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Portada de la novela El CEO Olvidado

El CEO Olvidado

Lo que comenzó como un matrimonio por contrato bajo las órdenes de Don Paolo se convirtió en un vínculo sincero entre Luka Gentile y Alicia Mastrani. Pero la tragedia golpea su realidad, forzándolos a reconstruir su vida en un escenario de extrema hostilidad. Luka, el antiguo huérfano que ahora lidera la mafia, luchará por salvaguardar a Alicia ante amenazas inéditas. En este relato de venganza y celos, su amor enfrentará el desafío final por la supervivencia.
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Capítulo 3

Capítulo 2 - Mi corazón desgarrado

Luka:

¿Explicarles que había pasado con mi esposa? ¿Qué cara*jos sabía yo que había pasado con ella? Solo sé que un día regresé a casa y no estaba. Tenía mil llamadas perdidas de Renzo, pero mi móvil había elegido el peor momento para quedarse sin batería. Yo había tenido que hacer un viaje corto, solo fue un día y una noche; la primera noche que pasábamos separados desde que regresó de la Universidad, cumpliendo así con nuestra promesa.

‒ ¿En realidad debes irte? – recuerdo que me preguntó con algo de tristeza

‒ Sí, mi amor, debo ir. Sabes que murió el gerente del muelle y debo nombrar un reemplazo

‒ Pero todo el mundo ya sabe quién será su remplazo, el Dr.Castaldo

‒ En eso llevas razón, pero debe hacerse de manera formal, pues el nombramiento es frente al consejo o no tendrá valor legal, y Leandro Castaldo, por su condición de abogado, no aceptará si lo hago de otra forma

‒ Ustedes y sus formalidades, ojalá la tuvieran a la hora de ma*tar gente

‒ Alicia, no seas así, sabes que hace muchos años que no lo hacemos

Ella estaba claramente molesta y tenía razón, pero ese hecho no hacía que me doliera menos el reproche hacia mi oscuro pasado.

Traté de abrazarla, para poder calmarla un poco, pero fue inútil, se soltó de mi agarre

‒ Perdona Luka, no quise ser grosera, solo que me acostumbré a estar contigo y no quiero separarme ni un momento de ti

‒ Yo tampoco lo quiero, si no fuera un viaje tan corto te diría que fueras conmigo junto con los ni*ños, pero me voy en una hora y mañana a la noche estaré para cenar

Ahora era ella quién me abrazaba y con fuerza, por supuesto yo le correspondí, es que el calor de su cuerpo junto al mío era mi dro*ga favorita

‒ Llévate a Renzo – espetó de repente

‒ No, ¿cómo crees?, él es tu custodio

‒ Anda, me sentiría más tranquila. Tengo un mal presentimiento y sé que Renzo te cuidará a costa de su propia vida

‒ Eso es cierto, pero yo me iría intranquilo sabiendo que te quedas sola

‒ ¿Sola?, Luka, estoy en casa, rodeada de un montón de tus hombres, solo Renzo no estará, pero David me cuidará bien – me sonrió ampliamente – además, será solo hoy y mañana, tú mismo lo dijiste – hizo una breve pausa y su sonrisa se borró – a menos que sea como la vez que me prometiste que vendrías un viernes y nunca llegaste

‒ ¿Eso fue un reproche señora Gentile? – sonreí para apaciguar el ambiente, pero ella permanecía seria

‒ Nunca me contaste lo que sucedió en realidad y por qué no llegaste

‒ ¿En serio quieres hablar de eso ahora, luego de tantos años?

‒ Es que siempre tuve el temor de que se repitiera, de que no volvieras

Comenzó a llorar, la estreché aún más contra mí

‒ Mañana, durante la cena, te contaré con lujo de detalle lo que sucedió en Paris y porque decidí no venir a último momento. Pero ahora debo irme – le tomé el rostro con ambas manos y la besé, con un beso que quise quedara grabado. Ella me correspondió con más vehemencia aún – No importa lo que pasó, ni las tonterías que hicimos en el camino, lo único que importa es que estamos juntos, con una hermosa familia y te amo con todo mi ser

‒ Yo también te amo – le sonreí y me separé de ella, ya cuando estaba en la puerta - ¡Luka! – volteé a verla – vuelve a mi

‒ ¡Siempre! – y me fui

Esa fue la última vez que la vi, hasta que la observé tendida en el mojado suelo bajo la lluvia y casi sin ropa. ¿Qué iba a decirle a esa enfermera, que me miraba de manera inquisidora, esperando de mí una respuesta que no podía darle?

‒ Señor Gentile, ¿me escuchó?

‒ Fuerte y claro, solo que no sé qué le sucedió. Hace un par de semanas que desapareció y la he encontrado recién, en ese estado. Supongo que alguien le hizo daño, pero no sé qué fue

‒ ¿Eso es lo que va a declarar?

