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Portada de la novela Divorciada, Luego Esposa Mimada de un CEO

Divorciada, Luego Esposa Mimada de un CEO

Después de soportar tres años de indiferencia con Caín, Charlize enfrenta una traición imperdonable: su marido la ha vendido a un desconocido. Ante el abismo, ella elige desafiar su suerte y se entrega al misterioso hombre que la espera entre las sombras. Lo que no sospecha es que su nuevo protector es el poderoso primo de su esposo, un magnate que no solo cambiará su destino, sino que transformará su sufrimiento en una vida de lujos y devoción absoluta.
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Capítulo 3

"Queitán, ¿olvidaste el camino de regreso?".

El anciano estaba sentado en el centro del amplio sofá de la sala con una expresión solemne. Llevaba un traje negro bordado con hilo dorado. Con un bastón en la mano y enojado, le gritaba a su nieto.

Queitán regresó del hotel a las cinco de la mañana.

Miró a su abuelo en el sofá, a quien no había visto en muchos años, y decidió ignorarlo. Fue directamente al estudio, que estaba en el segundo piso.

"¡Alto ahí! ¿Me oyes?". Su abuelo se enfadó tanto que el rostro se le ensombreció.

"Queitán, el señor se enteró de que volverías a casa anoche y te ha estado esperando toda la noche".

El viejo mayordomo, que estaba a un lado, habló despacio y sonreído: "Señorito, llevaba años sin verlo. Se está poniendo más guapo".

Queitán asintió con la cabeza al viejo mayordomo, y se volvió para mirar a su abuelo en el sofá.

Este había estado de muy buen humor, pero ahora tenía el semblante hosco.

"Tengo algo importante que hacer", dijo Queitán de manera categórica, y subió las escaleras mientras hablaba.

El Sr. Herández lo miró con rabia, pero conocía muy bien la naturaleza fría de Queitán, por lo que solo pudo rugirle por detrás: "Ve a una cita a ciegas en el Hotel Celeste, mañana a las siete de la noche".

"No".

Cuando el Sr. Herández vio que su despegado nieto lo ignoraba por completo y se dirigía al estudio, se enojó tanto que quiso golpearlo con el bastón. "Mira en lo que se ha convertido".

"Señor, el señorito acaba de regresar de los Estados Unidos. No lo obligue a ir a una cita a ciegas con tanta prisa". Al darle este consejo, el viejo mayordomo no pudo evitar reírse.

El señor Herández lo miró fijamente: "¿Cómo no voy a tener prisa? Solo tengo un nieto. Tiene casi treinta años y ni siquiera tiene novia. ¿Cuándo me dará un bisnieto?

"Al señorito nunca le han gustado mucho las mujeres, desde que era niño". El viejo mayordomo también parecía preocupado.

"Señor, vamos a dar una fiesta el próximo mes a la cual deben de venir muchas damas. Ahí el señorito podrá elegir la que le guste".

Cuando el Sr. Herández pensó en la fiesta, arqueó levemente las cejas y habló con voz severa y marcada por los años.

"Que sea una gran fiesta, y difunde esa información. Cualquier chica que sea capaz de hacerlo sentar cabeza, la reconoceré como la nieta política de la familia Herández, venga de la familia que venga".

Diciembre estaba llegando a su final. El invierno ya había dicho presente, y quedaban quince días para el Año Nuevo.

Grandes luces rojas y multicolores destellaban en las calles. Por todas partes reinaba el ambiente festivo del Año Nuevo. No obstante, Charlize estaba sentada en una cafetería con el rostro sombrío.

Se veía triste, removiendo el café frío con la mano derecha.

Desde el día en que se enteró de la "historia de amor" entre su marido y su amante, regresó a su antiguo apartamento. En ese pequeño piso se escondía y vivía una vida apartada de todo y de todos.

Se frotó la sien con la mano derecha. Pagó la cuenta y quiso volver al apartamento a dormir un rato, pero cuando rebuscó en la bolsa, frunció el ceño.

