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Portada de la novela El Arte del Sexo

El Arte del Sexo

Daviana Morris ha trabajado un año para Connor Gershon, pero el retorno de Michele, el auténtico dueño de la compañía, lo cambia todo. Ella cae rendida ante el aura misteriosa de su nuevo superior, transformándose en el objeto de sus deseos más profundos. Pese a que Michele anhela poseerla y explorar su intimidad, Connor no está dispuesto a dejarla ir y busca seducirla. Daviana ignora que, en este juego de poder, Michele desconoce que ella aún es virgen.
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Capítulo 2

La respuesta de su jefe y en el tono que se lo dijo no le agrado a Daviana, sin embargo a ella solo le quedo asentir y salir lo más rápido que pudo de su oficina.

—Todavía deseo ese café, señorita Morris.

La castaña se tensa, y después de dejar los trozos de la taza en el cesto de basura se encaminó a buscar otro café para su jefe. Era increíble que después de todo ese tiempo trabajando en esa empresa le ocurriera una cosa como esa.

Mientras que esperaba a que le sirvieran un nuevo café, la castaña rememoro lo que vivió en esa oficina… luego niega, puesto que no tenía sentido que estuviera recordando cómo se lo chupaban a su jefe.

La verdad es que se sentía bastante avergonzada por pillarlo en medio de una escena de sexo.

Al cabo de varios minutos Daviana vuelve a subir a su piso con un nuevo café en manos, al ingresar en la oficina de su jefe deja la taza de porcelana sobre su escritorio aparentando estar completamente normal.

—¿Se le ofrece otra cosa señor Gershon? —el pelinegro levanta la mirada para verla, pero solo hace eso mirarla.

—No, por ahora.

—Con su permiso.

Daviana se aleja y el joven CEO únicamente admira las curvas de su caderas, se reclina en su silla confirmando que esa castaña realmente estaba bastante bien. Todavía seguía pensando cómo es que no se la había llevado a la cama antes.

Sonríe, puesto que piensa que sería bastante divertido seducir a esa chica. La verdad es que se imaginó que sería muy fácil, todas eran muy sumisas y eso le encantaba.

[…]

Después del almuerzo, Daviana regreso a su puesto de trabajo a preparar todo para una junta que su jefe tenía esa tarde. Estaba un poco apurada puesto que tan solo le quedaban unos pocos minutos y todo por llegar tarde ese día.

—Joder, tendré que empezar a madrugar.

La castaña toma algunas capetas de su escritorio para ponerse en pie y llevarlas a la sala de junta cuando la puerta de la oficina de su jefe se abre y por este sale el mismo. Daviana se tensa y permanece sentada en su escritorio viendo fijamente a Connor.

Su jefe camina hasta su escritorio y termina por sentarse en la esquina del mismo, Cosa que no había hecho en todo un año de trabajo.

—¿Ya tienes todo listo para la junta? —la forma en la que le hablo la hizo sentir incomoda.

—Si, en este momento iba a llevar estas carpetas con la información que me pidió —Connor la observa fijamente presintiendo que ella estaba como nerviosa.

Su idea de llevarse a su secretaria a la cama era irse poco a poco, aunque siempre le resultara fácil, sospechaba que con ella tendría que irse un poco despacio. En todo un año de trabajo esa chica nunca se le insinuó y eso le decía que no era de esas fáciles.

Luego de pensar mucho en su oficina término llegando a esa conclusión, las demás siempre eran las que lo buscaban para coger, pero ella no…

—¿Ah sí?, entonces, te he interrumpido.

—¿Se le ofrece algo señor Gershon? —el corazón de Daviana latía a toda prisa, y no era por tener a su jefe tan cerca, la verdad es que nunca se sintió atraída por él, si no era por el hecho de haberlo pillado follando con una mujer en la oficina.

—Siento que estas muy nerviosa, ¿no me digas que es por lo qué ha ocurrido esta mañana? —Daviana se pone en pie llamando la atención del CEO.

—No señor, lo que he visto no es de mi incumbencia. Con su permiso.

Él la ve salir despavorida lo que causa que una sonrisa escapara de sus labios, bueno era posible que no le fuese tan indiferente a esa chica.

