Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El Amor Que Destruyó Todo

El Amor Que Destruyó Todo

Luna Rojas creía haber encontrado refugio en Ricardo, su prometido, tras la ruina de su familia. No obstante, la verdad es devastadora: él y don Emilio orquestaron la tragedia familiar y el deceso de su padre. Al entender que solo buscan robar su herencia intelectual para luego asesinarla, su afecto se transforma en un rencor gélido. La arquitecta decide renacer con un único propósito: ejecutar una venganza implacable contra quienes la traicionaron.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

El silencio en el pasillo se hizo denso, pesado. Los ojos de Ricardo pasaron de mi rostro pálido a la mancha de café en el suelo y luego de vuelta a mí. Una fracción de segundo de pánico cruzó por su mirada antes de que la máscara de preocupación se asentara en su lugar.

"Luna, mi amor, ¿qué pasa? ¿Te sientes bien? Estás pálida como un fantasma," dijo, acercándose con cautela.

Su voz, que antes era música para mis oídos, ahora sonaba como el siseo de una serpiente. Tragué saliva, forzando a mi cuerpo a relajarse. No podía derrumbarme. No ahora. Tenía que ser más lista que él.

"No es nada," mentí, mi voz un susurro tembloroso. "Solo... un mareo. Creo que no he comido bien." Era una excusa débil, pero era lo único que se me ocurrió.

Él pareció dudar, escrutando mi cara en busca de alguna señal de que había escuchado. "¿Estás segura? ¿Escuchaste algo? La puerta estaba abierta." Su pregunta era una trampa, una red lanzada para ver si yo caía.

Negué con la cabeza, bajando la mirada para que no viera el odio que ardía en mis ojos. "No, acabo de llegar. Se me resbaló el café, eso es todo. Soy una tonta."

Ricardo exhaló, un suspiro casi imperceptible de alivio. Me rodeó con sus brazos, atrayéndome hacia él en un abrazo que me provocó náuseas. Su olor, la sensación de sus manos en mi espalda, todo era una mentira. Sentí mi piel erizarse con repulsión, pero me obligué a quedarme quieta, a representar mi papel.

"Pobre de mi niña," susurró contra mi cabello. "Has pasado por tanto. Te prometo que todo va a mejorar. Yo cuidaré de ti."

Cuidar de mí, pensé con una amargura que me quemaba la garganta. Me cuidarás hasta que ya no te sirva para nada.

En ese preciso instante, una voz chillona rompió la escena.

"¡Ricardito!"

Sofía apareció al final del pasillo, caminando con el contoneo de alguien que se sabe dueña del mundo. Llevaba un vestido rojo tan ajustado que parecía pintado sobre su cuerpo. Pasó por mi lado sin siquiera mirarme y se colgó del cuello de Ricardo, plantándole un beso ruidoso en la boca.

"Te estaba esperando, mi amor. ¿Ya te deshiciste de tus pendientes?", preguntó, lanzándome una mirada de puro desprecio por encima del hombro de Ricardo.

Mi prometido, el hombre que supuestamente me amaba, no la apartó. Simplemente sonrió, una sonrisa cómplice que me heló la sangre.

"Casi termino, preciosa. Dale un minuto," respondió él.

Sofía hizo un mohín y luego su mirada se posó en mi mano, que aún sostenía los restos del asa de la taza rota. "¿Y esta qué? ¿Interrumpiendo como siempre?"

Antes de que pudiera reaccionar, Sofía dio un paso hacia mí y "tropezó". El café que llevaba en su propia taza, un americano hirviendo, se derramó sobre mi mano y mi antebrazo. El dolor fue agudo, quemante. Ahogué un grito, retrocediendo instintivamente.

"¡Ay, qué torpe soy!", exclamó Sofía con una sonrisa maliciosa. "Lo siento tanto, Lunita."

Miré a Ricardo, esperando, suplicando con la mirada que hiciera algo, que dijera algo. Pero él permaneció en silencio, con una expresión de leve fastidio, como si yo fuera una molestia que había interrumpido su día.

En ese momento, don Emilio salió de la oficina. Observó la escena con sus ojos fríos y calculadores: mi mano enrojecida, la sonrisa triunfante de Sofía, el silencio culpable de Ricardo.

"¿Qué es este alboroto?", preguntó con voz gélida. No esperó una respuesta. Su mirada se posó en mí. "Luna, espero que te recuperes pronto. Esta noche es la gala anual de la constructora. Ricardo y tú deben estar presentes. Es importante para la imagen de la empresa."

No era una invitación, era una orden. No me dio la opción de negarme. Simplemente dio por hecho que yo obedecería, como una pieza más en su tablero.

"Por supuesto, don Emilio. Allí estaremos," respondió Ricardo por mí, tomando el control de la situación.

Don Emilio asintió, satisfecho, y se marchó con Sofía pegada a su brazo, quien me lanzó una última mirada de victoria.

Cuando nos quedamos solos, Ricardo finalmente reaccionó. Me tomó del brazo y me llevó al baño de la oficina. Abrió el grifo de agua fría y puso mi mano quemada debajo del chorro.

