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Portada de la novela Destino de amor, bajó el velo del acuerdo

Destino de amor, bajó el velo del acuerdo

Sapphira Valmont huyó por amor, pero solo encontró una cruel traición en el extranjero. Sin recursos y con el corazón herido, regresa para toparse con un soberbio magnate, quien además es el jefe de su hermano. Él le propone un matrimonio falso para asegurar la herencia del imperio hotelero familiar. Aunque inicialmente se desprecian, este acuerdo forzado pronto despierta una pasión incontrolable que pondrá a prueba sus sentimientos más profundos.
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Capítulo 3

Capítulo 3— Luz Verde

Narrador

Por suerte, el primer día de Sapphira salió mejor de lo que ella pensaba. Rocío era una excelente mujer, dulce y muy cariñosa, que la guio en su primer día haciendo la situación más amena.

El día fue algo movido, clientes entrando y saliendo a cada minuto, por fortuna la tienda quedaba a un par de cuadras del departamento de Julián, así que para no ser una molestia para su hermano, ella decidió que se iría caminando a casa, así poco a poco iría conociendo la ciudad, y en cierta parte esto la ayudaría a pensar las cosas que habían pasado recientemente, ahora que todos sus planes con Patricio se habían ido por un tubo, necesitaba establecer prioridades para así no continuar siendo la niña tonta que todos creían.

Sapphira se encontraba tan metida en sus pensamientos que mientras caminaba, tropezó con un par de personas, las cuales le dijeron un par de insultos que ignoró por completo; hasta que de un momento a otro, cuando estaba por pasar la calle, un auto deportivo golpeó su pierna levemente, haciéndola perder la estabilidad, enviándola directo al pavimento, con el cual se golpeó la cabeza.

El golpe fue pequeño, seco, pero lo suficientemente fuerte como para lograr aturdirla, y permaneciendo en el mismo punto en el que cayó, ella escuchó como algunos autos pitaban, y las personas murmuraban; por desgracia debido al golpe no podía levantarse, y notando como una figura masculina bastante alta se colocaba de pie a su lado, escuchó decir.

—¿Eres ciega niña? ¿Acaso no ves la luz?

Aturdida, Sapphira solo frunció su entrecejo, sintiendo el dolor intensificarse, y permaneciendo en el mismo lugar, solo respondió.

—Y tú, un imbécil, ¿no puedes pisar el bendito freno?

Llevando las manos a su cabeza, ella intentó calmarse al sentir que esta empezaba a dar vueltas, y tomando asiento en el suelo, trató de estabilizarse para colocarse de pie

¿Qué pensaría la gente de ella? ¿Qué era una tonta que no se había fijado en un simple semáforo?

—Creo que aquí el error fue tuyo, la luz está en verde, así que la equivocada eres tú

Respondió el hombre con un tono cargado de arrogancia, y enfocando su visión en él, Sapphira notó unos hermosos ojos grises que no dejaban de observarla detenidamente.

—¡Ja, Ja, Ja, no me digas! Imbécil.

Riendo con ironía, se colocó de pie con la ayuda del desconocido que le extendió su mano, mientras que su cabeza aún no dejaba de dar vueltas.

—Creo que no te pasó nada, es una suerte, no me hubiese gustado llenar mi auto de sangre.

Espetó el hombre apuesto, haciendo que la sangre de Sapphira empezara a arder. ¿Quién se había creído él como para ofenderla de esa manera? ¿Acaso su vida no valía de nada?

Tratando de controlarse, ella observó bien quién intentó matarla, y notando que era un hombre bastante apuesto, pero arrogante, ella siseó entre dientes.

—¡Vete a la mierda! Grandísimo idiota.

Sin siquiera esperar respuesta, sapphira empezó a caminar molesta, y dejando al hombre que casi la mata detrás de ella con una enorme sonrisa en el rostro, se dispuso a alejarse de él.

El camino a casa fue algo complicado, por el hecho de que no recordaba bien dónde era, y a eso había que sumarle que después del golpe se encontraba algo aturdida.

Ella entendía que había sido su culpa el incidente con aquel hombre, por pasarse la luz sin siquiera mirar; aun así, no podía creer, que él no hubiese podido pisar el freno, sino que pensaba que lo había hecho a propósito solo para arrollarla.

Por suerte, y con algo de dificultad, Sapphira, logró llegar al departamento de Julián, en el cual apenas abrió la puerta, lo encontró. Para su desgracia, apenas entró, este notó la mano en su cabeza, y apresurándose a revisarla, vio que se había golpeado, alarmándose enseguida.

—¿Qué te pasó, Sapphira? ¿Quién te lastimó así?

Preguntó, fijando sus ojos oscuros en ella, los cuales la hicieron confesar la verdad.

—Que apenas llegué ayer, y un imbécil de aquí, casi me arrolla con su auto perfecto, y reluciente.

Respondiendo con ironía, Sapphira le contó a Julián, y empezando a revisar de cerca el golpe, él solo la reprendió.

—Sapphi, tienes que tener cuidado, esta ciudad es de locos, aquí la gente vive a toda prisa y conociéndote venías distraída

Al ver que estaba bien, que solo fue un golpe, Julián se acercó al refrigerador, y sacando una bolsa de hielo, se la tendió para tratar de bajar el hematoma.

—Tienes razón, hermano, me pasé la luz verde, pero es que no entiendo, la gente aquí como que no usa los frenos.

Julián solo se encogió de hombros ante su respuesta, y llevando la bolsa a la zona afectada, ella se preparó para la reprensión que seguía.

—Ahí está, ¿Cómo se te ocurre pasar una luz verde? Dale gracias a Dios, que no estás muerta, por tu imprudencia.

Rodando sus ojos, Sapphira sabía que él iniciaría, y pareciéndole aún increíble que el otro tipo no la haya visto antes de frenar, soltó.

—No exageres, Julián, no creo que sea para tanto, lo único que agradezco al cielo es que no volveré a ver a ese imbécil, nunca más, porque si no... No respondo.

Luego de durar toda la noche con la bolsa de hielo sobre su cabeza, por órdenes de Julián, Sapphira se dedicó a dormir, esperando que al otro día no amaneciera con un enorme morado en su frente; por qué si no, no imaginaba qué debería hacer para cubrirlo para ir a trabajar.

Ella apenas iniciaba, y por nada del mundo podía perder lo único que había obtenido desde que llegó.

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