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Portada de la novela Distintos destinos.

Distintos destinos.

La vida de Patricia López es una sucesión de desafíos que ponen a prueba su fortaleza. Justo cuando la dicha parece alcanzable, el destino interviene para arrebatársela, obligándola a luchar por recuperar el control de su camino. Atrapada entre la nostalgia de un primer amor imborrable y la aparición de nuevos vínculos pasajeros, Patricia enfrenta un dilema emocional profundo. Ella deberá decidir si priorizar la razón o entregarse a lo que dicta su corazón.
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Capítulo 1

Distintos destinos.

Prólogo.

Patricia López.

En la vida de una mujer siempre existirán tres amores. Puedo decir que tuve la dicha de conocer las diferentes perspectivas del amor, aunque pensándolo bien no sé si fue suerte o todo lo contrario. Existe su primer amor, el amor de su vida y su alma gemela. El primer amor que conoce una niña es su papá, un referente de amor incondicional al que vas a querer aspirar cuando crezcas.

El primer hombre que amé con el alma fue a mi héroe; mi papá, ese amor incondicional que te hace feliz y se supone que no te puede lastimar. Cuando era niña era inmensamente feliz, amaba a mi papá y él lo era todo. Para mí, mi papá estaba en la cima de todo aquello que era bueno. El amor que él nos tenía, la manera en que me cuidaba a mí y a mis hermanos me hacía añorar que al crecer pudiera encontrar un amor como el suyo, un hombre que me amara de la manera en la que él amaba a mamá.

Pero... Entonces crecí y me di cuenta que la vida no era como yo la imaginaba, todo era una fantasía que sólo existía en el corazón de una niña. Y así fue como el primer amor me falló, el que yo pensé que jamás me faltaría me decepcionó, me dolió en el alma, pero eso me ayudó a querer ser independiente, quería llegar lejos y para eso tenía que esforzarme. Ahora mi manera de pensar había cambiado, no quería repetir la misma historia de mi madre.

También conocí al amor de mi vida, la primera ilusión, la primera sensación de mil mariposas en el estómago, el primer escalofrío, la primera vez que el corazón se aceleró, las primeras ilusiones y fantasías. Esa persona que sin esperarlo se convierte en el centro de tu vida, la primera experiencia que tendrás; amor, alegría, llanto, tristeza, deseo, pasión. Todas esas emociones que nunca habías sentido antes las descubrirás con el amor de tu vida, es tan fuerte el sentimiento que aunque sabes que es el primero y no tienes experiencia en los temas del amor, te queda claro que nunca nadie ocupará su lugar jamás.

Recuerdo el día que conocí al amor de mi vida. Yo estaba en el jardín de niños jugando en la arenera, estaba llorando porque mi balde estaba roto entonces vi un balde color azul frente a mí, unas pequeñas manos lo sujetaban en mi dirección.

-No choles... -susurró el pequeño niño de ojos grandes y negros como la noche.

Se me acercó y con su pequeña manito limpió un par de lágrimas que estaban en mi mejilla, con esa voz tan dulce volvió a repetir.

»No choles más, no. Yo te pesto el mío...

Sonreí y tomé su balde, empecé a llenarlo de arena y le dije que jugáramos juntos. Yo tenía cuatro años y él tenía cinco, así empezó nuestra amistad. Fuimos creciendo juntos y con nosotros sensaciones que eran desconocidas, sólo sabía que cuando estábamos cerca no podíamos dejar de sonreír. Al crecer las sensaciones se convirtieron en sentimientos que nos causaban curiosidad de descubrir juntos lo que para nosotros era desconocido y lo hicimos. Nuestro primer beso, la primera caricia y los primeros deseos, ¿era amor?

Aunque nuestros padres decían que solo era cosa de niños, pero con el paso de los años las sensaciones eran más intensas, así que empezamos a planear un mundo, un futuro, un destino en el que ambos íbamos a existir, un destino que pensábamos escribir juntos. Juramos amor eterno. Algo cursi, sí, pero lo que nosotros sentíamos era tan grande que estábamos seguros que podría con todo. Juntos los dos tuvimos las primeras experiencias en todo y fue hermoso.

