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Portada de la novela Divorcio del Tirano: Enamorado de Mi Tentadora Esposa

Divorcio del Tirano: Enamorado de Mi Tentadora Esposa

Un hombre implacable, habituado a los peligros y excesos, enfrenta el colapso de su realidad tras un encuentro fortuito. Aunque su vida ha sido un búnker de temeridad, una mujer logra desarmar su voluntad. Ella esconde su origen tras un velo de mentiras, pero él ya se ha rendido ante su magnetismo. Atrapado en una red de engaños y deseo, este magnate sucumbe al juego de seducción de quien ahora controla su destino con absoluta astucia.
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Capítulo 3

Rosanna se mantuvo firme, con los ojos fijos en Millie y la determinación inquebrantable de una mujer decidida a enfrentar a quien se interpuso entre ella y su esposo, y dijo: "Como empleada de Oliver, conoces perfectamente mi relación con él. Sin embargo, insistes en traspasar los límites y provocarme. ¿Eres realmente tan tonta o lo haces a propósito para conseguir algo?".

"Lo siento, señorita Williams. Oh, quería decir señora Marshall", dijo Millie, corrigiéndose con nerviosismo mientras se llevaba la mano a la boca. "Cometí un error. Por favor, no lo tomes a pecho".

Su expresión frágil e inocente despertaba compasión, pero la muchacha no se dejó engañar, pues sabía muy bien lo que ella hacía: el papel de víctima para ganarse la simpatía de Oliver.

"No soy digna de tu disculpa", dijo con sarcasmo. "Es evidente que tú eres la que merece compasión, siempre te quedas como víctima".

"Oliver, la señora Marshall sigue enfadada conmigo… Quizá sea por lo que pasó anoche en el club", le dijo Millie a Oliver. "¿Podrías ayudarme a explicárselo?".

Su tono meloso le puso los pelos de punta a Rosanna, quien dirigió su atención a su esposo.

Oliver dio una lenta calada a su cigarrillo, con el rostro frío.

"No hay nada que explicar", dijo.

"Es que me preocupa que ella me culpe por interponerme entre ustedes dos, pensando que soy tu amante", dijo Millie con clara intención.

Sin vacilar ni un instante, Oliver ordenó: "Millie, ve a buscar mi medicina. No pierdas el tiempo hablando con gente que no importa".

Estaba claro que, para él, Rosanna no valía nada frente a Millie.

Rosanna reprimió la amargura y la ira que sentía en el pecho y salió en silencio de la farmacia sin decir una palabra.

Dentro del auto, las manos le temblaban mientras sujetaba el volante. Tuvo que intentarlo dos veces antes de que el motor arrancara.

Una y otra vez, se dijo a sí misma que no debía enfadarse.

Tres meses atrás, un chequeo de rutina reveló un pequeño bulto de dos milímetros en su seno izquierdo, y tenía cita para una revisión de seguimiento a la mañana siguiente.

Un poco ansiosa, le había preguntado a Leah, que también era su ginecóloga, por qué alguien de su edad podía desarrollar algo así.

Esta respondió con certeza que la mayoría de las enfermedades tenían su origen en el estrés y la ira. Y en su caso, creía que enfadarse siempre por culpa de Oliver era la causa de su enfermedad.

Rosanna no le había dado importancia en ese momento, calificándolo de tontería, pero en el fondo, una parte suya estaba de acuerdo.

Porque, si era sincera consigo misma, los últimos tres años habían sido un auténtico calvario para ella. Oliver la había hecho enfadar demasiadas veces.

Si sus sentimientos por él hubieran sido mínimos como tres años atrás, no se habría enfermado. Pero el problema era que, en algún momento, había empezado a preocuparse por él.

A medida que el cielo se oscurecía, se encontró manejando sin rumbo fijo, dejándose llevar por la carretera.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que, aparte de Villa Nexus, no tenía ningún sitio al que ir en todo Qegan.

Villa Nexus, el supuesto hogar de su matrimonio con Oliver, pertenecía por completo a él. Antes de la boda, le hizo firmar un acuerdo prenupcial que solo le concedía derechos temporales para vivir allí. Y, con la forma en que la trataba cada vez que entraba al lugar, se sentía menos como una esposa y más como una inquilina.

Volver ahora solo significaría entrar en otra casa silenciosa y vacía. Oliver rara vez estaba allí, pasaba la mayoría de las noches en eventos sociales y no volvía hasta la mañana siguiente.

Para no sentirse sola, Rosanna convirtió las horas extras en su rutina diaria; se sumergía en el trabajo todas las tardes solo para evitar el vacío que la esperaba en casa. Si no fuera por la necesidad de conseguir la píldora del día después, probablemente aún estaría en su oficina.

Finalmente, regresó a la Villa Nexus. Pero en cuanto abrió la puerta, el fuerte olor a humo de cigarrillo la recibió.

Oliver estaba de pie junto al ventanal del salón, hablando por el celular.

De espaldas, se mantenía erguido y sereno. Su voz, aunque baja, transmitía una calidez que ella nunca había oído.

"El doctor Griffiths dice que no te quedará cicatriz en la frente. Pero si sigues preocupada, puedo llevarte pasado mañana a Klenridge para que te vea un especialista. Aunque te quede una cicatriz, no me importa...".

