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Portada de la novela Destinados.

Destinados.

La leyenda del hilo rojo asegura que las almas gemelas poseen un vínculo irrompible ante el tiempo y la distancia. Ada Andrade siempre fue escéptica ante tales mitos, pero su vida cambia drásticamente cuando experimenta una conexión imposible de ignorar. Esta es la crónica de su transformación: de la incredulidad total a la certeza absoluta. Sin planearlo, ella y él se encuentran para cumplir un destino superior que desafía toda lógica humana.
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Capítulo 3

Un día como cualquier otro trabajando de mesera en el hotel más lujoso que hay en mi ciudad. Veo a un chico guapo tumbado bronceandose, la verdad es que trabajar aquí me gusta mucho, tengo buenas vistas y no hablo solo de la playa. Dioss perdona todo pensamiento que tenga al ver a los guapurris que están aquí.

Salgo de mís pensamientos al ver a un chico llamándome, está en la piscina junto a varias chicas.

—Traenos otra ronda para todos.—me dice mientras me miró fijo el escote.

—¿Se te ha perdido algo?—le respondo mientras me tapo con la bandeja.—Tengo la cara aquí arriba.

—La verdad es que es difícil que se pierda algo ahí. Hay espacio de sobra en tu sujetador.—mientras  dice esto las chicas a su alrededor sueltan unas risitas y eso me enciende mas.

—Eres un imbécil.—digo mientras voy a buscar sus tragos.

—¡Aquí tienes tus tragos!—le digo dejando caer uno por uno en su cabeza.

—¡Estas loca!—me gritó y al mismo tiempo las chicas que tenía a su lado se espantaron. Me alegro Playboy jódete.

No se en qué momento pero me lanzó a la piscina. Ohh no no, no se nadar. Al parecer lo notó porque me sacó enseguida.

—¡Casi me ahogas estúpido!—le grito mientras le golpeo el hombro.—No me toques, bajame ahora mismo.

—¿Estas segura que quieres que te  suelte?—dice sarcasticamnete.—Que me iba a imaginar yo que no sabías nadar. ¿Cómo puedes trabajar en la sección de la piscina sin saber aunque sea flotar.

—¿Y a ti qué te importa? Sácame de aquí ahora mismo.

Al salir veo al señor Jun enfadado. Diosito por favor calmalo necesito el trabajo. El le preguntó que si está bien y que si yo lo había molestado. Y para mi sorpresa este tal Ruscher es el dueño del hotel. Ahora sí estoy jodida. De patitas a la calle.

Trato de esplicarle a Jun pero es en vano me ha despedido y todo por culpa de ese idiota.

(…)

Estoy en casa hablando por teléfono con mi mejor amiga, se llama Milena y vive en una ciudad a seis horas de aquí en avión. La conozco desde niñas, ante vivía en la casa de al lado pero sus padres se mudaron y ahora es todo un mujerón.

—Es terrible todo lo que ha pasado. ¿Ya le contaste a tu madre?—me pregunta.

—No aún no, la pobre estaba tan contenta con mi nuevo trabajo.—pienso en la decepción que se llevará cuando le cuente.

—¡Pues venirte a vivir conmigo!—dice en un grito.

—¿Estas loca? Mile no te preocupes ya me las apañaré.—digo aunque sé que está algo difícil encontrar trabajo.

—No seas tonta, nada me haría más feliz que compartir piso contigo. Además hace años que no nos vemos.—insiste.—Y podría ayudarte a buscar trabajo, le preguntaré a mi jefe si necesitan empleada en lo que sea.

—¿No crees que es algo egoísta irme y dejar a mi madre aquí?—es lo único que me retiene.

—Ada, tu madre es una persona adulta. Además no la dejaras sola, ella tiene a René.

René es el nuevo novio de mamá,  después que mi padre nos abandono apenas cundo yo tenía siete años mi madre es la que ha hecho el papel de los dos; me ha dado todo lo que ha podido y educado de la mejor manera. Después de tantos años por fin decidió darse otra oportunidad en el amor y hasta ahora les va muy bien.

—Tienes razón, René es muy atento y la cuidará muy bien, y aquí es muy difícil encontrar un trabajo donde no te traten como una esclava.—contesto.

—Pues está decidido, hablas con tu madre y te compras un boleto para mañana.—dice Mile con emoción.

—¿Mañana? No crees que es demasiado rápido.—me asusta la idea de fracasar.

—Todo saldrá bien. Así que apresúrate y cuéntale todo a tu madre para que saques el boleto.

(…)

Mamá se lo ha tomado todo muy bien, entendió que debo hacer mi vida. Se puso algo molesta porque me votarán pero cuando le conté lo que sucedió me dio toda la razón; y agrego que debí darle una bofetada.

Ya tengo todo listo y en tres horas aproximadamente sale mi vuelo. Mi madre y René me acompañarán al aeropuerto.

Mi madre me dio un abrazo enorme y René igual. Me da una tristeza despedirme.

—Mamá, si quieres que me quede lo haré.—digo porque me parte el corazón ver sus ojos cristalizados.

—No digas tonterías y apresúrate que perderás el vuelo.—me da ánimos.

—Los voy a extrañar.

—Y nosotros a ti.—menciona René mientras abraza a mi madre para consolarla supongo.

—Anda niña que perderás el avión.—vuelve a repetir.

—Pero que ya quieres que me valla con tanto apuro.—bromeo.—Ven dame un beso.

La despedida fue algo dura cuando salí caminando y adentrándome mire hacia atrás para ver si estaba llorando. Y entonces Pum.

—¡Oye!—grito a la persona con la que acabo de chocar.

—No puede ser.—responde, al darme la vuelta.—¿Me estás siguiendo o algo?

—No seas ridículo para que te seguiría yo. —le respondo distante a el imbécil de ayer mientras vuelvo a tomar mi camino.—¡Alejate de mi, no quiero que me arruines más la vida!—le digo dejándolo sin respuesta.

Todo marcha bien; ya estoy sentada en el avión. Pronto levantaremos vuelo. Pero claro como todo en mi vida tiene que ser conflicto...

—No puedo creer que te toque este asiento.—digo de mala gana.

—Y yo no puedo creer que entre todos los aviones que hay aquí tenías que escoger este.—me reprocha mientras se acomoda.

—Mira señor Ruscher si tanto te molesta mi presencia cambiate de asiento.—digo girandome para darle la espalda.

—No no, señorita es un placer compartir vuelo con usted. —dice con una sonrisa maliciosa en su cara.

—¿Me harás el vuelo una pesadilla cierto?

—Cierto. —dice sin más y no puedo evitar rodar los ojos.

—¡Señora!—le grito a la del frente.—¿Te importaría cambiar de asiento conmigo?—le pregunto dándole una sonrisa.

—No, no tengo problema con ello.—responde al ver semejante mastrodonte a mi lado.

<>pienso mientras me levanto con una sonrisa satisfactoria por lograr lo que quería.

No permitiré que este imbécil me arruine más la vida, bastante tuve con perder mi trabajo por su culpa. Sólo espero que esté avión aterrice para no tener que volver a verle.

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