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Portada de la novela El contrato de Cristal

El contrato de Cristal

Tras una década exiliada, Elara Vance asume el mando de NovaGen Biotech con un único fin: aniquilar Vance Pharma, la firma familiar que la traicionó. Para lograrlo, propone un frío acuerdo de seducción a Liam Hayes, pieza clave de sus rivales. Aunque el pacto busca extraer secretos corporativos, la irrupción de una pasión imprevista altera sus planes. En un entorno de intrigas y riesgos, ambos deberán decidir entre la venganza o lo que dicta su corazón.
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Capítulo 3

El Rolls-Royce plateado se deslizó hasta la alfombra roja frente al Museo Metropolitano de Arte. El evento, la Gala de la Fundación Prescott, era la cima de la hipocresía social de Nueva York, el lugar perfecto para lanzar una bomba corporativa.

Liam Hayes bajó primero. Su traje de esmoquin negro era la definición de la elegancia silenciosa. Extendió la mano hacia el coche, y cuando Elara la tomó, su contacto fue inmediatamente firme, posesivo, justo como lo dictaba la Regla Cinco.

Elara Vance, en su vestido esmeralda que parecía hecho de líquido congelado, emergió bajo un coro de flashes y murmullos. La prensa no esperaba ver a la heredera exiliada, dueña de la rival NovaGen, y mucho menos en el brazo de Liam Hayes, el cerebro financiero detrás de Vance Pharma.

Liam la acercó a su costado, su mano colocada con perfecta intimidad en la curva baja de su espalda.

-El plan es simple -le susurró Liam al oído, haciendo que la proximidad enviara un escalofrío que no era del todo desagradable-. Sonríe solo para mí. Que el mundo vea que tu atención está cautiva.

Elara se obligó a relajar los músculos del cuello. Lejos de la frialdad corporativa, Liam era una fuerza física, y la manera en que la miraba –una mezcla de admiración y posesión- era una actuación magistral que la hacía sentir peligrosamente vulnerable.

-Asegúrate de que tus ojos no busquen a mi hermano -replicó ella, forzando una sonrisa radiante hacia él.

-Imposible. Solo te veo a ti.

La entrada fue un caos controlado. Los reporteros gritaban sus nombres, preguntando por el inminente movimiento de NovaGen y el supuesto romance. Liam respondió con frases cortas y ambiguas, usando siempre la palabra "exclusivo" para describir su relación.

Al entrar en la gran sala de mármol, Elara sintió el golpe emocional que había estado anticipando: la presencia de su familia.

Julian Vance, su hermano, estaba cerca de la entrada, flanqueado por su esposa, Serena, y varios miembros de la junta directiva de Vance Pharma. Julian era un hombre que rezumaba arrogancia, la misma que usó para pisotearla hace diez años.

Elara sintió cómo su control se debilitaba, la ira pura amenazando con desbordarse. En ese instante, Liam apretó su espalda, un recordatorio físico de su pacto.

-Actúa, Elara -siseó suavemente.

Liam la guió directamente hacia el grupo. Julian los vio y su sonrisa se congeló, transformándose en una mueca incrédula.

-Liam -Julian avanzó, extendiendo una mano que Liam estrechó con profesionalismo frío. Pero sus ojos estaban fijos en Elara.

-Julian. Serena. Espero que estén disfrutando de la velada.

-No tanto como tú, aparentemente -respondió Julian, sus palabras goteando veneno-. ¿Qué significa esto, Liam? ¿Un nuevo contrato de negocios que no me has mencionado?

Liam sonrió, ese gesto calculador que Elara ahora sabía que significaba peligro inminente.

-Esto, Julian, no es un negocio. Es personal.

Liam se giró hacia Elara, y ante la mirada atónita de Julian, la tomó suavemente del mentón y la besó.

No fue un beso tentativo. Fue una declaración, una apropiación pública. Sus labios eran firmes, exigentes, y el beso duró el tiempo suficiente para que los flashes de los fotógrafos se dispararan a ciegas desde el borde de la sala. Elara sintió el impacto, la sorpresa inicial ahogada por la necesidad de ser convincente. Respondió al beso con una intensidad que era una mezcla de rabia acumulada y la electricidad inesperada de Liam.

Cuando se separaron, Liam miró a Julian, sus ojos sin remordimiento. Elara, sintiéndose sin aliento, se apoyó en Liam, permitiendo que la imagen de fragilidad enamorada se proyectara.