[…]

Cuando al fin la maldita junta termino, Daviana se encontraba oculta en el baño que estaba frente de su oficina. La joven mira su reflejo en el espejo notando que especialmente ese día estaba más demacrada que nunca.

—Joder —musita cerrando los ojos.

Con tantos problemas que tenía en su casa como para que su trabajo le sumara más preocupaciones, no podía dejar de trabajar solo por el incidente de esa mañana. Necesitaba olvidar eso y concentrarse en su trabajo.

Suelta el aliento y vuelve abrir los ojos, luego de eso, maquilla un poco sus ojeras sintiéndose lista para salir a terminar con su jornada de trabajo.

Daviana vuelve a su escritorio con su cartera en la mano y tan distraída estaba que no se fijó donde la puso y la misma terminó en el suelo desperdigando todo su contenido.

—¡Ay mierda!

[…]

Los números que marca el asesor transcurrían de una manera bastante lenta hasta que por fin marco el número indicado y las puertas metálicas se abrieron después del sonido del timbre.

En lo que Michele Gershon sitúa un pue fuera del elevador lo primero que observan sus ojos verdes es la redondez de un hermoso culo, una joven se encontraba debajo de un escritorio y en una posición bastante comprometedora para estar en una oficina.

El pelinegro frunce el ceño al mismo tiempo que introduce sus manos en los bolsillos, se queda observando a la mujer quien parecía recoger unas cosas del suelo y entonces es cuando repara que un pintalabios que se hallaba entre sus zapatos.

Pero él no hace nada al respecto y espera paciente a que ella se diera cuenta del mismo, la verdad es que le parecía bastante excitante verla a gatas sobre el suelo, el CEO no le quita los ojos de encima aun cuando no podía verle el rostro.

—¿Dónde está mi…?—la oye decir y se imaginó que debía ser el labial que se encontraba entre sus zapatos.

Daviana busco como loca su labial debajo de su escritorio, pero no lo encontraba, la joven se metió un poco más adentro, pero no estaba; y entonces diviso el mismo por la rendija entre el piso y la madera de la mesa.

Pero lo que vio no le gusto, puesto que su labial se encontraba en medio de unos zapatos muy parecidos a los de su jefe, traga saliva en seco puesto que estaba debajo de la mesa. Si su día era el peor, ahora con eso se convertía en tragedia.

La joven se arrastra hacia atrás para salir debajo del escritorio y enfrentar a su jefe, pero al quedar arrodillada al lado de su mesa de trabajo e intentar levantarse Daviana se queda petrificada donde estaba.

Su corazón sintió como una especie de infarto, y hasta juro que se le olvido como respirar. Lo único que podía hacer era pestañear ante la presencia de aquel hombre que la miraba fijamente sin parpadear.

¡¿Quién era ese hombre?!

Se pregunta aun de rodillas.

Detalla sus atuendos, percatándose de que iba perfectamente entallado con un fino traje oscuro, y aquel porte tan fascinante y distinguido que la hizo sentir que todos sus músculos se tensaron.

Era la primera vez que la presencia de un hombre la electrizaba de esa manera, eso no era usual en ella, la verdad es que era bastante difícil que un hombre le hiciera sentir de esa manera.

Su cabeza siempre estaba en otro mundo.

De pronto Daviana pestañea varias veces al notar que ese hombre ante ella eleva un poco las cejas, la joven niega y frunce un poco el ceño.

—Creo que esto es tuyo —el pelinegro baja la mirada y ella hace lo mismo, mira su labial en el suelo y es cuando cae en cuenta de que seguía arrodillada como idiota en el suelo.

Cuando Daviana intenta argumentar algo y lograr ponerse en pie, la puerta de la oficina de su jefe se abre; ella se sobresalta mirando hacia la misma.

—Señorit… ¿Padre?

< ¿Padre? ¿Cómo que padre?>

La castaña se pregunta llevando la vista hacia el fornido hombre que había llegado, y luego la llevo hacia su jefe.

< Pero si no se parecen en nada>

Pestañea no entendiendo absolutamente nada y es cuando recapacita y termina por ponerse en pie.

