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Portada de la novela El Ceo es mi Tutor

El Ceo es mi Tutor

La vida del exitoso y mujeriego CEO Vincent da un vuelco cuando su antigua pareja regresa tras décadas para dejar a su hija Alicia, de 21 años, bajo su tutela. Aunque la joven aparenta tener una discapacidad intelectual, en realidad es una brillante políglota con un plan secreto para emanciparse. Pese a llevarse trece años, la convivencia forzada y el entorno laboral despiertan una atracción prohibida que pondrá a prueba el control de ambos.
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Capítulo 3

Definitivamente el hombre era mucho más intimidante en la vida real que en la foto. Los ojos de él parecían que podrían atravesarla por la intensidad que la mirada y ella solo podría apretar las manos en su regazo.

¿Qué madre loca dejaba a una joven en casa de un tipo que no había visto en 20 años por muy ex que fuera?

Pues la suya.

Muchas veces había pensado que su madre tenía más de un tornillo suelo, no ella como todo el tiempo Liliana le decía. Sin embargo, con el paso de los años se había dado cuenta que no había una sola cosa que hiciera su madre en vano. Quitando todo aquello, Alicia prefirió estar en aquel penhouse con un total desconocido que en su casa con su madre y su padrastro.

Vincet al ver que ella no respondía frunció el ceño y la soltó. Se dejó caer de nuevo en el butacón y recostó su rostro en su mano, sin dejarla de enfocar. Tenía un sueño brutal, pero era lo suficientemente adulto para saber que no podía dejarla dormir sin decirle al menos algunas cosas.

La recorrió de pies a cabeza por unos segundos. Mostraba la edad que decía, era joven, su rostro no era la mayor belleza del mundo, pero tenía unos rasgos suaves que llamaban la atención. Sus labios eran carnosos, aunque no llevara ni una pizca de maquilla. Su cabello lo tenía largo cayendo por su espalda de color chocolate y en suaves ondas que en parte enmarcaban su rostro junto a un flequillo. Se notaba delgada a pesar de la ropa holgada que tenía puesta y era mucho más pequeña que él en varios sentidos.

En resumen, era el tipo de mujer que no despertaba el deseo sexual en él en lo mínimo, al menos estaría a salvo dentro de la casa. Ah, maldición, en qué momento había aceptado aquello.

-¿Cuál es tu nombre?- le preguntó él en tono duro.

-Alicia- ella le respondió sin vacilar mirándolo al rostro como él le había dicho antes. Ella aprendía rápido.

-Bueno Alicia, he llegado a un acuerdo con tu madre y estarás aquí por los próximos meses, pero no será gratis- la vio tensarse. Se imaginó por qué- En esta casa hay reglas y no me gusta que sean rotas. Incumple una y te pondré en la calle. No tengo ninguna deuda moral contigo para no hacerlo.

Alicia tragaba pesadamente ante las palabras de él. Al menos solo debía seguir reglas.

-No te diré todas hoy pues estoy realmente cansado. Mañana debo volver temprano del trabajo y mi secretario te pondrá al tanto de todo, pero por ahora, nunca me reclames, no robes nada de la casa, si lo haces ya sabes dónde vas a terminar. No te metas ni en mi vida ni en mi casa, muchas mujeres intentan hacerlo para sacarme dinero, ninguna lo ha logrado. No me pidas dinero a menos que yo te lo dé, espero que tu madre te haya dejado el suficiente para mantenerte este tiempo y… -se inclinó hacia adelante-  llámame Ceo cuando estemos aquí- concluyó.

Alicia solo pudo asentir ante cada una de las reglas que la mayoría no era novedad. Era un hombre que por lo que sabía estaba soltero y vivía solo. A nadie le gustaría que le interrumpieran su vida de ese modo.

Él alzó una ceja a no haber reclamos por parte de ella y sonrió levemente.

-Si entendiste todo pues vamos a dormir de nuevo, a diferencia de algunos tengo más trabajo del que deseo en estos momentos y estoy agotado- se levantó y caminó pero la chica no se movió del asiento- ¿Qué haces? Sígueme, te mostraré la habitación.

Alicia rápidamente agarró la única mochila que había traido consigo y lo siguió. Vincet atravesó la sala y se detuvo delante de una puerta debajo de la escalera. Al abrirla y encender la luz mostró una habitación que estaba acomodada y era mucho más amplia que la que ella tenía en su casa. La cama era grande y cubierta de sábanas limpias, había alfombra de pelos en gran parte del suelo, un armario que ella nunca podría llenar y un ventanal que daba a un balcón.

-Esta es la habitación de invitados, puedes quedarte aquí de momento. La puerta de al lado es el baño general del piso.

-Gracias… Ceo- la voz de ella también era suave, aunque ya no sonaba tan nerviosa como al inicio.

Él inclinó la cabeza con las manos en los bolsillos de su pantalón de dormir.