De repente, recordó la noche que había pasado en el hotel con aquel extraño hombre. Se había marchado a toda prisa y dejado atrás su ropa y su bolso, en el que estaban su permiso de conducir y su documento de identificación. "¡M*ldita sea!".

"Deja de fingir que eres una infeliz. Charlize, ¿qué truco usaste para que mi madre no aprobara nuestro divorcio? ¿Puedes dejarme libre, por favor? No quiero tener nada que ver con una mujer tan desvergonzada".

De súbito, la puerta del café se abrió. Ella estaba pagando la cuenta en el mostrador y Caín la miraba detenidamente. Le habló con una voz fría y burlona, como si fuera un enemigo.

Cuando oyó la voz, sus ojos mostraron un fugaz matiz de dolor. Frunció los labios, levantó la cabeza y fingió ser fuerte. Luego, se dio la vuelta y pasó junto a él.

Caín se sorprendió. Al ver que ella lo ignoraba así, sintió rabia y extendió la mano para agarrarla por el brazo.

"Suéltame". Le apartó la mano con repugnancia.

Al percibir su repulsión hacia él, Caín se exasperó más aún y le habló con desdén: "Charlize, no te hagas ilusiones ni pienses que estoy aquí para seducirte. Es solo que mi mamá te pidió que fueras a la fiesta de la familia Herández".

"No me interesa". Charlize no se sentía bien en ese momento y tenía un dolor de cabeza terrible.

Llevaba más de un mes queriendo divorciarse, pero su deseo era rechazado por Lucía, quien solo le decía que no armara un escándalo. Por otro lado, Caín también escuchaba a su madre y no se atrevía a volver a mencionar el divorcio.

"No me hagas perder el tiempo. Será mejor que te quedes en tu rincón. Inicialmente, no cumplías los requisitos para ir a la fiesta".

Caín la advirtió con voz fría. La dejó sola, se dio la vuelta y se fue.

En el salón de la mansión de la familia Herández, la fiesta fue un acontecimiento espléndido, por todo lo alto. En el techo brillaba un candelabro de cristal europeo de ocho metros de largo.

La fiesta parecía una gran cita a ciegas, con bellezas deslumbrantes completamente maquilladas. Hablaban, reían y brindaban, y se veían todos muy emocionados.

Charlize se sentía deprimida y enferma, por lo que se retiró a un rincón tranquilo.

Sin embargo, en ese momento, un par de ojos penetrantes la seguían, pero ella no lo sabía. "Queitán, ¿conoces a esa mujer?".

Dos hombres encantadores estaban apoyados en la barandilla del segundo piso, y uno de ellos preguntó con curiosidad.

Queitán miró en dirección a Charlize con el semblante adusto, y no respondió.

Ella sentía que alguien la miraba intensamente.

De pronto, se dio la vuelta y se le nubló el rostro al ver a la persona que estaba frente a ella. "¿Qué haces aquí?".

Ceres la miró y, descontenta, le preguntó con voz aguda.

Charlize apretó los dientes y le habló con desprecio: "Señorita amante, ¿cómo se atreve a venir aquí?".

Ceres sostenía a una niña de tres años en su mano derecha y la miraba de manera siniestra.

"Charlize, ¿quién te crees que eres? Muy pronto te expulsarán de la familia Heredia. Si crees que podrás ser la señora Heredia para siempre, estás fantaseando".

Dicho eso, Ceres se rio a carcajadas. "Charlize, en serio, pobre de ti. Tu marido te envió a la cama de otro hombre para poder divorciarse de ti. ¿Cómo te sentiste? ¿Te sentiste bien?".

"Cállate". Cuando Charlize oyó sus palabras, perdió el control y gritó.

Ceres se rio con una arrogancia mayor. "Caín me dijo que estuvieron casados durante tres años y ni siquiera quería tocarte. Charlize, eso es realmente patético. Ahora todos saben que eres una gallina estéril, incapaz de poner huevos".

