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Portada de la novela Dime que me quieres

Dime que me quieres

La tragedia golpeó a Venus Smith tras la muerte de sus padres, dejándola bajo la tutela de su tía. Su vida cambia al conocer a Taylor Baldwin, un frío magnate que necesita casarse para asegurar su herencia y su empresa. Al ser descubierto intentando contratar a una esposa, Taylor decide chantajear a su empleada y proponer un trato: una boda con Venus. Lo que comienza como un pacto de conveniencia forjado en el interés, pronto se vuelve un matrimonio gélido.
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Capítulo 3

Anastasia regresó a su escritorio con el corazón en la garganta ¿Qué acababa de escuchar? ¿Los abuelos del jefe se negaron a entregarle la empresa familiar a menos que esté casado? ¿Y cuál es su solución? ¿Quiere fingir un matrimonio y engañar a sus abuelos?

Anastasia se estremeció ante aquel pensamiento —Todas estas familias ricas y sus problemas —Murmuró un poco aturdida por lo que pensaba hacer su jefe.

Ella sentó en su escritorio y encendió su computadora cuando un pensamiento repentinamente la golpeó. ¡Oh Dios mío! El jefe no es tonto, es imprescindible que él supiera que ella estaba escuchando a escondidas su conversación, pero... ¿Simplemente la dejó ir? ¿Realmente hizo eso?

—¡Oh Dios! Por favor ayúdame, por favor guarda mi trabajo por mí.

¿Y si el jefe decide dejarla fuera de su deber? ¿Qué va a hacer ella? ¿Cómo se las arreglarán ella y Venus? Ese trabajo es su única fuente de dinero.

Ella espera que el jefe realmente la dejara ir ésta vez.

—¿Por qué escuchaste a escondidas su conversación Anastasia? Que tonta eres —Se reprendió a sí misma, solo le quedaba rezar para que la deje ir esta vez.

Ingresó su contraseña e inició sesión en su computadora, justo cuando estaba a punto de ponerse a trabajar, alguien llamó a su escritorio, levantó la vista y su corazón dió un vuelco cuando vió a Morris, el asistente personal del jefe, el corazón de ella gritó.

—Anastasia Smith, el jefe quiere verte en su oficina durante tu descanso, será mejor que no lo hagas esperar —dijo Morris y se alejó sin esperar respuesta alguna de la mujer mayor que palideció como un papel.

Anastasia miró fijamente a su figura que se iba con el corazón en la boca —Parece que no te dejó ir esta vez, Anastasia, que estúpida eres ¿Por qué diablos te pusiste a escuchar detrás de la puerta? Pensaste salir ilesa, que ingenua eres —Se burló de sí misma y trató de concentrarse en su trabajo, pero no la ayudó a creer que hoy podría ser el último día de trabajo para ella.

Anastasia entró nerviosa a la oficina de su jefe, miró al hombre más joven que estaba sentado en su asiento como un rey en su trono, su corazón se estremeció y sus labios temblaron, su mirada se desvió hacia Morris que estaba de pie al lado del hombre con una expresión inexpresiva en su cara, ella tragó saliva y dió un paso adelante.

—¿Me mandó llamar, señor?

Taylor levantó la vista de los papeles en sus manos, una suave sonrisa apareció en sus labios cuando la vio —Ah sí, Sra. Smith —Cerró los papeles y se relajó en su silla, su mano derecha apoyada bajo su barbilla mientras estudiaba a la mujer mayor, luciendo como si estuviera a punto de dictar una sentencia de muerte.

—Estabas en mi oficina ésta mañana —Soltó él sin rodeos.

Anastasia sintió que su corazón dio un vuelco —Sí, pero eso fue para pasarle la carta a usted, señor —Habló ella negándose a admitir haber escuchado la conversación de ambos hombres, si eso le permitía seguir trabajando y poder mantenerse ella y sobre todo a su sobrina Venus, ella lo negaría hasta la muerte.

Los labios de Raymond se curvaron en una leve sonrisa, el simple temblor en las manos que su empleada trataba de ocultar la delataba —Te paraste en la puerta quién sabe cuánto tiempo y no estabas lista para entrar si no te hubiera abierto la puerta —Recalcó él.

—No realmente señor, acababa de... llegar —Aseguró ella, esforzándose en que su quijada no temblara y la delatara.