-No deambules por la casa como si esta te perteneciese y no traigas gente aquí- al parecer había muchas más exigencias. Tras esto se dio media vuelta para subir las escaleras, pero antes de subir otro escalón se detuvo y la miró por encima del hombro- La nevera de la cocina no tiene muchas cosas porque no suelo comer aquí, pero algo debe servir- y después de esto Alicia si lo voy subir por completo la escalera y desaparecer.

Solo cuando ella escuchó el sonido de la puerta de él cerrarse pudo respirar con más calma. Entró en la habitación cerrando la puerta y desplazándose por ella. Sus manos se apretaron en torno a ella y contuvo las lágrimas de sus ojos.

Había sido mejor de lo que había pensado. Eso no quitaba que su futuro fuera incierto los próximos meses. La gente cuando tiene dinero es muy impredecible. Por el momento debía centrarse en sus objetivos para poder romper las cadenas que arrastraba.

***

Vincet abrió los ojos con la alarma junto con la llamada de su secretario.

-¿Qué quieres?- respondió de mal humor después de apenas poder dormir. Tener a alguien más ajeno en su casa no era un tema casual.

-¿Qué fue ese mensaje que me escribió en mitad de la noche?- la voz exasperada de su secretario sonó taladrante para la cabeza de Vincet.

-Lo que leíste. Los detalles te los cuento en el auto.

-Pero… pero… cómo aceptó algo como eso. Es una mujer metida en su casa. Eso… eso…

Vincet chasqueó la lengua y se volteó sobre la cama.

-Lukas por favor, es muy temprano. Todavía lo estoy procesando. Más bien, búscale un alquiler por estos seis meses, así me la quitaré de encima.

Unos segundos de silencio.

-Eso sonó bastante cruel de su parte después de comprometerse a cuidarla.

Eso hizo que Vincet se sentara en la cama.

-¿Y qué quieres? ¿Qué deje a la chica todo el tiempo en mi casa como si fuera la reina y señora? Lo mío con Liliana fue apenas pocos meses hace 20 años y ahora me suelta a su hija así sin más. Si tanta lástima te da puedes dejarla quedarse en tu casa.

-Calma jefe- Lukas era además de su secretario, chofer y mano derecha, un amigo de años y confidente- Mejor hablémoslo cuando lo pase a recoger. La chica tampoco tiene la culpa de que su madre la haya dejado con usted, así como así. Y si me comenta que tiene su cierto retraso mental ella también debe estar sufriendo, si se deja sola no sabemos que pueda pasarle.

Vincet tomó una respiración profunda y contuvo una palabra mal dicha. Sin embargo, Lukas era la persona que siempre lo ayudaba cuando estaba en este tipo de situación complicadas. Así que mejor esperaría a hablar con él. Fue entonces que un olor delicioso entró por debajo de la puerta. Su boca comenzó a salivar.

Su casa normalmente no olía así a menos que… hubiera comida. ¿Qué estaba haciendo esa chica?

Se levantó de la cama y caminó en dirección a la cocina de dónde provenía y se quedó en seco ante la imagen que encontró.

Alicia estaba delante de la estufa cocinando algo en lo que no se fijó. El delantal enmarcaba la cintura de ella que le resultó un poco preocupante con lo pequeña que era, pero más que eso, su cabello recogido y el cuello bajo de su blusa dejaba a la vista una nuca blanca, delgada y elegante, zona de cuerpo que para Vincet era sumamente tentadora, y antes que se diera cuenta pasó la punta de su lengua por sus labios.

Al parecer ante la presión de ser vista Alicia se giró y se sobresaltó al verlo allí parado.

-Buenos días, Ceo- saludó ella algo tímida al haber sido descubierta.

-¿Qué haces?- fue una pregunta estúpida por parte de él pero para quitarle interés cruzó los brazos sobre su pecho.

-Estoy preparando el desayuno. Dijo que podía usar lo que estaba y no es lo mejor, pero…- su rostro se giró hacia la mesa donde había algunos platos sencillos preparados pero que se veían mejor que lo que Vincet imaginó.

Él alzó una ceja y su estómago amenazó con gruñido. No recordaba la última vez que alguien había cocinado para él. Así que se giró hacia ella con el ceño fruncido.

-¿Qué quieres a cambio?

Ella pestañeó algo confundida.

-No entiendo su pregunta- se rascó la mejilla incómoda- Si no le gustó yo…

-Todas las personas que se me acercan es por una razón, y las que hacen cosas por mi después quieren algo a cambio.

Alicia apretó los labios ante las rudas palabras, pero no se quedó callada.

-Yo… no deseo algo de usted. Simplemente hice el desayuno. Es lo menos que puedo hacer cuando me dejó dormir en una cama cómoda bajo un techo, en vez de botarme a la calle como haría alguien racional.

Vincet se quedó callado. No había vacilación en ella. Se corrió el cabello hacia atrás y se giró en dirección a la mesa. Contra lo que había dicho ella… era complicado refutar. Bueno, él había hecho eso que ella decía, por lo que… estaban a mano.

-Termina de cocinar y ven a desayunar. Tengo algunas cosas que decirte.

Alicia apagó la estufa y puso las salchichas cocidas en un plato y se unió con él en la mesa.

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