Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela  Donde Crecen las Alas

Donde Crecen las Alas

Amelia ha pasado de ser una simple criada a la guardiana de su hogar tras su matrimonio. Sin embargo, la paz se ve amenazada por sombras del pasado. Mientras su hijo Gabriel indaga en la verdad, Isabelita encara riesgos en su labor médica y Tomás asume el peso de su herencia. Luciano intenta blindar a la familia, pero la sed de venganza de viejos rivales y oscuros secretos resurgen. Amelia deberá elegir qué sacrificar para proteger a los suyos y alcanzar la libertad.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

La carta apareció como un recuerdo inoportuno que se cuela por las rendijas del alma, deslizándose con suavidad por debajo de la puerta mientras Amelia preparaba la merienda de Tomás.

Ella estaba distraída, untando mermelada en una tostada y escuchando la risa de su hijo en el pasillo. Afuera, el sol filtraba luz cálida a través de las cortinas, bañando la cocina con una calma engañosa. El vapor del té se elevaba en espirales suaves, casi hipnóticas. Todo parecía perfectamente cotidiano. Hasta que sus ojos cayeron sobre el sobre amarillo, desgastado, arrugado en las esquinas, como si hubiera viajado demasiado tiempo o por demasiadas manos.

Se agachó con cuidado para recogerlo, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda. No había remitente, ni sello, ni indicio de procedencia. Solo su nombre, escrito con tinta negra y una caligrafía irregular que parecía más tallada que escrita. Ya en ese momento, antes siquiera de abrirlo, algo en su pecho se apretó. Un instinto antiguo, profundo y visceral, le susurró que ese trozo de papel traía consigo algo más que palabras.

Cuando rompió el borde con los dedos temblorosos, un solo mensaje cayó, como una sentencia:

"Tú no mereces tu final feliz."

El papel resbaló de sus manos como si las quemara. Cayó al suelo con un susurro seco, y con él, algo se rompió en el aire. El cuchillo de mantequilla quedó suspendido en su mano, pero Amelia ya no pensaba en la tostada. Solo podía oír cómo su corazón se aceleraba, tamborileando dentro de su pecho como si quisiera escapar.

A su alrededor, la vida seguía. Tomás reía corriendo con su coche de juguete, ajeno a la tormenta que acababa de instalarse en la cocina. En la sala, la voz de Isabelita resonaba por el altavoz del teléfono, relatando con entusiasmo alguna anécdota universitaria. Desde otra habitación, Luciano tarareaba sin darse cuenta; la radio sonaba baja, como fondo amable de una escena familiar. Pero para Amelia, todo quedó suspendido, lejano.

Anticipación

Gabriel estaba en su cuarto, recostado sobre la alfombra, con un libro de cuentos entre las manos. Leía la historia de un zorro que quería volar. Sus ojos recorrían las ilustraciones, pero su mente estaba en otro lugar. Desde hacía semanas, algo le decía que las cosas no estaban bien. Los silencios entre sus padres eran más largos. Las sonrisas, más forzadas. Y mamá, que solía abrazarlo cada vez que pasaba cerca, ahora parecía distraída. Como si la mente se le escapara por las ventanas.

Un ruido extraño, casi como un crujido, lo hizo levantar la vista. Luego, el sonido del papel al caer. Y después, el silencio tenso de mamá. Se levantó sin hacer ruido y se asomó a la puerta. Vio el sobre en el suelo, junto a los pies de Amelia, y el rostro de su madre, pálido, con los ojos clavados en la nada.

-¿Mamá? -susurró-. ¿Estás bien?

Ella levantó la mirada demasiado rápido. Sonrió. O intentó hacerlo. Pero la sonrisa se deshacía por las comisuras como un papel mojado.

-Sí, mi amor. Solo... un papel viejo. Nada importante.

Pero él sabía que mentía. Gabriel tenía esa sensibilidad extraña de los niños que han tenido que crecer un poco más rápido. Y aunque no sabía leer la carta, sí pudo leer el miedo en sus ojos.

Tristeza

Esa noche, cuando los niños ya dormían y la casa respiraba en silencio, Amelia se sentó frente a la ventana de su habitación. Afuera, la luna se alzaba redonda, vigilante, derramando su luz sobre el jardín. El almendro que habían plantado cuando supieron que esperaban a Luna se mecía con el viento, como si escuchara pensamientos.

Amelia abrazaba sus rodillas, descalza, con la bata de algodón envuelta en su cuerpo como un escudo frágil. Tenía la carta doblada sobre su regazo. Le había costado volver a mirarla. Era solo una línea de texto, pero el malestar que dejaba era profundo, como si alguien hubiera escarbado en su pasado con la punta de una cuchilla.

Recordó a su padre y su partida. El abandono disfrazado de ausencia necesaria. Recordó a Martina y los secretos que la mujer se había llevado a la tumba. Recordó sus propios silencios, aquellos que había escondido tan bien que a veces olvidaba que aún dolían. Y entonces pensó en Luna, en el bebé que aún no había nacido, y en esa promesa de felicidad que sentía escapar como agua entre los dedos.

Una lágrima le corrió por la mejilla. Después otra. Y luego muchas más.

Flashback: Un susurro del pasado

En la universidad, Isabelita caminaba con paso rápido por los pasillos de la facultad de medicina. Tenía la cabeza llena de fórmulas, casos clínicos, y el constante recordatorio de que su beca dependía de no fallar. Esa mañana, una profesora la había detenido al salir de clase, la había mirado con una expresión mezcla de compasión y advertencia.

-¿Cárdenas? -había preguntado con un tono ambiguo-. Espero que entiendas que tu apellido carga una historia... y que hay quienes no han olvidado.

