Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Doblemente enamorado

Doblemente enamorado

Un CEO prepotente y descreído se ve forzado a implorar clemencia al destino tras una apuesta imprevista. Aunque Daniel ve a Danna como una pieza irrelevante en sus planes, el karma cambiará las reglas del juego. En un linaje incapaz de diferenciar el afecto real del rencor, él tendrá que elegir entre terminar con su maldición o enfrentar la ruina total. Entre la dulzura y la amargura, las emociones decidirán quién triunfa en este intenso duelo de seducción.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

"... Sintiéndome confiado de tener a Danna con tres dardos bien clavados, proseguí con la presión, disfrazada de un acercamiento unilateral. Pues yo no estaba, ni de coñas, dispuesto a entrar de lleno en la apuesta; no por nada me consideraba un buen crupier siempre listo para que la casa gane.

-Empieza por no llamarme señor, dime Daniel -solté de buenas a primeras.

-No, señor, aún no hemos llegado a un acuerdo, por lo tanto, seguiré llamándolo señor - refutó muy seria. Debo reconocer que eso me sorprendió y me hizo preguntarme; ¿quién es esta mujer que tengo al frente?, ¿por qué no actúa como el resto de las mujeres que conozco?

-Bien, Danna, cómo usted quiera -Me resigné a escuchar sus reglas, le entregué un gesto de indulgencia envuelta en resignación. Total, qué tanto podría cambiar las reglas del juego.

Propuestas, que según sean planteadas rechazaré "educadamente". Desde un principio debo hacerle entender que; yo mando y ella obedece. Ya saben dominante y sumisa, como debe ser. Desde tiempos inmemorables los hombres, machos, pechos peludos domamos y adiestramos, para ser precisos; domesticamos, a esas pequeñas fierecillas que se creen leonas, pero al final de cuentas dentro de nuestros encantos se vuelven gatitas silvestres. Por ende, ningún hombre que se precie de serlo, dejará que una mujer imponga reglas... «No señor, eso nunca, mientras yo pueda evitarlo», dejé que mis pensamientos varoniles dominen mi mente.

-Solo será por seis meses, ni un día más -limitó el tiempo del trato. La voz salió segura, de hecho, muy segura para mi gusto... «Claro que sí, porque solamente necesito seis meses para verte de rodillas a mis pies. Sentencié para mis adentros», sin necesidad de refutar la primera regla, así que me limité a hacer un ademán de cabeza.

-Aceptaré el primer pago, pero no el segundo al menos que se me presente alguna emergencia, en todo caso no creo necesitar tal cantidad de dinero adicional, solo recibiré el que me permita cubrir la urgencia que se presente -dijo, manteniendo una mirada cautelosa sobre mí... «Nuevamente, asentí lentamente con mi cabeza manteniendo su mirada... «Astuta y precavida me salió la mujercita», lo que confirmó mi teoría; las mujeres solo quieren solvencia económica y un pendejo que pague por ella. Segunda regla sin refutar, aunque lamentablemente vi como el dardo de la economía cayó junto a mis pies».

-No dispongo de poder económico ni conocimientos de actos sociales, por lo tanto, usted señor, deberá seleccionar y comprar lo necesario, todo lo que use le será devuelto al final de los seis meses - aseguró, para mi sorpresa.

-Sí, ya le dije que los gastos corren por mí, no tiene que devolver nada de lo que le entregue, será suyo, insisto en ello -Me hice ver como todo un caballero, con tal, de ganar la apuesta.

-Sí usted insiste en esto último, entonces señor, por favor solicito que las facturas estén a mi nombre; en caso que yo decida vender algo, y tomando su palabra; como serán míos, usted no podrá preguntar por el paradero de los artículos -expresó con un brillo en sus avellanados ojos... «¡Ufmmm! eso me dejó fuera de base, pero acepté, total; qué tanto puedo gastar en ella», me pregunté, además lo más importante era que la tercera regla quedaba intacta, así que no había queja de mi parte.

Danna, retoma la conversación y continúa lanzándome flechas las cuales no intento esquivar, ya que compartimos secretamente la idea que lo nuestro será un simple y lucrativo contrato con fecha de expiración.

-Estoy comprometida, por lo tanto, usted, no tendrá ningún contacto con mi circulo social o familiar -Me aseguró ella... «¡¿Pero qué rayos?!», me surgieron varias preguntas en la mente; una de ellas era: ¿cómo se atreve a decir eso? Escuchar a una mujer negarse a presentarme a su círculo social y familiar me resulta extraño, ilógico, inimaginable. Me intrigaba saber si esta mujer pertenecía a este mundo y, a pesar de que mi orgullo comenzaba a resquebrajarse, decidí aceptar, aunque a regañadientes, esta cuarta regla... «¿Es este dolor en mi pecho lo que se siente al ver pisoteado el orgullo?, ya te las cobraré», una amenaza se instaló en mi interior arrugado por su rechazo, pero lo acepté con estoicismo."