"Tienes que tener más cuidado," dijo, su tono una mezcla de reproche y falsa preocupación. "Sofía puede ser... impulsiva. No le des motivos."

Me estaba culpando a mí. La rabia me subió por la garganta, pero la contuve. Mantuve mi rostro inexpresivo mientras él aplicaba una pomada y vendaba mi mano con una delicadeza que era obscena. Cada toque suyo era una tortura, un recordatorio de su traición.

"Gracias," musité, la palabra se sentía como veneno en mi boca.

"Haría cualquier cosa por ti," respondió él, besando mi frente.

Esa noche, mientras me preparaba para la gala, me encerré en el baño de nuestro apartamento. Miré mi reflejo en el espejo: una mujer con los ojos llenos de una tristeza que ahora entendía. La quemadura en mi mano palpitaba, un dolor físico que no era nada comparado con el dolor que sentía por dentro.

Fui al viejo baúl donde guardaba las pocas cosas que había logrado salvar de mi casa familiar. En el fondo, envueltas en un paño de terciopelo, estaban las herramientas de arquitectura de mi padre: su escalímetro de marfil, sus compases de precisión, sus lápices de grafito. Las tomé en mis manos, sintiendo el frío del metal. Eran una extensión de él, de su mente brillante, de su integridad.

Apreté con fuerza uno de los portaminas, la punta afilada se clavó en la palma de mi mano sana. El dolor agudo me ancló a la realidad, enfocó mi mente. No era un acto de autodestrucción, sino un juramento. Esta herida, este dolor auto infligido, era un recordatorio. Un recordatorio de lo que me habían hecho y de lo que yo les haría a ellos.

Guardé el portaminas en mi bolso. Era mi única arma por ahora. Un símbolo de que la hija del arquitecto que destruyeron iba a usar la precisión y la paciencia que él le enseñó, no para construir, sino para demoler. Iba a demoler su imperio de mentiras, ladrillo por ladrillo.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Renacer: El Arrepentimiento del Alfa y la Reina de la Serpiente
9.8
Tras ser humillada públicamente por Jacob, el Alfa que rompió su compromiso para elegir a su hermana, la protagonista enfrenta una segunda oportunidad. En su vida anterior, esta traición terminó en un matrimonio violento y un final fatal en el fuego. Ahora, tras renacer, decide ignorar el desprecio de su manada y cambiar su destino. En lugar de ceder al dolor, busca a Draco, el temido Rey Serpiente que intentó rescatarla, para elegirlo como su nuevo aliado.
Portada de la novela Cuando el Monstruo Era Mi Salvador
9.7
León Vargas, el implacable jefe de un cartel, busca una esposa. Tras ser drogada por su propio padre y Javier, su prometido, la protagonista es forzada a suplantar a su hermanastra Sofía. Javier planea retenerla como amante mientras Sofía usurpa su vida. Para salvar a su madre, ella acepta el trato, pero no será una marioneta. Decidida a vengarse de quienes la traicionaron, se adentrará en la mafia como una reina lista para reclamar justicia y poder.
Portada de la novela El Alfa multimillonario: seducción y venganza
9.5
Tras confesar su embarazo, Lira Clark es humillada y repudiada por el alfa millonario Sebastian Blackwood. En su momento más crítico, el enigmático Lucius Nightshade la rescata con la intención oculta de usarla en su venganza contra la familia Blackwood. Mientras emergen oscuros secretos de antaño, surge un triángulo de traiciones y fuerzas místicas. Lira se verá atrapada entre antiguos vínculos y nuevas alianzas en una intensa búsqueda de justicia y redención.
Portada de la novela Los ojos de mi alma
9.1
Alexa Scarlet Ángeles, líder de los 7 Santos y prodigiosa cirujana a sus dieciocho años, esconde asombrosos dones tras una tragedia familiar marcada por la traición. Su camino se cruza con Liam Snow Aragón, el gélido CEO de BS Internacional. Entre intrigas y acción, estos dos médicos vivirán un romance imprevisto que surge de la sed de venganza y oscuros secretos. En este duelo de voluntades, deberán descubrir si es posible que una vida pague por otra.
Portada de la novela Mi Esposa Fantástica
9.6
Zac libera el alma de Anita tras quinientos años de cautiverio. La demonio toma el cuerpo de la prometida de su salvador, pero pronto descubre una verdad devastadora: Zac fue quien la traicionó y asesinó junto a su hijo nonato en el pasado. Dividida entre la gratitud por su libertad y una furia ancestral, ella encara una encrucijada letal. ¿Consumará su venganza contra el hombre que amó o permitirá que los sentimientos resurjan entre tanta oscuridad?
Portada de la novela Renací el Día del Secuestro
9.0
Durante su viaje de graduación, la protagonista y su novio, Alfredo Barraza, son capturados. Para permitir que él escape y busque ayuda, ella se sacrifica enfrentando una terrible agresión. Aunque es rescatada, la difusión de un video del asalto destruye su reputación ante la sociedad. Lejos de apoyarla, Alfredo la abandona para proteger su futuro profesional. Tras ser empujada desde una azotea hacia su muerte, la joven despierta inexplicablemente el mismo día en que comenzó su pesadilla.