-Elara y yo estamos... muy involucrados -dijo Liam, poniendo énfasis en la palabra, como si quisiera que el mensaje llegara directo al estómago de Julian.

El rostro de Julian estaba pálido de furia, su humillación pública consumada.

-Esta mujer te está usando, Liam. Es una víbora que solo busca destruirnos a todos. Ya lo hizo una vez.

-Tu hermana es la CEO de una de las empresas más innovadoras del mundo, Julian -intervino Liam, su tono cortante-. Y, francamente, la única cosa que me destruye ahora mismo es tener que pasar mi tiempo lejos de ella.

Serena, la esposa de Julian, intervino con una sonrisa forzada.

-Qué giro tan fascinante. Enhorabuena, Elara. Parece que finalmente has encontrado a alguien que puede igualar tu... intensidad.

Elara se obligó a hablar, su voz sorprendentemente tranquila.

-La misma intensidad que usaré para devolver a Vance Pharma a las manos de alguien con una visión real, Serena. Disfruta de la gala. Podría ser la última a la que asistas con el apellido Vance.

Liam la guió lejos antes de que Julian pudiera recuperarse. La primera fase de la venganza había sido un éxito rotundo. El precio, sin embargo, había sido la pérdida de su aliento y el roce demasiado real de los labios de Liam.

La Invitación Peligrosa

Media hora después, mientras Elara intentaba recuperar su compostura con una copa de champagne, se acercó a ellos un hombre mayor, George Ellington, un magnate naviero con conexiones profundas en el capital de riesgo.

-Liam, muchacho, siempre superándote. Y tú, Elara, eres una sorpresa fantástica.

-Gracias, George -respondió Liam, cordial.

George sonrió, cómplice.

-Pero este lugar es para los aburridos. Necesitas un escenario que esté a la altura de esta pasión. Estoy organizando una escapada de fin de semana para un círculo íntimo. Mi yate, el Siren, anclado en mi isla privada en St. Barth. Solo negocios muy selectos y placer, por supuesto. Un lugar sin la prensa, donde puedan ser... ustedes mismos.

La proposición era un arma de doble filo. Estarían aislados, lejos de los ojos de la prensa, pero bajo la atenta mirada de un círculo de inversores poderosos que podrían ser la clave para la adquisición. Además, el aislamiento cumplía a la perfección la Regla Cinco.

Liam miró a Elara, la pregunta en sus ojos. Ella sabía lo que él estaba pensando: si Julian o Serena estaban entre los invitados (lo cual era probable, dada la red de George), sería el escenario definitivo para la inmersión total.

-Es una invitación muy generosa, George -dijo Elara, mirando a Liam. La tomó de la mano, y el tacto fue cálido y reconfortante-. ¿Podremos estar a la altura de las expectativas de "pasión"?

-Con una pareja como tú, Elara, dudo que la pasión sea el problema -respondió Liam con una sonrisa que no llegó a sus ojos, pero que era totalmente convincente.

-Aceptamos la invitación, George. Será un fin de semana... inolvidable.

George se retiró, satisfecho. Elara se giró hacia Liam, retirando su mano.

-St. Barth. Aislados. ¿Sabes lo que esto significa, Liam?

-Significa que Julian podría estar allí. Significa que si él está, la Regla Cinco pasará de ser una cláusula a una obligación de tiempo completo -Liam no sonaba preocupado, sino desafiado-. Será el escenario perfecto para demostrar que eres completamente mía.

-No soy tuya, Liam. Soy mi propia jefa y tú eres mi herramienta.

-Y yo soy el actor más convincente que jamás hayas contratado, Elara. En esa isla, si tengo que besarte en público y luego demostrar en privado que no tienes voluntad para resistirme, lo haré. Es parte del trato. Necesitas esta adquisición, y yo necesito que tu hermano se sienta tan seguro de mi distracción que cometa un error fatal.

Elara se quedó en silencio. Había buscado la venganza con tanta ferocidad que no había considerado que su propia libertad, su propio cuerpo, se convertiría en un campo de batalla para ganar la guerra.

-¿Cuándo partimos?

-Mañana por la mañana. Empaca ligero, Elara. El clima es cálido, y estaremos bajo mucha vigilancia. Demostremos a esos tiburones que el amor nos ha vuelto ciegos e imprudentes.

Liam le dedicó una mirada intensa que prometía el infierno y el paraíso, todo en el nombre de la venganza. Ella acababa de entrar en una jaula de oro, y la llave la tenía el hombre que supuestamente la estaba ayudando.

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