—¿En serio? ¿Por qué parecías haber visto un fantasma cuando abrí la puerta? —Preguntó Taylor con incredulidad, arqueando sus cejas.

—Simplemente no esperaba que abriera la puerta, señor —Anastasia tragó saliva, podía escuchar los fuertes latidos de su corazón en sus oídos.

Ella Temía quedarse sin trabajo cuando la situación de encontrar un nuevo trabajo era difícil y más cuando ella ya era una persona mayor, por lo general todos los dueños de empresas sabían escoger chicas bonitas y con buen aspecto para puesto de secretaría y ella no era nada de eso, por eso cuidaba tanto su trabajo desde hace años ya.

Taylor miró a Morris y ambos se comunicaron en silencio con sus ojos.

—No hay necesidad de andarse por las ramas Sra. Smith, sé que escuchaste mi discusión con Morris esta mañana, entonces ¿Qué tienes que decir por ti misma?

Anastasia abrió la boca para hablar, pero no salió ninguna palabra, pensó en una mentira que contar y decidió sincerarse como mejor opción, después de todo Taylor Baldwin no es el director ejecutivo de cuatro compañías diferentes por nada.

—Lo siento mucho señor, no quise hacerlo a proposito, le prometo que lo que escuché morirá conmigo.

—Hmm, esa es una promesa interesante, pero... ¿Te lastimaría si digo que no te creo? —Levantó una ceja.

Anastasia se mordió el labio inferior y se miró los pies —¿Qué quiere que haga entonces, señor? —Ella preguntó en un susurro, no queriendo ser despedida, incluso si tendría que humillarse ella lo haría solo por el bienestar de su sobrina.

Taylor se quedó mirando su lamentable figura, la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa astuta, la tiene justo donde quería —Como escuchaste, mi abuelo prometió darme la compañía de nuestra familia después de un año de matrimonio, pero la cosa es que, no tengo ninguna intención de casarme e incluso si lo hago, no tengo una novia adecuada, así que he decidido alquilar una novia, pero también me resulta difícil encontrar una buena chica ¿Verdad? ¿Tiene alguna referencia Sra. Smith? —Levantó una ceja al final de su pregunta.

Anastasia lo miró y miró hacia abajo inmediatamente cuando vió que él la estaba mirando —No... no, en realidad no señor, no tengo ninguna referencia.

—Hmm ¿Es así? —dijo Taylor y miró a Morris, quien asintió y le entregó un documento.

Taylor hojeó las páginas del documento mientras miraba a Anastasia que aún tenía la cabeza gacha.

—Aquí dice que tienes una sobrina.

Ante eso, la cabeza de Anastasia saltó mirando sorprendida.

—Venus Lucia Smith, la hija de tu difunto hermano. ¡Ah! Y ya a alcanzado la mayoría de edad, veinticuatro, eso es bueno ¿No cree que es una candidata adecuada, Sra. Smith? —Argumentó él, lanzándole una mirada astuta a su empleada.

—No, en realidad no señor, ella es solo una niña —Si hay algo que Anastasia no hará, es entregar a su inocente e ingenua sobrina a este despiadado mujeriego.

—¿Solo una niña? —Taylor miró a Morris —. ¿Es posible alguien que tiene veinticuatro años sea sólo una niña?

—En absoluto, señor —Respondió Morris.

—Por favor, señor, ella no es más que una niña en su presencia. Si he de calcular correctamente, usted está once años por delante de ella —Protestó Anastasia recia.

El semblante de Taylor se oscureció —¿Me estás llamando viejo?

—¡No! Por supuesto que no, ¿Por qué haría eso? Solo digo que todavía no tiene experiencia como las mujeres que usted suele tener —Anastasia negó nerviosamente.

—¿Me estás llamando mujeriego? —Inquirió.

—¿¡Qué!? Oh no, yo... —Tartamudeó, buscando una palabra mejor para tranquilizarlo, por mucho que no quiera entregarle a su sobrina, todavía tenía que mantener su trabajó por lo que no se podía dar el lujo de ofender al diablo —. Señor, por favor, comprenda, mi sobrina, ella es diferente a las demás chicas.

—¿En serio? ¿Cómo es eso? —Con cierta curiosidad Taylor se inclinó más cerca de su escritorio, con las dos manos apoyadas debajo de la barbilla.

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