Portada de la novela Dominada Por El Cruel Millonario

Dominada Por El Cruel Millonario

9.1 / 10.0
Aryanna enfrenta un destino incierto en Dominada Por El Cruel Millonario. Al aceptar un empleo con Silvain, se ve envuelta en una trama de obsesión y poder. Esta mafia novel de misterio y romance explora los riesgos de la sumisión en una de las mejores billionaire romance books actuales.
Resumen de Dominada Por El Cruel Millonario
Aryanna comienza a trabajar para Silvain De Castelbajac, un magnate rodeado de lujos y secretos perturbadores. Tras contratarla para el servicio doméstico, el millonario desarrolla una obsesión controladora y oscura hacia ella. A pesar de su carácter manipulador y el uso de su poder para someterla, surge una química innegable entre ambos. Perdida en un torbellino de emociones, ella ignora los riesgos para entregarse a este hombre tan despiadado como atrayente.
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Dominada Por El Cruel Millonario Capítulo 1

»Prepotencia habita en él,

y detrás de la máscara, solo fragilidad.

Lo supo en el preciso instante

en que su mirada dominante la capturó, pero avistó su

debilidad, el cristal que lo volvía rehén de un destino

fragmentado. Era una muralla sin cimientos, un pedestal

caído, la absurda imagen abrasadora quemándose en su

propio infierno".

...

Ya siento el sudor repasando las líneas de mis palmas, ligero temblor en mis piernas, mi corazón palpita a la espera. Necesito el empleo, me urge el dinero, sería lamentable no quedarme ahí. Ya tengo diez minutos aguardando. Vuelvo a asomar la cabeza, el pasillo está desolado.

Me cubro el rostro, suspiro por quinta vez. Sutil voz me saca de mi encierro mental y alzo la cabeza encontrando a la dueña. Es la misma mujer que me recibió, usa un delantal, moño en la cabeza. La apariencia de una sirvienta, supongo que estoy viendo mi reflejo, esa seré yo en cuestión de minutos. Pero no todo está dicho, debo esperar la última palabra.

-Joven, Viscardi, sígueme, por favor... -comunica amable, eso me alienta a dejar mi lugar y ponerme en pie.

La sigo a la par, no sé a dónde me lleva. La mansión es esplendorosa, lujosa y me roba la atención durante el trayecto. Es imposible no fijarse en los detalles en dorado, existe una especie de atmósfera suntuosa que atrapa, resulta un imán; es todo eso que está lejos de muchos, y pocos son los afortunados. Sonrío cuando me mira de súbito, ella se detiene frente a una puerta oscura.

-Es aquí, Aryanna, procura no ser indiscreta o hacer preguntas de tipo intempestiva. Tengo un buen presentimiento de ti, el jefe puede ser difícil, suerte. -añade en un apremio, ya no me siento tan segura de girar ese picaporte.

-De acuerdo. -susurro casi inaudible.

Ella ya se ha ido de inmediato, dejándome a solas, en un extraño aprieto que va serpenteando en un espiral de temores dentro de mí. Ya no tengo la convicción de poder con esto, ¿qué tan difícil es el señor De Castelbajac? Del tipo de personas complejas o complicadas siempre he escapado, ahora parece que entraré en la emboscada.

Es ahora o nunca.

Al momento de poner un pie dentro de lo que se me parece a una oficina oscura y fría, salta mi corazón en su caja torácica, lo tengo en un puño. Sigo respirando, pero llevar oxígeno a mi sistema ya se ha convertido en una actividad superficial. Mis pulmones devoran el aire en un santiamén y me siento ahogada.

Nunca he vivido un momento de tensión igual a este, roza la angustia, me vuelve el sinónimo de debilidad. Termino de entrar, cierro la puerta sigilosa. Siento esa necesidad de no causar ruido, y de todos modos él sabrá que he llegado. Ese sujeto tachado de «difícil» está de espaldas, mientras estudia algún libro de la estantería que tiene. Sobre su escritorio yace una portátil cerrada, también una Mac, varios papeles esparcidos y un teléfono. Mi curiosa mirada vuela al cuadro que se encuentra en la pared a mi izquierda, es una foto de un hombre con el torso desnudo, es como un modelo profesional que exhibe las características varoniles del espécimen soñado por cualquier mujer.

Se me seca la boca, mi pulso se dispara, pero logro mantenerme en la cordura.

-Buen día, señor De Castelbajac -saludo con el escaso aire que circula en mí.

No se gira, sigue en lo suyo. A juzgar por su ignorancia, creo que es sordo. Trato de estar tranquila, sobre todo paciente. ¿Es que he hablado en un tono muy bajo?

-Buenos días, he llegado por el...

-Sé a lo que has venido, no es menester que vuelvas a repetirme las cosas -me da la cara al fin y creo que voy a caerme al suelo.

Pero, ¿por qué esa actitud hostil?

Tiene una camisa azul rey que acentúa sus orbes azulados, y ahora las manos metidas en los bolsillos de ese pantalón a la medida. Me evalúa, no puedo con tanto.

Trago con dificultad.

-Es que... -intento hilar otra palabra, pero se me dificulta hablar.

Sus ojos destilan cierta potencia que me absorbe, apenas existo, lo poco que queda de mí se encuentra apresado en la inquietud. No solo me rindo a la timidez, también al nerviosismo que enloquece cada fibra de mi ser. La mirada de ese hombre es poderosa y me sitúa en un lugar que aplastaría a cualquiera. Evito el contacto visual, algo me impide poder sostener la conexión.

-Ni siquiera ha tocado la puerta, pero vayamos al grano -apunta tomando asiento.

Es cierto que no he tocado, y me veo obligada a pedir disculpas. Ojalá no sea esto un inicio con el pie izquierdo.

¿Debo sentarme? No sé si deba pregúntarle, él me observa y eleva una ceja. Me siento, espero que comience a hablar. Abre la portátil, empieza a discar en el teclado, me pierdo en el sonido que produce sus dedos al tocar cada tecla. Sigo callada, aprovecho que se sumerge en la pantalla, silencioso y estudio el interior donde estoy. Destaca entre las cosas, un juego de sofás acompañado de la mesita de centro en la que no yace un solo objeto. Avisto un minibar, y abandono el estudio volviendo a los ojos a él.

Temo que me ha pillado en un escrutinio mal disimulado.

-Lo siento.

De pronto deja de teclear y junta las puntas de los dedos, mientras apoya los codos sobre el escritorio. Es un acto que me transmíte cierto dominio. ¿Qué demonios tiene que me hace sentir así?

-¿Eres Aryanna Viscardi? -solicita que lo compruebe y asiento con la cabeza -. ¿Por qué estás aquí?

Pongo los ojos estrechos, confusa, ¿es que se olvida que he venido por el trabajo? Cambio la expresión al recordar que ha formulado la pregunta para que explique o hable sobre mí. Aunque eso no me resulta agradable, no tengo nada interesante qué contar.

-Necesito el empleo, solo así podré ayudar a mamá con los gastos de la casa...

-Problemas económicos -me interrumpe soltando la triste realidad en la que me encuentro. No le inserta un solo ápice de emoción a la voz.

-Sí -emito bajito.

-Tienes el empleo, Viscardi -anuncia y levanto la vista varada en la sorpresa.

¿Así sin más? No puedo creerlo. Quiero saltar de alegría, pensé que haría más preguntas, pero ha terminado y puedo respirar aliviada.

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Tabla de contenidos de Dominada Por El Cruel Millonario

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