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Portada de la novela Dulce venganza.

Dulce venganza.

Arturo, un alfa cegado por el odio, busca cobrar justicia contra Leo Volco, el mafioso ruso responsable de la muerte de sus padres. Junto a la hacker Alina y su aliado Lucas, el protagonista penetra en un laboratorio secreto donde Volco desarrolla peligrosas quimeras genéticas. Allí enfrentan a un ser creado para exterminar alfas. Tras brutales batallas, Arturo comprende que el asesinato de su familia es solo el inicio de una conspiración global letal.
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Capítulo 2

—Estamos aquí. —Su tono era cauteloso, pero no pudo evitar mirar a Alina con una mezcla de respeto y desconfianza—. ¿Y ahora qué?

Arturo salió del auto y miró a su alrededor, asegurándose de que no había nadie cerca antes de enfrentarse nuevamente a Alina.

—Si quieres que confiemos en ti, necesito algo más que palabras. Necesito pruebas.

Alina asintió.

—Las tendrás. Pero si vamos a detener a Volco, necesitarás más que fuerza. Él ya sabe que vienes por él. Esta noche fue solo un aviso. La próxima vez no será tan indulgente.

—¿Indulgente? —Arturo gruñó, avanzando un paso hacia ella—. Perdí años preparándome para matarlo. No necesito tus advertencias.

Alina no retrocedió. En cambio, sus ojos grises lo miraron con una intensidad que rivalizaba con la suya.

—Si crees que solo la fuerza basta, acabarás como todos los demás que se han enfrentado a él. He visto a hombres más fuertes que tú caer. Pero si trabajamos juntos, podremos derrotarlo.

Arturo permaneció en silencio por un momento. Había algo en su voz, en su convicción, que lo hacía creerle. Finalmente, dio un paso atrás y asintió.

—Te daré una oportunidad. Pero si me traicionas, no habrá lugar donde puedas esconderte de mí.

—Lo mismo digo —respondió Alina con una leve sonrisa.

Dentro del edificio abandonado, Alina comenzó a desplegar un mapa y documentos que había escondido allí. Mientras hablaba sobre los próximos pasos, Arturo no podía quitarse de la cabeza una pregunta: ¿qué más había detrás de esa mujer? Porque algo le decía que la historia de Alina era mucho más compleja de lo que ella estaba dispuesta a admitir.

El edificio abandonado estaba oscuro y silencioso, excepto por el murmullo bajo de Alina mientras explicaba los detalles de sus descubrimientos. Había extendido un mapa de Moscú sobre una mesa improvisada, señalando varios puntos marcados con tinta roja.

—Estos son los lugares donde Volco ha estado expandiendo sus operaciones. Laboratorios clandestinos, almacenes llenos de materiales para sus experimentos, y lo más importante... —Se detuvo, señalando un punto central en el mapa—. Aquí es donde se encuentra la instalación principal.

Arturo se inclinó sobre la mesa, estudiando el mapa con detenimiento.

—¿Cómo sabes tanto? Nadie ha podido rastrear sus movimientos con esta precisión.

Alina lo miró a los ojos, su expresión seria.

—Porque trabajé para él.

Las palabras cayeron como una bomba en el ambiente. Lucas, que estaba de pie cerca de la entrada, se giró hacia ella con una expresión de incredulidad.

—¿Qué dijiste?

—Lo que oíste. —Alina no vaciló, su voz firme—. Escapé de su control hace tres años, pero antes de eso, estaba infiltrada en su organización. Mi propósito era reunir información suficiente para destruirlo desde adentro.

Arturo se cruzó de brazos, su mirada llena de escepticismo.

—¿Y por qué debería creerte? Todo esto podría ser parte de un plan para llevarnos a una trampa.

Alina se acercó un paso, su postura desafiante.

—¿De verdad crees que seguiría aquí, arriesgándome contigo, si estuviera de su lado? Si quisiera entregarte, ya estarías muerto.

—Eso no es suficiente. Necesito más que palabras —respondió Arturo, su tono duro.

Alina suspiró y extendió la mano hacia su chaqueta, sacando un pequeño dispositivo. Lo colocó sobre la mesa, y una proyección holográfica se activó. Era un video.

