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Portada de la novela El Ceo que no quería amar

El Ceo que no quería amar

Quentin Valois encabeza un imperio corporativo mundial, pero su opulenta realidad se desmorona tras un fatídico siniestro en la carretera. Al recuperar la conciencia luego de un coma, el empresario enfrenta la devastadora pérdida de su mujer y sus hijos. Destrozado, el CEO se encierra en un frío aislamiento y promete renunciar al amor para protegerse de futuras heridas. No obstante, la vida desafiará su férrea voluntad de permanecer solo.
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Capítulo 2

(Cuatro años después del accidente)

―Quentin Valois, el CEO de la empresa Transnacional dedicada a la exportación de oro, ha sido seleccionado como uno de los solteros más codiciados en el mundo. A sus cuarenta años Quentin no sólo a conquistado el mercado con astucia, si no que su simpatía ha hecho que él conquiste corazones... ¿quién será la afortunada que lo haga? ― Termino de leer la nota de la revista y la dejo sobre la mesa― ¿Sabías de esto? ― Le pregunto a Vivianne mi asistente quién me escucha atenta sentada.

―No lo sé Señor Valois, no tuvimos aviso sobre eso.

―¿Quién es quien dirige esta revista?

―No lo sabemos... además está en FORBES así que parte de su información ya está afuera, no se puede evitar es famoso e importante aunque usted no lo quiera.

―¡Eso no me importa! Lo que me importa es que pongan mi vida personal como si estuviera en una "subasta" quién da más, quién da menos, yo no quiero volver a tener nada que tenga que ver con el amor, no me interesa, no me va... quítalo.

―¿Qué?

―Quita este artículo, dales lo que quieran de dinero pero sáquenlo de ahí.

―Señor Valois.

―¡Haz caso Vivianne! Y cuida que mi información personal no salga de aquí ¿entendido?

Vivianne se pone de pie y luego camina hacia la puerta de mi oficina y sale. Volteo a ver hacia el mi escritorio y veo las infinitas cartas que miles de mujeres me han enviado a lo largo del día.

―Como si yo quisiera que conquistaran mi corazón. Estoy muy viejo para esto.― Murmuro y tomo las cartas y las hecho a la basura, junto con la revista. Volteo a ver por la venta de mi oficina y toda la ciudad se extiende a mis pies. Hoy hace unos años hubiera sido mi aniversario de bodas y en este momento Nadine estuviera esperando por mi sorpresa que siempre incluiría un ramo de dalias de colores, sus favoritas, las que ahora adornan su tumba.

Cierro los ojos, pienso en mis hijos, tan pequeños y en la última frase que les dije antes de no recordar nada "Pronto llegaremos a un lugar más cálido", y bueno, ahora supongo que están ahí en el paraíso.

―¿Señor Valois? ― Escucho la voz de Vivianne.

Me quito las lágrimas.― Dime.

―Recuerde su cena, debe estar ahí dentro de una hora.

―Cierto. ―Tomo mis cosas, el bote de basura y se lo doy.― No más correspondencia como ésta, en cuanto llegue la tiras.

―Sí señor Valois.― Responde Vivianne y luego salgo por la puerta.

Bajo por el ascensor mientras me arreglo el traje reflejándomelos en los espejos de éste mi móvil vibra. Lo saco de la bolsa y leo.

MENSAJE NÚMERO DESCONOCIDO: [¡Hola! No sé si recuerdas pero quedamos de vernos hoy a las cuatro en "La Croix" pero no llegaste ¿hubo algún problema?]

Ignoro completamente el mensaje, lo borro y salgo del elevador para ver a lo lejos a mi nuevo chofer que me espera con la puerta del auto abierta.

―¿Dónde señor?

―Al Four Seasons.― Le comunico sin muchas palabras subiéndome a la camioneta negra mientras reviso mi agenda del día siguiente.