—Padre, no te esperaba…—Connor observa a su padre quien no le quitaba los ojos a su… secretaria.

—¿Eso no es una bienvenida? —al fin Michele voltea a ver a su hijo.

El CEO mayor no se había movido de donde estaba, y es que no deseaba hacerlo, no al menos hasta que esa castaña se acercara para recoger su labial. Resulto ser una joven bastante atractiva de ojos muy peculiares.

Sin duda alguna capto toda su atención.

—Disculpa, es que no me llamaste para informarme de que venias.

—¿Tengo que hacerlo?

—No, claro que no.

—Veo que tienes secretaria nueva —el pelinegro mira a la secretaria nueva con gran interés, mientras que ella lo observaba toda sonrojada.

Connor detecta esa mirada en su padre que lo hizo darse cuenta de las intenciones del mismo, no había que ser muy inteligente para darse cuenta de que su secretaria le resulto interesante a su papá.

—Ella es la señorita Morris —Michele no muestra ninguna expresión ante la presentación, simplemente se limita a mirarla.

—Me parece que aquí se halla una de sus pertenencias —Daviana recuerda su labial y ensancha la mirada, luego de eso camina con algo de torpeza hacia donde estaba su pintalabios.

En lo que se agacha, Michele detecta de inmediato que su hijo le mira el culo a su secretaria y llego a preguntarse si esos dos ya tenían una historia interesante. Luego el CEO baja la mirada hacia la castaña para verla recoger el labial, en lo que ella se incorpora ambos conectan sus miradas.

Y es cuando él visualiza el color de esos enormes ojos, sus pestañas eran largas y naturales y el ese color de ojos era tan llamativo que Michele se excito tan solo tenerla así de cerca.

—Disculpe, y mucho gusto señor Gershon…

Daviana regresa a su escritorio manteniendo la vista en los papeles que tenía en mesa, y es que no conseguía levantar la mirada puesto que la mirada del padre de su jefe la intimido mucho.

—Padre, ¿Por qué no pasas a la oficina?

—Claro…

Ambos ingresaron en la misma y cuando se encerraron fue que la castaña pudo respirar con normalidad… suelta el bolígrafo de su mano y mira las mismas temblar, toda ella era de gelatina, no entendía que le estaba pasando.

Luego ve la puerta de la oficina y piensa que ahora no sabía lo que iba a suceder, cuando empezó a trabajar en esa empresa estaba clara que el dueño no era Connor, pero es que nunca nadie le hablo quien carajos era el verdadero jefe.

Todo lo que oyó de él era que se la pasaba viajando haciendo negocios y expandiendo el negocio con muchas sucursales por todo el mundo. Que llevaba mucho tiempo que no pisaba la empresa y que la había dejado a cargo de su único hijo.

Pero en todo un año nunca vio una fotografía del hombre, hasta ese día…

—Mierda, ¿Cómo es que ese hombre es el dueño? —susurra.

Justamente tuvo que aparecer esa tarde, definitivamente ese día era como una montaña rusa para ella. Sus nervios estaban llegando al límite, Daviana muerde sus labios y cierra los ojos un momento, pero al hacerlo rememora esos ojos verdes que vislumbro cuando recogió el labial.

Al hacer ese contacto sintió que su coño reaccionó, fue como un despertar desde el fondo del mismo. En ese instante relame sus labios, puesto que comenzó a sentir un poco de calor.

Niega varias veces.

—No, no, no… ¿Qué demonios fue todo eso de las miradas?

[…]

Michele cerró la puerta detrás de él para luego ver la nueva decoración de su oficina, se notaba que su hijo había hecho muchos cambios durante el tiempo que él estuvo fuera, comenzando por la secretaria y terminando por su oficina.

—¿Qué le paso a mi secretaria?

—Se embarazo…—el chico sirve un trago y luego otro para tendérselo a su padre —. Tuve que buscarme otra, tu secretaria no deseaba seguir trabajando una vez que te fuiste —toma un trago —. Me pregunto porque.

Michele bebe un poco de su copa mientras camina por la oficina hasta llegar al gran ventanal detrás de su escritorio.

—¿Qué ocurre, padre? ¿Por qué has venido sin avisar?

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