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Portada de la novela El Abismo del Engaño: El Gran Amor del CEO

El Abismo del Engaño: El Gran Amor del CEO

Larissa, una empleada ejemplar, se entrega a un apasionado romance con Logan Walker, el sucesor de la compañía. No obstante, un error de juicio lleva al magnate a dejarla por alguien más. Con el alma destrozada y esperando un hijo suyo, ella escapa para salvaguardar su tranquilidad. Tras seis años de ausencia, la vida la empuja a encarar a Logan. Él comprenderá que el tiempo no borra las heridas y que los secretos ocultos sacudirán su mundo actual.
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Capítulo 2

5 meses después...

Evan: ¿Cómo te sientes? Intentaré visitarte el mes que viene, que estoy de descanso. Anhelo ver cómo está creciendo esa barriguita.

Visto.

Larissa: Estoy bien, ya sabes. ¿Has visto a Yinah? La extraño...

Visto.

Evan: Sabes que si me acerco a ese lugar me matan, pero... obtuve algo de información y déjame decirte que... ¡SE VA A CASAR!

Visto.

Larissa: ¿Qué? ¿Acaso estás bromeando conmigo?

Visto.

Evan: No, Larissa... Aún no lo han hecho público, pero sé por muy buena fuente (Wendy) que está comprometida con Thomas Price. Ella me dijo que Yinah está muy feliz estos días. Realmente la pasó mal cuando te fuiste y solo le dejaste una carta de despedida. Vino a buscarte a mi casa varias veces pensando que estabas aquí, incluso me mandó a vigilar. Estaba mal, pero supongo que Thomas la ayudó mucho.

Visto.

Larissa: Sí, me imagino. Gracias por mantener el secreto. Sé que no es fácil. Pero mira el lado positivo, al final todo está mucho mejor.

Visto.

Evan: Pero tú estás sola.

Visto.

Larissa: Evan, no estoy sola. Tengo a mi bebé... y te tengo a ti. No quiero nada más. Ahora me voy, tengo cita con mi doctora.

Visto.

Evan: Larissa, aún no es tarde. Puedes volver.

Larissa, no me dejes en visto...

Larissa...

...

Visto.

[...]

Seis años después...

-¡Mami! -Mi pequeña de cabello negro y liso corre hacia mí con una diminuta sonrisa en el rostro-. Vámonos, quiero ir a casa.

Liv comienza a jalarme del brazo intentando llevarme al auto, pero yo la detengo y me pongo a su altura.

Ella no es así.

-Espera... ¿Qué pasa, pequeña?

-Quiero ir a casa.

-¿Por qué?

-Mami, casa.

Me desconcierta la actitud de mi hija, pero simplemente asiento y me pongo de pie para ir de vuelta al auto, cuando de pronto escucho la voz de una mujer llamándome.

-Profesora Scott, ¿cómo está? -Le sonrío y estrecho su mano.

-Muy bien, gracias por preguntar. ¿Tiene unos minutos para mí? Me gustaría hablar con usted... de Olivia.

Frunzo el ceño, pero asiento y sigo a la maestra de ballet de mi hija. Sin embargo, cuando me giro para ver a Liv, me doy cuenta de que camina demasiado lento y con la cabeza gacha. Algo pasó con mi hija... Espero que no sea nada malo.

Cuando llegamos al salón de baile, mi pequeña pelinegra va directo a una esquina y saca su tablet, donde se aleja de todo a su alrededor.

-Disculpe que la moleste, pero es que Olivia últimamente no está rindiendo en las clases. Se la ve decaída, como si no quisiera estar aquí. -Comienza a explicar la profesora y yo frunzo el ceño, confundida-. Intenté hablar con ella, pero siempre evade el tema... Hoy incluso se desmayó, nos preocupamos, pero Olivia nos aseguró que estaba bien. Es por eso que acudo a usted... ¿Existe algún problema con ella en casa?

Esa pregunta casi me ofende, pero sé que esta señora solo está haciendo su trabajo. Sin embargo, no puedo evitar entrar en pánico al escuchar que mi pequeña hija se desmayó y que nadie me avisó. ¿Qué clase de colegio es este?

-No, y realmente me sorprende lo que me está diciendo. Liv no es para nada retraída en casa. Se la pasa todo el día bailando, cantando y riéndose. -Explico, bastante confundida-. Me preocupa mucho lo que me ha dicho y el hecho de que se haya desmayado. Debo llevarla al médico de inmediato.

-Sí, tiene razón. También podría preguntarle sobre lo que le pasa. Quizás si usted le pregunta, obtengamos alguna respuesta. Es que su rendimiento ha bajado mucho; pasó de ser una de mis bailarinas más carismáticas a una completamente descuidada.

Asiento y le prometo que hablaré con mi hija. Le agradezco y me despido de la profesora para luego salir con Liv de la escuela. El silencio reina en el auto mientras vamos rumbo al hospital y le explico la situación a su pediatra. Este le hace una serie de análisis y pruebas que son para descartar cualquier cosa y, finalmente, volvemos a casa, con la promesa de regresar pronto a buscar los resultados de los exámenes. En cuanto llegamos al departamento, mi hija se va directo a su cuarto, en completo silencio.

Las alarmas dentro de mí se disparan. ¿Qué está mal con mi pequeña?

[...]

-Princesa, entiende que si no me dices nada, no te puedo ayudar. -Intento una vez más mientras peino su oscuro cabello-. ¿Ya no quieres seguir bailando?

-¡No! Mami, sí quiero... Es que... -Liv se queda callada, mirando las sábanas rosas.

-Olivia, hermosa... Dime, yo te puedo ayudar. ¿Qué pasa?

Giro a mi hija para poder verla mejor y noto que sus pequeños ojitos están rojos. Soy testigo de cómo diminutas lágrimas bajan por sus mejillas y se pierden en el borde de su cara.

-Mami... Ellas me molestan.

-¿Ellas?

-Sí. -Dice con la voz quebrada-. Dicen que no soy buena... porque... porque no tengo papá.

Al escuchar esas palabras, se me rompe el corazón.

-¿Quién dice eso, pequeña?

-Las otras niñas de la clase... Anelisse, Ana y Lia. -Vuelve a decir con la voz quebrada-. A ellas sus papás las van a buscar cuando terminan de bailar, las llevan a comer helado, se ríen con ellas... Mami, ¿por qué yo no tengo papá?

-Liv... Tú... Tú sí tienes papá. -Le digo intentando reponerme.

No me esperaba algo así.

-¿Y por qué no está aquí?

Me quedo en silencio un momento y miro a mi princesa.

Jamás pensé que esta conversación llegaría tan pronto. Mi pequeña solo tiene cinco años, no debería estar preocupándose por eso, pero... para mi mala suerte, mi secreto ya le estaba afectando. ¿Debería decirle la verdad? ¿Qué ganaría con esto? ¿Y si quiere verlo?

No puedo hacerlo, no ahora. Así que simplemente le sonrío y le digo que esta noche comeremos pizza y helado. Eso basta para que se le olvide el tema y sonría un poco.

Solo así soy capaz de ver a la pequeña y risueña de siempre, la que siempre me hace reír. Mi preciosa hija.

Mi pequeña Liv.

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