Desde que murió mi Nadine y mis hijos toda mi vida se ha consumido en trabajo y más trabajo. Me he puesto las reglas más severas y los días ocupados para no pensar en lo que pasó, prefiero dormir de cansancio que seguir tomando pastillas para dormir como lo hacía tiempo atrás. A veces el insomnio me gana y me pongo a leer, a revisar las fianzas, salgo a correr, hago ejercicio, todo menos tomar de nuevo esas pastillas que me mantenían adormilado todo el tiempo. Vivianne lo llama "matarme lentamente" yo le llamo "supervivencia".

―Llegamos señor.― Escucho al chofer y veo como abre la puerta para que me baje.

―Cena, que nos tardaremos.― Le indico y luego entro al hotel mientras mi móvil vuelve a vibrar.

MENSAJE NÚMERO DESCONOCIDO: [Mira que si tuviste algo que hacer antes, no hay ningún problema, sólo es cuestión de que me digas y todo queda perdonado... por ahora.]

Vuelvo a ignorar el mensaje, lo borro. Entró al hotel y después de llegar a la salón del evento tomo una copa que el mesero me ofrece al entrar.

―¿Señor Valois? ― Escucho la voz de una chica que se acerca de pronto. Veo que es una reportera así que la ignoro.― Señor, es importante.

―Ahora no, no me interesa.― Contesto educadamente. Camino hacia mis socios y los saludo, me tomo la copa con ellos y mi móvil vuelve a vibrar.

MENSAJE NÚMERO DESCONOCIDO: [Lo siento, ya el último. Sólo quisiera decirte que eres un cabrón bien hecho y que jamás en la vida vuelvas a buscarme ¡Idiota!]

―Si tú lo dices.― Murmuro mientras vuelvo a borrar el mensaje y continuo hablando sobre los negocios que tengo que cerrar pronto.

La velada continúa y las copas corren entre nuestras manos haciendo brindis por doquier, los puros se encienden, las risas ya no se disimulan y yo me encuentro en una esquina observándolos a todos. Hoy debería estar en mi casa cenando con mi Nadine y me encuentro rodeado de los dueños de las empresas más grandes borrachos a mas no poder y riéndose de las anécdotas con la secretaria.

―Me voy.― Les comunico mientras me acerco a ellos y les doy la mano.

―¡Ey! Valois...¿Cómo que te vas? De aquí nos iremos con los coreanos al karaoke, y tal vez... con unas sugar babies.― Y se ríe.

―No gracias, mañana tengo que despertarme temprano. ― Miento y luego salgo del lugar sin prestar atención a todas los ruegos de mis homónimos que sólo quieren seguir la fiesta.

Una tormenta cae afuera, así que uno de los empleados del hotel me escolta con una paraguas hasta la puerta de mi camioneta. Le doy propina y luego me subo con el abrigo ligeramente mojado.

―Vamos a casa.― Le comunico al chofer y él sin pensarlo dos veces maneja hasta mi piso que se encuentra a unas cuadras de ahí.

Antes solía vivir en una casa enorme a las afueras de la ciudad sin embargo, después de que mi familia murió decidí venderla con todo y muebles y refugiarme en un piso más chico, uno que prácticamente sólo fuera para mí. Al llegar me bajo sin esperar al chofer y camino hacia la entrada del edificio para después subir en el elevador y llegar a mi piso que se encuentra hasta arriba, casi tocando el cielo. Me quito el abrigo lo dejo sobre el sofá, tomo la correspondencia que Vivianne fue a dejar como todas las tardes junto con los papeles que debo revisar detenidamente y la pongo sobre la barra de la cocina.

Me dirijo a mi habitación, me quito la ropa para darme un duchaso rápido y quitarme el frío. El agua caliente me reconforta, me hace sentir que estoy vivo mientras ésta quema mi piel. últimamente hago este tipo de cosa para sentirme vivo, sentir el calor en la palma de mi mano, el frío intenso en el invierno, hasta el picante en la comida... y eso que no solía comerlo.

Salgo, me pongo ropa más cómoda, me preparó un té y me siento en la sala para comenzar a revisar todos los papeles, no sé si son las once o las doce de la noche, sólo sé que este día ha terminado y que he sobrevivido como lo hago desde hace cuatro años.

―Feliz aniversario mi vida.― Murmuro y luego me levanto del sofá y me voy a la cama.

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