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Portada de la novela El amor al azar

El amor al azar

Sofía huye de la traición de quienes la desprotegieron, intentando borrar sus recuerdos con Rafael. En una playa aislada, su camino se cruza con el de Vicente, un hombre marcado por el rechazo de su alma gemela que busca alejarse del conflicto entre licántropos y vampiros. Lo que inició como una huida individual del sufrimiento se convierte en un vínculo inesperado que desafía sus cicatrices y transforma por completo el destino de ambos.
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Capítulo 3

Durante quince días, Sophia y Vicente se encontraron en la playa, evitando a los conocidos y divirtiéndose juntos, con bromas y conversaciones al azar, sólo para conocerse, sin detalles sobrenaturales, para evitar entrar en terreno prohibido, no sólo para Vicente, sino también para sus amigos. Su lealtad era para con ellos, y Sofía lo comprendió rápidamente cuando le vio dirigir las conversaciones hacia temas más tranquilos.

Vicente nunca lo admitiría, pero disfrutaba del tiempo que pasaba con Sophia, sobre todo cuando estaban solos en su casa, simplemente hablando tonterías y riendo. Era casi como volver a ser alguien normal, aunque en realidad nunca lo hubiera sido. No tenía conflictos, ni ideas para desviarse del camino de hombre lobo, no había nada que realmente le inquietara.

Y había sido capaz de hacerla reír de nuevo. La mirada muerta que había aprendido a reconocer ya no estaba allí. Había un resplandor que demostraba que Sophia estaba viva y hacía algo más que existir, y él la encontraba demasiado irresistible para su propio bien en esa forma, sobre todo al darse cuenta de que ella no tenía ni idea de eso.

Sophia realmente creía que por ser una mujer pequeña debía pasar desapercibida para todos, pero era todo lo contrario. Vincent había visto miradas masculinas siguiéndola a todas partes hasta que desapareció de la vista lo suficiente durante aquellas semanas.

- Me alegro de que la marcha de los vampiros haya servido al menos para algo. - dijo Sofía, después de que Vicente le contara cómo se habían producido los nuevos cambios en el pequeño rebaño.

Había sentido la necesidad de contar al menos ese detalle. Era bueno poder ser sincero con alguien que no lo interpretara como simple enfado hacia ellos por ser lo que eran.

Vincent cogió la mano de la humana, sonriendo al ver su piel temblorosa.

- A ti también te hizo bien volver a ser libre por fin. Sophia, ahora puedes hacer lo que quieras, sin miedo a tener los ojos de los chupasangres encima todo el tiempo... o mejor dicho, el tiempo que puedan estar en la calle.

Vincent se rió, desenfrenado como siempre que hablaba de los problemas que tenían los vampiros para sobrevivir, haciéndola suspirar, ocultando la sonrisa que le gustaba la burla.

- No lo es todo. Todavía me siento sola. - Dijo ella, sintiéndose lo suficientemente cómoda junto al lobo como para contarle ese detalle.

- Estoy aquí.

Sophia lo miró fijamente, pareciendo verlo por primera vez.

- Lo estás, ¿verdad?

Él sonrió, apretándole la mano.

- Sí, y... si quieres, puedo ofrecerte algunos beneficios extra.

Se rieron, aunque Vincent sabía que no se trataba de una broma ni de una propuesta tonta.

- Gracias, Vincent. - Dijo Sophia, aún sonriendo, hasta que realmente le miró a los ojos y sólo vio verdad.

Y en ese momento el aire pareció cambiar entre ellos. Viéndola así, tan tranquila, hermosa y aún irresistible, Vincent se dejó llevar por el momento. Sophia vio venir el beso, pero después de aquellos buenos momentos y del deseo que sentía cada vez que estaban muy cerca el uno del otro, no intentó evitarlo. Era demasiado tentador y quería saber cómo sería.

Estaba caliente, como parecía estarlo todo con Vicente. Sintió la gran mano enredarse en su pelo, que tiraba de ella hacia él. Suspirando, Sofía se dejó llevar también y pronto estuvo en el regazo del lobo, devolviéndole el beso como nunca antes lo había hecho, sus lenguas entrelazadas y sus manos explorándose, conociéndose.

Cuando se separaron, ambos jadeaban.

- No está mal, chico lobo. - se burló ella, sonriendo al ver que sus hermosos ojos grises la miraban sorprendidos, antes de reírse de ella.

- Yo digo lo mismo, chica lobo. - susurró Vincent, antes de que Sophia rompiera la pequeña distancia que los separaba y lo besara rápidamente.

...

- Tengo que irme a casa -dijo Sophia, mientras Vincent repartía besos por todo su cuello, con cara de diversión y fascinación al mismo tiempo.

Ella dejaba escapar pequeños suspiros cada vez que él le mordisqueaba el cuello, excitándolo y ansiando verla gritar su nombre mientras la hacía correrse.

- Sólo un minuto más", dijo Vicente, sintiéndola aún entregada en su regazo.

Al mismo tiempo que tenía ese intenso deseo de hacerlo todo con Sofía, tampoco tenía prisa, como si ambos tuvieran todo el tiempo del mundo. Lo que más le importaba era tenerla allí, entre sus brazos que la sostenían, no con fuerza, sino con protección.

- No... ¡Vincent!

Sophia, armándose de valor, se bajó de su regazo, riéndose de su cara enfurruñada.

- No pasa nada. Iré contigo hasta el coche. - dijo Vincent, sonriendo de nuevo para demostrar que sólo estaba bromeando, aunque ambos sabían que si Sophia lo deseaba, él no se quejaría de tenerla ahí con él, el mayor tiempo posible.

Continuaron en silencio, recordando los besos que habían intercambiado.

- Tú...

- ¿Mañana a la misma hora?

Los dos hablaron juntos y sonrieron tímidamente.

- Hasta mañana. - Dijo Vincent, dándole un último beso antes de que Sophia se fuera a su casa.

No estaba tan contenta como antes de alejarse de Vincent, pero no podía evitar sonreír. Estaba avanzando de verdad, con un chico que, a pesar de ser un cambiaformas, tenía su edad y era lo suficientemente guapo, de una forma que no la hacía sentir inferior.

Vicente, por su parte, sonreía solo mientras ordenaba el pequeño desorden que habían montado en su modesta habitación, sintiendo calor en su interior al recordar sus momentos juntos. Sólo deseaba que todo siguiera bien, después de que Lucas se controlara lo suficiente como para permanecer cerca de su mejor amigo.

Los dos ya habían hablado de ello y tenían intención de revelar que Sophia sabía de qué iban. Vincent tendría que compartirla con los demás y temía lo que pudiera pasar, sobre todo con Lucas cerca, que la conocía más de lo que él podría llegar a conocerla, a no ser que la humana se lo permitiera.

La inseguridad que surgió tras el abandono de Raquel volvió entonces con todo y, aunque no lo sabían, Vincent y Sophia actuaban en sincronía.

Ambos cenaron en silencio -incluso Sophia que contaba con la compañía de sus padres en la mesa-, se ducharon mientras dejaban escapar lágrimas obstinadas y, mientras se tiraban en la cama, se lamentaban de todo lo malo que había pasado en sus vidas, que les hacía tener esa angustia que les impedía avanzar sin miedo.

Ambos deseaban por fin ser felices, con cierta humana y cierto cambiaformas. Tal vez el destino se encargaría de ellos esa vez.

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