
El Amor Me Ruina
Capítulo 2
"La bodega está al borde de la quiebra, Mateo."
La voz de Isabel temblaba, sus ojos, normalmente tan llenos de confianza, ahora estaban nublados por una angustia que yo nunca había visto. Estábamos en el salón de nuestra casa en Jerez, un espacio que olía a roble viejo y a vino caro, el olor de su imperio.
"Una deuda multimillonaria. Mi padre dejó un desastre antes de morir. No puedo creer que nos esté pasando esto."
Dejé mi pincel sobre la mesa. Estaba trabajando en un pequeño retrato de ella, tratando de capturar la luz de la tarde en su cabello. Todo mi mundo se detuvo.
"Lo solucionaremos," dije, levantándome para abrazarla. "Juntos. Venderé mis cuadros, encontraremos una manera."
Ella se apartó suavemente, sus manos frías tomaron las mías.
"No es tan simple. Los acreedores vendrán por todo, Mateo. Por todo lo que es nuestro. No puedo permitir que te arrastren conmigo. Tú no tienes nada que ver con las deudas de mi familia."
Su plan era simple y brutal.
"Tenemos que divorciarnos," susurró, y la palabra sonó como un veneno en la habitación. "Será un divorcio falso. Solo en papel. Para protegerte. Para que no te quiten lo poco que te queda de tu familia. Cuando todo esto pase, cuando salve la bodega, volveremos a estar juntos. Te lo prometo."
Mi corazón se hizo un nudo. Cinco años de matrimonio, de haber dejado mi Sevilla natal, mis ambiciones, todo por ella, la mujer que me "rescató" cuando mi propia familia noble lo perdió todo. Ella era mi todo, y la idea de un papel que dijera que no éramos nada me destrozaba.
Pero vi el pánico en sus ojos, la desesperación. Y como siempre, mi único instinto fue protegerla.
"Haré lo que sea necesario," le dije, mi voz más firme de lo que me sentía. "Si esto te ayuda, lo haré."
Ella me besó, un beso salado por las lágrimas.
"Sabía que podía contar contigo," dijo. "Eres mi roca, Mateo. Siempre lo has sido."
En ese momento, creí cada una de sus palabras. Creí en su miedo, en su amor, en nuestra promesa. No tenía ni idea de que la única quiebra en esa habitación era la de nuestra verdad.
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