En la imagen, Leo Volco estaba de pie en un laboratorio, rodeado de cápsulas llenas de líquido en las que flotaban cuerpos en distintos estados de desarrollo. El alfa ruso hablaba con un grupo de científicos, sus palabras frías y calculadoras.

—Este es el futuro. Un ejército de lobos perfectos, leales solo a mí. No más disputas de poder, no más alianzas frágiles. Solo fuerza, disciplina y obediencia absoluta.

La proyección mostró imágenes de los quiméricos en entrenamiento, enfrentándose entre sí en combates brutales. La violencia era extrema, pero lo más perturbador era la mirada vacía en sus ojos.

Cuando el video terminó, el silencio llenó la habitación. Lucas fue el primero en romperlo.

—Esto es... monstruoso.

Arturo, aunque impactado, no dejó que sus emociones lo dominaran. Se giró hacia Alina.

—¿Cómo conseguiste esto?

—Lo robé antes de escapar. —Sus ojos grises brillaron con una mezcla de determinación y tristeza—. No podía detenerlo sola, pero sabía que algún día alguien como tú intentaría enfrentarlo. Ahora sabes lo que está en juego. Esto no es solo tu venganza, Arturo. Si no lo detenemos, Volco será imparable.

Arturo respiró hondo, procesando todo. La idea de trabajar con alguien que había estado tan cerca de Volco lo incomodaba, pero no podía ignorar la evidencia.

—Bien. —Finalmente habló, su tono firme—. Nos uniremos, pero bajo mis condiciones. Si veo alguna señal de que estás jugando con nosotros, no dudaré en matarte.

Alina asintió, aceptando sus términos sin protestar.

—No esperaba menos.

Lucas, aún desconfiado, añadió:

—Espero que sepas en lo que te estás metiendo, Alina. Si nos traicionas, no tendrás escapatoria.

—No lo haré —respondió ella con frialdad—. No estoy aquí para ganar su confianza. Estoy aquí para destruir a Volco.

Arturo se giró hacia el mapa, señalando la instalación principal.

—Entonces, empecemos. Dime cómo llegamos hasta él.

Mientras Alina comenzaba a detallar un plan, Arturo no podía sacudirse la sensación de que todavía había piezas faltantes en esta historia. Aunque aceptaba su ayuda, no podía confiar plenamente en ella.

Y en el fondo, sabía que Volco estaba jugando un juego más peligroso de lo que jamás imaginó.

La planificación llevó toda la noche. Alina era meticulosa, marcando rutas de entrada, horarios de cambio de guardia y puntos ciegos en la seguridad de la instalación. Arturo y Lucas la observaban en silencio, evaluando cada palabra con cautela.

—El laboratorio principal está bajo tierra, protegido por tres niveles de seguridad —dijo Alina, señalando el mapa—. Accederemos a través de esta entrada secundaria, que lleva directamente a las áreas de mantenimiento. Si todo sale bien, podremos llegar a la sala de control antes de que se den cuenta.

Arturo asintió, sus ojos recorriendo cada detalle.

—¿Qué hay de los quiméricos? ¿Cuántos podemos esperar?

Alina se detuvo por un momento, como si calculara la respuesta.

—En la instalación principal, probablemente hay unos veinte. Son más fuertes y rápidos que cualquiera de nosotros, pero no son invencibles. La clave será evitar enfrentarlos directamente.

Lucas resopló, claramente incómodo con la idea.

—Genial, veinte monstruos genéticos listos para despedazarnos. Esto va a ser divertido.

—Si sigues quejándote, puedes quedarte fuera —respondió Alina con frialdad, lo que hizo que Lucas apretara los labios en un gesto de frustración.

Arturo interrumpió antes de que la conversación escalara.

—¿Y qué pasa con Volco? ¿Dónde estará?

—En el nivel más bajo. —Alina trazó un círculo en el mapa—. Siempre supervisa personalmente los experimentos más importantes.

Arturo asintió, pero algo en su mirada delataba una inquietud más profunda.

—Dijiste que los quiméricos no son invencibles. ¿Cómo los detenemos?

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