Rosanna recordó la gasa blanca que Millie tenía en la frente. No cabía duda: él estaba hablando con su secretaria por teléfono.

El pequeño alivio que había sentido al verlo en casa se evaporó. Dejó silenciosamente el bolso y el abrigo y se dirigió al baño.

Después de lavarse la cara, se estaba aplicando crema hidratante cuando vio a Oliver aparecer por la puerta.

"Mañana a las ocho, la amiga de mi madre llega a Qegan. Necesito que la recojas en el aeropuerto", dijo con tono seco.

Rosanna suspiró en silencio. Siempre que se acercaba a ella voluntariamente era para pedirle que hiciera algo.

"Es una vieja amiga de mi madre y también una de sus socias comerciales. Tómate un par de días libres y enséñale la ciudad. Yo te pagaré todos los gastos".

Sin esperar respuesta, se retiró al estudio, dando por hecho que ella había aceptado.

Rosanna sintió un nudo en la garganta. Las lágrimas le brotaron de los ojos mientras se dirigía al estudio y decía: "Busca a otra persona para hacer eso. Mañana tengo otros compromisos".

Oliver ni siquiera la miró y continuó: "Ya está todo arreglado. Karl se encargará de conducir y de las comidas. Tú solo tienes que hacerle compañía y conversar con ella".

No apartó la vista de la pantalla de la computadora, ni se inmutó ante sus palabras.

Mientras lo miraba, ella sintió que la ira le hervía en el pecho.

"Mañana por la mañana tengo cita con el médico para una revisión".

"¿Una revisión de qué?", preguntó él.

"Ya te lo dije. En la última revisión me encontraron un bulto en el seno izquierdo. Mañana volverán a examinarlo".

"Es solo un pequeño bulto. Esperar dos días más no cambiará nada", respondió el hombre sin apartar la vista de la pantalla.

Rosanna apretó la mandíbula. "He esperado mucho para conseguir esta cita con el especialista, y no pienso reprogramarla".

Oliver ni siquiera parpadeó.

"Mi madre y tú siempre han tenido una relación tensa. Si te llevas bien con su amiga, quizá las cosas mejoren entre ustedes". Su tono no admitía discusión. "Está decidido".

Rosanna intentó protestar, pero la mirada firme de él la detuvo. Tras una larga pausa, dijo: "Está bien".

Al regresar al dormitorio principal, se tocó las mejillas y se dio cuenta de que ya estaban mojadas por las lágrimas.

En ese momento sonó su celular. Miró la pantalla, reconoció el número y rechazó la llamada sin dudarlo.

Un momento después, apareció en la pantalla otro número de la ciudad de Jiford. Sin pestañear, ella lo bloqueó.

Esa noche, Oliver se quedó en el estudio. Ni una sola vez entró en el dormitorio principal.

Cuando Rosanna despertó a la mañana siguiente, él ya estaba vestido, listo para irse al trabajo.

Parecía un poco cansado, con ojeras que sugerían que probablemente no había dormido bien la noche anterior.

Sin embargo, el cansancio no logró opacar sus rasgos marcados ni la tranquila elegancia de sus movimientos.

"Karl te estará esperando en el garaje dentro de treinta minutos", dijo, mirando su reloj antes de dirigirle una breve mirada.

Apenas fue una mirada fugaz, lo justo para que ella la notara antes de desvanecerse.

Cuando él se dirigió hacia la puerta, ella no pudo evitar decir: "La señorita Rogers es mejor anfitriona que yo. Quizá deberías dejar que ella se encargara de esto".

Oliver se detuvo, pero no se volvió para verla.

"Todavía eres mi esposa. Si envío a Millie a recibir a un invitado de mi madre, solo confirmaría los rumores de que hay algo más entre nosotros".

Así que eso era. La estaba utilizando para proteger la reputación de esa chiquilla.

Debía saber que la gente que conocía su estado civil ya estaba cotilleando sobre el incidente de la noche anterior en el Club Zero, donde había golpeado a alguien por Millie.

Al cerrar la puerta tras de sí, una ráfaga de aire frío entró en la habitación, haciendo que la muchacha sintiera un escalofrío.

De camino al aeropuerto, le preguntó a Karl Price, el asistente de Oliver, cómo pensaba este lidiar con los crecientes rumores sobre él y Millie en Internet.

Pero Karl solo le dedicó su sonrisa pícara y se hizo el tonto.

Ella insistió, pero él no soltó palabra.

En el aeropuerto, ella y Karl esperaron hasta las nueve. Entonces, el asistente recibió una llamada y, tras una breve conversación, frunció el ceño. "Cambio de planes", le dijo a Rosanna. "Ella pospuso su viaje. Vendrá a Qegan la próxima semana".

Una ola de ira invadió a Rosanna, pero la contuvo, porque no quería perder la compostura en presencia de Karl.

El asistente la llevó al hospital. Después de registrarse, vio que había una larga cola, al menos una docena de pacientes delante de ella.

Sin otra opción, esperó.

Tras recibir los resultados de la ecografía mamaria, no entendió las imágenes, pero el texto era claro: el nódulo de su mama izquierda había crecido hasta alcanzar los dos milímetros y medio.

El pánico se apoderó de ella, porque hacía solo tres meses medía dos milímetros.

Ese medio milímetro adicional le pareció alarmante y la inquietó.

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