‒ ¿Declarar? – realmente me había sorprendido la pregunta

‒ Sí, cuando venga la policía

‒ ¿Policía? – cada vez me sorprendía más

‒ Es que en el estado que llegó la señora Gentile, claramente agredida, no podemos dejar de denunciar

‒ Sí, claro, hagan lo que tengan que hacer – realmente no pensé que la policía se involucrara, pero tenía contactos, además yo no le había hecho nada. Pero la mirada de la enfermera no me gustaba en lo absoluto, así que le pregunté - ¿tengo que llamar a mi abogado?

- Sí usted lo cree necesario

Esa mujer estaba sacando sus propias conclusiones y estaba segura de que había sido yo quien agrediera a mi esposa. No creía que fuera un rapto con agresión, sino que una tema de violen*cia doméstica. Y nada más lejano, yo me cortaría una mano, sino ambas, antes de ponerle un dedo encima a Alicia de manera violenta. Pero ya estaba siendo juzgado, así que cogí el móvil

‒ Luka, buenas noches, ¿Qué sucede?

‒ Hola Leandro, disculpa que te llame tan tarde, pero encontramos a Alicia…

‒ ¡Oh por Dios Luka!, ella está bien

‒ No, no lo está, es más está muy mal

‒ ¿Qué necesitas?

‒ Mira, antes de que haga mi declaración, parece ser que ya han decidido que yo soy quien la he lastimado…

‒ Pero eso no puede ser, tú la adoras, no le pondrías una mano encima

‒ Bueno, no es lo que parecen creer en el hospital, así que necesito que vengas, no como mi amigo, sino como mi abogado, pues creo que te necesitaré

- Cuelgo contigo y salgo para allí, dime en que hospital está

Al colgar con mi abogado me llamó la enfermera.

‒ Señor Gentile, hemos llevado a su esposa a una habitación. Acompáñeme y podrá verla

Sin emitir ni una sola palabra, asentí con la cabeza y la seguí en total silencio. Esa mujer ya se había formado un juicio de mí y parecía odiarme. Así que por el bien de Alicia y de la situación, me mantuve callado.

Al ingresar a la habitación mi corazón se paralizó. Allí se encontraba Alicia, mi amada Alicia, inconsciente, con su rostro casi irreconocible por lo lastimado e hinchado y la cabeza vendada.

‒ Está sedada, así dejamos que salga del shock

Dijo una voz grave detrás de mí. Al voltearme reconocí al Doctor Santino

‒ Doctor, dígame que se va poner bien

‒ Sus heridas son profundas y graves, pero a nivel físico se mejorará, le va a llevar tiempo pero lo hará. Ahora su mente es lo que me preocupa

‒ ¡Qué!, ¿su mente?

‒ Sí, antes de dormirla estuve hablando con ella y le hicimos una tomografía

‒ ¿Y qué sucede?

‒ Sucede que no recuerda nada, Luka, en éste momento no sabe ni quien es

‒ Pero se le pasará, ¿no?

‒ Esperemos que sí

‒ ¡¿Cómo que esperemos?! - rezongué

‒ Es que no te lo puedo asegurar.

‒ No me diga eso… - mi corazón sintió una punzada

‒ No puedo mentirte. Yo creo que irá recuperando la memoria, pero hay que tener paciencia. Por ahora está muy confundida, no debes presionarla, deja que se tome el tiempo que necesite

‒ Así lo haré, gracias

‒ Ahora te dejaré solo con ella, si me necesitas estaré en la sala de doctores

No le respondí, cuando abandonó la habitación, me acerqué muy lentamente a la cama, cada paso que daba retumbaba en mi cabeza. Cuando estuve a su lado, tomé la mano que tenía libre de catéteres y se la acaricié con ternura. Necesitaba que me dijera algo, pero al mismo tiempo no quería despertarla. Bien había dicho el doctor, tenía que tener paciencia, esa cualidad que nunca tuve, ahora debía sacarla de debajo de las piedras por Alicia, mi dulce esposa.

No pude evitar llorar, mi corazón se sentía desgarrado, nunca en toda mi vida había experimentado un dolor tan grande y me sentía culpable, en realidad no solo me sentía, lo era. Nunca debí irme y dejarla sola, ella me lo pidió antes de marcharme, solo debí hacerle caso. El dolor y la culpa me estaban consumiendo, pero más la culpa. Verla tumbada en esa cama, en ese estado, tan frágil, no podía imaginar lo que había pasado estas dos semanas, la desesperación que tendría porque la encontrara y rescatara. Pero yo nunca llegué, no la salvé, solo la dejaron como un despojo bajo la lluvia. Era un mensaje para mí, lo veía con claridad, pero lo que no podía saber de quién y porqué. Estos últimos años he estado alejado de todo lo que pudiera poner a mi familia en peligro, pero no había sido suficiente. Alicia estaba pagando las consecuencias de haberme convertido en alguien tan confiado. Debí escuchar más a Renzo, él siempre fue muy cauteloso, pese a mi insistencia en que todo aquello había quedado atrás. Ahora, aunque lo lamentara sobre manera, debía darle la razón

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