.

-Te encuentras bien. - Dulce estaba preocupada y aun así ella no hablaba ni demostraba el dolor que sentía en su cuerpo. Comenzó a curar sus heridas y a sacar los vidrios incrustado en su hombre derecho. -No es la gran cosa dejara una pequeña cicatriz. Tienes que tomar medicina para el dolor.

Azul le quedó mirando aun así no prestó atención, su mente estaba en otro lado, movía la cabeza de arriba abajo. Algo la perturba no sabía que era, una vez fuera de la enfermería decidió caminar por los pasillos, hoy la mansión estaba un poco más activa de costumbre; camino para su habitación.

-Señorita Coss. - escucho una voz a su espalda, se volteó encontrándose con Aarón; tenía el rostro moreteado y su labio estaba roto. Venía acompañado de un chico que no le prestó atención. -Solo quería disculparme por lo que hice, sobre todo por intentar sobre pasarme con usted... Ya sabe. - se encogió de hombres para restablecer importancia.

Ella solo lo miro un rato, asintió, se dio media vuelta para continuar su camino hasta su cuarto, pero un brazo la detuvo.

-Mi amigo se está disculpándose, debería decir algo. - miro al chico, se encontró con unos ojos verde gateados, de cabello ruido claro y su agarre en su brazo era firme. -Di algo. - la firmeza de su voz la estremeció. Pero como siempre era un tempano de hielo.

-Hunter... Espera ella no te va a responder... - el tal Hunter, miro confundido a su amigo. -Ella no habla. - La soltó como si su piel quemara.

Hunter Lancer, es el hijo menor del señor Jhon que heredaría el negocio sucio de su padre, aparte de tener un físico atractivo que emanaba peligro y más peligro, es un chico que no le gustaba que le llevaran la contraria, la arrogancia era parte de su personalidad. Hunter, miro a Azul con esos ojos intimidantes que no pasaba desapercibidos, encontrándose con el azul de un mar vacío que trasmitía escalofríos con tan solo verlos.

Hunter no pudo evitar sentirse en un mar de soledad al verla, una sensación de escalofrío le recorrió todo el cuerpo, fue exquisita, se vieron envuelto en una burbuja de atracción el uno por el otro. Algo que Azul no se permitía era los emociones a otra persona, pero no pudo evitar verse tentada por Hunter. Su mirada se fue más haya encontrado a una mujer que pasó rápido.

Su corazón se aceleró, una ligera sorpresa paso por sus ojos, atrayendo el interés de Hunter. Azul simplemente seguí a su habitación; aun no podía dejar de pensar en lo similar que era esa mujer a ella.

(3 Semanas después...)

Durante esta semana Aarón ha intentado acercarse a Azul, tratando de que ella tuviera un amigo en ese lugar. Los días pasaron y las misiones estaban subiendo de nivel para Azul, ya no sólo era rescate sino de guardaespaldas hasta de matar. Pero aún las cumplía no altas expectativas, en ese momento estaba en la Oficina de Jhon mirando su siguiente encargo, Hunter estaba presente revisando los papeles de los asistentes.

Su mirada estaba en los papeles, su mente estaba en la chica de ojos azules. La puerta se abrió dejando al presente en un silencio sepulcral.

-Amor, que te parece si le ponemos Rosa o Sandra - el señor Jhon perdió el color de su rostro al ver que su mujer entraba a la oficina, paloteando del nombre de su hija. - ha me encanta Rosa dime tu. - beso su esposo en los labios.

Azul se encontraba en una tormenta de emisiones desde el momento que escucho esa voz, ella miro como la mujer pasaba a su lado muy sonriente, aun podía escuchar su palabra, podía ver que en su vientre había un bebé de unos 5 meses, Azul se sentía derrotando como si fuera perdido todo. Su mirada se alternaba entre Jhon y Su supuesta madre.

La rabia, el odio y el desprecio se hicieron presente, el reconocer que sentía contra su madre se hizo más fuerte. La mujer se quedó callada al sentir una mirada penetrante a su espalda, se dio la vuelta se tensó al ver a su hija.

-Azul... -su voz era un susurro que todo el presente los escucho. Ella miraba a su hija tristeza y horror su cuerpo comenzó a temblar, las lágrimas corrieron por sus mejillas. -Azul... Yo te lo.... Puedo explicar.

Azul se dio media vuelta para salir de la Oficina como siempre lo así sin decir nada, pero un brazo la detuvo.

-Hija, déjame... Te lo explicó... Por favor. - le rogaba en llanto la mujer. Azul se deceso de su agarre con rabia.

-Los muertos no hablan... - hablo con todo el rencor que sentía en se momento, se largó de ese lugar.

-AZUL...

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