Algo enfadado y contrariado por las ya exigidas reglas, intenté dar por terminada la reunión al extender mi mano para cerrar el trato, pero, ¡Dios mío!, vi como la mano de ella no se movía sino todo lo contario inclinó su cabeza de medio lado y chasqueando la lengua sonrió haciendo saber que su lista aún no estaba terminada. Me obligué a recoger mi mano, mientras achinaba mis ojos con fuertes deseos de callar a esta mujer.

-Tendrá que facilitarme un celular, por el cual, nos mantendremos en contacto, ya que no usaré el mío -exigió tranquila y con tal indiferencia que se me erizó la piel... «Pero para ser justos esta quinta regla me beneficia», así que, cierro mi varonil boca para morder mi filosa lengua... «Tranquilo, la siguiente regla será la que refutaré», me dije, aunque viéndolo desde mi ganador punto de vista esta mujer había pensado en todo, y eso me facilitará las cosas. Acepté subiendo mis hombros con desdén.

-Al terminar esta loca relación, usted, no podrá despedirme -enfatizó.

-Esa nunca ha sido la idea, se lo puedo asegurar -Le dije sinceramente... «¡Rayos!, me odié al quitarme, yo mismo, la oportunidad de refutar esta sexta regla», pero de ser sincero, nunca fue mi intención despedirla, aun sí Morgan sale triunfante.

En ese momento un silencio inesperado se instaló en nuestra negociación. Ella respiró, giró su rostro hacia el ventanal, luego buscó con la mirada la puerta para, finalmente, atrapar mis ojos que estaban a la expectativa. Así que activé todos mis sentidos, y es cuando la escuché resoplar una y otra vez... «Aprovecha a respirar ahora porque te faltará el aire cuando suspires enamorada de mí», mis pensamientos se perdieron dentro de mí al sentenciarme como el ganador.

Contemplé como sus pálidas mejillas cambiaron a un rosado hasta lograr reflejar un rojo intenso. Color que me hizo sentir un cautivador, sintiendo regocijo al darme cuenta que mis efectivos encantos harán de ella una más en mi lista de conquistas. Su frente reflejaba rastros de un ligero sudor. ¡Rayos!, tragué saliva, me pregunté qué tanto sudará luego de alcanzar un par de orgasmos en mi cama, o sobre este escritorio, o tal vez en el mesón de la cocina, mientras la estufa terminaba de calentar nuestros cuerpos.

Sus manos se apretaban entre sí; logrando imaginarlas firme alrededor de mi gran y fiel falo que estaba empezando a inquietarse entre mis piernas, solicitando satisfacción. «Tranquilo amigo, ella será toda tuya luego de un par de citas», mis pensamientos se rieron por mí, presagiando el futuro.

-¿Danna?- rompí el incómodo silencio, y al ver que no respondía me levanté para acercarme a ella. -Danna, ¿éstas bien?- volví a preguntar. Ella levantó sus ojos, apretó sus labios e implanta la siguiente regla con voz tímida.

-Referente a las relaciones sexuales esporádicas, déjeme decirle que tal vez después de la primera, usted decida no repetir -La escuché carraspear su garganta, buscando valor para continuar... «Mi mente trató de procesar lo que acababa de salir de esos sensuales labios, pero esta no estaba preparada para procesar dicha afirmación», así que no logré pensar en nada».

»Porque mi experiencia sexual es muy poca en comparación con la suya, señor. Ya que solo las he tenido con mi prometido en contadas ocasiones, así que le garantizo que no lo podré satisfacer como usted está acostumbrado -dijo, mientras ella se miraba sus manos temblorosas y una lágrima silenciosa rodaba por su mejilla.

-Espera, ¿me estás tratando de decir que solo te has acostado con tu prometido?, pero tienes veintiséis años- afirmé asombrado. -¿Qué tan lejos has llegado con tu novio?- pregunté tan intrigado como ansioso, a la par que un cúmulos de miles de sensaciones revolotearon en mi cochina mente sexual.

Con una actitud llena de indignación, Danna, me reprochó, y con sobrada razón, mientras mi imaginación reflejaba cientos de imágenes que pasaron desde la sumisión a la entrega total, sin dejar de lado encuentros en lugares públicos, incómodos y hasta peligrosos. Dos fluidos se activaron en mí en ese momento; la saliva que tragué pausadamente y mi preseminal que estoy seguro goteó mojando el glande de mi carnoso amigo.

