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Portada de la novela El amor del multimillonario

El amor del multimillonario

Traicionada por su esposo y su familia política, Kimberly Holden muere arruinada y embarazada. No obstante, el destino le otorga una segunda oportunidad al renacer. Decidida a obtener justicia, inicia un plan para destruir a sus enemigos y llevar su linaje a la cima del mundo empresarial. En medio de su implacable venganza, un poderoso y frío hombre de su pasado emerge con la firme intención de conquistarla y reclamar un lugar en su vida.
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Capítulo 2

Declan le habló a su esposa en un tono tan autoritario que cualquiera que lo escuchara diría que había cometido un robo.

"¿Dónde rayos estás? Le prometí a Valerie que podría usar ese collar en la subasta. ¡Necesito que me lo devuelvas en este mismo instante!".

Mientras le entregaba su invitación al personal en la puerta, Kimberly respondió con firmeza: "Mi abuela me dio esta joya como regalo de bodas. ¿Desde cuándo te crees con derecho a decidir quién puede usarla? ¿O acaso tu familia ha caído tan bajo que ahora depende de los regalos de boda de tu esposa?".

Su respuesta dejó a Declan sin palabras.

Generalmente, la joven soportaba todo en silencio, ¡esta era la primera vez que le contestaba de una forma tan desafiante!

Irritado, él gruñó con voz severa: "Te lo diré por última vez. ¡Devuélveme el collar o te juro que te vas a arrepentir cuando pierda los estribos!".

En el pasado, cuando hablaba en un tono tan gélido, significaba que se le había acabado completamente la paciencia. Luego dejaba de hablarle y la ignoraba por completo, una indiferencia que duraba al menos un mes.

Por más que Kimberly se humilló, jamás logró que Declan la quisiera aunque fuera un poco.

Al recordar su vida anterior, donde se había arrastrado como un perro sólo para ganarse unos gramos de su afecto, ella no sintió nada más que asco.

"Bueno, pues yo también te diré esto por última vez. ¿Por qué quieres usar el regalo de bodas de tu esposa para impresionar a otra mujer? ¿Eres un CEO, o simplemente un gigoló?", preguntó, evidentemente burlándose de su marido, "Adelante, enójate si quieres. La verdad es que me da igual".

Con eso, terminó la llamada, dejando a Declan temblando de rabia al otro lado de la línea. Después de todo, él siempre había sido el primero en colgar, nunca ella.

A su lado, Valerie murmuró con actitud inocente: "¿Kimberly se enojó porque quieres llevarme a la subasta? ¿Es por eso que no quiere prestarme el collar?".

Su comentario sólo provocó más furia al ya malhumorado hombre, quien se burló: "Ella simplemente me está desafiando para que le haga caso. ¡Apenas llevamos un año juntos y ya se volvió manipuladora y extremadamente celosa!".

Al ver la firme negativa de Kimberly a entregar el collar, Valerie se molestó, pero en lugar de demostrarlo, mostró una mirada de tristeza y agravio.

"Olvídalo. Será mejor que no asista a la subasta. Si ella está tan enojada por un simple collar, ¡imagínate cómo va a reaccionar cuando me vea contigo!".

"Si Kimberly quiere enojarse, déjala. Será una vergüenza para la familia Holden, no para la nuestra".

Habiéndose desahogado, Declan alborotó tiernamente el cabello de Valerie y murmuró: "No te preocupes, tú usarás ese collar de esmeraldas y serás la estrella de la subasta".

Llena de alegría, ella lo envolvió en sus brazos y exclamó: "¡Eres el mejor!".

Cuando Kimberly entró al lugar de la subasta, un miembro del personal se acercó para asesorarla: "Disculpe, señora Walsh, ¿puedo preguntarle sobre el artículo que va a donar?".

Ella lo miró e hizo una breve pausa antes de responder: "Me gustaría donar bajo mi propio nombre en lugar del de la familia Walsh. Sí se puede hacer eso, ¿no?".

Aunque el encargado se sorprendió al principio, enseguida asintió con la cabeza: "¡Por supuesto! Aquí respetamos los deseos individuales de todos los benefactores".

Luego de soltar un largo suspiro, Kimberly se humedeció los labios y acarició ligeramente el collar de esmeraldas que llevaba en el cuello: "Bien. Quiero donar esta gargantilla".

El asistente parecía asombrado, pues como profesional en la industria de las subastas, reconoció de inmediato el incalculable valor de la joya.

"Señora Walsh, si bien agradecemos su contribución, esta subasta apoya principalmente la caridad y fomenta la colaboración entre las familias de la alta sociedad, incluidos los Howard, y no funciona como una casa de subastas profesional. Esta gargantilla, elaborada con piedras únicas por los mejores artesanos y con importancia histórica, podría ser demasiado valiosa para tal ocasión. ¿No cree que sería un despilfarro subastarla aquí?".

Entonces, Kimberly sonrió levemente.

Ella sabía el valor del collar, el cual era un preciado obsequio de su abuela, y nunca había planeado venderlo. Sin embargo, recordó vívidamente cómo Valerie lo había subastado una vez sin su permiso para impresionar a los demás.

En aquel entonces, la joya había llamado la atención de Renee Howard, la anfitriona del evento, quien la compró al precio más alto, facilitando una asociación que elevó enormemente la posición de la familia Walsh.

Como verdadera dueña del collar, Kimberly quiso reclamarlo, pero Declan la tachó de loca cuando intentó hacerlo, la sacó a la fuerza y la encerró en el auto.

Después de eso, ella jamás volvió a asistir a ningún evento.

Por eso ahora, en lugar de permitir que otros se beneficiaran de sus bienes, decidió tomar el control por su cuenta.

"La caridad requiere una sinceridad genuina, lo que creo que coincide con las intenciones de la señora Howard al organizar este evento", dijo la joven, ganándose una mirada de admiración del miembro del personal.

"Sin embargo, tengo una pequeña petición", continuó ella, esbozando una sonrisa brillante, "Quiero presentar personalmente esta gargantilla porque nadie tiene un vínculo más estrecho con ella que yo".

El encargado se sorprendió por la inusual solicitud, pero considerando la naturaleza informal de la subasta benéfica y la posición de Kimberly como benefactora, accedió a complacerla.

"Claro, le avisaré cuando sea su turno de subir al escenario".

Ninguno se dio cuenta de que dos hombres en una habitación privada del segundo piso habían escuchado su conversación.

Uno de ellos, quien usaba un traje color champán y una camisa abierta que dejaba ver su musculoso pecho, tenía una presencia tan fuerte que sorprendería a cualquiera.

"Vaya, la señora Walsh es realmente generosa, está ofreciendo un collar muy impresionante e incluso va a presentarlo ella misma. ¡Seguramente dejará boquiabierto al comprador!".

Habiendo dicho eso, él se giró hacia la otra persona, quien estaba sentada en el sofá, y le preguntó: "¿Crees que sepa que tu abuela siempre ha querido esa joya?".

Chris Howard, el nieto de Renee, tomó un sorbo de vino y giró pensativamente su copa antes de responder: "¿No está casada? ¿Por qué vino sola?".

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