"Caín nos trajo a mi hija y a mí hoy a la fiesta de la familia Herández. Dijo que quería presentarnos a los empresarios ricos y famosos. Te aconsejo que salgas de aquí. Me dio asco verte".

"Te felicito, Ceres. No, mejor te llamo señorita amante. Después de todo, creo que de veras te encanta ser amante". Charlize apretó los dientes y la miró con enojo.

"Escucha, mientras Caín y yo no nos divorciemos, no podrás casarte con él. Solo podrás ser una amante desvergonzada, y tu querida hija siempre será una bastarda".

Cuando Ceres oyó esto, inmediatamente adoptó una expresión grave.

Apretó los dientes y dijo: "Charlize, he criado yo sola a mi hija todos estos años en el extranjero porque quería ser la Sra. Heredia. Si te atreves a ir en mi contra, te arrepentirás".

Justo cuando Ceres bajó la voz, de improviso, se inclinó, levantó la mano y le dio una fuerte bofetada a su hija.

La cara de la niña se puso roja y se hinchó. Su pequeño cuerpo se tambaleó hacia atrás y cayó.

Chocó contra la pata de la mesa que estaba detrás de ella y algunos de los platos de porcelana del buffet que estaban sobre la mesa cayeron al suelo, rompiéndose y salpicando.

Enseguida comenzó a sangrar por los brazos y gritó de dolor.

Charlize estaba en shock. '¡¿Ceres golpeó a su propia hija?!'.

Acto seguido, Ceres gritó: "No golpees a mi hija. Por favor, déjanos ir. La niña es inocente. No le pegues".

Su voz aguda rápidamente atrajo la atención de las personas que las rodeaban.

Tomó a la niña sangrante en sus brazos y lloró angustiada. "Charlize, Caín y yo llevamos años amándonos de veras. Me obligaste a irme al extranjero. Sé que no debí haber regresado, pero mi hija quería ver a su padre. No me atrevía a pedirte que me devolvieras a Caín. No nos hagas daño".

Charlize no podía creer que Ceres hubiera abusado de la niña con el objetivo de incriminarla.

"Yo no la toqué. Ella golpeó a su propia hija para incriminarme". Todos a su alrededor tenían curiosidad y Charlize se explicó con nerviosismo.

Empero, antes de que pudiera terminar la frase, alguien se acercó corriendo por la derecha. "Charlize, ¿qué c*jones hiciste?".

Caín se abrió paso entre la multitud y le dio un fuerte empujón.

Sin poder evitarlo, Charlize cayó. Estaba perpleja. Estaba mareada. Levantó la vista, con los ojos borrosos, y vio a Caín parado frente a Ceres, protegiéndola.

"Esta Charlize lleva tres años casada con Caín y no ha quedado embarazada. No puede soportar que otra mujer le haya dado un hijo, por eso golpeó a esa niña. Es demasiado perversa". Los invitados estaban murmurando.

Charlize se mordió el labio con fuerza y ​​las lágrimas se le saltaron. Intentó reprimir sus agravios. No podía llorar. Ella nunca podía llorar.

La porcelana rota le había herido los brazos y la palma de las manos, y su rostro estaba pálido de dolor.

Un pedazo de porcelana le había perforado un gran vaso sanguíneo en el brazo, y una sangre de un rojo muy intenso descendió por su lívido brazo.

El olor a sangre se disipó y enseguida el mármol, impoluto hasta ese momento, fue cubierto por un charco de color rojo oscuro. Fue una escena impactante y aterradora.

Caín la miró sin ninguna piedad. Solo había odio y repugnancia en sus ojos, y ordenó a los sirvientes que la sacaran de ahí.

Pronto apareció un hombre detrás de Charlize, y la ayudó: "Suéltame. No me toques".

Pero él no aflojó el agarre, sino que lo arreció.

Oyó una voz de hombre clara y grave decirle al oído: "Me la jugaste y te escapaste".

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