-Eso es algo privado que prefiero no discutir con usted, señor –dijo, manteniendo mi mirada en sus manos... «¡Genial! un bono extra como motivación, le agradezco a Dios por eso... Triunfo, que cerca te veo. Nunca, jamás me perdonaría perder esta apuesta», juré internamente... «No refutes», me gritó mi sexual conciencia.

Luego de otro silencio incómodo la vi subir su rostro con la dignidad recuperada y en esta ocasión exigió más que solicitar. Su tono de voz fue claro y fuerte conforme inició a decir.

-Le voy a pedir o mejor dicho exigir un gran favor; en caso de hacer algo que me incomode en el acto sexual pronunciaré la palabra miedo dos veces, usted deberá cesar en ese mismo instante la actividad y no repetirla nuevamente -dijo, sosteniendo una mirada firme en mí.

Sus ojos reflejaron un brillo inesperado que, difícilmente, logré definir, pero podría jurar que estaba entre la timidez y la vergüenza... «Otro dardo acaba de caer a mis pies, el de la moralidad», maldije para mis adentros, mientras levantaba mi corrupta mano derecha para jurar en vano.

-Tranquila, ya le dije, no soy un maniático sexual ni ningún aberrado, vuelvo y le repito, la compañía sexual no es el objetivo de esta relación contractual -enfaticé, rogando que no pille mi mentirijilla, porque internamente me aseguré de garantizarme disfrutar sensual y sexualmente de esta casi virgen durante esos seis meses, ese bono no lo iba a desaprovechar.

-Y por último y más importante; dos veces a la semana yo me ausentaré para reunirme con mi prometido por unas seis horas aproximadamente, durante ese tiempo permaneceré incomunicada, ya que apagaré el celular, usted no podrá impedir o preguntar nada referente a ese tiempo, en cuanto yo este nuevamente disponible le enviaré un mensaje haciéndole saber -aclaró de manera enfática... «¡Rayos!, esta sí que la refutaré. Aquí me impondré», me forzó mi alfa interior.

-Lo siento Danna, pero no puedo aceptar que te desaparezcas por tanto tiempo, te daré dos horas para tus encuentros románticos -Me impuse de la manera más frívola y descarada sin darle opción a negociar.

Danna, me observa y analiza, en cuestiones de segundo se levanta de la silla, apoya sus pequeñas manos en mi impecable escritorio, sube los hombros, y de su boca suelta.

-¡Genial!, demos por nula la oferta, no acepto entonces, búsquese otra mujer, pues esta está a punto de retirarse de su oficina. Entienda algo; no es un punto a negociar, es usted el interesado en este trato no yo. Por otra parte, no pienso ni por un minuto dejar de estar con mi prometido para esperar que usted me necesite, adiós -dijo extendiendo, lentamente, su mano dando finalizada la reunión... «Salvaje leona disfrazada de gatita, mataré a Morgan por elegir una fiera en lugar de una mujer», juré vengarme de mi amigo.

Comprobé con ojos llenos de ira al último dardo rebotar contra el piso, contemplé como mi diana queda, completamente, vacía anunciando mi derrota antes de empezar la partida... «¡Rayos, rayos y mil veces rayos!, mi apuesta se va por el drenaje antes de iniciar la jugada», un pensamiento con sabor a derrota me invadió.

-Siéntate -Le grité, con voz gruesa, pero ella mantuvo sus pasos firmes, moviendo sus largas piernas sin inmutarse, el sonar de los tacones marrones que estaban parcialmente cubiertos por esos pantalones de lino grueso me hicieron saber que se aproximaba a la puerta.

-¡Que te sientes! -Le espeté, pronunciando pausadamente cada palabra. Finalmente pude ver como disminuyó solo un poco el andar. Pero, rayos, segundos después los acelera.

-¡Rayos!, Danna -Llegué con tres zancadas hasta ella, la tomé en un solo movimiento por la pequeña cintura, levanté sus pies del suelo, y apoyé su espalda en mi pecho... «¡Ummm!, que rico huele, capté perdiéndome el delicado olor que brota de su cabeza, con pensar que en este aroma de rosas y jazmín me perderé, mientras nuestros gemidos rebotarán sobre cuatro paredes», la cochinilla imaginación sexual se apodera de mis pecaminosos pensamientos... «Genial, es ligera, me facilitará varias posiciones en elevación que pienso hacerle».

-Loco de mierda, suéltame o grito, y serás tú quien tenga problemas -pelea infructuosamente contra mí.

-¡Dios!, Danna qué te pasa- pregunté tratando de ganar tiempo. -No estoy interesado en tu vida privada- Le dije bajando el tono de voz.

-¡Suélteme! -gritó varias veces aún con actitud de pelea.

-Danna, te voy a soltar, pero deberás calmarte, solo respira profundo, ¿quieres?, esta conversación está tomando un rumbo equivocado, lo juro -dije lo más pausado que pude.