La joven no entendió a qué se refería exactamente, pero esas palabras la siguieron todo el día como una sombra. Caminaba hacia la biblioteca cuando escuchó un murmullo. Alguien se acercó por detrás, demasiado cerca. Y entonces, un susurro le erizó la piel:

-Sabemos quién eres.

Se giró, pero no había nadie. Solo estudiantes que pasaban, risas lejanas, y la sensación de ser observada. No dijo nada. Ni a Amelia. Ni a Luciano. No quería preocuparlos. Pero algo le decía que estaban empezando a removerse las capas del pasado. Y que lo que había debajo no era bonito.

El día a día bajo la sombra

Amelia le mostró la carta a Luciano esa misma noche. Él la leyó con la mandíbula tensa, luego la arrugó con rabia y la tiró a la basura. La abrazó fuerte, demasiado fuerte. Prometió protegerla. Prometió que nada ni nadie les haría daño.

-Estamos juntos -dijo él-. Pase lo que pase.

Pero Amelia no estaba segura. No del todo.

Gabriel escuchaba desde el pasillo. No entendía todo, pero sí lo suficiente. Desde esa noche, empezó a observar más. A su madre. A su padre. A Isabelita. A los silencios. Sentía que había un mundo paralelo en su familia, uno lleno de secretos del que él solo podía ver sombras.

Tomás, sin embargo, seguía ajeno. Jugaba con bloques, aprendía nuevas palabras, bailaba sin música. Era la pureza misma, la inocencia absoluta. Y por eso mismo, Amelia se aferraba a él como un ancla.

La noche antes de la tormenta

Esa misma noche, cuando la casa dormía otra vez, Amelia abrió su diario. Aquel cuaderno de tapas azules donde escribía desde hacía años. Lo abrió por una página en blanco y empezó a escribir. No buscaba respuestas, solo quería vaciar el miedo.

"Hoy llegó una carta. No firmada. O sellada. Solo una amenaza que huele a pasado. A esa parte de mí que creía enterrada."

La pluma raspaba el papel mientras las palabras fluían como desahogo.

"Luciano dice que estamos seguros. Pero yo sé que el miedo no siempre necesita una puerta para entrar. A veces basta con un recuerdo."

Cuando cerró el cuaderno, se sintió levemente más liviana. Se levantó para apagar la luz, pero antes de hacerlo, miró una vez más el almendro desde la ventana. El viento lo agitaba suavemente. Parecía decir algo.

Y entonces, en voz baja, se preguntó:

-¿Qué hay que soltar para poder volar?

No había respuesta.

Pero la pregunta ya era el inicio.

También te puede gustar

Portada de la novela Amnesia un amor desconocido
9.3
Fiorella habita en la penumbra de un vacío mental, incapaz de recordar la agresión que la confinó en un búnker. Dentro de este refugio hostil, donde el dolor es la única constante, nace una conexión sentimental imprevista que desafía su realidad. Mientras el peligro acecha, ella y los demás cautivos ignoran la verdad tras su privación de libertad: son los sujetos de un ensayo clandestino y cruel que pretende aniquilar su existencia por completo.
Portada de la novela Amor y Traición en la Cocina
8.7
Sofía Morales enfrenta la humillación pública cuando Pedro la traiciona junto a Valentina Castillo. Tras ser despojada de sus recetas y su negocio por su exceso de confianza, la joven decide dejar atrás la ingenuidad. Impulsada por un antiguo cuaderno familiar y el secreto de un mole prehispánico, inicia una fría venganza. Sin espacio para el llanto, Sofía se propone forjar un dominio gastronómico capaz de sepultar a quienes le arrebataron su patrimonio.
Portada de la novela Delirio Nocturno con el Millonario
9.6
Tras ser atrapada cometiendo fraude en el selecto Craxton Play Club, mi destino cayó bajo el control del imponente Matt Craxton. Para eludir la prisión, acepté un pacto de entrega total que encendió una pasión volcánica entre ambos. Aunque el deseo nos devora en la intimidad, la brecha social y peligrosos misterios amenazan mi existencia. Pese a que intenté escapar del riesgo, aquella noche de rendición me dejó vinculada a este millonario de forma perpetua.
Portada de la novela El amor del multimillonario
9.1
Traicionada por su esposo y su familia política, Kimberly Holden muere arruinada y embarazada. No obstante, el destino le otorga una segunda oportunidad al renacer. Decidida a obtener justicia, inicia un plan para destruir a sus enemigos y llevar su linaje a la cima del mundo empresarial. En medio de su implacable venganza, un poderoso y frío hombre de su pasado emerge con la firme intención de conquistarla y reclamar un lugar en su vida.
Portada de la novela El Amor Que Destruyó Todo
9.1
Luna Rojas creía haber encontrado refugio en Ricardo, su prometido, tras la ruina de su familia. No obstante, la verdad es devastadora: él y don Emilio orquestaron la tragedia familiar y el deceso de su padre. Al entender que solo buscan robar su herencia intelectual para luego asesinarla, su afecto se transforma en un rencor gélido. La arquitecta decide renacer con un único propósito: ejecutar una venganza implacable contra quienes la traicionaron.
Portada de la novela La Hija Adoptiva Encuentra a Su Familia
7.9
Sofía vivió bajo el yugo de los Méndez, quienes usaban un chip ilegal para robar su talento y dárselo a Catalina. Tras años de abusos, ella decide contraatacar con el respaldo de su verdadera familia, los influyentes Reyes. En una audición crucial, Sofía sabotea su actuación para desenmascarar el fraude tecnológico de sus captores. Gracias al apoyo de su madre Alma y su hermano Miguel, logra que los Méndez enfrenten la justicia y la ruina social absoluta.