Pero como una cosa es lo que planeas y otra muy diferente lo que el destino tiene preparado para ti, también por primera vez conocí el dolor, la tristeza, la desesperación. Por cosas del destino tuvimos que separarnos.

-Te juro que voy a volver, espérame.

Tenía muy presentes esas palabras y promesas que alimenté durante un tiempo hasta que se esfumaron. Empecé a perder la esperanza de volverlo a ver, no entendía qué había pasado, y en qué momento todo había cambiado. Así que olvidé sonreír y conocí la amargura, con todo eso la incapacidad de volver a abrir mi corazón porque él me había dejado marcada, en mi corazón no cabía la posibilidad de otro hombre, de otro amor, yo solo lo quería a él. Tal vez en el fondo guardé la tonta esperanza de volver a verlo.

Pero luego conocí a mi alma gemela. Se suponía que yo llegué a su vida para darle luz y salvarlo, pero no, él fue quien me salvó e iluminó mi vida llenando mi mundo de unos colores hermosos que ni siquiera sabía que existían. Sus ojos azules eran mi color favorito, tan profundos como un estanque de agua cristalina.

Me negué a aceptarlo muchas veces, pero él nunca dejó de insistir, yo lo trataba como chancla y él me trataba como princesa. Así que decidí intentarlo, pero sabía que no podría amarlo como lo amé a él, ese siempre fue mi pensamiento. Pero fue mi alma gemela la que le puso curitas de amor a mi corazón, empezó a sanar las heridas que tenía a causa de mi primer amor y del amor de mi vida. Su mundo estaba destrozado y a pesar de eso nunca dejó de sonreír, nunca se rindió conmigo y siempre estaba ahí tomando mi mano, sujetándola con fuerza para no dejarme rendir.

Empecé a sentir que ese amor era tan grande, que era suficiente para los dos, aunque yo no podía amarlo con esa intensidad su amor bastaba para ser felices. Así que decidí darme una oportunidad con él y fue la mejor decisión que pude tomar en mi vida. El amor de mi vida me enseñó a amar de una manera diferente, me enseñó a sonreír y a valorar los pequeños detalles de la vida, a vivir cada día como si fuera el último. Lo amé tanto, que al pasar los días tenía miedo que fueran los últimos. Su amor me salvó y me hizo muy feliz el tiempo que duró.

Porque de nuevo el destino movió sus hilos para recordarme que no era lo que yo eligiera sino que él hacía conmigo lo que quería. Entonces cuando perdí a mi alma gemela volví a tocar el infierno.

Así que tal vez yo no había nacido para amar, empecé a enfocarme en mi trabajo ya que con eso si tenía suerte. Según yo ya había superado los traumas del pasado, ahora solo quedaba mirar hacia el futuro, pero entonces justo cuando creí que tenía la vida resuelta apareció algo que me puso de cabeza y me hizo preguntarme, ¿de verdad ya lo superé? En el fondo yo tenía la respuesta, solo que no quería aceptarla.

Todo lo que había construido se fue al carajo, hasta el punto de afectar mis principios esos que tanto defendía y todo por un simple.

-¿Eres tú?

Empezó una disputa sin tregua entre la razón y el corazón. Entre lo correcto y lo que te haría feliz. Entonces estaba en un gran dilema, pensar en mí siendo egoísta o pensar en los que saldrían lastimados con esa decisión. Es que el destino siempre era así, le gustó jugar conmigo. A veces nos pone en encrucijadas y circunstancias que parecen imposibles de resolver.

Toda mi vida fue así, lo tuve todo y luego lo perdí, fui feliz y también muy infeliz, me costó mucho recuperarme, pero lo hice. Me negué a la felicidad y sin buscarla llegó a mi puerta mostrándome un mundo diferente donde fui demasiado feliz.

Pero lastimosamente no somos dueños del tiempo y este a veces es demasiado cruel, el destino me permitió recorrer un camino diferente, pero al final volví a llegar al punto inicial, la felicidad que había alcanzado solo fue prestada, así que regresó al mismo punto, y ese alguien del pasado regresó a ayudarme a escribir o finalizar mi destino como antes lo había planeado. Porque cuando crees que todo está superado el destino te grita; sorpresa.

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