»Danna, voy a ir soltándote, mientras nos calmamos, luego buscaré un poco de agua para continuar hablando -rogué como nunca había hecho jamás. Mientras que ella se calmaba, de a poco, mi agarre fue disminuyendo hasta que ambos solo respirábamos buscando control. Me levanté, serví un vaso de agua y uno de brandy, giré sobre mis talones para llegar al sofá donde ella estaba sentada.

»Danna, me voy a sentar junto a ti, nos tomaremos esto y continuaremos como las personas civilizadas que somos, ¿de acuerdo? -ella asintió con su cabeza algo arrepentida.

-¡Bien!, -afirmó algo asustada por nuestra reacción. Pero igual, extendí el vaso de agua, pero ella negó y extendió su mano para tomar el de licor. Nos miramos de reojos y de ambas bocas se desplegaron un par de sutiles sonrisas que nos dejaron apenados.

-Danna, está bien, no hay problema acepto tus reglas. Realmente te necesito, entiendo que ames a tu prometido, y no soy nadie en tu vida para pedirte que regules el tiempo de ambos. Perdón, no fue mi intensión llegar a ese extremo. Pero sí estás de acuerdo con mi propuesta bajo tus reglas estoy dispuesto a aceptar -Le extiendo formalmente mi mano, esperando una respuesta positiva.

»Por mí, trato hecho -mantuve extendida la mano.

-Trato -dijo ya mucho más calmada. Di por finalizada la primera etapa. ¡Qué empiece el juego! ..."

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Adiós, mi amor miserable
8.0
Después de sobrevivir a un accidente, Claire despierta en el hospital y se enfrenta a una cruel realidad: Darren, su marido tras tres años de unión, la ignora para atender a otra mujer. La traición se vuelve insoportable cuando él la amenaza con prisión para salvaguardar a su amante. Ante tal desprecio, Claire decide recuperar su dignidad, exige el divorcio y rechaza su fortuna. Es el final de un matrimonio amargo matrimonio marcado por la falta de amor.
Portada de la novela Amando al hijo de mi enemigo
9.6
La vida de Giselle está marcada por la tragedia tras la traición de los Alderidge, responsables de la pérdida de sus padres y el rapto de su hermana. Movida por el deseo de justicia, se infiltra en el hogar de James, el sucesor del clan, trabajando como niñera. Sin embargo, la nobleza del hombre desafía su odio y complica su plan de infiltración. Entre peligrosos secretos y una pasión inesperada, ella deberá elegir entre su venganza o el amor prohibido.
Portada de la novela Amarte durante El Resto de Vida
8.6
En medio de una huida desesperada, Stella termina en un encuentro fortuito con Jasper Milton, un influyente y gélido magnate. Aunque él es conocido por su total indiferencia hacia el sexo femenino, desarrolla una fijación incontrolable por ella. Abrumada por la intensidad de su vínculo, Stella le suplica que se aleje y la deje libre. Sin embargo, Jasper la retiene con firmeza, asegurando que es ella quien ahora debe asumir la responsabilidad por él.
Portada de la novela El Arrepentimiento del Padre Cruel
8.8
Cinco años después, Ricardo viaja a un pueblo lejano buscando a Sofía para salvar la salud de Isabella. Al llegar, descubre que Isabella intentó asesinar a Sofía mediante sicarios. Pese a conocer a Mateo, su hijo secreto, Ricardo elige la frialdad extrema. Tras un incidente trágico con una anciana, secuestra al niño para utilizarlo como donante forzado. Cegado por una traición profunda, inicia un camino cruel que marcará el destino de su propia sangre.
Portada de la novela El Silencio Que Grita
9.5
Después de siete años dedicados a forjar la fortuna de Ricardo, una fotografía revela su engaño: él cocina con ternura para su asistente, un gesto que jamás tuvo conmigo. Tras encararlo, su respuesta es la humillación; me despide y utiliza su poder para dejarme sin nada en un divorcio injusto. Ante tal crueldad, decido marcharme de la Ciudad de México hacia Oaxaca. Allí, entre las sombras de su traición, empezaré de cero para crear mi propio imperio.
Portada de la novela Entonces, ¿Nos casamos?
9.3
Caleb Palmer, el ambicioso y calculador director de la cadena hotelera Atlantis, ha blindado sus sentimientos tras un fracaso sentimental, limitándose a relaciones sin compromiso. Su estructurado mundo se tambalea al cruzarse con Olivia Millán, una carismática trabajadora de la boutique de su complejo. A pesar de los esfuerzos de la joven por mantenerse oculta y evadir al poderoso magnate, el destino forzará un encuentro que cambiará sus vidas para siempre.